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Archive for 29 septiembre 2014

Esto no lo cuentes Mientras nos vamos acercando

Me gusta la forma en la que ve todo. Una linea perdida, una idea importante que esta ahogada entre todas las demás ideas no las pasa por alto y busca los detalles en cada espacio, punto, acento, y lo mejor es que sin saberlo me sugiere cosas que me hacen mejoŕar.

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Mira como cae la lluvia. Tú en tu casa jugando, haciendo todas las cosas posibles. En esta ciudad no puedes ver un cerro y el sol te toca la piel todo el tiempo. Hace mucho tiempo vivía en un lugar donde un par de amantes jugaban a correr todas las noches, yo vivía en el piso de abajo, imagina cuando dos corren todas las noches descalzos y no se cansan nunca, yo9 habría preferido que hicieran el amor, que gritaran unos cuantos minutos y su cama golpeara contra la pared. Es cierto, te estoy hablando a ti. El dolor de cabeza nunca se fue, ataca una vez y luego otra y no se cansa, es como la necesidad de trabajar, solo que el dolor de cabeza no tiene un horario y no se preocupa por cumplir con una jornada. A veces pienso que esta no es una ciudad, sino un pueblo, un pueblo grande, donde la mayoría conoce a las chicas guapas y disimulo voltean a verles el trasero.

Las mujeres que van al súper entre semana no son infieles y muchas de ellas son muy bonitas. Es una corazonada.

Lo instintivo no hace poetas y tampoco se escriben historias si eres básico y tratas de que tus instintos estén siempre satisfechos, pero es algo que también me da por suponer. He dejado que la noche se vuelva cómplice del trabajo y me atrapen. Sé muy bien la forma en la pierdo los estribos y de cómo desboco si algo o alguien me interesa, se también que me estoy volviendo viejo y eso me preocupa, a veces pienso que es hora de escribir manuales infalibles para los achaques que vienen con la edad, luego pienso que me estoy engañando, que no soy tan viejo. La muerte me preocupa, sobre todo cuando pienso que me puede asaltar una noche de estas. Hace unos meses me soltaba a llorar cuando pensaba que ya no viviría más, me dijeron que estaba deprimido, pero para mí esa fue tan solo una forma de regalarme un diagnostico que no me serviría de nada.

Los hombres que vamos al súper entre semana intentamos saber que tan complejas son las mujeres, que también van al súper entre semana.

Tú sigues en tu casa y te olvidas con facilidad de todo y quizá sea lo justo. Yo no olvido nada, porque soy un exagerado. No me gustan las soluciones fáciles, me intriga todo lo que hacen los demás, pero suelo aburrirme con facilidad. Hoy fue un día hermoso. Aunque en esta ciudad no hay cerros, a las personas les gusta jugar a que se cazan, dicen que siempre mueren dos o tres al día, ya a veces no lo creo, pero tampoco deseo saber la verdad de todo esto, ya me tienen cansado esas historias. No puedo pensar en otra cosa que no sea ella y los demonios de mi infancia, a veces juro que no creo en nada, pero cuando hablo de esos demonios, hablo de seres que se me aparecían a mitad de la noche, cuando todo estaba sumido en esa oscuridad total. Anoche recién me ponía en marcha para alcanzar al día de hoy: me contaban la existencia de esos demonios que me seguían en mi infancia, me sentí bien, pues ahora estaba seguro que no había alucinado.

A todos nos gustan los placeres instintivos, en eso no hay genero, quien diga lo contrario miente. A veces creo que también me deseas tanto como yo, pero no lo confiesas porque te asusta.

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En mis sueños todo ocurre en blanco y negro y eso muchas veces termina por enojarme. Por la tarde le dije que la quería ver mañana, que tantos días sin verla me agobian; ella estaba sentada a un costado de su marido y evitaba reírse para que él no le pidiera explicaciones. De alguna forma ella pasa desapercibida mientras sosteníamos nuestras largas pláticas mediante el mensajero de una red social que durante mucho tiempo yo me había negado a instalar. No sé muy bien porque me sucedían todas esas cosas a mí, pero estaban pasando y a veces me dejaba seducir por el asombro. Que no la pudiera ver al día siguiente, ni al siguiente del siguiente me tenía de muy mal humor, desde luego que mi mal humor no solo era por no verla, sino que no podría tenerla entre mis brazos.

Presentía que ella terminaría por poseerme, como poseen las ninfas a sus amantes.
En mis sueños, casi siempre existe un escenario que se repite una y otra vez, no busco encontrar una explicación a esa situación, explicación que se convertiría en interpretación e interpretar es tan subjetivo y sin sentido. Supongo que estamos hechos de sueños. Al final sin importar el color de las cosas que ocurren en mi sueño, me tendré que conformar en ver pasar los días, así en un espacio de soledad jadeante, con ese ruido tan molesto en mis oídos y voy a pensar que si no la veo mañana es porque ella, experimenta un cambio de piel.
Nabokov fue hechizado por una ninfa, es evidente.

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Los hechos ocurren en la ciudad de México. Una mujer desaparece misteriosamente. El hombre se ve sorprendido y con el tiempo cumple con todos los caprichos de su madre. Se casa. Tiene hijos. Le amputan una pierna (que le amputaran la pierna no es capricho de la madre o quizá si). En los periódicos locales se publica la noticia de que la mujer ha muerto, pero no se dan detalles y eso sume en la tristeza al hombre que ha perdido a la mujer y a un supuesto hijo. El triangulo amoroso, hombre-madre del hombre-mujer que desaparece, es puesto al descubierto. En esta historia no existen culpables, solo culpas e historias que se van deformando hasta llegar a un punto en que nadie quiere entender lo que le paso a cada uno, o cada quien cuenta lo que cree que es la verdad absoluta de todo esto. La mujer desaparecida estaba embaraza al momento en que nadie más vuelve a saber de ella, el hombre que con los años le amputan la pierna estaba enamorado de la mujer desaparecida y ambos tendrían un hijo. El hijo que ambos tendrían es la manzana de la discordia, la madre del hombre al que le han amputado una pierna, se empeña en que ese hijo debe ser abortado por no cumplir con sus exigencias o estatus social económico, desde luego que la madre no tiene ni donde caerse muerte pero se siente con la obligación de guiar por el “buen” camino a su hijo y ha decidido que eso es lo mejor, el supuesto aborto y la separación de la mujer a la que él ama. Casi 42 años después, en un incidente fortuito, una mujer descubre el paradero del hombre amputado; en la historia de la mujer que desaparece, el hombre amputado es quien está perdido y ella, la mujer es visible con la gente que la rodea. La venganza de la madre del hombre amputado ha sido consumada, demasiada amargura han tenido que tragar tanto la mujer desaparecida como el hombre amputado. La mujer y el hombre se vuelven a encontrar, ahora son dos desconocidos que se aferran a los recuerdos, para que el tiempo desperdiciado de su existencia, tenga algún sentido. Ellos quedan libres de los caprichos de la segunda mujer, la madre de él. Ahora lo saben todo, ella huyo para salvar la vida del hijo que llevaba dentro, incluso a costa de su felicidad, y él durante todos estos años no sabe a dónde ir, fue hechizado por el canto de una madre que no dejaba de sonar en sus oídos. La pierna que le amputaron fue la izquierda.

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Nadie nos vio llegar

Nadie nos vio llegar, bajamos del automóvil y metimos nuestros cuerpos ardientes al interior de esas paredes por las que habíamos pagado unos cuantos pesos, por unas horas de uso. Parecían cuartos abandonados y había dentro de ellos un olor casi pestilente mezclados entre aromas de sudores viejos, preservativos abatidos por el uso y orgasmos fracasados, el olor a orines era también fuerte. Lo mejor del caso es que no habría testigos de nuestra infidelidad. Me preocupaba en realidad que tu marido se pusiera furioso y nos complicara la vida, con sus celos y sus tontas necedades de un divorcio. Metimos la llave en una cerradura vieja y fea pero que a la primera nos cedió el paso. Era una tarde de cielo oxidado y nuestros cuerpos aún sentían la presencia del verano que recién se había marchado. Salimos del trabajo cada uno por su lado, evitamos que nos vieran juntos para que nadie sospechara de lo nuestro, esta sería nuestra primera vez y no lo queríamos echar a perder, ambos temblábamos de emoción y miedo. Nadie nos vio atravesar la ciudad. Nos fuimos rumbo a la playa. Antes de entrar al cuarto, ya nos habíamos trazado un destino, no sé bien que tan fatal podría ser, pero el deseo que sentía el uno por el otro lo hacían válido, no solo era una cuestión sexual, había entre nosotros esa facilidad para entendernos, para sentir cariño y una pasión desmedida por todas las cosas de nuestras vidas. Si los amantes terminan en la cárcel, ese sería nuestro destino. Nada de lo que estaba pasando era claro, pero nos gustaba sentir esa emoción. Nadie nos vio llegar porque el lugar estaba escondido entre árboles secos que adornaban el lugar;  latas de cerveza formaban un camino hasta esos cuartos viejos e inundados de aromas que se contagiarían con los nuestros, esas latas eran el sitio preferido de las hormigas. Mensajes en las paredes adornaban el cuarto, eran como las noticias de lo que antes había ocurrido ene se lugar y el dueño había decidido dejar como testimonios de las batallas que en ese lugar se libraban, como si el sexo fuera una batalla de donde nadie regresa nunca más, pero el dueño lo sabía, estaba consciente que a ese lugar llegaban los que se escondían de sus parejas habituales y que todo lo escrito era una historia inexistente, una historia en clave que solo los amantes podrían descifrar. Recuerdos de una vida pasada y lamentos de pasiones que destruyeron unos cuantos hogares. Nadie nos vio llegar y nadie nos vería salir, esa era la promesa con las que nos vendieron unas cuantas horas en aquel lugar, sin embargo nuestros cuerpos irían contagiados de esos aromas un tanto pestilentes y en nuestras memoria las frases de amores furtivos perdurarían por un tiempo no pronosticado, como si la culpa se escribiera en paredes y las hormigas habitantes de esas viejas latas de cerveza nos hechizaran con solo pasar por el lugar. Nos subimos al auto, olimos nuestras ropas y algo había cambiado en nosotros. Nadie recordaría lo que hicimos aquella tarde, ni siquiera el dueño del lugar porque nunca lo vimos a la cara, solo las hormigas notarían nuestra presencia y aquellas paredes lanzarían sobre nosotros su maldición y quizá sería algo que nos seguiría por el resto de nuestras vidas. Yo pensé en medusas y en la necesidad de tenerte otra vez en mis brazos.

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Esto no lo cuentes Cansado

Hoy me he sentido cansado. Tal vez sea un buen momento para dormir y olvidarme de todas las historias posibles, incluso olvidarme de todas mis noches en vela. Hoy el día me abrazo por completo y la nostalgia me va tragando. La nostalgia es una boa. Yo tambien he leído al Principito, ahora lo se.

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Me llama para decirme que el gato a muerto.

A mí no me gustaba NY, ni las putas clases de arte y ya estaba cansado de Udele, su necedad por no regresar a casa me ponía de malas, luego con la fama que se cargaba de escritora consumada, se ponía insoportable. Lo que yo en realidad queria, era hacerlo con ella, por eso me embarque en ese viaje que me atraparia con los caprichos de ella: clases de arte, paseos huecos y de sexo nada, no hasta que ella tuviera ganas.

Termine por regresar a casa, a la rutina de siempre y le deje al gato.

Ella abandono al gato en Central Park, fue un descuido, ella se habia quitado la ropa para leer, siguiendo desde luego las tendencias del momento. Se olvido del gato, mientras que su carne mortecina ganaba algo de color y su vello hisurto disfrutaba del sol y del aire libre.

El gato se fue entre los arboles y cuando ella quiso buscarlo, ya era demasiado tarde. Pasaron tres meses, antes de que el gato volviera para morir en la puerta delbdepartamento y en todo ese tiempo ella no me dijo nada. Si me hubiera dicho lo que había sucedido, habría ido a buscarlo. Ella no queria volver a verme, por eso no me dijo nada.

Que te jodan hasta que te quedes calva la dije y colgue.

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Llegue a pensar que el mejor día para verla, eran los lunes, mentiras, porque yo la quiero ver a diario. Es tan bonita que los lunes le quedan a deber. Pensé en un par de lugares que podrían ser nuestro escondite, pero a ella no le gusta esconderse, así fue como comenzamos, con la premisa de que ella no se esconde de nadie, yo deseo que su marido salga de viaje y que ella no soporte la soledad y que se quiere mudar a ese escondite. Yo sabía muy pocas cosas de ti, tal vez tu nombre y unos cuantos fragmentos de tu vida y que tu cuerpo moldeado por más de veinticinco años y ese color de piel a la que el sol había contribuido generosamente. La única condición era la de no mezclar la eternidad de la pasión con el amor y querer prolongar las cosas más allá de lo que en realidad podíamos. Nos volvimos amantes para desafiar las ideas del mundo y esa espantosa seguridad que nos da el estar casado y porque nos gustan las emociones que nos compliquen la vida. No definimos un final y eso dejaba claro que a la primera provocación esto se terminaría, lo cual me tenía todo el tiempo en alerta. Amantes, el solo nombre llena de mociones y a veces me parecía que eso era algo imposible.

Todo nos llenaba de sorpresa, quizá porque así son las cosas al principio.

Yo trabajaba todas las noches y ella hacía el amor. En la ciudad ocurrían tantas cosas que en otros tiempos nos habrían espantado, pero nos fuimos acostumbrando a: las muertes, desapariciones, corrupción, sexo, ambición, dinero, violencia, escándalo y a cruzar al otro lado para escaparnos de una realidad que al parecer ya no nos hacía daño. Sexo por las noches y yo no sentía celo alguno. No pasaba por mal momento, y estaba seguro que pronto las cosas cambiarían, el trabajo era cíclico. Yo quería viajar a New York y ella no se quería esconder, me habría gustado que mandaran a su marido de viaje.

Antes de que su marido saliera de viaje, logre convencerla de salir, de escondernos, pero antes le pregunte si ya había leído: Lolita, ella me dijo que le gustaba más en estos momentos la música y comencé a besarla.

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Todos los días tenía ganas de perderme entre sus muslos y sus caderas. A ella no le crecen las nalgas cuando engorda. Tenía ganas de llevármela a la playa, pero todo mundo nos conoce y no era la mejor idea. No estábamos haciendo nada mal y en ocasiones llegue a pensar que ese era el gran problema, porque de hacer las cosas mal, lo nuestro seria más emocionante y lleno de peligro, a mí siempre me ha gustado el peligro y a ella la seguridad con lo que tiene.

Quería agarrarla por la espalda y besarla lenta y largamente, para que el placer nos durara toda la vida y una noche más.

Estaba de nuevo con la molestia en la garganta, una tosecita que no se quitaba con nada, llegue a pensar en una enfermedad complicada, tal vez un cáncer terminal y supuse que me quedaban unos meses de vida, también pensé que estaba exagerando y consideré un infección, algo simple, así que decidí inyectarme una dosis de antibióticos y creí que con eso bastaría, pero nada. Unos días más tarde, llegue a creer que todo el problema era gracias al reflujo y sentí la necesidad de tener que controlar mis males, no era algo fácil. No había podido dejar el iphone5, lejos de mis dedos y el calor no se iba del todo, eso sin contar que después de la última lluvia, la ciudad se había llenado de mosquitos y era inevitable no pensar en las complicaciones que con eso viene. Tal vez mi tos era por culpa de los moscos. Tenía muchas ganas de tomarme un whisky, pero mi gastritis, me la estaba cobrando muy caro.

Yo continuaba pensando en su espalda y en la intensa pasión sexual que de ella se desprendía.

No me estaba muriendo de cáncer, pero si me moría de ganas.

Cuando ella sube de peso, se pone más hermosa. La puerta se abrió y salí disparado, si me entretenía un segundo, los moscos acabarían por ponerme de malas y seguramente sus piquetes tendrían alguna consecuencia, la tos no se quería quitar, pero yo no tenía ganas de perder el tiempo e consultas y en tomar medicamentos extraños, así que me aguante todo el tiempo que fue posible, después abrí la puerta de la casa, respire profundo y pensé en su cabellos, estaba claro, ya nunca podría escapar de ella y mi vida ahora tenía otro sentido.

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De camino a casa me entero que la ciudad está llena de unos que disparan a otros, de lluvias que han dejado calles inservibles, de esas mismas calles que ahora están bloqueadas, de gente cansada y pienso en la posibilidad de vivir en otra ciudad, bajo otro ritmo, bajo otro cielo y con todas las cosas que más me gustan, pero al mismo tiempo pienso que eso es imposible. Me rasco la cabeza. La violencia existe donde quiera y la vida a veces es tan lenta que no pasa todo lo que quieres y te tienes que conformar con lo que pasa y en eso de conformarse no hay gritos, no hay pasiones y el sexo es solo eso, una fuga de todo lo que sientes.

¿Por qué volver a una ciudad, que hay en ella que te haga creer que vale la pena correr todos los riesgos?, si alguien lo sabe que me cuente.

La noche empieza a caer y supongo que debería tener miedo, que debería gritar a todo pulmón que no me maten, que tengo un cumpleaños más que festejar este año y no, no es solo el cumpleaños, sino toda la experiencia de vida que me espera, pero no grito, sigo conduciendo en un silencio que ni yo entiendo pero que me lleva al centro de estas batallas en las casi siempre sale derrotado el que se cruza y de inmediato existe una nueva pregunta: cuanta vale la vida de esas personas que todos los días la ponen en peligro y es entonces que siento muchas de llorar, pero no lo hago y sigo conduciendo hasta ver las luces de la ciudad y suspiro y siento necesidad de agradecer y pienso que si fuera creyente, me persignaría y le diría a Dios no sé cuantas cosas, pero en realidad no pienso en eso, y si en las cosas que voy a poder hacer y eso me motiva, tal vez de eso se trata, de disfrutar y de vivir cada instante de esta vida que parece no tener sentido, me rasco la cabeza de nuevo y ya siento el aroma de la casa y el dulce sabor de un día más en este paraíso donde las balas tratan de imponer el orden necesario para que las cosas sean como antes y que nadie sueñe con la paz y días tranquilos. A estas alturas ya no hay esperanzas de nada.

Esta realidad, no es otra cosa que sudor mezclado con sangre y cuerpos que ya no respiran a causa de los balazos. Yo soy un soñador que supone que aún tiene muchas cosas por hacer y me apresuro y me siento de nuevo liberado.

Solo cuando estoy llegando a casa me doy cuenta que vivimos en un polvorín y que no tarda en explotar y entonces quiero que la gente se aproveche de eso sin antes llevarse su merecido. Por qué volver, me pregunto tantas veces, y supongo que es a estas alturas una necesidad de estar en un lugar que cumpla con lo que más nos gusta y no nos ponga en peligro, pero nada es como uno lo imagina y de vuelta a la realidad, el traqueteo infernal me recuerda lo vulnerable que estamos y me dejo llevar por una serie de pasiones que me hacen cada vez más miedoso.

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