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Archive for 30 abril 2014

Algunos creen que la única salida es la vida de delincuentes, que el dinero fácil lo es todo, no hablo de los hijos de los pobres albañiles o de los olvidados que transitan por las calles buscando que alguien les regale una moneda, es decir si hablo de ellos, pero también de los otros, de los hijos de políticos y de gente influyente, de los que nunca les falto nada, pero lo hacen.

Confusión.

Dios es la confusión más grande. No hay nada más quieto que la muerte, y la v ida que cada uno vive es parte de su necesidad, eso es Dios, una necesidad y es la necesidad de todos. Cuando camino por las calles voy hablando solo, sonrió, y la gente dice: ahí va ese pinche loco. La agonía es la peor de las muertes. Mi pasión me traiciona y me salva, pues los delincuentes cada que me ven, me dejan pasar, me perdonan, y quizá hasta piensan que no hay Dios, porque es imposible la existencia de un Dios injusto. Para mí no hay hombres justos, no hay sueños, no hay amor en nuestros actos, sino la necesidad de tener dinero, mucho dinero y de forma rápida, solo así puedo entender los suicidios.

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Lo fácil sería platicarlo todo con los amigos. La chica de vestido verde pasa todos los días frente a mi casa, ¡no!, no es mi vecina, es una mujer de unos cincuenta años tal vez; delgada, alta, hermosa, cuando la vi sentí cierta envidia, porque no podía creer que una mujer que había comenzado a envejecer, lo cual nunca sería, se viera por siempre joven. Tonterías me dije, en vez de escribir esto lo deberías platicar con los amigos, pero eso es lo que no hago, platicar con los amigos de estas cosas y me pongo a escribir, aunque lo haga mal, eso a mí no me importa. La chica del vestido verde, en realidad se lo pone dos veces a la semana, me tiene sorprendido, luce sus piernas magnificas y va de un lugar a otro, yo había pensado cualquier cosa de ella, desde que se trate de una mujer que vende cosas de segunda mano, en esta ciudad la gente que no vende cosas de segunda mano, es parte de una organización criminal, y yo no quiero que ella ponga la mano en el gatillo y me haga suplicar por mi vida, además no anda en esas trocas que anuncian la llegada de un sicario, me gusta en realidad para mí musa que no es lo mismo que puta de mis historias o quizá sí. Quizá exagero cuando condeno a la gente de esta ciudad a dos actividades exclusivas, tales como vender cosas de segunda mano o ser parte de una organización criminal, pero es muy simple, por ejemplo conocí a un tipo que vende autos usados, es decir productos de segunda mano y tiene tanto dinero como para dejar de trabajar el resto de su vida y vivirla con lujo, no puedo hablar de los criminales, supongo que no conozco a ninguno, pero eso nunca se sabe del todo y de quien menos lo espera sucede. Así que la chica del vestido verde puede que se dedique a vender de segunda mano o tal vez tenga una actividad secundaria, ya saben cómo vender tacos, secuestrar gente no, porque esa parte de la actividad primaria, podría ser la presidenta municipal, pero tampoco, además que la presidenta municipal no se vería bien en ese vestido verde y no tiene piernas largas y mucho menos bonitas, podría dedicarse a cualquier cosa, maestra de escuelita de paga o por qué no de escuela pública, pero no lo creo, podría ser médico o abogada, el vestido sería digno de una abogada, pero esas son actividades secundarias en este lugar.

La he visto tantas veces que estoy tentado a dos cosas, la primera es comprarle el vestido verde y desde luego pedirle que se lo quite delante de mí, la otra es más simple quiero pedirle que sea mi musa que aunque no es lo mismo que mi puta, pienso que la pasaríamos muy bien, pero si ella es una reconocida sicaria, les juro que por ningún motivo la vuelvo a mirar y si fuera necesario le suplicaría por mi vida, para que un día que esté trabajando no me confunda y me llene de tiros, aunque si lo pienso bien, esa no sería una mala muerte, supongo.

La chica de vestido verde pasa todos los días frente a mi casa, pero hoy no la vi, porque anoche estuvo sumamente caluroso y logre quedarme dormido hasta el amanecer. No abrí los ojos cuando ella pasaba, pero pude escuchar sus zapatos al chocar contra el suelo. No me desperté.

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Cuando lo hago, lo hago por mí mismo, no hay detrás de esto ni dinero, ni fama, ni mujeres, algunos creen que escribir te trae mujeres, pero nada de eso es cierto, no cuando te haces viejo y el atractivo es un recuerdo lejano, el joven la tiene más fácil y no necesita hacer nada, lo hago porque cualquier cosa que me sirva para distraer a la muerte me viene bien, y no es que quiera burlarla cada que escribo, aunque todo mundo desea eso, yo lo hago por mí mismo, porque me hace sentir bien, porque cuando lo hago soy uno mismo, soy yo y no hay nada deshonesto en ello. Cuando lo hago no me preocupa si traigo algo puesto o el día de la semana, cuando lo hago siento que estoy en contacto con todo lo que me gusta y no pienso en nada que no valga la pena. Ahora pienso en la distancia entre el ahora y mi juventud, pienso en los amores del pasado, en las horas sin comer y en los días de trabajo rudo, pienso en los días de la universidad, en los amigos que ya han muerto y no todos eran viejos o digamos mayores que yo, pienso en las fronteras y en lo que me he querido convertir todos los días y pienso en lo que dicen algunos amigos cuando me ven: cuanto has cambiado, desde luego que no me trago ese cuento. El mundo se trata de mujeres, aunque no he venido solo a eso. Cuando lo hago, pienso en que voy a pasar un buen rato burlando a la muerte, incluso cuando ya esté muerto y eso me alegra, los jóvenes la tienen fácil porque no piensan en eso y las mujeres llegan a ellos sin pedirlo siquiera, hubo un tiempo en que también fui joven y eso me trae gratos recuerdos.

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De tener los ojos verdes y el cabello castaño serías guapo, me dijo ella y lejos de hacerle un guiño al corazón, le dio duro a mi realidad. Yo ni tengo cabello y mis ojos marrones lejos están de sus gustos. Yo le dije que de tener veinte años menos, no le haría el amor, pero ella pasaría la noche más lujuriosa e intensa de su vida. Lo nuestro le dije: son utopías, por qué, no ves como soy, si lo haces yo prometo hacerte el amor aunque con ello tal vez haga el ridículo. Ella me dijo, estas muy guapo y yo le dije, quítate la ropa. Nos hicimos el amor. En este punto acabaría la historia, pero ella cada que me veía, aprovechaba para decirme que cada vez estaba más guapo, hasta que una noche no la deje dormir y ella me dijo al irse de casa, la pase muy bien y quisiera quedarme a vivir contigo, entonces yo sabía que sucedería eso, que cada día estaba más viejo, me sentí arrinconado y decidí perder el talento, titubeaba a la hora de hacer el amor y ella siempre me decía que algo estaba mal en mí; es la manía de sentirse acabado le dije. Ella dijo es una pena y mientras se tocaba el cabello, agrego: si tuvieras ojos verdes y el cabello castaño serías guapo, pero no es así y tomo sus cosas y me dijo, tal vez esta noche vuelva, espero que la maquinaría defectuosa tenga arreglo, tal vez, dije yo, mientras lo que yo era, lo que estaba en mi recuerdo se estaba perdiendo y la fuerza cada vez menguaba, menguaba hasta el punto de tener un cuerpo sin forma y una memoria que se aferraba a las grandes peleas de cuerpos desnudos que se retorcían para fundirse en uno solo, la memoria ha sido la mejor aliada, aún lo es.

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En ocasiones nos hartamos de esperar. Tardé mucho tiempo, más de lo que tarda una fruta exótica en germinar, eso del tiempo a nadie importa cuando las consecuencias son su propia vida, y me pregunto si existe un debimos, un tiempo exacto, un instante en el que las cosas hubieran tenido otro rumbo, desde luego que de haberlo hecho antes, las cosas no serían lo que son ahora, aunque ahora ya no soy tan fuerte como veinte años atrás. Debí haberlo hecho es casi seguro, era el tiempo en el que soportaba con facilidad los desvelos y el sol me parecía tan hermoso y nunca me quejaba de su intensidad y que me estaba quemando. No me moleste por germinar, por perpetuar mi especie y que alguien más pudiera recordarme después de muerto y ahora es casi seguro, si las cosas siguen el rumbo que deben que mi nombre llegara al próximo siglo, como el nombre de mi abuelo que ha llegado a este siglo, y no solo el nombre que es lo menos importante, sino las historias de cada uno, aunque ahora soy egoísta y hablo de las mías. Cuando me atreví hacerlo, mi abuelo cumplía cien años de haber nacido y quizá el mío sea el más joven de sus descendientes, pero tal vez no sea el último. Valió la pena esperar pero confieso que por instantes me harta hacerlo y ahora lo que más tengo son miedos y soy primerizo en todo, sin importar nada, porque así la primera o la decima vez, la vida es un laboratorio, un experimento donde no hay formulas ni recetas a seguir y a cada quien las cosas le funcionan diferente. Dentro de un tiempo solo voy a querer hablar del final y no estoy obsesionado, pero ya se siente en el ambiente su llegada.

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THE LAST BEE

 

Quizá sea una tontería decirlo, pero la cosa es así: La última abeja del planeta se vio en peligro y desato: historias de amor y traición, de espionaje y contraespionaje, nos regalo una historia que es más bien una novela negra con toques de ciencia ficción y sí, también hay sexo. En toda historia que cuente con la participación de Flanagan y Merikeit se asegura el éxito irremediable, por lo tanto esta no es otra historia más, es la historia contada por quince blogueros que solo se conocen en este ambiente. Con treinta finales alternativos; esta que es  la historia promete divertirnos, y sobre todo nos permite jugar con la posibilidad de un mundo sin abejas y de paso nos acerca a las mieles placenteras de Merikeit y de Flanagan no se diga más que ya se encargara de acompañarnos en a lo largo de esta aventura.

Sin más preámbulos, les invito a pasar:

 Si quieres empezar la historia pincha aquí 

 

 

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Por si antes no viste por donde comienza todo:

 

Si quieres empezar la historia pincha aquí 

 

 

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En ocasiones me espanta la muerte, lo hace tal y como me espantan tantas cosas, no pienso en ella pero está presente y una desesperación inconfesable me abraza, en esos momentos quisiera ser gato y tener siete muertes posibles y despreocuparme de todo.

Me da pena, mi hijo. Él me vera tendido y es seguro que yo no conoceré a sus nietos y es probable que ni siquiera conozca a su hijos, me verá rígido y seguramente se llenara de tristeza, todo eso me causa un tremendo vacio y es una soledad intensa, sí, es una soledad, porque eso es la muerte un acto de soledad, quizá el más cruel de todos. No le responderé más. A mí en realidad no me preocupa la muerte, lo que me preocupa es todo lo que me voy a perder, pero me dicen que siempre es así, que no soy el primero y que tampoco seré el último, que siempre es así, que el tiempo no se puede detener y que nadie puede sobrevivir de manera eterna. Cuando pierda la batalla de seguir vivo, seré un montón de nada.

Me angustia no saber si existe algo más, no puedo creer que un día todo se desconecte y me quede atrapado en la nada y no pueda pensar más y no pueda leer o escribir historias o ver a los ojos a muchachas bonitas y no pueda tener a mi hijo en mis brazos y cada día que pasa me llena de tristeza el saber que para eso estoy viviendo: para ver venir mi muerte y mientras eso pasa discuto por tonterías y pierdo el sentido de lo que en realidad vale la pena en esta vida que es precisamente eso, vivir.

Quiero que mi hijo sepa todo lo que lo quiero y todas las cosas que han tenido que pasar para que yo estuviera convencido de tener un hijo, quiero que me vea y se sienta feliz, quiero no ser ese ogro al cual seguramente en algún momento le tendrá miedo y si no es miedo, sea una especie de coraje porque no le deje hacer tal o cual cosa, sin embargo ahora cuando duermo a su lado, me dan ganas de decirle que es lo mejor que me ha pasado, que mi vida con él es plena y que solo por compartir todos los días con él, ha valido la pena esta empresa llamada vivir y no hay fracaso en todo lo que hago. Quiero que sepa que todas las noches me hace feliz. A veces sueño que me estoy muriendo y despierto llorando y esa es la peor desesperación que he sufrido, sin duda he descubierto que ya empecé a morir y eso no me agrada en lo más mínimo, pero la noticia en realidad es que no voy a bajar los brazos y aún me quedan mil batallas por dar, sin importar el resultado de cada una de ellas.

Siempre tuve miedo de tener un hijo, si alguien me pregunta por qué, la verdad es que no tengo ni puta idea y la vida me resultaba tan compleja que decir te amo era algo casi imposible, decirlo como una palabra quizá no representaba reto alguno, pues basta con tomar suficiente aire y de decirlo de un solo golpe. He pasado por tantas cosas para llegar a este punto, y para disfrutar como lo vengo haciendo. Llevo varias noches pensando en todas las cosas por las que he pasado, pienso y no dejo de hacerlo y no hay nada de crueldad en ello, es quizá lo que la gente dice al asegurar que en el último instante, justo cuando ocurre el último aliento: podemos ver pasar nuestras vidas delante de nosotros, yo no creo que sea así, pienso que una vez que empezamos a morir (desde luego que empezamos a morir desde el momento mismo en que tenemos vida), nuestra vida se nos comienza a presentar y es tan intensa esa rememoración, que para cuando llega la muerte ya lo hemos visto todo de nuevo, aunque solo lo supongo.

Quiero que mi hijo sepa que lo amo, se lo puedo decir ahora, pero él no sabe que trato de decirle, quizá lo sienta. Ahora pienso que si nunca antes fueron para mí las palabras unas inútiles, ahora lo son menos y siempre me ayudan a decir lo que siento, aunque me tarde toda la vida para decirlo. Que difícil es esta sensación de sentir que la muerte te oprime y ello viene de la mano de este enorme vacío, quizá me falten 43 o 44 años para morir, pero cada vez estoy más cerca y mi cuerpo comienza a mostrar los efectos de las primeras batallas perdidas, ahora mismo lo hace y sé que dentro de poco, seré un montón de nada y yo, lo único que quiero es que mi hijo lo sepa desde ahora que lo amo.

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