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Archive for 26 noviembre 2013

La odio porque tiene las piernas blancas y porque ya no quiere dejar que se las toque de nuevo. Tarde o temprano terminaría por odiarla y ella lo sabe. Ella no sabe sentir, es igual que la mujer que provocó esta fuga de mí, aunque cada una por su parte jura que ellas saben sentir con la vulva. Mentiras. La peloncita. Es tan bonita que sus amigas luchan por hacerla lesbiana.

Ella, la chica con la que hice el amor de pie, mientras ella estaba recargada sobre mi mesa de trabajo se volvió ausente y la vida así no era vida, al menos en un principio, ese principio que me llevo a conocer a Laura, la Laura de todas mis historias. Mariko, así la había llamado. Cuando la volvía a encontrar le pregunte si aún seguía con su puto coronel y me dijo que no era, no es y nunca será puto, además de que no era coronel. Yo pensé que era un hijo de puta por hacer que ella no estuviera interesada más en mí, pero esa era mi suerte o al menos yo quería creer eso. Buscaba todo el tiempo asilo en cuerpo desnudo porque solo así podría encontrar el camino a las letras y derramar todo eso que me parecía irme tragando, las letras eran las enemigas naturales de mis nostalgias, mi eterna juventud. Su puto coronel, aunque ella dice que no es ninguna de las dos cosas, era amante de los disparos y yo no quería confiar en el azar, deseaba estar seguro, saber por dónde andaba y que pensaba de los cuernos que yo le había puesto, pues él se había enterado de todo, la culpa es de ella que se mostraba como una mujer flexible, aunque yo también tenía parte de culpa en todo esto. Su puto coronel se había robado mi remedio infalible para curar mis nostalgias. La noche acá es la noche, nadie sale sino se quiere encontrar con un disparo, pero de noche es cuando te puedes encontrar con la pelvis perfecta, una pelvis sin nombre, sin rostro y sin la posibilidad de que ocurra de nueva. Yo estaba perdidamente enamorado de Mariko, lo habría dado todo, desde luego que no le habría dado dinero, porque es muy simple, no se puede dar lo que no se tiene. Yo quería ser cruel y perderla en un lugar improbable y que ella jamás pudiera encontrar el camino del orgasmo y desde luego a su puto coronel quería dejarle vacía la bolsa escrotal, pero todo eso fue antes de conocer a Laura, en ese momento mi vida fue otra.

Laura. Buena pierna. Si toma café experimenta el más pesado de los sueños. Almohadas amarillas. Mucha nalga. Su hernia de disco no la deja hacer lo que ama, desde luego que para el sexo se da sus mañas; su hernia se supone que ya es una ex hernia, pero lo cierto es que se tienen pocos casos de éxitos en ese tipo de cirugías, al menos con quien la ha tratado. Pocas chichis. Su cuerpo desnudo me hace derramar palabras. Antes de acabar con esta historia, todo mi percepción de la realidad se ve alterada, no es que Laura se hubiera ido de mi vida cotidiana, ahora más que nunca la tengo cerca, con Laura no tengo esquinas, es como la noche, larga, profunda, oscura e intensa. Con ella perdí el nombre y el nombre de todas, su cuerpo no me traiciona aunque a ella la ha traicionado una, dos o tres mil veces, que importa, con ella no tengo miedo. Estar en sus piernas es algo cabrón. No, no estoy cansado de mi vida, me cansa mi inseguridad y mi poca confianza para hacer las cosas que me gustan.

Los deseos no bastan, no es algo que puedas esconder y que nadie se dé cuenta. Yo deseaba tantas cosas, lo mismo que deseaba un cuerpo desnudo lo cual me podría convertir en un violador, deseaba escribir historias, lo cual no me convertía en un escritor y en ocasiones deseaba agarrar a golpes a quien estuviera delante de mí, lo cual seguramente me hacía un delincuente, un psicópata según los términos modernos de la descripción del comportamiento. Es más fácil ser delincuente o suicida que ser un escritor aunque a veces tengo mis dudas, es decir tal vez no existe esa línea delgada entre escribir y suicidarse, porque escribir es eso un suicidio diario una fuga de lo que somos, un desesperado intento por ser lo otro, lo que aún no somos, pero a lo que ya le hemos puesto nombre. El deseo es todo, te hace perder los estribos e incluso traiciona tu supuesta lealtad y desde luego que con el deseo se deja entrever la infidelidad como algo de lo más natural, con el deseo robas bancos, desvistes prostitutas, tienes hijos no deseados. No debe ser sencilla una vida con deseos, pero lo peor del caso es que no conozco a nadie que no tenga deseos.
Así empiezan mis historias. Me acerca a Laura porque la deseaba, no sé bien si deseaba sus besos o verle las piernas desnudas o verle sus fuertes muslos desnudos y verificar si es cierto que hacían esa convexidad que se dejan adivinar de bajo de su ropa, hablo solo de eso de las cosas que se pueden ver, casi nunca hablo del olor de su boca y el olor de su cuerpo y de los ruidos que hace mientras habla. La he besado, le he lamido las piernas y la convexidad de sus muslos. Ella es fuerte y su olor me masturba el cerebro mientras pienso en cómo ser infiel de nuevo. Pienso en todas sus historias, en sus deseos, en las mujeres de mi vida y ella, pienso en mi vecina y en sus vecinos, en sus amigos y los amigos que la han deseado y sus compañeros de trabajo y en las horas en las que no hace nada, pienso en las semanas que nos quedan para encontrarnos de nuevo y en el silencio, ese es el que más preocupa, el silencio, porque me hace sentir su ausencia y mis ganas por besarle la línea donde empiezan sus nalgas. Laura. Cómo le hace ella para esconder sus deseos. A veces todo lo que deseo es desaparecer, pero no soy mago y no tengo un truco debajo de la manga. Lo que yo deseo es habitar en ella, no con ella, ni en su casa, si en sus deseos y sus sueños, en sus instantes íntimos y en esos instantes cuando ella sonríe de ganas y se le erizan los vellos que cubren sus pubis. Ahora lo más cerca que puedo estar de ella, es en medio de todo esto que escribo, pero quisiera que fuera mi lengua la que recorriera su cuerpo y no mis letras. Suspiro. Siento su olor, mientras mi mujer lucha por no ser infiel, lo adivino en su mirada, que demonios, me merezco los cuernos y ella esta aferrada a no ponérmelos.

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Esta no es una ciudad de genios, ni poetas o escritores, esta es una ciudad de delincuentes, de gente armada que entran a cualquier lugar con sus armas y se sienten héroes, aunque yo no tengo idea de que se sienten orgullosos. Esta es la ciudad que hemos escogido para que puedas nacer, para que crezcas, para que sueñes, para que seas lo que tú quieras. No es la mejor ciudad sin duda.

Fuimos con el Dr. Ambriz, es él quien en los últimos días te ha estado checando, la buena noticia es que fue descartada la tetralogía de Fallot, lo que quiere decir que no existe problema alguno con tu corazón. Sabes me pase tantas noches tratando de explicar qué demonios nos había pasado y como resolveríamos ese problema de tu corazón, pero ahora nos han dicho que no existe, que era composición de imágenes, que al menos es eso estas bien, digo al menos porque existe otro problema, uno que causa menos alarma pero que fue el que ha disparado todos estos viajes a Monterrey. Los médicos le llaman restricción del crecimiento, el tuyo parece ser de leve a moderado, le ponen nombre así que el tuyo es de grado cero a grado uno. Que de cosas. Lo cierto es que no tendrás muchos problemas para nacer, aunque nos recomiendan que lo hagas en la semana 37 de gestación al parecer es lo ideal.

A veces creo que esta es una ciudad horrible y pienso en otras posibilidades para que puedas crecer, pero el país esta convertido en un nido de violencia y no solo el país, el mundo atraviesa por etapas duras, abunda el desempleo, la apatía, la vida en corto. El país no tiene esquinas, no hay para donde irse, no hay tal lugar que sea mejor, solo nos quedan esperanzas, en qué o en quien, la verdad es que no lo sé, pero es todo lo que nos queda. Por otro lado no podemos abandonar esta ciudad por miedo, tal vez el miedo nos haría huir a todos y entonces esta ciudad ya no será más una ciudad.

Mi bálsamo en estos días es tu llegada, aunque a veces todo me rebasa.

Cada día es más difícil, leer o escribir, tú no tienes la culpa. He vivido todo tipo de estrés; de no haber estado calvo hace unos meses, a estas alturas ya lo estaría. Hace unos días leía un cuento de Carver en donde se narra la muerte de Chejov, sus últimos minutos. Aún no lo sabes, pero yo amo escribir, quizá es una de las cosas que más amo. En esa narración, el médico que lo asiste en sus últimos instantes, manada a pedir una botella del mejor champange que tuvieran en el hotel donde se hospedaba el escritor y su esposa y beben los tres un último trago como despedida, sin que nadie dijera salud, pues no había motivo para brindar. Si algo tengo claro es que para el día en nazcas yo me he de beber una botella entera del mejor champange que encuentre en la ciudad, no sé si lo merezco, y no es un pretexto el brindar por tu llegada, sabes, lo voy hacer porque creo que en ese momento todos mis demonios me van hacer pedazos y necesito distraerlos, como también voy a necesitar liberar todo el estrés que en estos días me está consumiendo. He subido de peso, no sé cuánto, pero ya se me nota y es algo que me preocupa a mi edad y creo que a ninguna edad es recomendable subir de peso. La bebida va a curar toda esa nostalgia indeseable por la que seguramente voy atravesar ese día. Si por alguna razón no puedo beber ese día, prometo que lo hare antes de que termine el año y después de hacerlo me acostare a dormir, eso es lo que deseo.

Como sea la muerte no va a dejarte en paz. Nunca. No hasta que te gane la partida, es algo que tienes que saber.

Esta es la historia que tal vez tú no quieras oír mi querido Pablo. Hace años las cosas eran de otra manera, los locos se tiraban de los puentes, algunos cuentan que no eran locos sino enamorados, hace años tomaban todo tipo de drogas para cortar con sus vidas, se daban un tiro en la cabeza o se prendían fuego. Ahora los males modernos demandan otras formas de quitarse la vida, aunque no varía en mucho. Ahora se cuelgan pero dejan testimonios en las redes sociales, esa es la vida, una gran telaraña que nos tiene atrapado, redes sociales, sitios donde escribir el día a día de nuestras vidas, la gente escribe cosas bobas y sin sentido como por ejemplo: “comiendo con mis amigos”, “en el baño”, “rumbo a una fiesta”, “en casa y solo” y una larga e interminable lista. La gente publica fotos y videos del instante mismo en que abandonan sus vidas. Esto es un caos. El mundo en el que vivimos esta convertido en un caos (yo diría que en gran medida es una mierda).

Cada semana necesitamos ir al médico, checar que todos tus flujos estén en orden, no podemos pasarlo por alto, hacerlo puede resultar trágico, eso es lo que entiendo, cada semana o dos tenemos que hacer un viaje de 300 kilómetros más o menos y cruzar por caminos minados, agachar la vista porque un delincuente o un narco o uno que anda drogado y con arma en la cintura nos queda viendo y nos reta y no podemos devolver la ofensa porque hacerlo significa abandonar la vida y porque a ellos, a esos delincuentes lo único que les importa es morir y andan todos los días buscando quien les hace el favor y que sus familias crean que son héroes, esos héroes modernos que nadie desea pero que ellos están convencidos que hacen falta. Así que nos levantamos temprano y salimos de casa, tres o cuatro horas en la carretera, todo tipo de carretera, todo tipo de retenes, toda la adrenalina al máximo y al final del día un largo suspiro por lo que nos espera al otro día, ese día en el que seguramente nos van a decir que todo está bien y que tenemos que seguir esperando, y ser pacientes. Larga espera de unos cuantos días. Los días más largos de mi vida.

En ocasiones tengo deseos de llorar y me aguanto, tal vez no tenga necesidad pero lo hago. En algún momento me preguntaron si iba a llorar el día en que estuvieras fuera del útero de mamá. Yo dije que no tenía motivo para hacerlo, aunque desde luego sería un llanto de felicidad. Hoy después de tantas cosas, no tengo idea de lo que va a suceder, es casi seguro que llore, es casi seguro que mil cosas se van a cruzar por mi mente ese día y no voy a tener manera de ahogar el llanto. Mi querido Pablo, a veces pienso en toda mi vida y creo que no merecer tanta felicidad.

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Manos fuertes, sonrisa alegre, el cuerpo perfecto y una hernia lumbar, esa era ella: Laura. Mi Laura Blake. Sentía cierto placer de que no fuera psicóloga, sentía ese placer que te causan las mujeres que saben tejer historias, las que todo el tiempo se están dejando llevar por su capacidad para crear. Hasta antes de conocerla, yo estaba enamorado de Natalie Portman, pero Natalie no era perfecta, primero porque no bebía tequila y en caso de hacerlo, con dificultad querría beber mezcal. Adoro a las mujeres que beben mezcal.
Durante esos días que ya habían perdido el nombre, estuve pensando en hacer una historia, quizá lo correcto sea decir que había pensado escribir una historia de Laura Blake y que fuera interpretado por Natalie, ella era el único rostro posible para mi Laura, pero luego las cosas resultan ser más o menos como uno quiere y ya no hay necesidad de escribir nada y mucho menos buscar quien haga ese papel, quizá lo mío era un pretexto para estar en el set de grabación, pero creo que esa era una historia un tanto disparatada. Quien mejor va con ese papel de Laura Blake es Jaimie Alexander, aunque con ella corría el peligro de perderme en los laberintos de mis pensamientos y mis pasiones. Jaimie posee uno de esos cuerpos que no traicionan.

Laura tomaba mezcal.

Nos conocimos un lunes, un día como cualquier otro o como casi cualquier otro, ella me sonrío a la primera y no fui capaz de decirle que a ella la conozco desde siempre, que he llorado una o dos veces por su ausencia, que se todas sus historias y se de su viaje a Brasil y la historia de la anciana prostituta o la prostituta anciana, supongo que en este caso el orden de los factores causa cierta alteración. Lo sé todo Laura, eso quería decirle, sin embargo toque su mano, me mire en sus ojos y sentí su piel después de casi 24 años de ausencia. Mi ausencia en su vida.

Laura escribió historia sólidas acerca de la anciana prostituta y se vino a esta frontera buscando a la heredera de la fortuna de esta anciana.

Soy escritor, le dije a Laura y ella no paro de reír.

A Laura le gusta el teatro. El dolor en su columna la ha limitado, ya no hace yoga porque no se atrevió a soportar el dolor, o porque no había motivo para soportar ese dolor o porque simplemente no deseaba soportar ese dolor. Ella fuma, pero no esos cigarrillos que vienen impregnados de miles de componentes químicos, es inteligente, se entera de las cosas que suceden en este mundo, ha recorrido las fronteras una y otra vez, ella sueña y yo sueño con ella, todas las noches.

Tenía ganas de perderme con ella, en ella, en su cuerpo, en sus labios, en su hernia lumbar y hacerla olvidar ese dolor. Uno nunca sabe lo que pueda pasar. Hoy también era lunes, llovía un poco y el clima estaba errático, frío para cuando aún debería quedar un poco de calor, sus ojos no me habían visto, pero yo podía aún adivinar la chispa en ellos. Llevaba el uniforme que hasta hace unos días, se había puesto aquella chica con la que empezó toda esta historia, esta fuga de mi. A la chica de esta historia, o mejor dicho a la chica que disparo esta historia no la volví a encontrar pero tenía necesidad de verla, de pedirle que me regrese mi libro, mi pequeña joya, la última vez que la vida se había quitado el sostén y se había mojado las tetas con mezcal, el mejor mezcal, de los que no se encuentran ni siquiera en Oaxaca, lo de ella fue un sábado poco antes de que me dijera que quería un perro. Me gustaría ser cruel y decir que ya la olvide, desde luego que prefiero la verdad y de todo esto me preocupa que no me regrese mi libro, ese libro que nos llevo al camino del orgasmo. Supongo que de ir por mi libro me llevare un mal sabor de boca y confieso que ya no quiero verla, que estoy perdido en los ojos de Laura.

Laura es tan bonita que no dudo que pase horas enteras ante el espejo, enamorada de ella misma. Pienso en la cara que pone cuando se masturba, es casi seguro que se masturba, tienes las manos muy fuertes y los labios rojos e intensos, con ella sellaría un pacto de amor que no es otra cosa que un beso.
No dejaba de pensar en la historia que había mantenido en mi cabeza durante tanto tiempo, yo no me enfrentaba al conflicto de la hoja en blanco, sino a mi creciente indisciplina, escribir es para mí una necesidad y a veces creo que me comporto como los chavos que de manera despreocupada creen que lo pueden todo y terminan por no hacer nada (aunque no todos son así). Hace un tiempo pensé escribir una historia para salir de mis problemas, daba por descontado que podría ganar cualquier concurso, desde luego que no tenía ni puta idea de lo que se trata cuando uno dice que es capaz de escribir. Lo cierto es que nunca he dejado de soñar.

No había mujer más interesante que ella en toda la ciudad. Mi vecina. Tal vez estoy exagerando de nuevo.

Me olvide de la vida, otra vez. La ciudad cambia de sitio constantemente. Estoy preocupado. Nunca he hablado de las cosas que pasan en la calle, quizá no tiene sentido hablar de ellas o quizá soy una persona que todo la exagera. La ciudad era ese sitio donde nacen sicarios y amantes. Amantes que poseen poder, sicarios que hacen que ese poder sea efectivo. Un nuevo orden. Control. Alta traición. Me espantaba la idea de quedarme sin Laura, tenía mucho por hacer, pero me estaba volviendo necio y lento, dentro de poco necesitaría ayuda para orinar, se que el termino es grotesco, pero a veces no hay más opción que disimular. Normalmente veo a Laura por las tardes cuando todo está tranquilo, a veces me estoy muriendo de sueño y no tengo manera de justificarme. Ella se levanta primero y yo le sobo una vez más para que me de suerte, sus pies quizá estén fríos, pero el sexo de ella no logra apagarse y yo no logro alejar mi mano, mientras pido por mi suerte. Suerte para estar en algún lugar de la vida, con ella, con mi Laura Blake.

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La frontera norte, una postal, más allá empieza el sueño americano, los billetes verdes, y uno de los estados más seguros del país vecino, allá es el fin de todas estas inseguridades, eso es lo uno creería mientras atraviesa de una ciudad a otra, con la música en silencio, y pendientes de cualquier cosa extraña, incluso parece que la temporada del año se ha puesto en nuestra contra y oscurece más temprano, se oye el ruido de las llantas al deslizarse sobre el pavimento y es estúpido sentirse así, dan ganas de cruzar al otro lado por aquello que es más seguro, pero en las bolsas no traemos las visas, así que nos resulta imposible cruzar y tenemos que seguir la ruta que hace unas horas nos parecía segura y después se volvió imposible, tenemos miedo pero somos expertos en ocultarlo, últimamente eso hacemos: ocultamos nuestros miedos.
Pasamos por el lugar donde la mañana anterior había sangre regada en el pavimento, tratamos de imaginar la escena de ayer, pero nos topamos con grandes pipas o camiones cisternas que transportan combustible e imagino de inmediato un encuentro armado y las imágenes Dantescas acuden a mí, pero es imposible que se dé un enfrentamiento, las cosas están calmadas, al menos por un momento y los camiones cisternas traen una leyenda entre tantas que dicen Nieto, son de la familia del presidente así que nadie las ataca y nadie las cuida, no hace falta.

Los habitantes de esta frontera tienen miedo en su mayoría por su imaginación y no por contacto directo con los enfrentamientos, de alguna forma son dichosos. Algunos te cuentan las historias que han vivido en directo, historias que forman parte de una novela, esa novela que ya se les ha instalado dentro y que nadie más puede escribir y que unos cuantos creen saber cómo es, quizá nos hace falta entender que es lo que pasa, tener contacto con esa cruda realidad para entender y entendernos, para saber que esto es un pequeño infierno. Nos hemos olvidado de eso, de la realidad y nos encerramos, porque eso nos dicen las autoridades y nos recetan una serie de recomendaciones para sobrevivir a los ataques de los mal llamados narcos, pues lo que mejor se adapta a ellos es el nombre de sicarios. Dentro de las recomendaciones las que sobrepasan mi realidad, están por ejemplo: si no tienes nada que hacer no salgas de tu casa; si vas a salir solo lleva el dinero necesario, deja en casa las tarjetas de crédito y todas tus cosas de valor; si tienes un arma no salgas con ella, pues te pueden confundir; si estas cerca de un enfrentamiento corre a esconderte y la más tierna de todas: si ves que alguien es llevado en contra de su voluntad, no digas nada, porque no sabemos si son de los buenos o los malos (supongo que se refieren a los que se los llevan o quizá a los que son levantados, la verdad es que es muy confuso).

Esta ciudad merece un elogio al desorden, empezando por sus autoridades.

Tenemos las manos atadas por la sangre, esa es nuestra realidad, supongo que para sobrevivir debemos rezarle al santo de nuestra devoción, el preferido debe ser Rigo Tovar, en esta ciudad se dice que Rigo es amor y en el amor se basa la fe de los pueblos y las personas para ser cada día mejores, además de que Rigo es de esta ciudad, así que tenemos que encomendarnos a él.

La felicidad tiene que ser otra cosa que una troca o un departamento, y desde luego otra cosa y no el sexo ni el dinero fácil, la felicidad tiene que ser más que un error, algo que no se corte con el impacto de una bala, la felicidad no es ese placer egoísta que viene manchado con su cuota de sangre, la eternidad no es lo que podemos tener en esta vida, es decir no es un bien material, ni el tener la vida de otros en sus manos y quitárselas deliberadamente.

Todos somos ciegos, nadie los ve venir ni andar por la ciudad, algunos alzan la voz para decirnos que los ven pasar por una calle u otra, nos alertan, pero nadie les hace frente, hacerles frente es poner una bala en tu cabeza y dejar de contar todas estas cosas, estamos ciegos porque así nos conviene; la alcaldesa prefiere decir que la mayoría de sus policías no están de servicio porque aún están en ese proceso de verificación para saber si son honestos y que nada podemos hacer que no se a rezar, claro que acá tenemos a Rigo, después de todo Rigo es amor. Los que sufren alguna perdida, no tiene otra opción que llorar y rogar para que ya no se les muera nadie más.

El sicario era un niño que le gustaba salir por las noches y jugaba al fútbol soñaba con ser campeón del mundo, pero eso no le alcanzaba para tener lo que otros tenían y se canso y decidió que era el momento de hacer un cambio y tenerlo todo, se puso piel de tigre y no le interesaba esperar por nada, como tampoco trabajar para que ese cambio pudiera darse, el sicario escogió la vía corta, la vía de la sangre y el olor a pólvora mezclado con el del sudor y supongo que eso lo hace feliz.

Miedo, ignorancia, deslumbramiento: esto se llama así, esta mujer puede ser tuya, esta frontera una postal de la realidad antes de cruzar a esas tierras donde el sueño americano es posible, esta frontera manchada de sangre; esta frontera es la vida sigue metiendo al miedo en nuestra cama.

Más de una vez he visto cuerpos heridos, cuerpos tendidos después del último aliento, manos que no volverán a tocar unos senos y esas mujeres que aún no tienen ni veinte años quedarse viudas y sus hijos huérfanos, hijos que caen en un silencio terrible y desean tener un arma para ser iguales a su papá, vida en corto, vida exprés, vida vivida a todo lo que da.

A veces me gana un silencio terrible y tengo ganas de llorar.

He llegado aceptar el desorden, se que la eternidad no requiere de un cuerpo, que el placer es una situación egoísta y que jamás voy a comprender del todo porque estos hombres, estos sicarios se sienten orgullosos de lo que hacen, según yo, ponen en riesgos a sus hijos, a su amantes, a sus mujeres, a su padres, y cuando los otros, los que son del bando contrario, los identifican, acaban con todos para evitar venganzas en el futuro, no se si existe algo más triste que esa paz que no tenemos, pero nos vamos conformando con esa inmovilidad, aunque en ocasiones salimos a la calle y nos olvidamos que tenemos miedo y por un pequeño espacio vivimos.

Un sicario quizá pueda pensar así: mi vida es más que la vida de los demás y deliberadamente nos disparan si nos ven en las calles.

A veces quiero salir en las noches, pero pienso que no vale la pena, sobre todo porque mi alma no es pequeña y porque aún tengo muchas cosas por hacer. Miedo. Nadie dijo miedo, esta es una ciudad en donde no existe una próxima vez. Es aquí donde existe un pequeño infierno por si alguien lo quiere conocer, aunque los que acá vivimos ya nos acostumbramos a esta historia gracias a nuestra imaginación y no nos hace falta el contacto directo, no nos importa que una bala nos pase rozando, pensamos en que nada está ocurriendo y dejamos las cosas de ese tamaño, del tamaño de una novela.

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Por un segundo pensé que la muerte te sigue. Viajamos el domingo 3 de noviembre muy temprano con destino a Monterrey, te están checando en esa ciudad, hasta ese día no tenemos un diagnostico. ¡Sí!, tienes algunos problemas que se asocian directamente con tu crecimiento, a muchos les intriga tu tamaño y la cantidad de líquido. Existe la posibilidad de que tu crecimiento se deba a una falla, lo más probable es la tetralogía de Fallot y lo tuyo, lo que nos dejaste ver hace unas días fue un cabalgamiento de la aorta, aunque no tienes un diagnostico definitivo, desde luego que nos pusimos un poco triste, pero yo suelo hacerme el duro y creo que es necesario, pienso en las terapias que serán necesarias una vez que nazcas, las posibles operaciones, y todo lo que te haga tener una vida de lo más normal posible, esa es mi necesidad portarme lo más fuerte posible, pero no es nada simple.

Al principio te hable de la muerte. Todos estamos vinculados con ella y aunque esto te vas a cansar de oírlo, es lo único que tenemos seguro y nos tenemos que acostar con ella. Pues bien, en nuestro país, vivimos en México, en una de sus fronteras, se celebra cada año el día de muertos, hoy es un día de esos.

Salimos de viaje y a unos cuantos kilómetros nos encontramos con coches que bloqueaban la carretera, nos llamo la atención, pero no le dimos mucha importancia, pero conforme avanzamos unos metros, vimos más y más vehículos obstruyendo el paso y con impactos de bala y sangre, vimos lo que se podría juzgar como un río de sangre en el pavimento. Esta ciudad es así: violenta y sangrienta, existen conflictos entre grupos de delincuentes que tratan de tener el control de las rutas de la droga que entra a los Estados Unidos, parece ser que es un negocio muy rentable y constantemente estos grupos armados se pelean por tener el control de estas zonas. Cuando pasamos por esa carretera, estoy casi seguro que la sangre aún estaba caliente y los cañones de esas armas aún humeaban, por suerte y digo por suerte porque créeme que no se que habría hecho, seguramente morirme del miedo, solo vimos lo que eran los restos de una batalla entre esas bandas de delincuentes. Mi querido Pablo, me apena, me entristece tener que ofrecerte este mundo de violencia, me entristece no poder darte algo mejor, se que tendrás que crecer con estas cosas, con estas historias, se que tendrás que formar tu carácter al ritmo de la violencia generalizada y lo cierto es que yo no veo un solo punto de inflexión por donde las cosas pudieran ser mejor. Algunas veces te tengo que confesar, me pongo a llorar, supongo que soy un egoísta, que no he pensado en ti y solo he buscado mi supuesta felicidad con tu llegada y no sé cómo demonios te voy a explicar todo esto que nos pasa a diario, no sé cómo te voy a explicar si un día una bala corta con mi vida o la vida de tu hermano a la de tu madre o tus amigos, no sé cómo le voy a explicar si en el peor de los escenarios una bala corta con tu vida, sabes eso me entristece. Estoy sentado y lo pienso tantas veces como me es posible, pero no logro tener una conclusión que valga la pena.

Ya fuera de la ciudad nos llegaron noticias de que la ciudad donde vivimos, era un polvorín. En otros tiempos habría corrido para estar en medio de un tiroteo y poder hacer una narración, exacta de lo que sucede cuando el olor de la pólvora se confunde con el de la carne quemada y cuando los cuerpos pierden su movilidad y su calor, pero ahora a unos cientos de kilómetros no tenía idea de lo que en verdad estaba experimentando, deseaba quedarme a lado de tus tíos, en ese espacio tan ajeno de la realidad de esta violencia que vivimos a diario, quería huir y decirle a mis amigos que sentía mucha tristeza pero que era necesario dejar la ciudad donde a diario hacemos lo más parecido a una vida y que es el vivir. No experimentaba miedo, lo que tenía dentro de mí era una rabia insoportable y deseos de huir, no importa a donde ni como, ni cuando, ni siquiera me importaba si las cosas se pondrían peor. Sentí tristeza de enfrentarme a la realidad sí, como si la realidad fuera una gran pared y esa fuera la única opción que tú y yo tenemos. La muerte te comenzó a seguir desde el primer instante en que tuviste vida, lo va hacer todo el tiempo, nada la va a detener, no te va a dejar descansar y tú tendrás que engañarla. Sabes hace unos días fue tu primera oportunidad. En el país tenemos una bonita tradición, la gente busca a todas luces convivir con sus muertos, le hacen altares, le ofrecen bebidas y comida a sus muertos para recordarles que siempre están en sus corazones y luego al vivir a unos cuantos pasos de la frontera con los gringos, pues nos hemos adherido a sus tradiciones y la gente se disfraza para poder convivir con sus muertos, pues al ocultar sus rostros, podemos mezclarnos con esos muertos porque nadie les tiene miedo, porque todos son iguales y porque ellos andan entre nosotros, todo en realidad es bonito, aunque quizá un día escucharas que debemos recuperar nuestras tradiciones porque en ellas esta nuestra verdadera identidad y el ser mexicanos es eso, una realidad manchada o matizada en la cultura y las tradiciones. El caso es que tu hermano pinto el rostro de mamá para que la muerte no se detuviera al verla y quisiera llevarte.

Supongo que no va a dejar de seguirte y tendrás que luchar todo el tiempo para engañarla, pero no te preocupes aún por eso.

Hemos vivido unos días complicados, algunas mañanas nos levantamos con mucha tristeza, otras simplemente nos levantamos y pensamos que la vida una vez que se tiene, estamos obligados a correr riesgos. No me pregunto porque te han pasado las cosas y si es que en realidad te han pasado, no soy de los que lloran sin consuelo y hacen reclamo a todos los cielos para resolver sus problemas. Yo veo las cosas desde otro ángulo, espero tu llegada y pienso que si tenemos que hacer algunas cosas para que estés mejor, las voy a intentar todas, que no me voy, ni nos vamos a dar por vencido, porque en realidad nos importas. Pienso en lo pequeño que aún estés, en lo indefenso que te encuentras, pienso en tantas cosas y lo único que puedo hacer esperarte, porque mientras no estés con nosotros, en nuestros brazos, todo es un mundo de incertidumbre, pienso en las cosas que podemos hacer juntos y lo único que descubro de mí es a un pobre viejo tratando de seguir una pelota y de darte algún consejo que valga la pena seguir. Sabes, me alegra que la muerte aún no te alcance, que una bala no nos detenga y sobre todo que sigas vivo, con diagnostico o no de esa tetralogía que no me deja dormir.

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Siempre me dolía escuchar a Laura, no es que ella fuera una quejumbrosa, sino que me veía a los ojos y era tan intensa y profunda su mirada que terminaba por llenarme de nostalgia. Tal vez ella me recordaba algunas noches en Barcelona, cuando beber tequila estaba prohibido por lo caro y no por lo escaso y el mezcal era algo casi imposible de conseguir al menos el que a mí me gusta. Me dolió cuando ella me dijo que tenía novio. Nos conocimos cualquier mañana, no puedo precisar cuál de todas, pero seguro hacía frío, pues yo me pongo sentimental cuando hace frío y me enamoro con facilidad. Le tendí la mano y le dije que sentía algo así como un gusto, pero que me gustaría más saludarla de beso, que eso me haría muy feliz. Esa primera vez ella insistió en aferrarse a mi mano y sonreír. Yo estaba enamorado de la ausencia de Barcelona en mi vida y no es que me hubiera ido tan mal, la verdad es que no me fue nada mal, pero a veces las cosas no salen como uno quiere. La Ana que yo recuerdo la conocí en mi departamento junto a la playa, me gustaba tanto, pero ella siempre estaba drogada o eso es lo que recuerdo, también recuerdo la primera vez que la vi desnuda en la playa, al parecer en esas playas la gente se puede desnudar sin sufrir susto alguno, pero no es algo que yo me atrevería hacer con facilidad, eso es lo que ahora supongo aunque en aquella época seguro lo habría hecho.

La Ana que yo conozco, no es igual a la Ana que vi hace unos días en la pantalla del cine, la Ana de ahora está muy repuesta.

Nunca había pensado en la posibilidad de suicidarme. Había pensado que de aprender inglés, podría irme a New York y tomar clases en la escuela de creación literaria, no para aprender a escribir, sino para aprender cómo llevar a cabo ese magnífico romance que Laura ofrecía con su sonrisa a todos, menos a mí, aunque para el amor uno no va a escuelas de escritores, pero es a la única escuela que me interesaba ir. Tonterías. A veces creo que la sonrisa de Laura es porque sabe todas las pasiones que despierta en mí. Una de las cosas por las que me gusta escribir es porque en ellas puedo hacer de mi vida lo que me venga en gana y porque cuando lo hago todas son mías, no importa lo que digan mis amigos o lo que otras personas quieran, ni siquiera me importa lo que ellas piensen. Se lo dije a Laura y me dijo: que si yo estaba dispuesta a mantenerla, ella estaba dispuesta a considerarme su amigo y a mi esa idea me pareció un poco extraña, pues yo en ese instante solo pensaba en ella como una más de mis amantes, si es que alguna vez había tenido amantes o si es que existía alguna lista donde se van añadiendo a las amantes para poder decir que tenía un más.

Le pregunté a Laura que día era hoy y que iba hacer una vez que cambiara el horario, esa costumbre que tengo de preguntar por esas cosas, yo tenía ganas de confundir los domingos con los lunes, y así no trabajar por la noches, por desgracia el cambio de horario me obligaba a trabajar una hora más a la acostumbrado y cuando uno es asalariado no es nada divertido trabajar de gratis, pero las cosas así estaban y yo no podría hacer nada o casi nada, si es que el lamento cuenta cómo hacer algo. Imagino su piel suave, tibia, lisa, imagino la herida de su piel que le ha quedado después de la cirugía y las horas que tiene que pasar en terapia, la imagino fumando un cigarro y saliendo a caminar porque desea tanto esa vida que me parece tan alejada, tan mágica y distante, como suelen ser todas las vidas cuando uno cree estar enamorado. Yo sospechaba no estar enamorado pero pensaba en lo cruel que resultaba oír su nombre en la voz de otro y los gemidos de ella en el cuerpo de otro y su vida en la vida de otro, no tenía sentido el ponerse así, pero a mí gustaba hacerlo, sobre todo cuando escribía de ella, de ellas, de todas. Todas son mías, no me cansa repetirlo.

En otros tiempos me habría pegado un balazo para salvarme de mi infierno particular, pero hoy en día ni siquiera eso tiene sentido, resulta tan común.

El departamento en Barcelona era lo que yo necesitaba, no era un lugar pequeño y debo decir que constituía un lujo rentarse un espacio en un lugar así, la mayoría rentaba espacios de dos por dos metros al interior de viejas casas en el centro y en esos espacios juraban ser felices. No era mi mejor momento, yo estaba quebrado por mi mala administración y Ana estaba quebrada por su consumo de drogas, pero ella tenía dinero y podría ayudarme a solventar mis gastos, sin embargo yo no me atreví a enamorarla, pensé que para ella eso sería un suicidio y yo nunca aprendí a soportar los orgasmos fingidos. Ana se presento en la puerta de un bar, donde yo trataba de beber algo decente y que no fuera whisky. Hacía muchos días que no llovía y sin embargo Ana traía la ropa pegada a la piel, la geometría perfecta en ese punto su cuerpo dibujaba cada uno de los tres lados, todos iguales y al centro se adivinaba una tempestad. Al verla entrar me quede callado, pero un mexicano reconoce a otro mexicano entre la multitud. Así que ella fue hasta mí y me dijo que le invitara un trago, pese a no tener prácticamente dinero, se lo invite. Más tarde nos fuimos al departamento en la playa, el departamento que yo rentaba y ella aprovecho el tiempo para drogarse lo suficiente y no despertar sino un par de días después. Yo estaba espantado mientras ella dormía a gusto. Tiempo después pensé que aquella aventura fue un sueño, un buen sueño y que nada de esto había sucedido nunca. Lo que no tenía claro es si ya había despertado.

Yo tenía ganas de huir del mundo a través de la ranura de tu cuerpo meterme en ti y no salir jamás.

Laura era perfecta, no sé si era una mujer hermosa, pero si era perfecta. Ella me pregunto si yo era casado, aunque lo sabía desde el principio, yo no podía creer que ella no estuviera casada y mucho menos que aún no tuviera hijos. Ella vivía con sus papas y tenía un vecino que fumaba marihuana y tomaba un alcohol tan barato que bien podría estar ciego en este instante. Ella me dijo que no le importaba lo que hacía su vecino, que cada quien su vida y que nos tenemos que respetar, yo quería morderle sus labios o acariciarle la cicatriz de la cirugía a la que había sido sometida, pero a ella no le importaba otra cosa que recuperarse y seguir con lo que más le gustaba en esta vida y que por cierto no era yo. Quizá no podría oír su actitud flexible de gemir. A mí me llenaba de sorpresa su vida, pero así son los inicios, cualquier cosa nos llena de sorpresa y nos parece que nadie más las puede hacer, con el tiempo nos damos cuenta que no son otra cosa que algo que tiene que ver con la rutina. La ocasión era perfecta para fugarme una vez de estas cosas que hago a diario y para olvidarme de María, aunque todos sabemos que ella no se llamaba María como tampoco era una actriz o un personaje interesante en la obra de teatro, pero sobre todas las cosas aquella María ni era hermosa, ni me gustaba tanto y casi estoy seguro que era mi peor error o ese capricho que no lleva a nada. María era contabilizar el número de veces que tienes que entrar y salir para lograr sacar de ella un leve gemido, una muestra de simpatía, un orgasmo apenas impregnado en los olores que suelen recorrer su cuerpo, como si estuviera transpirando lo que yo sentía por ella. Transpiraba el dulce olor del orgasmo y el agrio sabor de sus efluvios.

Pensé en escribir acerca de Laura sin llamar la atención, pensé en refugiarme en esta necesidad de que ella me atrape entre sus piernas y que sus labios cuando sonrían sea porque yo la he hecho feliz y que no esté demasiado callada, que este divertida, pero fuera de esta realidad que me invento cada que escribo, no tenía muchas cosas para contar y tendría que construir un mundo complejo, un mundo donde estos sueños puedan domar los deseos de la realidad, donde lo crudo de la vida suele ser un golpe devastador que no nos da oportunidad de nada, mucho menos de soñar y donde escribir es un lujo cuando no se tiene claro que es lo que se desea. Me senté a esperar, el reloj parecía haberse detenido, pero esa noche el cambio de horario retrasaría el amanecer y yo no volvería a encontrarme con Laura nunca más.

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Pase varias noches sin poder dormir, me quedaba pensando que quizá nos volveríamos a encontrar y no es que no pudiera vivir sin ti, la verdad es que lo que no quería era vivir en medio de esa incertidumbre que te regala un adiós mediante un mensaje de texto, como si tú y yo nos hubiéramos deshumanizados. Mientras que en todo el país se hablaba del fracaso de la selección de fútbol, yo intentaba ganarle al destino tus favores sexuales en una mano de póker. Hoy se que lo que deseaba eran tus favores sexuales, pero en su momento habría jurado que se trataba de amor y habría muerto en el intento de tenerlo siempre. Yo no sé nada de fútbol y mucho menos de jugar póker, pero cuando uno se siente perdido es capaz de hacer todo tipo de tratos, incluso llegue a pactar con Dios y debe mencionar que no creo en su existencia, y si ese Dios tuyo no quería hacer pactos, me quedaba aún el Diablo, aunque con eso me contradecía cada vez que lo pensaba. La peloncita no había dejado de esforzarse, seguramente deseaba tenerme de nuevo entre sus piernas, pero yo estaba seguro que todo aquello fue una falsa situación, pues ella en realidad no me deseaba y lo único que encontraba de placer era el hacerte daño, si es que a ti se te puede hacer daño de alguna manera, a veces pienso que eres tan mala que no hay nada que pueda lastimarte. La peloncita era blanca y lesbiana, pero gustaba de los hombres, quizá porque pensaba en hacerlos sufrir de placer mientras sus dedos se deslizaban por el único canal existente entre las piernas de ellos, los hombres. Me acordaba tanto de ti, del olor a sexo que inundaba mi memoria, del mensaje que me enviaste, alertándome que él lo sabía todo y que yo corría un peligro grave, pues estaba tan enojado que seguro esa misma noche mandaría un comando armado para sacarme de mi casa y cobrármela caro el haber dormido contigo. Pensé: una muñeca más de la mafia, pero no era así, tú solo querías salvarte, asegurarte que todo lo que él te daba no lo fueras a perder, ya sabes: el móvil, el mandado de todos los lunes y una pizca de sueño en donde tú te veías fuera de esta ciudad una vez que él tuviera que salir a estudiar, eso desde luego si él pasaba ese examen que fue a presentar hace más de un mes y que a la larga significo que tú perdieras el trabajo, pero nada de eso importaba si al final el premio sería estar con él, no importaba cuanto tiempo pudieras estar con él, sino estar con él, porque según tú, te habías enamorado aunque desde luego no creías en el amor. Al final, la misma historia de siempre y tú tendrías que tener que volver a empezar con los sueños. Tonterías.

Él se moría de celos y la sola posibilidad de que alguien más pudiera estar contigo lo volvía loco.

Todos los hombres que se te acercaban solo querían coger, nada de hacerte el amor, ellos querían sexo; nadie tiene duda de ello. Yo era el único que quería ser escuchado. Quizá por esa necesidad de coger contigo. Todos los que se te acercan son casados y nadie piensa en ir más lejos, aunque muchas veces te mientan para poder obtener lo que desean y si la mentira es recurrente es porque no te quieren perder de buenas a primeras o porque la única forma que tienen de permitirse que no estés con ellos, es cuando ellos estén lejos de ti, la distancia es lo único que los puede salvar de no sentir el calor de tu cuerpo y no perderse en ese olor a sexo que despides a cada paso. Ellos necesitan de tu cuerpo a cada noche, él más que nadie. Yo solo deseaba ser escuchado, el sexo era un pretexto y sin embargo termine atrapado en el, pero no me di cuenta como te dije antes, sino mucho tiempo después.

Cuando él esté lejos, tendrá desconfianza en todo momento, estará en el lugar que ahora estoy y pondrá la cara contra la pared una y otra vez, como suelen hacer los débiles. Solo entonces se la voy a cobrar caro. Yo no mandare un comando armado a buscarlo, tu seguirás inundando mi cuerpo con tu olor a sexo y el máximo placer vendrá de la mano de que podré hablarte todo el tiempo, aunque tú no tengas nada de qué hablar y tu inteligencia que durante mucho tiempo pensé que era de lo mejor, quede al descubierto como lo que en realidad es y eres.

Tus historias serán siempre invisibles, no importa a quien le cuentes o como lo cuentes, no importa que pongas fotos en alguna de tantas redes sociales. Los casado seguirán viniendo a ti, pero nadie se quitara el anillo para ofrecerte otra vida. No te buscan por tu sexo, en casa lo tienen, no te buscan porque seas la mejor o por la fama que te fuiste creando, te buscan porque eres la mujer que se somete a sus caprichos o deseos sexuales más perversos y porque te pueden dañar sin que reclames o digas algo, te buscan porque ofreces eso que nadie les ofrece en sus casas: la rebeldía, la pasión de seguir con sus esposas y una muestra de lo importante que suele ser la fidelidad. Contigo no tienen necesidad de no fingir un orgasmo, pues no les importa y mientras tanto tú te crees las historias que te cuentan, cuando te sería más fácil mentir que creerte todo eso que te dicen, pero tú ya no tienes salvación alguna.

Me he encerrado en las últimas semanas. Mi cuarto tiene ese olor a mí, el tuyo se ha perdido.

Últimamente la lluvia amenaza todos los días. Me gusta este clima, en donde no se siente mucho calor y el frío es una amenaza constante. No he leído mucho y extraño a unos cuantos amigos. A veces me dan ganas de caminar a altas horas de la noche, hacerlo solo, desvelarme para al otro día caer rendido en un sueño que me tenga sin el control de mi cuerpo, no intento convertirme en polvo. En la calle después de media noche te encuentras con los que no pueden dormir, pero también con los que no dejan de trabajar, porque piensan que el tiempo es dinero y que la oscuridad esconde la violencia y la impunidad a la perfección, cuando me encuentro con ellos escondo la cabeza y cambio de dirección, no les tengo miedo, lo que me preocupa es reconocerme en alguno de ellos y seguir el mismo camino.

Una vez conocí a una chica que contaba que durante muchos años había trabajado como prostituta, pero que desde que las cosas se pusieron feas, ella se convirtió en sicario. Había matado a más de cien y no siempre a balazos. Sentí miedo, pero la curiosidad fue más poderosa, le pregunte que de seguir siendo puta, cuando valdría su calor por una noche. Me dijo que si solo era sexo con mil me alcanzaba, pero como siempre sucedía que una vez que estabas con ella no la querías dejar, más valdría tener muchos miles ahorrados para unos cuantas noches y que una vez que mi dinero fuera todo de ella, necesitaría ayuda para desintoxicarme y poderla olvidar, que esa era otra forma que ella tenía para matar, sentí deseos de corromperla de su actividad de sicario, al mismo tiempo que sentí miedo. Había matado por primera vez porque habían abusado de ella. No solo lo mato sino que lo hizo desangrar por el culo, le había metido una botella rota. Sintió placer y por eso se consiguió un trabajo donde pudiera matar y que le pagaran por eso. Yo pensé que todo eso era una gran mentira. Destruir siempre es más fácil que crear pensé. Tal vez lo que ella decía era verdad pero al verla, al ver su boca, su cuerpo, sus manos tan finas, todo me parecía imposible, ella tan femenina y la violencia tan áspera, tosca, humillante.

Había decido olvidarme de todo, no de todos. Fugarme de lo que soy.

No tenía miedo, o no sé si lo que sentía era miedo, esta ciudad desde siempre me había quedado chica, sin embargo había algo en ella que me mantenía con los pies pegados y no lograba desprenderme de ese potencial embrujo, tal vez era la muerte que nos acechaba a todos sin control alguno, tal vez todo era porque este fue el único lugar que me regalo cierta tranquilidad en los tiempos en los que yo estaba huyendo, aún estoy huyendo, pero ahora me tomo la vida con más calma, quizá porque nadie o casi nadie sabe lo que escondo ni la verdadera historia de lo que he vivido. No puedo decir que me he reformado, no puedo decir que muchas cosas son parte de ese pasado, es imposible dejar de sentir placer por lo que nos gusta y yo cada día extraño más a ese demonio que me incitaba a dar malos pasos. No me arrepiento de estar aquí, lo confieso.

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