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Archive for 31 mayo 2012

 

yo se que aún nos falta tiempo,

que lo nuestro solo puede retardarse aún más,

que la muerte seguirá rondando estas calles,

que el cambio de poder nos traerá esperanzas,

desgracias muertes, y también

sueños imposibles,

ayunos,

usura, con tasas de interés impagables,

sudor,

dolor,

desgracias;

 

el adulterio es tardado

 

tus pies desnudos

jamás llegan

a nuestro espacio reservado,

entonces me entra el rencor, y

te digo al oído

que feos pies tienes,

lo hago,

lentamente,

y te produzco

un extraño dolor,

pero te desquitas y

me dices:

que el remedio

esta entre tu sexo

a la una de la mañana

cuando el gallo aún no se despierta

y el elefante

sufre una demanda de su esfínter,

me jodes

siempre lo haces

 

sé que faltan muchos días

que la ceguera no se cura

con un candidato

ni con demandas de justicia

que no basta con disparar un arma

o legalizar el consumo de la droga

y desesperamos o mejor aún

desespero

y me arranco el silencio

y te digo al oído,

que hermosa piernas tienes

mientras que el candidato cuida

su horrendo peinado

y otro más nos regala

su amor hasta el hastío

 

quizá un día, cansado de esta espera

me mude a tu seno

para dejar de ser hombre

y convertirme en silencio,

convertirme en tu sudor, en tu pezón

en tu piel irritada, en una carga

en hormiga que migre

de un lugar a otro

de esa geografía,

en una hormiga

capaz de cargar con todas

tus penas;

 

 

tengo que impedir que nos maten;

votar, ¿desde cuándo es la solución?,

ese día aún no llega;

tengo que impedir que nos maten,

asegurarnos, porque la vida

es cruel, y nos arranca

y nos despedaza;

los sueños contra el sistema y

contra todo lo que nos haga

rebeldes, nos cansa

y nos espanta

pero no queremos

estar bajo tierra;

 

entonces,

llega ese día

te quitas la ropa

abrimos los brazos

y la pasión suele correr,

nos guardamos en el silencio

en las noches en vela,

en el milagro de las calles,

nos guardamos de la muerte

ambulante

del sexo con pago

del sexo obligado

de la asfixia de no tenernos

de esta espera interminable

de las palabras simples

de tu voz que nos dice y me dice:

aún no, no es el tiempo esperado;

 

la usura

el poder

tu sexo

y mi boca

que repite tu nombre

una vez y otra: Esperanza;

 

esperanza, llego la hora

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NO LO HAGAS

Carlos,

ellos no tienen porque saber,

que me gusta hacer el amor en la oscuridad,

no lo hagas fácil,

no dejes que el beso  de hoy,

sea el recuerdo del mañana y

en esa nada

solo reine el silencio entre los dos,

Carlos,

no sé que va a suceder,

si  después de mañana nada,

si el sabor a ti se vuelve abstracto,

complejo, ajeno de lo que recuerdo,

de  lo que siento,

no lo sé,

pero tú no lo hagas,

no le cuentes a nadie

lo que me gusta hacer

en esa oscuridad cómplice,

donde mi cuerpo danza,

no lo hagas,

al menos no en domingo,

porque los lunes

son siempre complicados y

quién sabe que va a suceder

Carlos,

pasaría la noche contigo

vencería tus caprichos

tus deseos, tus ganas

de mi sexo, tu sexo en el mío,

vencería a tu boca

la llenaría de todo, de

rezos

esfuerzos

y santos  bendiciendo tus actos

vendrás

yo se que vendrás

y las luces se apagaran,

solo entonces

se calmaran tus penas

tus deseos

tu melancólico suspirar

Carlos,

no quiero amor de día

no quiero fiestas de bodas

ni separaciones fortuitas,

ajenas o dolorosas,

no lo hagas, no hagas

que me quite la ropa

y tú seas un tonto

que camina seguro hasta mí,

no lo hagas

si  es necesario

miente, resiste al deseo

y si te parece imposible

entonces

es el momento

de matarte, amarte en Marte

amor por la noche, a cuenta gotas

es lo que quiero,

no deseo amor de día,

Carlos,

el amor de día

me provoca

rezos

silencio

soledad

gritos

y ellos,

ellos no tienen

porque saberlo,

no lo hagas

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Preparaba yo, por aquellas horas, lo que sería quizá mi último intento por seducirla a ella. Evitaba acostarme a mis horas, si es que alguna vez ha existido alguna hora fija para acostarse, eso sí, nunca me paso de las tres de la mañana, es una extraña costumbre o incluso podría ser hasta una cuestión de fetichismos, pero eso no importa. Ese día no me fui a la cama, estaba agotado y pensé que lo mejor era seguir con los planes para seducirla a ella. Escaparme a las 2 de la madrugada de casa, no era tan mala idea, pero luego tener que salir a la calle a esas horas no es nada seguro y tendríamos que buscar un motel, porque sino al salir o bien me habrían robado el auto o la policía estaría esperando afuera del hotel para extorsionarnos. Así funcionan por acá las cosas. Había intentado de todo, salir con ella por las mañanas, pero ella no quería tener sexo bajo la luz del sol, intenté incluso que fuera en su casa, pero a ella, le parecía poco original, visitar o estar en los sitios que comparte con alguien más, era como algo sagrado, solo de ella y la persona con la que ya hubiera estado en algún lugar, así que la cosa no estaba nada fácil, pero yo no quería salir de noche de casa, los putos soldados dan miedo y los malos, uno nunca sabe que onda con ellos, dicen que son buenas gentes, que están para protegernos, que lo de ellos es vender sus drogas, que no tienen interés alguno por robarse lo que tenemos y mucho menos andar matando, matándonos, eso dicen aunque luego agregan que eso solo pasa con uno de los grupos y por los otros nadie responde, no saben que traen en la cabeza.

Salí de casa, tome el carro y me fui a buscarla. Era una noche fría, lo cual no suele ser común en el verano y no solo era fría sino que la oscuridad estaba espesa, pensé que no tenía sentido lo que estaba haciendo, que debí llamarla antes y quedar en algo, y no aventurarme como un adolescente que ya no soy y creer de forma ciega que en cuanto yo llegará a su casa, ella saldría conmigo y nos iríamos a buscar un lugar seguro. En realidad no tenía porque haber ido y mucho menos portarme como lo venía haciendo, ya que ella estaba perdidamente enamorada de otro hombre, así es imposible seducir a quien sea, así que avanzar por ese terreno era cada vez una tarea complicada y los resultados ya se dejaban entrever, mis labios estaban ansiosos por hundirse en los de ella. Mi cuerpo ya presentía la humedad de ella. Estuve esperando por un par de horas, mientras tanto no dejaba de insistir, la llame un poco más de cien veces. Se podían escuchar a lo lejos los ladridos de los perros, pensé de forma automática, que estaba tentado a mi suerte, que si los guachos me encontraban correría peligro, que existía la posibilidad de que me mataran y me fueran a tirar donde nunca más, nadie me volviera a ver. Pensé que los perros estaban desorientados, para empezar ya dije que esa noche estaba fría y que el cielo no permitía la entrada de un solo rayo de luz. Su casa era humilde, me habría gustado que tuviera un tejado y ver correr a los gatos, todos detrás de ella, de la gata y luego cuando le dieran alcance, la sometieran y tuvieran sexo, aunque no estoy seguro si los gatos tienen sexo, recuerdo que cuando era niño, los adultos decían que los animales no tienen sexo, que ellos encastan, siempre me he pregunte que demonios querían decir con todo eso, quizá lo ideal era decir que se empalman, y creo que eso todo mundo lo entiende,, lo cierto es que la casa de ella no  tiene  tejado.

Cerré los ojos y soñé. Los perros no dejaban de ladrar, parecía que venían hacia mí. Luego empezó el ruido del helicóptero y las calles fueron cerradas.  Me puse a correr y los ladridos de los perros parecían estar cada vez más cerca, mi corazón ya no cabía en mi cuerpo, luego los balazos que me pasaban zumbando y las voces que se confundían entre los ladridos del perro: párate cabrón me decían, o te vamos a quebrar. De no ser por una mosca, que no sé de dónde diablos salió, pienso que habría llegado hasta la orilla del río, que habría cruzado de una cuantas brazadas hasta el otro lado y habría pedido asilo a los gringos, pero desperté antes. Antes de irme de su casa le llame de nuevo, con los mismos resultados. El silencio desapareció hasta que lo nombre.

Me dije que no tenía caso seguir afuera de la casa de ella, además ya casi amanecía y tendría que regresar a la casa, no podría explicar mi ausencia si es que mi mujer se levantaba antes de mi llegada y luego los perros cada vez se escuchaban más cerca, supuse que la ciudad ya tenía ganas de abandonar la noche y entregarse al ruido de la rutina, al ruido de la metralla y la muerte que desde hace un buen rato nos rondan. Antes de poner en marcha el auto, saque mi libreta e hice algunas anotaciones, había dejado una historia inconclusa, además de que tendría que preparar el material para el día siguiente, desde luego que si antes de moverme hacía algunas anotaciones, más tarde las cosas me serían mucho más fáciles. Fue entonces que la vi llegar a ella. Venía con alguien más. Eran tres. Mi primer impulso fue el de salir del auto y reclamarle que no me devolviera la llamada, pero me contuve, yo no tenía ningún derecho sobre ella, jamás me dijo que sería mi amante, jamás hablamos de la fidelidad entre los amantes, ni mucho menos de la necesidad de que fuera algo estable. Uno de ellos alcanzo a notar mi presencia y no quitaba su mirada de mi auto. No tarde mucho en comprender que era uno de ellos. Un guacho. El silencio se hizo entonces ensordecedor. Los perros continuaban en las calles, pero dejaron de ladrar, como que presentían a la muerte. El tipo se me acerco, toco la ventanilla del auto y me pregunto que demonios estaba haciendo en la calle a esas horas. Le dije que se trataba de un mal sueño, que estaba esperando a mi amante, pero que unos perros se pusieron a ladrar y alertaran a los soldados que estos al notar mi presencia, comenzaron a seguirme y no se detuvieron hasta que llegue al río Bravo y lo cruce nadando, le dije que del otro lado los gringos me recibieron con gusto y me invitaron a quedarme, aunque le aclare que esa parte del sueño nunca ocurrió mientras soñaba, pero que se me hizo fácil a completar algunas de las ideas, para no perderme en la historia que nadie seguramente cree. El hombre me dijo que yo estaba bien pinche despierto y que no de ser así empezarían los problemas y que él no me dejaría despertarme porque en el momento que yo lo hiciera, él dejaría de existir, aunque lo que verdaderamente le preocupaba, eran los perros.

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ella intensa con su cabello negro,

con su enojo de media tarde,

con sus ojos que me niegan una mirada,

con sus labios que me saben a distancia,

que me saben a soledad, a olvido,

ella intenso rayo que rompe el cielo,

que rompe el hielo y mis pasiones,

ella que doma mis miradas,

que me vuelve inquieto, eterno,

intenso, insospechado,

insoportable,

reflujo de esta vida diaria

ella

letal

natal carnedeseo

y sus ojazos afrodisiacos;

ella la rompiente de todas

mis anestesias

y me despierta

y me pulsa entre las piernas

y me devuelve

el aliento

ella

el vomito de lo que no deseo

aunque yo no sea de su vientre y sea

un cuerpo desnudo, lubrico deseo

que agota a cuenta gota

y me desintegra con su boca a boca;

colapso porque su cuerpo

me pone en shock de solo imaginarlo

ella

carnedeseo

un amor que no se dice

que está prohibido

que sus espasmos son un pretexto

para el verso

que al arquear su cuerpo

vomito

porque ella me expulsa

sin haber entrado siquiera

ella

la entrepierna inexistente

el trozo de historia imposi9ble

el animal nocturno

las trenzas que nunca trae

el paraíso del delirio

el espejismo de un lirio

el oído

indomable

ella

ausencia diaria

carnedeseo

un cuerpo perdido

en la arena

la viuda alegre

la mantis

que reza

el más obsesivo

de mis deseos

ella

la que me agota

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Lo supe gracias a que Claudia me escribió un emilio, se enteró casualmente en la oficina, alguno de sus amigos, le comento que ella había muerto. El correo tenía un tinte dramático, desde el titulo uno podría intuir que algo malo había sucedido. Claudia no uso muchas palabras para informarme del suceso, unas cuantas ideas sueltas que me permitían suponer la forma de la muerte de ella, pero nada más.

Ella no pudo resistir a la segunda operación de su corazón, después de una larga lucha y un par de infartos que anunciaban su muerte, ella abandono su cuerpo. El médico tratante estaba desconsolado, pero no tenía tanto dolor como el de la madre de ella. Todo aquello me sonaba complicado, la gente puede entretenerse en historias que parecen no tener sentido y las que tienen que ver con el dolor humano, se pierden porque muchas veces nos parecen trilladas y otras porque hace mucho nos dejo de importar el dolor de los demás, somos tal vez una raza de insensibles.

Envié un emilio respuesta, preguntando: ¿Dónde sería el entierro?, al cual me respondieron de forma muy breve; fue ayer, en el municipal.

Todo el día me la pase dando vueltas, me parecía imposible que la última chica que me había coqueteado abiertamente, para hoy estuviera muerta. La vida vista así, es mucho menos  que un suspiro, apenas un detalle imperceptible que el tiempo puede borrar con facilidad. Que una chica me coqueteara abiertamente es en sí,  una noticia y no por mis 40 años, sino porque eso nunca fue algo “rutinario” en mi vida.

Naturalmente ella era muy hermosa.

De inmediato llame a las agencias funerarias para saber los nombres y la dirección de las familias, de las personas que fueron sepultadas el día de ayer. No me costó mucho trabajo identificarla a ella, pues era la única mujer que fue enterrada ayer, en la ciudad. También solicite el número telefónico de los familiares. Es claro que yo no tenía nada que hacer, irrumpiendo en el dolor de los demás. Pero tenía una gran necesidad de saber un poco más de ella. No la curiosidad que siente el gato, sino algo más espontaneo, natural, algo que sale de un sitio desconocido al que muchos llaman sentimientos. Llegar a su casa como a cualquier parte de la ciudad no era algo complejo, y pese a que vivía a unos cientos de metros de mi casa, no me enteré a tiempo de su historia. Llame a su madre y en medio de la tormenta más cruda que hemos vivido en los últimos tiempos, fui a visitarla. La helada no fue un pretexto para que el crimen organizado hiciera de la suya, ni para que los bebedores abandonaran su tarea o el violador no quisiera llenarse las manos de pecado, los rezos de poco servían y la ciudad se vestía de una oscuridad profunda y ajena.

El día del entierro yo estaba en la ciudad México, llevaba una semana fuera de casa y no me paso siquiera por la mente que a ella la estuvieran enterrando. Lo cierto es que ese día hablamos de la muerte.

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El gordo escribía unos cuentos que uno deseaba ser él, y olvidarse de todos los traumas por los que vamos pasando cuando deseamos ser escritores, pero la “Sobacos”, le gano. Nos gano a todos.

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El país ya no era un lugar para los cobardes, mucho menos en la frontera  norte; allí la cosa estaba caliente. Desde luego que la vida rutinaria es lo que más tenemos y por eso, algunos ni se enteran de lo que está pasando allá afuera. Me habían dicho muchas veces que tenía que estar atento, que tenía que mezclarme con la gente que anda en las calles, que era la única forma de aprender cosas, para luego poder escribirlas. Encerrado no lograría nada. Lo único que tenía claro es que la vida en el norte sería mucho más intensa, yo amaba las emociones fuertes, pero la rutina había logrado mantenerme encerrado en las horas con más movimiento. Me gustaba la idea de odiar a los demás y luego, en ocasiones sentía deseo por darle de golpes  a todos. ¿acaso a ti no te pasa?, a mi sucede cuando estoy platicando con alguien, siento esos deseos insoportables por agarrarlo a golpes. Otra cosa que me mantiene vivo:  es el riesgo de vivir en esta ciudad, pero no solo porque el país se estaba yendo al carajo, sino porque es una ciudad pequeña en la que todo se tiene que hacer a escondidas. Mi sueño recurrente era conseguirme a una chica de la mafia, sí, la novia de un líder importante y hacerla mi amante. Mientras que el sueño de otros era el irse a vivir al otro lado, aunque allá también se consuman las drogas y las calles tengan su cuota diaria del crimen organizado.

En ocasiones lo único que deseo es hablar, no importa de que este hablando, el caso es no parar, ni siquiera por error. Me vine al norte porque me sentía vigilado y porque las deudas ya me estaban rebasando, de no haberlo hecho, nunca podría soñar con escribir una historia, cualquier historia para después ser atacado por los críticos, por todos los que creen saber de qué se trata tu historia, aunque uno no tenga ni idea de lo que en realidad desea contar. Cuando voy a una fiesta, con unos amigos, que más que amigos son unos desconocidos, les digo que soy un escritor, aunque dicho así de forma fría causa poco interés,  a menos que estos amigos desconocidos, ya tengan varias copas encima, pues invariablemente te dicen que ellos tienen algo que contar y seguro su historia es una buena novela y luego, sin preguntarte si les quieres escuchar y te cuentan las cosas más aburridas y hasta rutinarias, pero como te dije antes casi nadie se entrega a la pasión y la mayoría lleva una vida apática, casi vegetativa.

Me vine al norte desde que Anna decía que ya no quería verme más. Así de la noche a la mañana se despertó y me dijo: ya no quiero volver a verte, me das hueva. A mí nunca me habían gustado las mujeres morenas y no es que no sean guapas, sino que desconfiaba de ellas, y luego si tenían los ojos expresivos, ojos capaces de atrapar a cualquier hombre que pasara cerca de ellas, me sugerían más desconfianza. Me vine al norte, no tengo claro si a trabajar o tal vez quería creer que podría escribir y vivir de ello, pensé en tantas posibilidades, pero la que menos me interesaba tenía que ver con el trabajo.

Durante mucho tiempo llegue a pensar que alguien me estaba siguiendo, desde luego que en esos momentos de supuesta lucidez, llegue a creer que se trataba de mi imaginación. No estaba seguro de nada.

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