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Archive for 19 septiembre 2012

19 de septiembre

Esta guerra nos había cambiado a todos. Mi llegada a la frontera no fue espectacular, ni siquiera traía bajo el brazo un currículum interesante, el título de ingeniero venía acompañado de una reciente auto jubilación. Pensé que sería muy fácil convertirme en escritor y así ir liquidando todas mis deudas, pero la promesa que me había hecho de levantarme todos los días aún de madrugada y escribir, no era algo tan fácil de hacer, sobre todo porque algo que siempre me ha perseguido es mi poco interés para convertirme en un amante de la disciplina. Ignoraba en realidad a donde iría a parar en este viaje.

Mi situación sino era muy mala, si daba para ponerse a pensar, tenía que decidir en lo que haría en el futuro y sobre todo, si estaba dispuesto a conseguir un trabajo aburrido que me permitiera seguir haciendo las cosas que en realidad me gustaban, la otra era tomar un arma y disparar contra quien fuera, sin importar si pertenecía al bando supuestamente bueno o al bando de los malos, eso carecía de importancia, lo importante era desde luego seguir escribiendo, aunque esa fuera una promesa, que ni yo estaba seguro de poder cumplir. Había expulsado de mi vida una serie de sueños y la posibilidad de viajar a lugares lejanos del país.

La mayor parte del año hacía mucho calor. Clide Calveyra, ni siquiera pensaba en las cosas que me mantenían en esta ciudad. Yo habría querido empalmarme con ella, pero estaba claro que eso sería lo último que pasaría entre nosotros. Clide Calveyra, había llegado a la ciudad buscando a una tal Laura Blake, quien había heredado una fortuna de su madre, la cual había muerte en alguna favela, podrida en billetes e historias y sin nadie que llorara su muerte. Calveyra me contó que Laura Blake, no tenía idea de la existencia de su madre, que siempre había creído que era huérfana, que fue criada en un convento, con monjas tan estrictas y que en cuanto tuvo oportunidad y la edad suficiente, salió huyendo de la ciudad. Podría ser que Laura Blake no se llamara así en la realidad, para Calveyra tenía ese nombre porque se basaba en las referencias que había encontrado entre las cosas de la vieja prostituta. Seguía una pista vana, algo que al parecer no tenía sentido ni futuro, una investigación absurda y que no llegaría a buen puerto, pero Calveyra me había jurado que nunca se daba por vencida y que llegaría al fondo de este asunto. Mientras  esperaba a Calveyra en el bar de José Carlos, llegó Antón Nikon y nos tomamos un par de cervezas, antes de que me contará de su reciente descubrimiento. Esa noche como casi todas las noches hacía tanto calor y en lo que menos pensaba era empalmarme con alguien, aunque eso no parezca algo normal. La chica del cuerpo de diosa, no había querido verme esa noche y yo, estaba muy enojado con ella, sabía que estaba con su novio narco, sabía que saldrían a dar el rol por la ciudad, sabía que ella haría de las suyas y cuando estuvieran follando, ella disfrutaría de la sangre de sus víctimas, sangre que bañarían sus cuerpos. Yo, odiaba esos días.

Nikon me contó que el evitaba meterse en problemas, que evitaba a las mujeres de esta parte del país, que aunque en su mayoría eran todas hermosas, no valían la pena como para arriesgar la cabeza, además que él no quería tener que quitarle la vida a nadie por un capricho de faldas, él prefería el arte a la pasión desmedida por una vagina, luego me dijo, que si en algún momento me dejaba llevar por esa pasión y decidía cortarle la vida al rival de amores, que por favor le avisara, que sería algo hermoso poder fotografiar el rostro de un muerto por una batalla amorosa. Me reí. Nikon prefería las muñecas para hacer el amor, me confesó que: sabía de un lugar donde tenían una verdadera máquina de follar, una máquina que no exigía explicaciones, una máquina casi perfecta a la cual nadie podría llamar muñeca de látex, porque  ni siquiera era eso, era una máquina con todas las cualidades de la piel y los músculos y la carne de una mujer, una máquina hasta cierto punto perfecta, y lo de mejor de todo es que no tenías que disputarlas con algunos narcos, y eso significaba no arriesgarte a que te pusiera un tiro en la cabeza algún novio adolorido, que no tuvo la capacidad de lidiar con sus celos enfermizos y su machismo mancillado. Nikon logró despertar mi curiosidad. El simple hecho de imaginar una máquina de follar, de imaginar que aquellas locuras descritas por Bukowski, eran posibles, me excitaba a tal punto de perder la cordura.

Nos fuimos a un bar llamado:  El circo. Era un nido de víboras, estaba el lugar infestado de las peores personas de la ciudad, aunque lo que más abundaban eran los narcos, a ellos los distingues fácilmente por sus atuendos,  y por sus accesorios de lujo un tanto excesivos y ni que decir del lenguaje y la prepotencia con la que se dirigen entre ellos. No dudo que entre los presentes hubiera un  asesino serial y lo peor de la ciudad, debería encontrarse esa noche entre todos ellos. Antón me señalo a un sujeto que estaba al fondo del bar, me dijo: que era su socio, que había venido de alguno de esos países de la desaparecida Unión Soviética y que su especialidad consistía en desollar vivos a sus víctimas y que además trabajaba para las ligas mayores del crimen organizado. Ese noche sin haberlo pedido, había logrado entrar a ese mundo restringido para unos cuantos, ya fueran narcos o no, y que desde ahora podría llamar mafiosos, pues sus actividades se diversificaban. Sentí un miedo que nunca antes había experimentado e imagine todos los escenarios posibles que antes había leído en tantos libros y ninguno, por más que se diga que la realidad de hoy en día supera a la ficción, se le podría comparar. Me dieron ganas de salir corriendo, pero mis ganas por conocer a la máquina de follar ya estaban a tope.

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He notado que el titulo: La muchacha del cuerpo de diosa, tiene una mejor resonancia, si le ponemos: La muchacha con el cuerpo de diosa. No es una cuestión definitiva, se aceptan sugerencias, pero sobre todo se aceptan cuerpos y desde luego diosas, que por acá no somos egoístas y mucho menos nos negamos a las nuevas experiencias.

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8 de septiembre, después de una larga en noche en vela

Yo. Ni siquiera soy o era del país. Creo que llegue a esta ciudad un miércoles de noviembre, es una ciudad espantosa, con fríos intermitentes a principio de año y una que otra lluvia, pero lo que reina es el calor y el polvo, así como las balas. No tenía idea de la cantidad de polvo que se acumula por todos los rincones. A veces trato de recordar cómo era la voz de ella, aquella primera vez que nos vimos, su necesidad de arrastrar la r y de hablar como si fuera una extranjera en su país. Era todo tan extraño, tan confuso y a veces tan complejo. La ciudad parecía desvestida de la violencia, algo apenas peligroso e imagine todos los escenarios posibles para practicar mi obscenidad. La oferta estaba a diario al cruzar la puerta, pero no tenía idea siquiera de lo que me esperaba.

Llegar a otro país para no hacer nada pero no dejar de hacer, para continuar con lo que yo llamaba la auto-jubilación de una tarea e inventarme otra, una tarea en donde tendría que informar, si es que escribir estas reflexiones se le puede llamar así. Irse a un país no tan lejano y nada exótico, hasta el último rincón de sus tierras, a un paso de la frontera, porque es donde se concentra la vida peligrosa, es donde las mañanas no tienen sentido si en las calles no aparece un muerto. No hacer nada y cobrar mucho dinero, quién no ha tenido ese sueño antes.

No me dieron muchas opciones, con eso del nombre, me recomendaron el de Juan Pérez, me dijeron que todos en este país se llaman así, pero a mí eso no me gusto y opte por algo no tan común. Fue entonces que decidí llevar un diario a todos lados conmigo, escribir esas cosas que por sencillas olvidamos de inmediatos: escribir todo lo que me pareciera importante, era mi siguiente tarea. Empezar algo siempre es de lo más fácil.

Fue en esta ciudad donde conocí a Clide Calveyra, ya he dicho que esta era una frontera y te podías encontrar a gente de todo el mundo. Una mujer misteriosa. Una de tantas noches me fui a un bar local, aunque llamarlo bar es algo que no es adecuado, digamos que fue en una cantina como tantas que existen en este polvoriento lugar. Cualquiera que conozca a Clide se enamora de ella en seguida, ella llegaba todas las noches a ese lugar y cantaba como si fuera un susurro, un susurro intenso y a la vez edificante: The Lady Is a Tramp. Era algo inapropiado tanto para la época y el lugar, acá uno espera escuchar algo más terrenal y un tanto agresivo, algo que te haga sentir como corre la testosterona: Cartel De Santa – Vato Sencillo. la gente se había cansado de la poesía y ella sin lugar a dudas era una enamorada de la vida y su cuerpo aunque cercano al de una diosa, no lo era del todo, ella tenía una inteligencia especial. Calveyra, me confesó que estaba trabajando en el país, que para trabajar no se necesita una visa o un permiso, como tampoco se necesita entrar en pugna con los originales del lugar, aunque para ellos es siempre una ofensa que gente de fuera venga a quitarles lo que por derecho les pertenece, me digo que la cuestión de la mafia estaba aún en pañales y que aún estaba por venir lo peor. Sicarios de otras partes del mundo, psicópatas que verán en esta ciudad una oportunidad para salir a cazar y uno que otro asesino serial que podrá hacer de las suyas sin ser molestado por las autoridades. Me contó acerca de Anton Nikon, un joven fotógrafo, con reconocimiento internacional, que ha venido a la ciudad y que el trabajo que ahora realiza tiene que ver con capturar el rostro de la muerte en el instante mismo que se lleva la vida. De solo pensarlo sentí escalofríos. Luego me puse a pensar de cómo le hace este fotógrafo, para estar en el lugar correcto y el tiempo correcto para lograr sus imágenes, ella me dijo: no hay mucho que pensar. Me hablo de un cirujano plástico, pero no me quiso decir su nombre, no al menos en las primeras platicas, pero el tipo fue contratado por los narcos para torturar a sus enemigos, me dijo que los desuella vivos y que lo disfruta. He visto fotografías, agrego. Hablamos durante muchas noches seguidas y tenía muchas ganas de llevármela a la cama.

No necesito contar mucho para dejar claro que en este país que había escogido para vivir y para mis aventuras, no había trabajo para mí, como tampoco existía trabajo del lugar de donde vengo.

Ella la mujer con cuerpo de diosa, tenía apenas 21 años, quizá lo que pesa el alma. Una noche, cuando su novio no estaba en la ciudad, nos encontramos en su casa; ella vestida apenas con una playera larga y el resto de sus miembros desnudos, me dijo que tenía ganas de hacerlo, que esa noche deseaba empalmarse conmigo, pero que no quería las mismas cosas de siempre, que se estaba cansando un poco, que necesitaba un poco de emoción, me sugirió subirnos a su troca y salir a la calle a cazar. De alguna manera ella no deseaba más poesía y caricias delicadas. Al principio me sorprendí con la palabra cazar y luego pensé que el coto más cercano, estaba por lo menos a una hora de la ciudad y salir casi a mitad de la noche era como ponerse un arma en la cabeza y comenzar a jalar del gatillo. Pero cuando uno tiene la promesa de una vagina caliente esperando por ti, poco importan los peligros y además sería un buen pretexto para descubrir algo que valiera la pena anotar en mi diario o para algún día poder escribir una historia, yo estaba sediento de letras y ella de emociones. Tomo un arco hermoso y nos montamos en la troca.

Decidí esperar. Nos paramos en una calle poco transitada, me dijo que me quitara la ropa y que estuviera pendiente, mientras ella dejaba que su cuerpo caliente se frotara contra el mío. No aguantaba más, tenía ganas de empalmarme en ese instante y no esperar a nada a nadie, la prisa es casi siempre mi peor enemigo. Ella me dijo: en cuanto veas pasar a una mujer joven me avisas. Estaba a punto de dejar correr mis efluvios, cuando alguien apareció en la calle. Ella tomo el arco y le clavo una flecha en la pierna, se bajo de inmediato y arrastro a su presa, hasta subirla a la troca, luego totalmente excitada me gritaba: arranca ya, vamos, vamos que esperas, me dio una cachetada y dijo: deja de estar pendejeando. Por primera vez en todo el tiempo que llevaba en esta ciudad sentí verdadero miedo, si es que el miedo tiene ese sentimiento de verdadero. No tenía claro quién era peor, si la gente del narco o ella, pero me sentí tremendamente excitado, como nunca me había sentido y poco me importaron los vicios de ella.

Mientras todas estas cosas pasaban, me fui acercando a un grupo de gente con las que podía discutir acerca de muchos temas, el lugar después de todo no es tan  desértico y algunos tenían profundos conocimientos en algunas teorías interesantes, pero poder hablar de Sartre ya era ganancia y sin mencionar a unos cuantos que amaban la literatura. Calveyra, fue culpable en gran parte.

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Es en este punto cuando las historias se te pueden ir de las manos, pero esta vez no es así. Nunca antes me sentí tan seguro y dueño de la situación, nunca antes imagine que podría ser como un niño al escribir y jugar con todas las posibilidades y saltar de un lugar a otro, quizá porque nunca antes deje de pensar en la necesidad que tengo de escribir y ahora escribo olvidándome de esa necesidad, después de todo sino me apuro a escribir, me pasare el resto de mi vida contando historias.

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Día 3 de estas confesiones, tal vez septiembre 4

Ella me contó que no le daban miedo los narcos, que había salido huyendo de su pueblo, porque un hombre la había amenazado con abusar de ella en cuanto tuviera la oportunidad, porque allá también había narcos, que ella había presenciado como matanban a unos hombres: les cortan la cabeza, como si fueran marranos, fue lo que ella me dijo y entonces sentí un miedo nunca antes experimentado. Tuve ganas de llorar; la ciudad, esta ciudad se convertía en algo bueno cuando cruzabas el río, pero del otro lado del río, ya era un lugar que no nos pertenecía, hace muchos años que dejo de ser nuestro y a cambio tenían fálicos edificios que siempre terminaban por atemorizarme. Tal vez para ella el sueña de cruzar al otro lado, tenía que ver con el hambre más que con el sueño americano.
Cruzar al otro lado, no era lo mejor que te puede paar si te gusta el arte, de aquel lado, lacultura desaparece y ienes que hacer el trabajo que nadie quiere hacer, y casi siempre todo se relaciona, con vender, con lavar, con servir.

La conocí por un error y cualquiera habría apostado que ese era un suicidio.

De inmediato nos fuimos a la cama. Ambos teníamos ganas de sentirnos amados, de sentirnos vivos. L dije que yo deseaba se escritor, que la traducción más acertada, era decirle que era un muerto de hambre, le dije, que no quería hablar del trabajo, que no podía darle dinero si es que estaba pensando en eso, que no podría rentar un departamento para ambos, en pocas palabras: le dijo que estaba jodido.
A ella paroecía no importarle mis confesiones torpes acerca de la pobreza, y ella me dijo: que no podíamos jugar al todo o nada, que ella estaba comprometida, que su novio era un narco, que era celoso y no se tentaría el corazón si se enteraba de nuestro romance y me dijo, que si ya la había pensado bien, que estar con ella era como no vivir.

Comenzamos a idear un plan para deshacernos de él, desde luego que nos importaba quedarnos con sus riquezas y porque uno, con parte de su negocio, pero nada es como uno lo planea, algo viene a dar en el traste y todo se jode.

La ciudad era una tristeza polvorienta, los constantes enfrentamientos, nos daban esperanzas un tanto falsas, de que el novio de ella quedaría tirado en alguna calle, que sería alcanzado por una bala, que antes de morir se orinaría en los calzones, que incluso sus orines estarían mezclados con su semen, y su sangre para cuando lo fueran a levantar, ya estaría negra. Imaginamos que la ciudad no podría estar peor y justo en ese instante presenciamos como alguien le cortaba los huevos a un cabrón que se había querido meter con su novia. Lo único que nos quedaba claro es que la estupidez es universal y que cada quien hace con ella lo que se le viene en gana.

Dejamos de vernos por un tiempo, pero ese sería tan solo el preambulo para la más loc de nuestras aventuras y fue el pretexto para hacer el mor hasta desfallecernos. Nunca en mi vida había estado en una situació así a lo largo de mi vida. Me dolía todo, pero sobre todas las cosas la espalda.

Me entregue a la nmortalidtiad que otorgan las letras, una bala no me detendría jamás, pero qué había de ella, en verdad era feliz conmigo, tanto como para arriesgar su vida.

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4 de septiembre

Cuando le pregunte a ella, a la que ahora seduzco, si no tenía un novio narco, ella me dijo que no. También me dijo: que lo mejor era alejarme de ella, pues siempre le traía mala suerte al que estuviera a su lado. Lo que nació entre los dos no se puede decir que fuera cuestión de suerte y tampoco que la suerte de ella hubiera cambiado. Pero de pronto a ella le empezó a ir muy bien, yo desde luego seguía igual de jodido (cada vez más pobre) y ella, ya tenía un carro de modelo reciente y la casita con la que siempre había soñado, me dijo: que un viejo novio le había comprado todo y que al parecer ahora era narco y que si queriamos seguir con lo nuestro tendríamos que cuidarmos mucho, porque él era un celoso potenciado y que ella no quería probar mi sangre si es que algún día el se llegaba a enterar y después de acabar con mi vida, le pedía hacer el amor. Le dije que antes de que eso pudiera pasar, yo le cortaría los huevos al muy cabrón, desde luego que no me creyo. Pero en esos momentos yo era capaz de todo.

Me concentré en escribir el siguiente capítulo de mi novela, pero la verdad es ue estaba muy preocupado por lo que ella me había dicho y si el muy cabrón se enteraba y decidía buscarme, que demonios iba hacer. Pensé que lo mejor era olvidarla a a ella, pero tenía una facilidad para volverme loco con su sexo, que lo pensé mil veces y decidí correr elriesgo, después de todo no sería la mía, la primer historia tragica dentro de la literatura.

Un día paso, y tuve la necesidad de caparlo. Así es: lo cape.

Llegue a la casita de ella, bañado en sangre y le dije que deseaba hacer el amor en ese momento. Ella primero se sonrió, luego empezó a enfurecerse; él, al menos ayudaba con sus gastos y la había sacado de trabajar, ahora que demonios iba hacer, si ya estaba acostumbrada a lo fácil, me dijo: en verdad eres un pendejo o que te pasa. No discutí con ella y la sometí, así como andaba en ese momento, en lo que menos pensé, fue en la caballerosidad o el respeto, lo ùnico que deseaba era poseera y que ella me limpiara con su lengua, toda la sangre que ese cabrón me había dejado encima después de caparlo.

Del trabajo o quiero hablar, me he pasado tantos años buscando algo que me agrade, pero hasta ahora no he encontrado nada que me haga sentir feliz. Así que cuando alguien me pregunta en que trabajo, contesto, que no hago nada. Después de pasar el trao amargo, ella y yo, seguimos haciendo el amor, aunque no se le pueda llamar amor del todo, más bien nos hemos convertido en un par de salvajes y de vez en cuando nos untamos un poco de sangre, porque ese sabor mientras nos acercamos al orgasmo, nos vuelve locos.

El trabajo que hago, me da lo justo para comer. El tiempo que me queda libre, lo uso para seguir escribiendo mi historia, pero a veces pienso que no voy a ningún lado con ella. Hace unos días, me tope con una mujer, seguramente le doblo la edad, el caso es que intercambiamos unas cuantas palabras y ella me dijo: mira no te quiero espantar, me caes muy bien y quisiera verte de nuevo, pero mi novio es narco y temo por tu vida. Mi novio siempre me esta cuidando y hoy, por alguna razón se descuido. Nos despedimos, ella me acerco los labios y mientras me daba un beso, me dió una tarjetita con su nombre, y me dijo con una voz que se rompía alsalir de sus labios: llamame mañana por la noche.

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2 de septiembre

Hace más de quince días que yo pensaba que salir a la calle era la cosa más normal, para algunos, la cosa estaba clara y era necesario irse a vivir a otro país. Yo no tenía nada que reprocharles a esas personas, algunas de ellas eran incluso mis amigos. Yo creía que ellos eran dueños de sus miedos y presas de sus necesidades económicas. La verdad es que no comprendía para que mudarse de este país si de alguna forma siempre terminan por regresar, lo que ellos y yo siempre hemos compartido es la pobreza, pero nunca pense que en algún momento yo, sería presa del mismo miedo.

Ya he contado el hecho de que acá estaba prohibido seducir a las mujeres, sin importar que tan hermosas eran.

Acá la pobreza era pasajera, y los fines de semana nos consolabamos unos a otros reuniendonos en nuestras casas y asando carne, porque las penas con la barriga llena ni se siente y además, la vida vista desde el placer de la comida, pues es algo que “esta con madres”, como se dice por acá, en esas reuniones lo ùnico interesante eran los chismes, casi nadie hablaba de literatura, al menos no de las cosas interesantes de la literatura y mucho menos de la poesía, para ellos ser escritor era una perdida de tiempo, pero pretender ser poeta eso era algo imperfonable, sin sentido, quizá y eso lo pienso ahora, todo ello era porque su pobza no los dejaba concentrarse en otra cosa que no fuera el dinero, aunque este nunca les llegara en abundancia. La cerveza nunca faltaba. Aquellas largas veladas en donde no se hablaba de nada interesante o quizá se hablaba de lo mismo, es decir de los muertos de la tarde recién pasada o de si tal o cual vecinita había sido vista con tal o cual persona o peor aún no se decía nada. Uno que otro expresaba su sueño de vivir del otro lado, como si los del otro lado no tuvieran problemas entre ellas, como si salud mental fuerya mejor que la nuestra y luego no les importaban las leyes que reinan al cruzar el río y desde luego que hablamos de la posibilidad de una pena de muerte, como fuera nada era ni másnni menos interesante, pero donde quiera se corría el mismo riesgo: perder la vida.

Los días fueron pasando en esta ciudad, yo no lograba convencerme de que tenía que hacer algo por quedarme, sino podía morir en los brazos de una mujer o sino podía escribir la historia que taría ent nanos, entonces a que había venido, a perder el tiempo, eso se puede hacer en cualquier rincón y no acá donde todos se sienten dueños de la muerte y la llaman sin consideración, sino cambiaba pronto mi forma de pensar era imposible seguir en este lugar.

Comencé a escribir y así como fluían las letras, comencé a poner los ojos en las mujeres de estas tierras y me di cuenta de inmediato del todo tiempo perdido, pues es imposible escribir una gran obra en unos cuantos días, claro que eso de una gran obra no depende de lo que uno piense, y mucho menos de lo que uno crea, es decir todo eso es un tanto subjetivo, en cuanto al tiempo pérdido sin fijarme en las mujeres eso si era algo imperdonable.

Así que me olvide delas advertencias y las cosas parecían fluir a buen ritmo, tanto que me aventure a decir antes de tiempo que muy pronto podría estar publicando y que de escribir a ese ritmo en menos de tres años cubriría todas mis deudas y los jefes del narco acudirían a mí para que yo contara sus historias y desde luego yo me daría el lujo de negarme ante sus peticiones, pero el caso es que yo no deseaba nada con los jefes del narco o mejor dicho lo que yo deseaba de ellos, eran a sus mujeres.

Mis amigos que se fueron para el otro lado, lo hicieron no por miedo, sino porque compartían conmigo su pobreza, se fueron porque soñaban que con solo esta del otro lado, ellos ya serían ricos, algunos encontraron con suma facilidad, con quien compartir su vida y otros con la misma facilidad se encontraron con la muerte.

Los narcos empezaron a pelearse entre ellos, lo cual lo aproveche muy bien parya intentar escribir algunos poemas, pero sobre todo para tatuar esos poemas en la piel de sus mujeres, a las cuales me habían prohibido mirar. La primera fue una muchacha que nunca quería abandonar la cama. Salí huyendo de ella.

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