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Archive for 31 enero 2011

Entre indicios, planimetrías, investigaciones, lecturas lentas y obligadas, y pequeños detalles, mi día va llegando a su fin. Lo mejor de todo es que aún vamos construyendo.

Mientras otros no cesan en la construcción diaria de sus historias, aunque me pregunto, si todo mundo entiende las cosas como son. Aproximarse al sentido real de la ficción debe ser una de las tareas más arduas.

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Manipulación

Cuando tus sueños son manipulados por el entorno, los resultados esperados en una noche intensa o mejor aún en una noche muy activa en el país de los sueños, resulta de lo más complicado. Ayer me toca ver a los elementos representantes del poder “corriendo” a toda velocidad con rumbo al hospital, en sentido contrario viajaba otro grupo a toda velocidad pero estos viajaban en camionetas grandes, blancas casi todas ellas, y con armas a la mano. Algunos muertos en un enfrentamiento y ruido de balas, así que mientras dormía, me pase soñando con las múltiples variaciones de un largo día. Día llena de ruido de ambulancias, de ruidos de helicópteros, ruidos de metralla, de disparos, ruido de gente espantada, ruido, mucho ruido, tanto ruido, que pensé que nunca más volvería la paz. Hoy a unas cuantas horas de la noche, la ciudad se ve desierta. Me preocupa el sueño de esta noche, sobre todo si va inmerso con el paisaje del día. Por supuesto que preferiría soñar con otras historias.

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otra vez

Un día lleno de espacios disímiles

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A últimas fechas he tenido la necesidad de ir cambiando ciertos hábitos, y nada de eso tiene que ver con la necesidad de escribir bien, aunque mi problema mayor no tiene que ver con el hecho mismo de escribir bien, sino de conocer de manera más precisa el significado de lo que deseo escribir y de no limitarme a unas cuantas palabras que aunque describen bien lo que deseo expresar, se ven menos elegantes que sus correspondientes, pero dentro del mundo de la elegancia. Pues si, aunque parezca extraño, las palabras no solo poseen un significado, sino que también tienen un eterno de elegancia, eso es lo que hace diferente un texto de otro, la precisión, no solo es en decir de forma contundente lo que se quiere contar sino el hacerlo con palabras exactas que además le den cierta belleza a lo escrito. Pero mis cambios de hábitos, no tienen que ver con el ir escribiendo de otra forma o ir entendiendo la forma o estructura de una palabra o las diferentes conjugaciones de un verbo y lo que denota el uso de un tiempo verbal que den forma. Sin embargo mis cambios si tienen que ver con los tiempos, hace muchos días o mejor aún muchos meses que no salía de casa para irme a tomar una copa o hasta tres, salir de noche era como ponerse una pistola en la cabeza y no solo eso, sino que dicha pistola es tan sensible que no hace falta jalar al gatillo (percusor, llamador, etc.) para que haga su trabajo. Deje de salir porque quedarse en casa era más seguro, si bien es más “seguro” al menos para no morir por causa o efecto de una bala perdida, no es del todo sano quedarse en casa, porque uno comienza a anquilosarse, los músculos envejecen, las articulaciones se ponen como esos hierros oxidados y no importa cuanto los limpies, pues nunca más vuelven a tener la utilidad que alguna vez poseían, así que mi cambio de habito, empezó a transformarme, llego el momento en que todo ya me era disfuncional, el aumento de tallas, la posible situación de ganar en estrés y con el estrés ganas en enfermedades intestinales, luego viene otra dependencia y que esta en correspondencia con la depresión, sin importar (si es que existen) el tipo de depresión, pero uno se pone así, y triste, sin esperanza alguna y sobre todo lleno de temores, bueno pues esas fueran las cosas que fui cambiando por necesidad, pero eso fue hasta hoy que decidí salir, sin importar si en la otra esquina estaba un sujeto armado esperando para vaciar en mi cuerpo su arma o si tenemos franco tiradores en la calle que se encargue de tirarle a todo aquello que no le parezca adecuado o si el gran helicóptero anda rondando como buitre por toda la ciudad, simple y sencillamente decidí que ya era tiempo de salir, de quitarse los miedos y afrontar las nuevas aventuras, lo cierto de esto es que no soy un ser nocturno en lo que se refiere a andar en la calle o en un bar, antro o como se le llame hoy en día, salgo un rato, lo suficiente y me regreso a casa, porque es la forma más sana para mí. Pero hablando de los hábitos que se adquieren cuando vives en una zona de terror, es que la gente no sabe hablar de otra cosa, el tema en la escuela es el mismo al que oyes cuando dos personas van por la calle o incluso al que se te ocurre mientras tú y tu pareja hacen el amor o cuando en vez de hablar de los orgasmos hablas de esta guerra y su sucia historia. Esas platicas son las que desgastan, las que nos hacen tener un mundo de tiros, de muertes, de gente sin extremidades, de secuestros o levantotes como les llaman y de esa gente que deja un espacio constante en nuestro mundo y ese espacio que nunca más se vuelve a llenar y todos los días uno se pregunta, donde están los amigos. Eso es lo que hace que tus hábitos cambien, sin embargo y como dije antes, hoy me atreví a tomar las calles, al menos por las noches, porque en el día ya son mías, me las fui apropiando poco a poco, sin importar que ala distancia, casi siempre a mis espaldas se escuche la balada de la muerte, que entre otras cosas nos tiene a todos muertos de miedo y no se bien que muerte es peor si la física o la del encierro.

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Desperté esta mañana con muchas ideas para escribir, pensé en las más triviales, luego en unas cuantas más elaboradas, pase por definiciones que no se muy bien de donde las saque, hasta al punto de llegar a situaciones ridículas que nada tienen que ver con el ejercicio de escribir. Poco antes de hacer cualquier cosa llame a mi madre, ella vive a unos 2000 km de casa, espero no exagerar, o no hacerlo por mucho (exagerar ya es mucho, creo que carece de sentido esta última frase), pues bien, llame a mamá, primero porque deseo que me diga como van las cosas, como se ha sentido y ya saben las brevedades que en muchos de los casos se vuelven en las cotidianas. Después de platicar un rato. Me dijo: 

—    Beto, ¿ya sabes qué me andan cazando? —dicho con la frialdad que ella me lo dijo, termina por helarse la sangre.

—    No tenía idea de que alguien quiera cazarte  —le respondí.

—    Es que dicen que yo soy el chango.

 De inmediato me remitió a las aventuras de Edgar Allan Poe y el detective Dupin, supuse que alguien había muerto en la ciudad y que sospechaban de un chango y con lo efectos propios de la imaginación proclive a inventar cosas, pues eso era lo que podría estar sucediendo, pensé.

 —    Lo que me intriga es saber, que tiene que ver un chango en esta historia, mamá.

—    No te dije que ya regresaron —agrego ella— ahora son dos, el otro día se revolcaron arriba de la casa, pero sin pisar las laminas.

—    ¿La gente cree que tú eres un chango, mamá?

—    Si, no se que les pasa, pero ellos creen que yo soy el chango, los tontos no saben quien es en realidad y eso me preocupa.

—    ¿Entonces tú sabes quien es el chango? —dije con asombro— me parecen increíbles esas cosas mamá, al menos en estos tiempos.

—    Pero es cierto y se quien es, aunque la gente piensa que soy yo, pues salen de la casa después de tratar de espantarme.

—    ¿Y dices que ahora son dos?

—    Antes solo venía uno, es un tipo de la sierra, que le han pagado para asustarme, para debilitarme y hacer que me vaya de aquí, pero a mí nada me asusta, ya lo sabes.

Mamá vive en una ciudad extraña, en uno de esos pueblos donde todo llega con retraso, incluso la señal de televisión llega una hora después y es que los pocos canales de televisión que puedes sintonizar, tienen la leyenda de menos una hora. Supongo que la violencia que vive el país, aún tardara unos años en llegar o puede que ni siquiera le alcance. La gente tiene ideas raras, creen en brujerías, en naguales, y no se bien en que tantas cosas más. A mamá siempre la han culpada de ser una vieja bruja, o no se que en orden, pero ni es bruja y mucho menos vieja, pero la gente tiene esa habilidad, ella me dice que en los últimos días la han seguido, que en el pueblo, sus amigos, le dicen que debe tener cuidado, que ya la han visto en el panteón a mitad de la noche y que le han puesto una trampa, que la van atrapar cuando sea un chango, que el chango tiene un olor característico a maldad y es que su olor es el de azufre, que es el demonio, que es el mal.

Casi siempre que llamo a mamá, ella tiene alguna aventura que contarme, quizá debería tomar el telefono a diario y seguro que así no me enfrentaría ante la hoja en blanco y el horror de no saber que escribir.

—    ¿Pero que piensas hacer mamá?—le pregunte.

—    No hay nada que hacer, mira es fácil, si ellos atrapan al chango, me hacen un favor, si lo siguen de alguna manera me protegen—dijo ella mientras sonreía—son unos tontos, no deberías preocuparte.

—    No estoy preocupado—le dije—en realidad me llena de horror, saber que te están cazando.

—    Lo que tienen es miedo, pero lo único que hacen es ladrar, ya sabes como son.

—    No lo puedo creer—dije mientras me mordía una uña— pero dime mamá, ¿quién demonios te esta siguiendo?

—    Es tu primo David, pero ya sabes como se pone él, cuando fuma mucha hierba.

—    Y si hablas con él, no crees que se pueda solucionar todo.

—    Es un miedoso, pero ya te dije, no te preocupes, que aquí no pasa nada y si cazan al chango yo salgo ganando.

Por supuesto que a mí las historias de naguales, me parecen una tontería, pero la gente en el pueblo de mi madre, se acuestan llenos de miedo, piensan que si andan a media noche caminado, corren peligro de encontrarse con un animal del demonio, y entonces se encierran, rezan tres padres nuestro, un ave María y no se aparecen por ningún lado.

Mamá tiene la costumbre de ir a casa de su hermano y regrese ya muy entrada la noche, luego se levanta de madrugada y se va caminando a su trabajo, y sino lo hace a la hora adecuada, termina por no llegar a tiempo.

—    El chango es vecino de Gonzalo —me dice ella— “Chalo”, lo descubrió cuando se estaba convirtiendo, pero es un chango sin poder, así que no me estresa.

—    No puedo creer que pienses que esas cosas, puedan ser ciertas, mamá—le dije.

—    Pero existen cielo—dijo ella— pero no estés preocupado, si me hacen enojar, un día salgo y soluciono el problema, ya sabes, lo voy agarrar, y le meteré una chinga, hasta que pidan perdón.

—    Que cosas dices mamá—le dije— pero si te hace sentir bien, pues en cuanto te de lata de nuevo, pues atrápalo y le haces lo que tú creas mejor, pero por favor evita que te sigan, eso me preocupa.

—    No te preocupes cielo—dijo ella— ya sabes son miedos y solo hablan, pero no son capaces de nada.

Crecí entre ruidos extraños, y todo se resolvía con la presencia de seres extraño, pensar en ir al panteón en medio de la noche equivalía al suicidio, pensar en poder enfrentar a demonios, brujas y naguales, era quizá la mayor tontería y vivir una vida, fuera de lo que en ese lugar existía, era como pretender que la existencia de ese lugar era un imposible. 30 años después de sonar por todo el mundo llego hasta la gente de se pueblo, la noticia de un grupo sensacional y todas las noches cantaba una de sus canciones que era mi preferida: Yesterday, por supuesto hablo de los Beatles.

Asunto con mi madre se termino en ese punto, tenía que hacer algunas cosas y entre su platica y la responsabilidad del día, me fue imposible escribir por lo menos una línea de lo que tenía en mente y mi madre con su capacidad para contar historias, siempre termina por convencerme de que debería dedicarme a vender, aunque en estos tiempos, yo no se muy bien que podría vender. Quizá vender las historias de mi madre no sea una mala idea. seguro que mañana, cuando hable con ella, me diga: sabes Beto, los atrape y era el “mocho” uno de ellos, los hice sufrir hasta que me pidieron perdón, me juraron no molestarme nunca más y entonceslos deje ir, ¿crees que he hecho bien?

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Divagación.

Una de las situaciones que me aquejan en estos días, es sin duda, no tener un control total de mis tiempos, y la constante fuga de mis tiempos a favor de espacios llenos de ocio me preocupan. El ocio es sobre todo en el sentido del ejercicio de la literatura preocupante y me tiene sumergido en un letargo destructivo, quizá debería establecer un codigo de trabajo en el que las historias puedan generarse de forma constructiva, pero esta claro que dicho ejercicio no se puede hacer, pues el hecho de escribir es sin duda un trabajo que uno debe hacer a conciencia, y de forma constante.

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no lo puedo creer

es posible  que ya nunca más

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