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Archive for 31 enero 2014

Un reloj indica que el mes está por terminar y me pregunto qué sentido tiene todo esto de medir el tiempo. Ya lo he dicho en otras ocasiones el sobre peso me está ganando. Hace un año fui a una reunión entre amigos y llevaba un pantalón que me quedaba muy ajustado, desde luego que yo había pensado que esa situación la podría revertir con unas cuantas horas de ejercicio. Hoy un año después he ido de nuevo a la reunión con los amigos y he llevado un pantalón que me queda un tanto ajustado, solo que ese pantalón el año pasado me habría quedado un poco grande. Quizá esas comparaciones no son las indicadas. A decir verdad es muy complicado hacer un juicio del tiempo e igual de complicado resulta intentar responder a cuestiones de orden filosófico, digamos que mi habilidad y capacidad para discernir es del orden fantasioso y poco formal.

Una de las cosas que suele jugar un papel importante en las cosas que deseo escribir suele ser la ciudad, cuando hablo de ciudad mi corazón se desboca por la ciudad de México como si solo ella fuera la gran musa y al mismo tiempo la gran ramera, la que provee todas mis historias y todos mis deseos, la gran ramera es como mi ciudad habitual, mi entorno, ese espacio donde suelo sentirme muy a gusto. Cuando hablo de poesía, pienso en cada uno de los versos y las posibilidades existentes en cada recorrido de esa gran ciudad, pero la realidad es otra, vivo en una ciudad lo más alejada de todo el país, una ciudad límite y al límite, donde la poesía tiene ese pulso propio, esa oportunidad de existir en diferentes formas y me pregunto por qué no he sido capaz de integrarme a esa forma de literatura, quizá es mi poca capacidad para relacionarme con el entorno, o es una negación a esta forma por demás rica e interesante del arte. Pienso que la poesía de la frontera no tiene límite y sobre todo, no puede dar la opción de acercarnos a la poesía que no depende de los poetas españoles y con ello se puede ganar originalidad. En el fondo yo no soy poeta y llevo una buena cantidad de años tratando de crear una novela y después de muchos años, me pregunto cuál es el argumento de esa historia y hoy supongo que ya lo he olvidado, para eso nos sirve el tiempo: para olvidar.

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Eran más o menos las cuatro de la tarde cuando por fin salimos de casa, el día anterior el frío nos mantuvo encerrados, hoy el sol nos caía a plomo y el cielo nos dejaba ver hasta lo más profundo de él, las paredes de las casas estaban sudando. Las calles llenas de gente, tal parece que ese es el horario en que las mafias se hacen invisibles. Una ciudad con mafias, con gente que piensa que si no son ellos los que se dedican a negocios ilícitos otros más lo van hacer. La mafia son un cáncer, aunque ese es un término trillado, pero eso son, se dedican a meternos miedo, hacen de las suyas y se olvidan de sus negocios, la pregunta casi obligado de la gente es porque se dedican a secuestrar o matar personas inocentes. A muchos les da por asociar el “trabajo” de la mafia con la serie de Breaking bad, sobre todo con cuestiones especificas como las de deshacerse de los cuerpos de sus víctimas, la mafia es atroz, pero en la aclamada serie la cuestión es que nunca se deja que el lado humano de los protagonistas se pierda, quizá una que otra sorpresa hacia el final y tenemos que recordar que muchos de los que están al frente de esas mafias son personas con cierto nivel educativo. Acá se respira un aire viciado, raro y peligroso que uno nunca sabe lo que va a suceder en el siguiente episodio. Es imposible descubrir a la mafia, no se huele su presencia y los perros no se esconden a su paso, ni siquiera aúllan como suele suceder en los pueblos cuando estos animales presienten la muerte. En estos días uno huye del clima, de los mafiosos, de los cuales aún no tengo muy claro de dónde vienen, supongo que muchos de ellos son de estas ciudad pero y eso es lo que creo, que otro tanto vienen de lugares lejanos, de países que solo nos da por imaginar pero que son conocidos de todos, en cualquier rincón de este mundo.

La ciudad esta preñada de miedo.

Cualquiera diría que esto no es vida, pero es todo lo contrario la inyección diaria de adrenalina nos hace andar despierto, es cierto que es una ciudad como cualquier otra y lo que ahora nos parece tragedia, no es nada con lo que está sucediendo en otras partes del país, lo que acá nos pasa no espanta ni a una mosca. En ocasiones pienso que el país se esta incendiando, pienso en circunstancias revolucionarias, en la falta de credibilidad de las instituciones, pero por momentos pienso que nada de eso es tan cierto como nos quieren hacer creer, pienso en el circo, y en un acto de magia, pienso en posibilidades y una de ellas es que estos movimientos de auto defensa no sea otra cosa que una verdadera alta traición, que con nuestro dinero se estén financiando armamentos para sacar del camino a los que le estorban al poder y así dar un golpe definitivo a la delincuencia organizada, después de todo, las posibilidades siempre se quedaran sobre la mesa, y eso en vez de provocar una acción de cambios y de muerte entre nosotros, solo va a provocar que nunca más tengamos un país donde se respire la paz o casi nunca.

Si voltea hacia otras ciudades, esas ciudades donde reina el turismo, parece que fuera otro país, otro México, donde se respira otro tipo de vida. Lo cual me lleva a una pregunta obligada: ¿a qué intereses responden, las batallas que se dan todos los días en las calles?

Es casi ridículo ver en un video y que en la televisión de otro país, transmitan la entrevista de un líder de algunas de estas mafias, hablando de su trabajo como si fuera de lo más honrado, es atroz ver cómo nos estamos matando.

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Un día antes del 30 de enero, una brisa ligera soplaba, mientras algunas cosas estaban congeladas, algo inusual para el lugar, pero no así la humedad. Mis flores habían sufrido las consecuencias de la helada gracias a un descuido de mi parte. El frío de la mañana me aconsejaba seguir en cama, la gente en la ciudad no se quería desembarazar de sus sabanas y algo en nosotros nos decía que este día podría haber amanecido nevado, desde luego que lo que nos recordaba eso, fue un reporte del estado del tiempo y no otra cosa.

Lo normal no era nada de esto. Mi mujer me habría dicho que me quedara en cama y así lo había hecho de no tener cosas pendientes por hacer. Podría hacerme el enfermo, uno o dos grados sobre cero no son para olvidarse del mundo, pienso que yo estaría exagerando si me hubiera quedado en cama. Para el medio día la temperatura fue subiendo, lo que me hacía pensar que este era uno más de esos fríos que no terminan por concretarse y nos causan desilusión.

Hoy lo único que me interesa es encontrar la paz interior y volver a mis pequeños caprichos diarios, las amantes y todas esas cosas que me definen. Hoy es quizá un buen día, no sea que para mañana la muerte me gane la partida y no pueda engañarla más.

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En el camino,
nuestros cuerpos danzan,
se unen en sueños

De un tiempo a estas fechas

El día que naciste se me vino el mundo encima, de pronto todas mis expectativas estaban hechas realidad, tú llorabas en un cunero y yo, bueno yo lloraba por dentro: alegrías, miedos, soledades destruidas y la esperanza de que algún día, cualquier día vamos a caminar tomados de la mano por cualquier calle en cualquier ciudad; ya estaba yo construyendo historias a tu alrededor incluso antes de nacer, tal vez era por el miedo que tenía y aún tengo de poderte perder que sentía todas estas cosas y donde el miedo era el que reinaba. Tus historias aún se comunican con las mías. Sonríes y sé que es una expresión, pero con eso me arrebatas la vida y solo quiero tenerte en mis brazos, protegerte, enseñarte este mundo que más allá de albergar una ilusión o una esperanza, alimenta batallas y agresiones diversas, pero nos queda algo y eso es el sueño, ese que nadie logra controlar o vencer, el sueño y la imaginación, eso es lo que tenemos. Sé que un día te vas a ir de casa pero eso ahora no me importa, se que esos dolores que te arrancan el llanto van a desaparecer, se que vas hacer una vida y quizá tú logres edificar todo lo que yo he e intentado hasta el día de hoy, y que se ha convertido en eso, en intentos de lo más variado que me han llevado a nada. Quizá tú seas un constructor de sueños, pero sobre todo de historias, nada me gustaría más, pero eso todavía no lo sabes, al menos no hasta hoy.
Aquí la eternidad se desvanece si no tienes hijos. Pensé que mi eternidad sería escribir una obra, no tan larga como El Quijote, ni tan precisa y hermosa como las obras que tanto me gustan; yo solo quería escribir, porque pensaba tantas cosas, pero la verdad es que no tengo claro porque este deseo me ha dominado desde siempre y tampoco deseo saberlo, porque entonces mi vida no tendría sentido alguno. Hoy me limito a escribir pequeños retazos de historias inconexas, escribo para sobrevivir y para aguantar las noches en vela, en las que te pongo en mi pecho mientras tú intentas dormir, algo te duele, mamá supone que son cólicos por la leche, yo supongo que ese dolor es por este mundo que se va destruyendo. Tu condena es esa: el dolor, dolor a la muerte, seguramente nos veras partir, alejarnos de tu vida, dolor a la perdida y quizá el mejor dolor de todos, el dolor del amor. No se puede hacer a un lado tu condena, pero intentare que todo te sea soportable dentro de las cosas insoportables, quizá lo que voy hacer es regalarte historias que hagan de tu vida un mundo de esperanzas y de la muerte, ella que es tu enemiga se convierta en la que desea tu cuerpo que es con lo único que se va a quedar.
Tú serás el último que diga y lleve mi nombre, mi inmortalidad me la he ganado contigo. Solo espero que mi último día no sea una larga travesía de sufrimientos para mi cuerpo, no quiero una muerte lenta, solo quiero acostarme y no despertar nunca más, para no molestarte a ti y probablemente a tus hijos, para no causarle irritación a nadie.
Suena tu llanto en casi toda la noche, por segundos cierro los ojos, vencido por un sueño que antes tardaba horas e incluso días en llegar. Noche invencible, noche que se demora. Suena tu llanto y trato de adivinar lo que te pasa, supongo males y remedios, resumo todas mis historias en tu dolor que también es el mío, nada es real, la noche me contagia, me arrebata de esta realidad, te acuesto en mi pecho y tú sigues quejándote, soy tu nuevo útero, tu espacio donde nuestros corazones danzan y componen una melodía especial y hasta ese momento no me lo creo, pero estas a mi lado, te quejas y de cuando en cuando te veo sonreír. Cuando llega el sol en estos días de frío, celebro e intento bailar contigo sobre todo cuando nadie nos ve y nuestros cuerpos se unen, latimos con fuerza, es tu camino que empieza y parece ir junto al mío, tengo sueños, sueños que tal vez un día te contagie sin querer. El día que naciste el mundo, empezó a contarse: como de un tiempo a estas fechas.
De un tiempo a estas fechas todo me espanta, se que te puedo perder y lo único que tu puedes perder es el aliento. Deseo que eso nunca suceda, al menos no mientras yo esté con vida. Perderte sería insoportable, sobre todo cuando he pasado por muchas tristezas y eso parece tan egoísta pero es así el amor que te tengo: grande, único, y de nosotros, los que estamos a tu lado. El día que naciste comenzaste a morir pero es algo que todos hacemos así que no alarmes. Todo este tiempo, desde que tienes vida hemos sido rehenes de tu cuidado, de que todo vaya bien, me parece increíble, yo queriéndote como no tenía idea, yo deseando un mundo para ti y que me compartas tus sueños mientras puedas. As la muerte no s ele gana nunca, pero se le puede engañar durante un buen rato. Tu vida es un milagro que me recupera de un probable futuro miserable, tu vida es motivo de querer seguir vivo aunque nunca he deseado la muerte. Las noches que suenan a tu llanto y ese desvelo que no cansa es parte de este inventario inicial, no cuento el número de pañales ni la ropa tan pequeña con la te empezamos a vestir, no cuento los primeros regalos, ni tantas otras cosas que no logran sobrevivir, por más que me aferre en almacenarlos. De un tiempo a estas fechas, ese tiempo que va desde el día en que supe que vendrías, observo tu historia, fuiste dejando de ser extraño y todas mis emociones están pendientes de ti, de un tiempo a al fecha me siento completo y escribo a cuenta gotas, aunque la vida no esté hecha y tenga mil cosas más por contar, a veces pienso que esta vida ha valido la pena vivirla y ya me puedo empezar a morir sin que la muerte me alcance ya.
De un tiempo a estas fechas descubrí que la noche ni es tan larga, ni tan negra, ni es tan mala ni tan buena, solo es un pretexto para quedarme dormido y así que me sorprenda la muerte.

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No sé bien quién, pero alguien tiene que pagar las deudas de los muertos, así como sus últimos gastos y probablemente sea la misma persona la tenga que cargar con la tristeza de la perdida. Tampoco sé porque pienso esto, pero lo hago, la culpa la tiene el sueño (traducido como las ganas de dormir) o la tristeza de saber que la gente se muere y que ni siquiera la muerte perdura, me duele la muerte porque al final y solo en algunos casos solo queda el recuerdo. ¿Quién soy yo?, no tengo ni puta idea y a veces eso duele más, incluso más que la muerte, me puedo definir clamando venganza por toda la sangre regada en el país, porque eso es el país: sangre regada que reclama venganza y la nueva sangre que se riega reclama venganza y así hasta formar una mundo interminable de muertos por la misma venganza, pero como he dicho antes no sé porque pienso en la muerte y en la venganza y en las deudas de los muertos y en quien las paga, ¿acaso todo eso importa?, me duele la muerte porque cada vez que se muere alguien a quien quiero descubro que ese es el camino que tengo que seguir y así como no existe un nombre para el padre a quien se le mueren los hijos (si existe, no tengo idea de cuál sea), a mí tampoco me enseñaron a aceptar mi muerte, no me da miedo, solo es que no soporto saber que un día he de morir. El país se desangra, los amigos mueren, el mundo se llena de muertos, cada vez muere uno más de los que conozco, mientras que antes solo se morían un grupo de viejos desconocidos o niños de los que no sabía nada, no tengo el poder para parar la sangre que se riega de este país, que es mi país pero que a veces deseo negarlo, no porque sienta pena (pena de la que se asocia con la vergüenza), sino porque me duele todo lo que en el pasa y mientras sueño o creo hacer lo mejor para criar a los hijos y darle consejos que no valen nada porque al final, los hijos hacen lo que ellos quieren; yo fui hijo y siempre fue así, hice lo que me venía en gana, aunque a veces mis padres creían convencerme de hacer lo que ellos creían pertinente, lo imposible es un anhelo que no está en mis manos, yo, no quiero riquezas, ni inmortalidad, ni premios ni reconocimientos, yo quiero que la gente pueda salir a las calles sin andar cuidándose de quedar expuestos y recibir un tiro por la espalda o de frente pero al fin de cuentas un tiro. Yo lo que quiero es que nos devuelvan lo que nos pertenece, nuestros hijos, nuestras vidas, nuestra capacidad de asombro y ese complejo encuentro con la muerte, yo no quiero nada para mí y mucho menos preocuparme por quién pagara mis deudas si mañana muero, aunque si he de morir prefiero hacerlo cuando este dormido y no despertar nunca más. Tiemblo y cada que escribo, pienso que quizá sean las últimas líneas, el último aliento y sigo sin saber quién soy yo y qué demonios estoy haciendo. Cierro los ojos y escucho el grito de una ciudad incendiada donde sus habitantes ruegan para que no nos maten y algunos afortunados cierran los ojos y los gritos han cesado, no escuchan nada más, la sangre derramada no es suya, no pueden engendrar más hijos, no tienen miedo e intentan vaciar el mundo de este sufrimiento, con algo que es imposible, porque al llevarnos con ello van dejando una estela de llantos, soledad, tristeza y una deuda que aún no se quien va terminar de pagar. Yo no quiero nada para mí, si acaso olvidar que la sangre derramada en las calles de esta ciudad en la que he vivido tiene el poder para mantenerme con los ojos abiertos, en estado de alerta, asustado, condenado a una muerte imprecisa cada que salgo y camino por toda ella, yo lo que quiero es que nos dejen vivir.

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Ya murió Jose Emilio Pacheco. Lloro y me siento indefenso. Ahora ya soy huerfano.

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De noche vienen estas ganas de escribir, el deseo de lo prohibido, las horas de trabajo, el silencio agobiante, los rezos, el partido de fútbol que no me gusta, estas ganas de llamarte, el sexo, sobre todas las cosas el sexo llega de noche, es escandaloso, alegre, sincero. De noche vienen los demonios y esta necesidad que a veces me parece intensa, de seguir vivo y con todo eso existen algunos que juran que no les gusta la noche. Mi gato la ama

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Me he pasado los últimos días sentado. Entre leer o jugar, me confieso un jugador de video juegos extraños o simplemente video juegos que no llevan a ningún lugar y sin embargo alimentan la violencia, el caso es que estando sentado, pensé que todo lo que me pasa se debe a la facilidad con la que suelo perder el tiempo. Quiero decir que he pensado que hoy en día mucha gente se preocupa por hacer estudios sin sentido para trabajar de lo que sea y desde luego ostentan títulos de carreras raras y cuyo costo de matrícula y manutención durante años fue de lo más cara, pensaba en la forma fácil de resolver las cosas; pensaba que solo unos cuantos son los que hoy en día se especializan en algo. Parece que esa tendencia de no especializarse funciona para todos, no hay trabajo que no venga acompañado de alguien que lo desempeña de forma medianamente bien o lo que es lo mismo: de forma mediocre; esta tendencia, es lo mismo que el ocio o la vida de un perro, la verdad es que muchas veces me digo que no soportaría la vida de perro, es una forma simplemente de perder el tiempo. Entonces te sientas, por lo que sea y comienzas a esperar la muerte.
A veces estoy sentado. Desde luego que no espero o no deseo la muerte, no aún, llegara ese tiempo y supongo que no tendré dignidad para decirle que estoy listo, pues según parece con el paso del tiempo uno se vuelve del club de los arrepentidos, el caso es que estando sentado mi vida comenzó a pasar de forma muy rápida y por lo tanto simple, sosa, ajena de lo que en realidad soy y en alguno de mis actos me desconocía y no tenía idea de lo que en verdad deseaba. El tiempo era un corredor de maratones que casi nunca se cansaba y para mí no dejaba de correr. En realidad en los últimos días no me he querido parar, espero que el tiempo no deje de correr e imagino una vida muy cerca de la muerte y me espanta, y descubro que no voy a ser eterno, que nadie lo es y por primera vez en muchos años dejo de sentirme joven e intento verme como en realidad soy; es en ese momento que se me complica la vida. No, no quiero seguir sentado y me invento una serie de vueltas que tengo que dar antes de sentarme de nuevo. Suspiro

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Escribo luego existo

Por un momento pensé que hoy escribiría una gran historia, pero nada me ha llevado a ella, confieso: que tengo sueño, que estoy cansado y que no quiero dejar de escribir, quizá soy un necio, pero escribir es lo que amo y cuando se ama así, no hay poder que te aleje de ello. Supongo que mañana he de escribir una historia, sin juzgar grandezas.

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“Esta es la frontera”, dijo un hombre.
Solo entonces vi que se trataba de ese lugar que tantas veces me habían descrito en mi niñez mediante una canción. La ciudad era una gran calle, el resto eran como los vaso comunicantes que llevan hasta esa calle, una suerte de pequeños retazos que nos devuelven a la realidad. Matamoros era eso, una ciudadcalle. No había edificios grandes salvo uno que otro hotel que trataba de mostrar una grandeza imposible, un par de restaurantes y sitios aburridos y corruptos, no había ya luces de neón y la zona roja se había mezclado con el resto de la ciudad y la ciudad era una sola calle, una larga calle que cruzaba la frontera y que de seguirla más al norte seguramente cruzaría una nueva frontera hasta que un glaciar rompiera con ella. Trafico constante, que no duerme, que no se cansa y el gran comercio de los autos usados, una sola calle tendría el record de más ventas de autos usados en el mundo. Todo aquello conformaba la frontera, la que tanto sueñan los que viven más al sur. Una ciudad simple y nada más, no la ciudad que describía una y otra vez aquella canción que me acompaño durante mi infancia. Yo sabía que la frontera era un lugar feo, que siempre había sido así, y no sé bien porque pero decidí quedarme, en cuanto llegue a la ciudad la inmovilidad se apodero de mí y supongo que buscaba encontrarme con algo más.

El hombre no dejaba de mirarme y yo le pregunte si estaba cerca la casa de Rigo.

“Siempre ha estado aquí, un poco más adelante”, dijo el hombre. “Ahora está abandonada, pero hace muchos años era un lugar bonito, como toda la ciudad. Si quieres te llevo. Pero ¿no te gustaría llegar al puente primero? ¿No tienes ganas de cruzar a la otra orilla del río Bravo?”, dijo.
Le dije que creía que había venido a esta ciudad por Rigo, pero no estaba seguro, le dije que en mi mente sonaba algo así y que no sabía porque pero desde niño siempre quise venir a Matamoros, la frontera.
Entonces el hombre dijo:”es por la canción, no eres el primero que me cuenta esta historia”.
En verdad no lo sabía, Rigo ya no estaba y una casa abandonada no es motivo para salir de tu ciudad a buscarla, allí no se encierran historias, quizá un olor predominante a Radón, que es a lo que huelen las casas abandonadas, para mí Matamoros no era una ciudad bonita, era una larga calle, eso era lo que era y todas las demás, las otras calles eran como pequeños tentáculos que trataban de atraer a la gente a la principal, a la única que tenía presencia como tal.
Le dije que su ciudad nunca había sido bonita, pero que su ubicación la hacía atractiva.
Le dije que la culpa de que hoy estuviera yo en ella, la tenía Rigo y esa canción que martillaba mis oídos cuando yo aún era un niño.
Le dije que no tenía intenciones de ir a la casa de Rigo y que me parecía que lo mejor que le pudo pasar era estar abandonada.
Fue entonces que el hombre me pregunto: “¿Qué demonios estás haciendo aquí pues?”.
Le dije todo lo que antes le había dicho, pero agregue que mi vida era una contradicción y que tal vez era por eso que estaba ahora aquí.
Le dije que creía que era un buen lugar para esconderme, que no estaba huyendo de nada ni de nadie, pero que siempre era bueno encontrar un lugar donde esconderse, le dije que no conocía otro lugar en el mundo donde esconderme, que esta ciudad era como una esquina, donde al dar la vuelta ya nadie te ve y que si algo se complicaba siempre podrías cruzar el río y empezar de nuevo, porque del otro lado siempre se podía empezar de nuevo, como si nada hubiera ocurrido nunca, como si fueras otro, como si todo el pasado se pudiera borrar.
La ciudad olía a carne asada y a carne humana quemada por la metralla, ambos olores igual de fuertes, penetrantes, inquietos, especiales, traumatizantes, no del todo ajenos. Las calles estaban llenas de hoyos y se inundaban con facilidad a la primera amenaza de tormenta. Por las tardes el cielo se teñía de un rojo espectacular, quizá esa era la única belleza que no dependía de la ciudad, belleza que a los nativos incluso les sorprendía.
Le dije que algunas cosas me tenían confundido, como por ejemplo no entendía cómo era posible vivir a lado de una ciudad ordenada y que esta ciudad sea un desmadre. Desde luego que se entiende con facilidad, pero me confundía el que se hiciera nada por imitarlos o no lo entendía porque siempre me gusta complicarlo todo.
No le dije que en realidad estaba huyendo.
No le dije que me cagaba de miedo cada que escuchaba la palabra narco, levantón, la gota, la letra, esos hombres y todo lo que tenía que ver con ese gremio.
No le dije que pretendía ser escritor y que en el fondo andaba buscando una aventura que se pudiera escribir sin tanta complicación y que pensaba que en una ciudadcalle eso me resultaba imposible y sin embargo me iba a quedar porque me gustaba dejarme sorprender y porque creía que algo terminaría por sorprenderme.
No le dije que odiaba tanto a Rigo como a sus canciones pero que ese odio era producto del amor que en mis tiempos de niño sentí por él o mejor dicho por una o dos de sus canciones.
No le dije que el olor a carne asada me hacía pensar en masacres. No le dije que el olor a orines y perros de esa gran calle que era la ciudad me ponía de malas.
No le dije que cuando llegue no tenía un solo amigo y que estaba enamorado aunque en ese momento solo suponía estar enamorado y que lo había apostado todo al amor, aunque no era del todo sincero porque yo estaba huyendo, aunque eso ya lo dije pero a ese hombre nunca se lo dije.
No le dije que me atraen las fronteras porque están llenas de aventuras y delincuencia, y que en esos tiempos habría hecho todo lo posible por andar metido en el peligro pero que ahora le huyo, me escondo y no me asomo ni por error.
El hombre me dijo: “esta es la ciudad de Rigo, pero nunca he oído decir a alguien que sienta por él algo así como verdadero amor”, y el hombre se fue.
M e quede en la ciudad, camine esa gran calle una y otra vez, la olía, me espante, me volví a espantar y me haciendo de amigos, en el fondo las canciones de Rigo no eran tan malas, solo que no describían a la perfección esta ciudad, era digamos una gran mentira lo que él cantaba pero seguramente muchos como yo nos dejamos seducir, quizá por ser una frontera, quizá por la existencia del amor, o por salir huyendo o por el placer de estar en ella.

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