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Archive for 25 agosto 2013

En ocasiones las cosas son tan simples. La gente se conoce o no, luego casi todas las veces se enamora de lo que parece un imposible, se supone que la vida debe ser así. Algo imposible. Suponte que un viaje te reúne con un hombre, en una ciudad fronteriza, en un lugar insospechado hace apenas unos meses, un lugar que no pasaba por tus pensamientos ni por error, pero sucede. Este hombre te dice que esta tarde al salir a la calle te vas a encontrar con el amor de tu vida y tú le dices que lo quieres ver, que eso esperas desde hace mucho tiempo. La sola posibilidad de que algo suceda te deja sorprendida. El hombre un tanto indeciso se marcha del lugar pero tiene deseos de seguir hablando contigo, no sabe que aquel movimiento representaba mucho para ti, ni siquiera tú lo sabes. El hombre cruza una calle, se distrae un momento y tiene un percance con otro hombre que parece ir distraído, este hombre gracias a ese percance desvía su camino y unos cuantas calles más adelante una bala le corta el último suspiro. Tú sigues pensando en esa posibilidad que te ha dicho nuestro primer hombre, quizá hace una horas tenías ganas de morir o de no continuar con este juego un tanto absurdo en una ciudad desconocida. Esperas ansiosa a que sucede lo que te han pronosticado, pero el hombre que se debería encontrar contigo le fue robada la vida; quizá de haber tenido palabras suficientes tanto tú como el hombre con el que te reuniste hace un rato y que te ha dado esa lectura de tu destino, esas cosas no habrían sucedido. Sales a la calle, regresas a la casa y de nuevo esa soledad y ese deseo instintivo por terminar con todo, tienes mojada el alma y una historia tormentosa que te persigue, experimentes ese deseo porque las cosas sean diferentes, te masturbas pero no tiene sentido, no te sientes completa, te sientas, una y otra vez en tu cama, te robas la señal del internet y tratas de mantener contacto con el mundo, es la única forma de estar segura, bebes unos tragos, gritas y te repites que nada de esto puede ser. Lo decides. Te alejas de esta ciudad lejana a la tuya, pero te encuentras por últimas vez con el hombre que te ha dicho que te cruzarías con un hombre que te haría cambiar tu vida, le reclamas, le dices que no ha sucedido nada y tomas un vuelo, te alejas y nunca te enteras que en una casa una madre llora por la muerte de su hijo. Te despides de aquel hombre con un abrazo y cuando los dos están así unidos, él descubre que no debería dejarte ir, pero es muy tarde para eso y ahora solo queda entre los dos el sabor de ese encuentro improbable en este mundo de incertidumbres, él piensa en los pros y en los contra de un encuentro futuro y se contesta que no, que eso es imposible. Tiene miedo, sobre todo porque ha descubierto que su choque con aquel desconocido ha cambiado el rumbo natural de las cosas y ahora él estaría obligado a enderezar lo que ha torcido. Obedece a sus instintos, se aleja de ti, no deja de pensar en las posibilidades mientras el tiempo sigue su curso. Un día pasas tú, pero no se reconocen, chocan accidentalmente y él unas cantas calles más allá muere.

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Pongamos que alguien entiende tu sonrisa, que describe tu belleza, que te atrapa, que se pasa el tiempo pensando en ti, pongamos que nada es mejor que pensar en ti, pensemos en lo absoluto de pensar en ti, y que todas las cosas que nos enseñaron no tienen sentido, pongamos que te he imaginado antes y que por eso me viene esta agonía y que si despierto en las mañanas y no estás donde te he imaginado la agonía se prolonga hasta que el sol se pierde en algún punto del horizonte. Desde luego que eso a ti no te importa, pues te preocupas por tu muerte y no pierdes el tiempo en mí; eso hacemos todos los días, nos preparamos para la muerte, para eso hemos nacido y pensar y esperar es perder el tiempo. Perder el tiempo eso es lo que hacemos. Pongamos que alguien es capaz de entender lo que existe en tu sonrisa y en el secreto que se esconden en tus ojos, pongamos que hay cosas peores que perder el tiempo, como disparar una bala en forma de olvido o morir sin haberte pensado lo suficiente y un día decir, ya es demasiado tarde, ya no tiene sentido pensar más en ti. Pongamos que hoy es lunes. Luego nos inventamos que todos tenemos dueño y no importa si me escribes o te escribo una carta desde lejos, desde un pequeño cuarto o un rincón al que le tenemos mucho afecto, no importa si estas sentada a las orillas del Sena y yo del Bravo o al revés, para las distancias es lo mismo, el orden no tiene sentido. Soy de los que nunca aprenden, evito, persigo me escondo, sueño. Pongamos que cuando estás en la calle te acuerdas de las cosas que te digo y me buscas entre todos esos rostros desconocidos, pero tan familiares, luego, pongamos que cierras los ojos y entonces pareces tan terrenal, tan sencilla, tan igual a todos, tan humana y democrática, tan simple: me quedo de ti todo lo que puedo, pero nunca es suficiente. El mundo nos ha fallado, eso debe ser y nos duele hasta la vida, los huesos, los sueños que no atrapamos. Pongamos que este no era tu día, ni mi día, ni mi vida ni tu vida, ¡maldita sea!, cuanto nos habría gustado. Me levante, fui a ese espacio de libros, de historias, de miradas que nunca se cruzan, siempre he odiado ese mundo donde las miradas no se cruzan, pero nunca busque solucionarlo. Prendí el monitor, vi caras alegres, vi historias depresivas, tristeza, derrota, me vi en tus ojos, sin que ellos me vieran. Una bala que acompaña a bolsas oscuras, yo que aún tengo sueño y el tiempo que no cesa y la vida que se nos escapa de las manos, al menso en eso somos iguales. Ojos cobardes los míos, ojos hermosos los tuyos y mi cuerpo que cada vez es más flojo, más viejo más lento. Pongamos que otros tienen una vida en verdad horrible porque no enloquecen como lo hemos hecho. ¿Qué puedo hacer ante este dolor, si poeta no soy?, hacerme la víctima no tiene sentido. Asesino el tiempo pensando en ti, pongamos que eso me permite volverme todo lo que deseo bajo mi propio riesgo. Las mujeres bellas siempre existirán, que sean bellas no engendra sentimientos por ellas, pensar en ellas es como hacer un trato con el demonio, porque al hacerlo estaremos perdidos, sin alma o imaginación. Pongamos que en esta vida solo hay un instante donde podemos dejarnos arrastrar por la ambición del dinero, pero a mí eso me da pereza, pongamos que pensar en las mujeres evita que tenga una vida aburrida, pero no sé nada acerca de ellas y entonces me siento a escribir. Pongamos que me cruzo contigo, que me dejo llevar por la intensidad de tus ojos y que por primera vez alguien entiende tu belleza, pongamos que eres mi entrada al paraíso, pero primero tenemos que pasar por tu cama, por tu historia, por tu vida, por esa historia que se gesta entre los dos, pongamos que me escribes, que te escribo, y que me encanta esta vida, pongamos que hoy empiezo a morir porque he adivinado tu presencia, pongamos que estoy loco y te he imaginado.

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Supongo que vale la pena esta vida; supongo por cosas simples como el que alguien se dé cuenta de que estamos aquí, pero también que nadie se dé cuenta, lo hace interesante, supongo que pasamos por todo tipo de pruebas, por pasiones que hemos llamado amor, por poesía que va surgiendo entre el fuego y la espada; pasamos por arrebatos carnales, por borracheras incurables, por pasiones que no tienen sentido, supongo que nuestra vida en momentos se vuelve insoportable y nos refugiamos: algunas veces en cuerpos a los que hemos dado el nombre de prohibido porque es la única forma de quitarnos eso tan insoportable, otras veces nos refugiamos en el alcohol o en los sueños que simplemente no podrían soportar los otros, los que juran ser felices y se conforman con su vida de la casa al trabajo y beben cervezas los fines de semanas, mientras dejan caer su humanidad en ese mullido sillón y gritan poseídos cada que alguien patea un balón, supongo que es el modelo de vida ideal y que lo que uno hace no es otra cosa que estar fuera del orden natural de la vida, si es que dicho orden existe, como por ejemplo cuando pienso en las piernas de mi vecina o en sus tetas, pero nadie habla jamás de las tetas porque es un tema prohibido y nadie las sabe amar, algunos hablan de los efectos de la edad o de la gravedad que es lo mismo, otros hablan acerca del cáncer, pero nadie habla nunca de su textura, de su sabor y de las pasiones que despiertan, supongo que se debe porque es algo que no es bien visto cuando se habla de ello, o porque nadie las sabe amar. Todo este ruido nos deja sin sentido, con las bocas abiertas, tenemos un ritmo de vida alto, vertiginoso, que no somos capaces de darnos cuenta de lo que hemos vivido y cuando estamos listos para despertar, ya van cargando nuestro cadáver dos o tres metros o muy lejos de lo que fue nuestra casa. No existen vampiros que nos hagan inmortales, no al menos a lo largo de nuestra aburrida y triste vida, solo existe una caja de whisky o un absurdo programa que nos tiene como idiotas viendo una y otra vez como los hombres se denigran por ganar unos cuantos pesos mientras son la burla de otros hombres que no tienen nada mejor que hacer. Yo quisiera abrir un armario y encontrarme con un vampiro hambriento, porque quizá le podría suplicar por una vida eterna o un poco de diversión, pues supongo que los vampiros se divierten y no tienen que cargar con esta insoportable necesidad de vivir y estar pendiente de la muerte de los otros para intentar fugarnos de su presencia. Una vez me vi envuelto en las garras de la muerte y me estremecí tanto que no fui capaz de hacer algo por vivir de forma intenso todo lo que me pudiera quedar de vida, tampoco me puse a rezar todos los días, ni pensé en morir crucificado, sin clavos o corona de espinas, me sentí agonizante, suplique por una oportunidad más, vendí mi alma al diablo, pero el diablo jamás se presento para hacer un trato. Me arrastre. Supongo que estamos inmerso en un mundo de formalidades donde casi nada es bien visto, mientras el cerdo puede eructar, tirarse pedos y nadie dice nada porque su condición animal lo justifica. Me gustaría, encontrarme con un vampiro hambriento y no solo morir, ni ponerme de rodillas suplicando por un día más de vida, me gustaría rozar así por una brevedad del tiempo ese sabor de la eternidad, mientras tanto parpadeo e intento seguir leyendo, porque ese mundo de la lectura me lleva a un lugar donde la realidad parece que vale la pena y los sueños no paran jamás. Supongo que mis sueños cada vez más escasos, se deben a esta necesidad de ajustarme a los aparatos de la modernidad, supongo que tengo que llenar mi sangre de whisky cuando mi sangre ya no pueda continuar. Estoy hambriento, este mundo a veces no me gusta, quizá se le ocurra a alguien más entender que nos han dejado sin sentido que la modernidad son mosquitos que se chupan nuestros sentidos, nuestras emociones y nuestras pasiones, quizá somos un paisaje baldío y el cielo nos está velando mientras nos mea con una lluvia fría, intentando que algo nos pegue en la mente y nos despierte. Supongo que he perdido mi psique. Supongo que estoy aterrado, supongo que la muerte llega, supongo que siempre tendré una vecina que me guste y un cuerpo que me invite a sofocar esta insoportable espera para que alguien lleve mi cadáver tres metros más allá del espacio que ahora habito. No es mucho de lo que hablo y a veces muero de pena.

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Pasaba mucho tiempo en mi habitación tratando de escribir una historia. Ese era el momento oportuno, al menos eso era lo que yo creía. Había tenido todo tipo de relaciones, me había incluso creído la posibilidad de ser famoso para fin de año, como si la fama fuera una liebre que salta a la primera oportunidad, pero nadie estaba en realidad enterado porque es que lo estaba haciendo. Es quizá muy fácil saber porque se hacen algunas cosas, pero cuando hablamos de escribir las cosas se complican y es sino imposible si muy complejo el saberlo. Así que me había pasado horas y horas en mi habitación tratando de escribir aquella historia que terminaría en el cesto de la basura y unos años después no tendría nada, a no ser que cuenten las arrugas y las pocas canas donde aún quedan algunos cabellos. Últimamente se me encogían los dedos de la mano y escribir se me estaba complicando. Desde luego que querer resolver los problemas económicos dedicándome a escribir era una tontería y nos es que nadie viva de escribir, sino que las posibilidades de hacer son muy pocas. Me había metido en problemas, pero hasta antes de hacerlo tenía muchos amigos, o eso era lo que yo creía y ellos me decían que podría contar siempre con ellos, luego paso aquello; cuando eso paso, las cosas se pusieron muy mal, de la noche a la mañana todo cambio y pensé que alguno de mis amigos me podrían ayudar a salir del problema, pero ellos me dijeron que lo sentían mucho, que no podían hacer nada. Que sentían lastima por su incapacidad y que ya me las arreglaría. Así que no dije más y me encerré a escribir. Si aquello no hubiera pasado yo me habría encerrado de todas formas a escribir, solo que no me había detenido para hacerlo. Me despedí de todos, creo que de todos, deje esa vida que no me llevaba a ningún lado y me dije: sí, ya puedes empezar a escribir.

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Por alguna razón las cosas no van por donde uno desea. Pero qué demonios es el deseo, las ganas, las ilusiones de ese algo que nadie sabe lo que es. El hombre se acerco a una puta, la subió al auto cerro los seguros de manera casi automática, acelero, y sin decir palabra alguna se la llevo a una de las calles más oscuras. Ella no dijo nada, pensó que si se quedaba callada obtendría una buena propina. Lo mismo pasa con el soldado que anda todo el día en sus recorridos por la ciudad, debería sacar la lengua como lo hacen los perros rabiosos y no quedarse en la parte trasera del auto, tratando de cazar a uno más, que importa si es delincuente o no, lo importante es cazar, soltar el fogonazo, tener un reporte al final del día; el soldado que se queda todo el día parado sobre la caja de una camioneta que no se cansa de avanzar, el soldado que va lo más quieto que puede y no sabe que en breve será asaltado, que le van a disparar y que verá toda su vida pasar en un segundo. Los comportamientos más extraños, un sujeto que cada ocho días va a uno de los poblados más peligrosos porque dice no tener miedo, pero saben que le están siguiendo los pasos y que un día de estos lo van atrapar, lo van a levantar, pero su miedo lo transforma en un deseo reprimido, un grito sin sentido y se abandona a pequeños caprichos, auto y casa nueva, una esposa, tal vez un par de hijos o por lo pronto solo uno de ellos y no se da cuenta que va en dirección equivocada, como quien marcha al desfiladero, sin embargo el dice orgulloso: no, no tengo miedo. A veces creemos que tenemos todo a favor y vemos venir aquello que nos puede hacer daño y no nos movemos porque creemos que nunca nos va a pasar nada y si es que nos va a pasar algo, el otro, el que se encargaría de que algo nos pase, va a fallar. Creo que debería estar pendiente de cada segundo que pasa, contarlos de alguna manera, porque solo es así como la continuidad se logra, sin esa continuidad ya no existe vida o esa sensación de vida que nos hace decir todos los días: las cosas no van por donde uno desea, pero siguen ocurriendo. Un descuido y podemos pasar a otro mundo, basta con cerrar los ojos, con descuidarnos solo un poco, basta con alejarnos de la supuesta realidad para dejar de ver, para dejar de sentir, pero mientras eso sucede, nos basta con ver al cielo y decir unas cuantas cosas o hacer otras más, nos basta con dejar algo en un sitio donde los demás corroboran esa sensación de estar vivos y al mismo tiempo cuando observamos o leemos lo que los demás hacen nos ayudan a recordar o sentir ese pulso de vida. Una persona que cruza la calle, unos amantes que se entregan en una calle estrecha y oscura, una o dos personas que nos cuentan que ellos no sienten miedo, alguien más que nos contesta un mensaje corto que le hemos enviado hace unos segundos, no para saber si ella o él están bien, sino para verificar que esa sensación de vida aún está con nosotros, seguimos mirando y leyendo todos los días en estos espacios, nos preocupa si alguien se ausente, pero no porque nos importe del todo, sino porque no sabemos si es que nosotros hemos dejado de estar. Persigo los orgasmos, el cuerpo de una mujer en el mío, así como algunos deben perseguir el cuerpo de hombre o mujer en el suyo, buscamos esa constancia; yo no tengo ganas de acabar con lo que soy y tampoco deseo que alguien más lo haga y confió en la suerte, aunque a veces despierto sobresaltado porque he soñado que un hombre que tiene ojos de diferentes colores me está persiguiendo y trata de atraparme, y veo en las calles a hombres de cuerpos grandes aunque no todos y llevan armas que acarician con sus manos, tienen el poder de acabar con una vida, pero soy egoísta y no deseo que sea la mía, esos hombres no solo tienen los dedos torpes, no solo han dejado los sueños para otros y ahora se dejan llevar por una codicia inexplicable y todos los días se repiten que van a dejar a sus madres, a sus esposas e hijos, ricos, como si ese dinero les fuera a durar toda la vida. Me duelen los músculos, no he hecho nada interesante, me siguen ganando los años y cada vez debo pesar más y extraño aquellos años, donde hacía lo que se me venía en gana y no pensaba que tal vez ya no me despertaría a la mañana siguiente. Mis dedos son las teclas, nada solo como yo deseo, pero mis dedos intentan describir una historia, esa historia que me recuerde todos los días que aún estoy vivo, y que tal vez es cuestión de suerte el que no me tope con una bala. Sospecho de todo y de todos, eso en estos tiempos es normal. No quiero dejar de oír los pasos de todos los demás, me desespera sino leo algo de lo que escriben mis amigos, y me repito a cada instante: aún no, aún no, aún no; aunque muchas de las cosas no salen como uno quiere. El hombre que escupe balas se acerca, viene directo a donde yo estoy, yo cierro los ojos y me repito mil veces, que ese bala no llegue a su destino, mientras que un soldado cruza en ese momento por la calle donde pensé que mi cuerpo habría de caer y es otro el que se pierde para siempre esa continuidad que nos regala el tiempo, un suspiro, un latido, luego otro, otro, otro y otro. Sigo sintiendo el calor de mi cuerpo , se que vendrá otro, pero tengo la necesidad de verificarlo y entonces leo un poco de lo que escriben mis amigos, mando un pequeño mensaje para preguntar cómo está alguna de mis amigas, tengo deseos, me dejo llevar, me dicen que es el día mundial del orgasmo y deseo aprovechar cada momento, estoy vivo algo en mi huele tan fuerte que es imposible ocultarlo.

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No había hecho otra cosa que pensar en Laura Blake toda la semana, que me olvide por completo del caso que teníamos que resolver juntos. Las cosas se habían complicado y mucho, uno de los muertos era un agente encubierto del ejército mexicano que participaba en esa tan mencionada lucha contra el crimen organizado. Me daba flojera pensar que el crimen de esa pareja no era pasional, que estaba ligado con el crimen organizado, me daba flojera porque todo mundo hablaba de ello y porque en el fondo esos casos quedaban casi siempre sin resolver, no quiere decir que el equipo de investigadores no hiciera su trabajo, al contrario, casi siempre se sabía con exactitud el nombre de los autores materiales e intelectuales pero poco se podía hacer en contra de ellos, por alguna de las siguientes razones. La primera es que para cuando se llegaba a la solución del caso, los presuntos autores del crimen ya estaban muertos o bien nadie los podía encontrar, la segunda es que en la mayoría de los casos, los supuestos culpables, eran testigos protegidos y sus delitos no eran suficientes para castigarlos. La idea de un crimen pasional, me hacía ver una posibilidad más interesante e incluso intensa, seguro era esa posibilidad la que aguardaba con una historia.

Y entonces me dieron ganas de llorar, pero estaba en una plaza pública y la gente es curiosa, además de que no quería que me preguntaran nada. No sabía si irme a casa o quedarme sentado o meterme al cine y ponerme a llorar, sentí pánico por primera vez desde que llegue a esta ciudad y así sin saber porque empecé a imaginar el cuerpo de María Betania, desnudo, tirado en el suelo, junto al cuerpo de alguien mayor, y me dio tanta tristeza y cerré los ojos, porque en verdad tenía muchas ganas de llorar. Así que me puse a caminar, camine por un largo rato sin saber a donde ir, entonces tome el teléfono y llame a Laura Blake.

—Dónde demonios estas —le dije
—Estoy en camino a la jefatura de la policía —dijo ella
Y yo le dije:
—Tienes que venir por mí, estoy jodidamente triste y no puedo moverme más.
—Tendrás que esperar un poco, es algo urgente lo de la jefatura —dijo ella.
—Maldita sea, te necesito ahora —dije.
Ella dijo:
—No me jodas cabrón.

Laura llego a los pocos minutos. Hacía mucho tiempo que un caso no me afectaba tanto, no se si por la cercanía con María Betania o por mi incapacidad para reconocerla a la primera o porque en ocasiones me dejaba llevar por mis instintos y los casos me rebasaban de tal manera que no me dejaban dormir, la verdad es que no tenía importancia lo que pudiera ser, pues ya estaba afectado y tendría que trabajar mucho con eso. Entonces salimos de aquel lugar y le pedí que me llevara a su casa. Tenía que relajarme, muchos hablan de diversas técnicas para hacerlo, que van desde la respiración, hasta quedarse dormido, en mi ninguna de esas cosas funcionaba. Era necesario recurrir a las técnicas que usan las madres de cierta tribu en el África y es que cuando sus hijos tienen mucha angustia, ellas le chupan el pene y ellos se van calmando. Laura Blake sabía lo que yo necesitaba y me quitando la ropa.
Yo no quería darle más molestias, no porque no quisiera estar con ella, me gustaba el sexo con ella, me gustaba el cuerpo de ella, pero me gustaba más su esencia como persona, así como lo dulce y delicada que era ella conmigo, ella que cuando casi no me conocía me tendió sus brazos para aliviar mis penas, ella que había llorado conmigo y que había estado en los momentos más trágicos de mi vida, cómo no la iba a querer. Yo no quería preocuparla pero tenía que hacerlo, tenía que contarle de mi angustia y de que llevaba muchas noches sin dormir. Después de chuparme el pene, me fui relajando hasta quedarme profundamente dormido. Entonces comencé a soñar. Estaba de nuevo mi mujer en el sueño e intentaba mostrarme algo, el auto estaba volteado y el combustible regado en el pavimento, vi los ojos de mis niñas, vi la sombra de otras personas y vi llegar a la muerte mientras un hombre egoísta les tomaba fotos de sus últimos alientos en vez de ayudarlas, vi venir la muerte y con ella cada uno de esos días grises, sombríos y llenos de frustraciones. En el sueño, ese lugar ya estaba a oscuras pero yo lo podía ver todo.
Cuando desperté Laura Blake estaba a mi lado e hicimos el amor de manera suave, le debía mi tranquilidad. Le conté una vez mis sueños y le dije que no lograba descifrarlo por completo, le hable de lo que yo suponía que mi mujer trataba de decirme, que tenía que ver con el caso que ambos intentamos resolver, pero ella, Laura Blake, puso un dedos en sus labios para decirme que me callara por un segundo, que dejara de pensar en esas cosas, que era necesario relajarme y sin decir más llevo sus labios a mi pene y así pasamos el resto de la semana, yo no había hecho otra cosa que pensar en ella y me olvide del resto de las cosas que teníamos que resolver, pero ahora nos resultaba necesario volver al trabajo y me sentía con muchas ganas de hacerlo.

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yo vine a este mundo a divertirme, a soñar que el día tiene más horas que las establecidas. vine para pasarme la vida haciendo lo que más me gusta, porque esas cosas no tienen límites, porque estar vivo es algo que no tiene precio.

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