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Archive for 29 octubre 2013

Aquí comienza nuestra historia. Triste, larga, alegre, divertida, corta o lo que sea de ella, tuya y mía, de los dos y de todos los que nos rodean. El argumento de esta historia es toda una suposición. Nuestra historia quizá debería empezar un día antes, una semana, unos meses o quizá unos años atrás, pero eso ahora no nos importa. No rezo por ti, porque son tantos los que prometen sus rezos para ti, además de que yo creo que nada de eso importa, y sí acaso importa yo no soy el más indicado para rezar porque siempre he creído que la vida dentro de la maldad y las cosas que llaman o que se creen que pertenecen al infierno es lo mío. Llevo unos cuantos días con esta idea en la cabeza. El inicio de nuestra historia, aunque quizá empezó mucho antes, en esos viajes, en esas aventuras, en esos gritos apagados que ocultaban todos mis miedos, los miedos que no me dejaban ser pero que sin embargo todo el tiempo han estado presentes.

¿Por qué me espere cuarenta y un años? No tengo idea.

Lo primero que te quiero contar, quizá no tiene mucho sentido, al menos no creo que lo tenga para ti. Pero te iré contando. Llevo muchos años tratando de ser escritor, no sé porque esta necedad con algo que quizá no tiene sentido, además todo mundo es escritor hoy en día o todos pretendo serlo y escriben largos Blogs, algunos de ellos muy aburridos (sin ir más lejos, yo escribo en un Blog aburrido y a veces no sé que estoy buscando al hacerlo). Así que he intentado ser escritor y renuncie a muchas cosas en la vida, quizá a sueños que no valen la pena, como el tener riquezas, aunque la mayoría de las veces el dinero nos hace falta para casi todo. Tienes un hermano. Emilio. Tu mamá es una mujer maravillosa y aunque la engañado mil veces en esas aventuras literarias, ella siempre me perdona, no dice nada, sé que ella entiende esa vida sucia y un poco ajena de la realidad que tengo. Tu hermano, llevaría tu nombre pero al final decidieron que no. yo no soy su padre pero lo quiero tanto como a ti, ni un poco más, ni un poco menos. Tú aún no llegas. Ayer cumpliste 30 semanas y los doctores se empeñan en querer sacarte de mamá, les alerta que no logres crecer lo suficiente. Piensan que algo anda mal, otros dicen que todo está bien y que debemos esperar al momento en el que llegues, para unos es eminente tu llegada, para otros vas a nacer en dos semanas y así las variables, la mayoría de la gente dice que estas en manos de Dios, pero yo no estoy de acuerdo, quizá porque nunca he creído en él. Mi vida es un desastre. No sé cuantas novias he tenido o de la mayoría no quiero hablar. Nunca tuve otros hijos y te confieso que durante muchos fui un egoísta que pensaba que unas 240 páginas y unos 175 gramos eran la medida y el peso ideal para un hijo, desde luego hablo de una historia impresa en algo llamado un libro. Títulos: todos aburridos y ni que decirte de las historias, por lo general mis historias nunca terminan, casi siempre son una idea prematura, algo que encuentra un final antes de tiempo y no se logra madurar una idea, una historia y la vida misma. He viajado por casi todo el mundo, tratando de escapar de mis demonios. Los que hemos vivido mucho nos da por explicar las cosas con el nombre de demonios y nos atormentan según parece. Yo he viajado pero pocas cosas han cambiado de mí.

Hay días en que mamá esta triste. Le dicen que tu bajo peso se debe a que ella no come mucho o que tal vez no toma suficiente agua y ella piensa comer mucho y tomar muchos líquidos para ayudarte, para que tú puedas crecer más y te tardes más en llegar, a los dos nos alegra cada que te mueves, cada que pateas, cada que das un giro. La verdad es que te estamos esperando desde el primer día y un poco antes, te pensamos, te deseamos, pero queremos que te quedes más tiempo adentro, el tiempo necesario para que estés más fuerte. Yo, a veces hago cosas tontas, por ejemplo me retire de la profesión que me llevo más de 20 años estudiar y no es que no tuviera importancia para mí, pero lo que yo deseaba era otro tipo de vida o mejor dicho aún lo que yo deseaba era vivir. Ahora te confieso que vivo y que estoy bien vivo, que sufro, que lloro y que en ocasiones pienso que no merezco la vida que llevo, porque no me ajusto a los deseos de una sociedad. Te iré contando como conocí a tu mamá y lo difícil que en ocasiones me resulto convencer a Emilio lo mucho que lo quiero, pero tenemos mucho tiempo, nuestra historia apenas comienza, no tengo idea si esta historia será larga, triste, divertida, aburrida, efímera e intensa, estoy seguro que yo intentaré que sea lo mejor de lo mejor y para eso todos los días te voy a dejar lo mejor de mí, pero me tienes que perdonar las horas en las que me ponga a escribir, pues esa es otra de las cosas que tanto amo.

Empiezo ahora, porque quizá no tenga tiempo de contarte todo lo que deseo, no importa las razones del tiempo, uno nunca puede disponer de él, sin que en ello vengan las consecuencias propias de las decisiones que vamos tomando. Se supone que trabajo. Ese trabajo es más bien un válvula de escape de todas las cosas que siempre he querido hacer, una situación ideal para no preocuparme de nada y dedicarme a ser un poeta que no escribe versos pero que sueña. Siempre sueño, pero con las cosas que el resto del mundo suele llamar malas y no me preocupa, porque en el fondo es en esos sueños donde descubro mi libertad.

Te llamas Pablo. No importa si aún no naces. O si te faltan diez o nueve semanas para que lo hagas, o dos tres semanas como los médicos creen, nada de eso importa. Pienso en tu nombre y en las mil variantes, pero Pablo me gusta desde el principio, desde que mamá lo propuso y creí que era el mejor de todos los nombres. Desde luego que yo pienso en variar muchas cosas de tu historia, pero es mi necesidad, mi necedad y una forma recurrente que tengo para huir.

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Una tarde me envió un mensaje para decirme que él lo sabía todo y que ella no quería que yo la buscara más. Si la hubieran matado no sería nada complejo entenderla, quizá un poco doloroso olvidarla, pero ella estaba a veinte metros de mí todos los días como para intentar lo que ella me pedía. Creo que era domingo cuando ella me envió el mensaje, yo acababa de cumplir cuarenta y uno, tal vez atravesaba por una crisis existencial, pero odiaba la idea del sexo casual. La idea de tener que abandonar no me resultaba agradable, pero aún no estaba enganchado y quizá era lo mejor que me podía pasar: de seguir así lo único que lograría era echar andar esa maquinaria de destrucción que casi todos llevamos por dentro. Debería sentirme afortunado, mientras que ella se sentía amenazada y hacía todo lo posible por conservar la promesa de ese amor y no solo la promesa de ese amor, sino la promesa de emigrar de esta ciudad a lado de él, un día cualquiera, con un pretexto cualquiera, como si al estar lejos de esta ciudad su vida fuera a cambiar. Creo que me encapriche con ella, por envidia. Las cosas entre ella y ella, no dan para más de una línea en una historia, pero yo me encargo todos los días de hacerla parecer lo que no es, lo que nunca fue, lo que no puede ser.

Ella era fea. Sigue siendo fea, pero a veces la envidia puede más que cualquier cosa en esta vida. Me debatía entre ella y la peloncita. Me gustaba el olor de la peloncita y cuando totalmente desnuda cruzaba las piernas y dejaba escapar un largo suspiro. A veces creo que nada de lo que he estado haciendo tiene sentido. Me traicione por primera vez cuando accedí a la idea de estar con alguien de forma casual que en este caso es lo mismo que por solo una noche.
Hace mucho tiempo que he intentado olvidarme de mis costumbres, de la muchas veces que me deje llevar por el deseo. Intente convertirme en un ser alejado de las personas, pensé que estar solo era lo mejor que me podía pasar, desde luego que esa parte de mí constituye otra historia.

Los mensajes que ella me enviaba de laguna forma escribían historias de impotencia.

Intenté lo imposible, es decir, uno debe de entender que existen puntos donde es imposible el regreso, donde sonreír nos cuesta la vida. Tenía tanto miedo que una segunda cita no se diera jamás, pero las cosas no estaban bien, eso de tener sexo desde la primera cita lo jodia todo y supongo que eso fue lo que paso. Lo jodimos todo. Creo que ella es de esas mujeres a las que les gusta más salir de compras que el orgasmo, pero en esa primera cita ya era muy tarde para ir de compras, todo ya estaba cerrado. Así que me tenía que conformar con oír sus historias una y otra vez en aquella noche que parecía que nunca se iba a terminar. Me habría gustado verla bajo la lluvia, totalmente mojada, quizá porque eso me confirmaría que ella no era una mujer hermosa. Siempre he sido el mismo: un egoísta.
No he encontrado una mujer libre en toda la ciudad. Busco desde hace mucho tiempo a una buena amante, no una mujer para sexo ocasional de una noche. A veces me encuentro con mujeres a las que no logro dejar de observar e imagino todo tipo de historias, nadie imagina ese tipo de historias estoy seguro, no son historias que tienen que ver con el sexo, es decir, imaginar el sexo no tiene sentido alguno, además de que resulta lo más aburrido de este mundo. Ni siquiera las imagino desnudas saliendo de sus baños. Es algo más intenso, complejo y tan intimo a la vez.

Después de enviarme el mensaje enmudeció y yo acepte ese silencio como parte de mi egoísmo, me dije que no valía la pena seguir intentándolo, además: ¿quién quiere estar con una mujer fea?, supongo que nadie.

Pase unos días haciendo cosas sin sentido, volvía a salir con la peloncita, ella juraba que en todo este tiempo no hacía otra cosa que extrañarme. Supongo que era la única mujer en el mundo capaz de extrañarme, pero también era la única mujer en el mundo que no merecía su nombre, pues ella era todo lo contrario. Con el tiempo dejamos de vernos y me odie por no haber sido capaz de amarla.

Las siguientes noches me pase soñando. Noches en Barcelona. Yo no me ilusionaba con la idea de estar entre las piernas de Salma, había tenido la oportunidad de estar con una actriz, no con ella y no la desaproveche. Yo no contaba borregos cuando no podía dormir, tampoco buscaba beber hasta perder el conocimiento. Solía mojarme una y otra vez hasta quedar rendido y si era una noche con lluvia, se puede decir que yo era el hombre más feliz del mundo.

Así que todo termino después de un mensaje en el que ella amenazaba con ser la mujer más infeliz del mundo si yo seguía insistiendo. No le di importancia. Ninguna mujer merece que escuches su historia sino está dispuesta a sacrificar y ella no deseaba sacrificar nada, solo quería ganar y no era amor lo que sentía por él y tampoco disfrutaba de esos orgasmos que algunas veces tenía que fingir. Ella disfrutaba cada que él la llevaba de compra o le traía algo, podría presumir una serie de cosas que no sirven para nada o mejor dicho sirven para servir la falta de amor. No me sentía mal porque ella nunca fue mía y debo confesar que después de aquella única noche yo ya no fui el mismo, mis ideas, mis deseos y mi sueños me parecían algo imposible y si estaba enamorado no era de ella, como dije antes, todo fue por envidia.

Estaba a punto de rendirme cuando las cosas tuvieron otro sentido, un giro más, otra vuelta de tuerca. Ella se llamaba C, era siete años menor que yo y quería ser rumbera. Estoy seguro que había soñado con ella más de una vez. Ella retrataba interiores.

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Se sintió querida cuando descubrió que él sentía celos de ella. Nunca antes la habían celado tanto o tal vez sí, pero ella tenía la necesidad de sentir ese dolor de la pasión, del desengaño, del supuesto amor y podría jurar que estaba enamorada, que ella era la perfecta amante, la que estaba dispuesta por él, en cualquier momento, instante o circunstancia, aunque la realidad fuera otra. Él no sentía celos, era algo aún peor. Era un egoísta. Pronto dejaría de ir al trabajo, aunque había puesto todas sus esperanzas en ese lugar y desde luego en su futuro, la había cagado, había hablado de más y las consecuencias de hablar de más, casi siempre se pagan y muy caro. No sé muy bien si ella era una mujer bonita, a veces me parecía una mujer fea, ya sé que para algunos no existen las mujeres feas y decirle es como provocar la ira de ellas y por tanto la violencia.
La primera vez se sentó en una silla incomoda, tenía un peinado por arriba de la cabeza, como un gran hongo y unos ojos extremadamente marcados por el delineador. No me pareció fea en ese instante, supongo que no tenía ganas de morirse y de poder, ella en este instante me diría que no se arrepiente de nada, que ha pasado por mucho, que es feliz. El lugar nunca fue ni ha sido acogedor. En muchos cuartos hay cuadros horribles, que parecen retazos de una historia sin sentido; mujeres gordas atrapadas en un lienzo y que todos los días tienen que ver los mismos rostros, oír los mismos chismes, y estar bajo las mismas circunstancias, ellas, de estar vivas y condenadas a ese espacio, seguramente tendrían ganas de morirse. En el lugar donde ella estaba sentada había un cuadro de figuras geométricas que gustaba a medio mundo, pero que no tenía nada de belleza, por eso el contraste, por eso ella era quien más atraía, quien más propiciaba en los hombres una o dos erecciones al día.

Yo tenía extraños vicios. Sobre todo si hablamos de la sexualidad. Nunca me han gustado los hombres y si las mujeres, mi flaqueza es que me gustan las mujeres jóvenes.

No venían muchas mujeres jóvenes y cuando lo hacían estaban acompañadas. En este mundo te suelen juzgar si te gustan las mujeres jóvenes, sobre todo cuando tienes alrededor de los cuarenta o cuando ya estas calvo. Basta con estar calvo para que la gente te juzgue, parece que la apariencia física es el principal demoledor de nuestros sentimientos y basta con tener un rasgo de fealdad para que todo mundo te agreda, te dañe y un día tengas ganas de morirte. Me bastaba con estar calvo para querer morirme, pero me gustaban las mujeres jóvenes y eso me mantenía con vida. Es más fácil buscarse a una puta de las orillas para tener un amor ocasional, que el querer tener una amante fiel, una amante dispuesta. El mundo está hecho de amantes y si no me crees, basta con poner atención y lo vas a descubrir. Laura.

¿Quién demonios es Laura, acaso existe?

Cuando digo Laura, hablo de ella, de su sexo desnudo frente al mío, hablo de los olores después del sexo y de la pasión encerrada en el acto. Laura es la casa del falo. El mío. Es esa felicidad que le hace falta a muchos hombres, me atrevería a decir que a la gran mayoría de ellos, pero al mismo tiempo es la apatía, el desgano, soledad.

No he encontrado a nadie como Laura en toda la ciudad.

Toda la noche me pregunte si es que tenía una telaraña tatuada en la cabeza, como dije antes soy calvo y una araña, que tal una araña tatuada sobre la telaraña. Imposible. Lo que si tengo son unos ojos chicos, marrones, sumisos.
Ella no era alta y si un tanto baja, no era gorda, no como la de los cuadros, las que tienen una cabeza cuadrada y un gusto exagerado por la comida, no hablaba bien, ni mal, al menos no usaba tantas muletillas que suelen hacerme perder el juicio, no era plana pero tampoco destacaba por tener una nalgas intranquilas.
Entonces qué era lo mejor de ella?, sus sueños, sin duda.
Había perdido un amor porque no tuvieron para pagar la reparación de una motocicleta, sin la motocicleta el no podría viajar y así quedaron distantes, había perdido otro amor, porque le gustaba perderlos y seguramente seguiría perdiendo amores y llenando su vida de extraños recuerdos y suspiros y al final diría: yo no creo en el amor.

La miré por última vez o eso es lo que creía y la odie. La odie por no llevarme la noche anterior a su cama, que es cuando sentí ese dolor angustiante que nos causa la partida, la odie por esa puta forma de solucionar las cosas y su manía de querer que todo mundo la espere. Agredía mi bondad y dañaba mis sueños, no se merecía que la quisiera. Toque su mano, la abrace y le dije hasta nunca, aunque quería jugar con ella, saltar charcos, mojarnos bajo la lluvia y correr a escondernos, cuando cada uno de nosotros era un niño y no tenía la maldad en cada uno de los poros, y donde Laura o la casa del falo no era lo más importante. No quise llorar.

En otra vida quizá me atreva a mojarme bajo la lluvia, pero quiero mojarme en ella otra vez.

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Lo más fácil es casi siempre equivocarse. Ella dormía en la cama equivocada y por eso tenía que enfrentar todas las consecuencias, en lugar de pasiones tenía miedos, en lugar de amor bebía tequila. El tequila era para los hombres en esta tierra donde reinan los machos, al menos reinan en el imaginario de la mayoría, pues al interior de las casas es la mujer quien trae los pantalones bien puestos. Se había cansado de los amigos, del trabajo, de la supuesta rutina. Vivía en esa parte del romance donde todo se soluciona con la palabra amor, pero estaba en los límites donde todo termina en una pelea. Ella me confundía.

Yo no he tenido muchos amigos, es decir a la mayoría de las personas con las que hablo, más del 90 por ciento son mujeres, me gustan para amantes.

Siempre he pensado que las amantes son las personas ideales en mi vida, pues me pueden compartir sus secretos y podemos aceptar juntos que no existe castigo por lo que hacemos, el supuesto karma es un invento barato, además no nos importan los pecados, tal vez porque mi idea de Dios es algo que carece de significado. Tener amantes es aprender a mentir, controlar las mentiras y saber que contar y a quien contarlas, es un arte un verdadero arte donde el que mejor miente mejor le va en la vida. Entre más mentiras te cuenten y mejor lo hagan, más posibilidades se tiene de tener amantes, quien no sabe contar mentiras, quien no sabe perdonar las cosas que el otro hace o nos hace, está condenado a pasarla solo o sola en la vida, esa es una triste realidad y no tiene que ver con castigos divinos sino con la ser capaz de entender como es nuestro mundo y como somos las personas. Vivir es un arte.

Ella era una chica peculiar. Decían que fue la primera en atreverse hacerlo, en atreverse a salir con otros, se decían tantas cosas, incluso que le había puesto a sus pasiones. Luego llegaron otras que si bien no seguían los pasos de ella, porque puedo jurar que habían llegado con sus mañas, se agarraron de la idea de que todo era por su culpa y que una vez que se dieron cuenta ya estaban perdidas en ese mundo de perversidad y cuerpos desnudos que se entregan a otros cuerpos que ya tienen dueños, es como si al estar casado ya no pudieras hacer nada más en la vida que dedicarte a la exclusividad de una casa, de una mujer, de un cuerpo y de su sexo, es como si los sentimientos pudieran ser monopolizados. En términos de economía supongo que equivale a estar tronados, devaluados, en crisis. En los ojos de ella podría descubrir su alegría, pero también su tristeza, en los ojos de ella se encontraba toda su historia. Si ella fue la primera quizá sería la última, pues nadie era capaz de distinguir que los amigos estorban en donde se desea tener sexo. Las otras solo buscaban dinero y acrecentar su fama de cazadores de las rutinas del sexo.

Yo siempre había deseado estar solo, no es algo fácil. Lo complejo de estar solo es que no puedes tener amantes, lo complicado de estar con alguien más es que tienes una gran etiqueta en la frente y todo mundo te ve diferente, como marcado o imposibilitado para pasar buenos momentos contigo, no digo que no disfruto el vivir acompañado, porque es bajo esa situación que se siente el pulso y la posibilidad diaria de tener una amante. Tener una amante no equivale a sesiones larga de sexo por el sexo mismo, tener una amante es comprobar que tenemos esa capacidad de aceptarnos como somos y evitar sentir ese orgullo que estropea nuestra capacidad de sentir, tener amantes nos da la posibilidad de pedir disculpas y sobre todo nos enseña a perdonar, tener amantes nos hace capaz de mentir, saber mentir y que cada uno que nos escuche se crea todas las cosas que les decimos o contamos. Al sexo lo que le hace falta es tener amantes, porque solo así es como nos queremos más y la vida en pareja requiere querernos, para así querer a quien está con nosotros. El ser amante es un ejercicio para poder amar y se tiene que ser constante.
Estaba pensando en una vieja amiga que ahora me gusta para amante. Cuando mi mujer se metió a la casa de una vecina no tan cercana. El pretexto es que verían unos perros que la vecina tiene. Desde luego que esa vecina está entre ese más de 90 por ciento que me gustaría para perderme en el ejercicio de amar, pero mi mujer como va entendiendo a la perfección el ejercicio de quererse a sí misma, desato la tormenta de pasión en ella y eso para mí fue un duro golpe (es la segunda vez que me golpea con todo), para poderme olvidar he tenido que inventar que tengo una sed insoportable y desde luego la única forma de combatirla es bebiendo tequila, el agua solo es buena cuando todo mundo te quiere o cuando parece que todo lo que haces tiene importancia.

Me pregunté: si una mujer es recién tu amante y no contesta tus llamadas de teléfono, que significa eso. La única respuesta fue, que no le gusto el sexo, que es como decir que no se siente amada y seguirá buscando en otro u otros lo que le puedes hacer sentir.
Lo más justo sería olvidarse del amor o de todas esas cosas que anteponemos para lograr concretar nuestras pasiones más desgarradoras. El recuerdo de los amores no nos sirve de nada, es decir una vez que pasan deben de ser recuerdos, deben de ser como las cosas que no tienen sentido y que nadie recuerda y no ese ruido que no nos deja en paz y parece que nos va hacer explotar la cabeza. Quien nos dice que el amor no es lo que tenemos a diario y que le podemos poner diferentes rostros, cuerpos y sabores, quien nos dice que no somos capaces de amarnos mil veces antes de buscar en el sexo sentirnos amados, sino fuera por las amantes a veces pienso que la rutina seria ese paraíso en el que todos piensan, un lugar sin sabor, amargada, y donde nada pasa. Que vergüenza si un día tengo que vivir bajo esas condiciones. Nunca me he levantado sin pensar que existe una mujer que me haga sentir lo hermoso de estar vivo, quizá ese sea mi infierno y lo disfruto.

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me descubres antes del llamado
¿predecible?
¡no!
inquieto tal vez
sonoro y rítmico, rock antes que balas;
respuestas antes que preguntas,
escucho interesado
me contagio en tus culpas;
rock antes que balas
te escucho entre ecos,
entre sonidos de disparos,
entre esta realidad que a veces creo inventada
rock antes que balas;
el tango parece anticuado
pero que bien se mueve el cuerpo
en ese ritmo acompasado
eco, ecos, ecos, distancia
silencio, notas, sonidos;
rock antes que balas
te escucho antes de decir algo
me entrometo en tus pasiones
y todo por ver la puerta abierta
a todas horas, incluso en las madrugadas;
rock para romper el silencio
murmullos que serán ecos
para esconder estas intenciones;
rock si mañana no despierto
mientras me descubres
al otro lado
donde es imposible sentirnos
sino median las palabras escritas y
los sonidos atrapados en ese terno instante y
las imágenes que se repiten mil o millones
de ocasiones, rock antes que una balas
y para mí tus emociones

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Puedo contar mil cosas y decir que esa es la verdad. Miento si digo que no soy feliz, aunque la felicidad suele durar nada, pero eso no me importa. Todos podemos ser felices. Ella no era de esta ciudad, yo tampoco. Si alguien me hubiera contado lo devastador que resulta vivir en una ciudad cuando reina la delincuencia, yo habría dicho que no es posible, que eso no ocurre en la realidad. Yo venía de una ciudad tranquila, donde la muerte solo le llegaba a los viejos.
Me molestaba que ella estuviera completamente inmersa en su felicidad. Su novio o lo que él fuera le llevaba todas las mañanas e desayuno, algunas veces le enviaba flores a su trabajo, pero la dejaba regresar caminado a su casa. Yo estaba dispuesto a comprarle un carro pero a ella eso no le interesaba. Tenía un amor que bien podría durar una eternidad.

La había seguido dos o tres veces cuando ella se iba a su casa, caminaba todo el tiempo y la veía entrar y tan solo de verla ir sola por ese camino tan oscuro me llenaba de tristeza y no tenía razón para hacerlo o quizá sí, que importa.

Nunca tenía saldo para llamarme o eso era lo que me decía.

Deje de hacer tantas cosas o las cosas que más me importan. Un par de amigos han terminado su novela este año y quizá las publiquen a principios del otro. Me jode no ser disciplinado, no buscar la forma de que todo lo que hago llegue a su fin en el momento indicado, aunque no tengo ni puta idea de cómo identificar tal momento o si es que existe. Llevo muchos pensando en una historia que logre retratar todo lo que ocurre afuera, en las calles, pero confieso que en ocasiones me da flojera y no es que no sea algo importante, pero no creo tener esa capacidad de mimetizarme con algo que desconozco casi por completo. ¿Qué demonios es mi vida?, sigo sin tener idea.

Por momentos me abandono, no es que este enamorado de ella, eso sería una mentira sin sentido, me gusta la soledad pero hace mucho tiempo que ya no estoy solo, así que tal vez este mintiendo si digo que me sigue gustando. Ayer me encontré con él. Primero me sonrió, se notaba en su mirada que ya sabia algo y si no lo sabia ya tenía sospechas, esas cosas son así, uno sospecha y ya está, la vida se nos dificulta en todo momento. Me sentía un poco confundido. Por un lado lo que estaba por venir me tenía nervioso y jugaba a esconderme de la realidad por otro lado me ilusionaba por los libros que iba a escribir, ¿cuando los habría de escribir?, la cosa estaba igual desde hace más o menos unos 7 u 8 años. No había quien me ayudara, yo estaba solo en esta tarea.

Estaba muy cansado y no hacía otra cosa que recordar, aquella primera y única vez, me sentía despreciable.

Estuve a punto de irla a buscar a su casa dos o tres noches seguida, estuve a punto de decirlo que solo quería hacerlo con ella, estuve a punto de mencionar su nombre en todo momento, pero me contuve y salía a la calle a cualquier hora del día. Vi a un muerto a uno más, estaba abandonado debajo de un puente y su cuerpo ya tenía gusanos. Me gustaba salir de noche aventurarme por lugares que desconozco, de ser por mí, esa sería mi vida, todo el tiempo en la calle.
Fueron noche complejas y el tequila me estaba cansando. ¿Yo estaba enamorado o solo me estaba haciendo pendejo?, en realidad ella y yo fuimos amantes, aunque solo nos hubiera durado el gusto una noche. La felicidad eso es, un segundo, un instante y después todo se vuelve normal, rutinario e insultante.

Yo deseaba estar de nuevo con ella, pero cada vez me parecía imposible. Me abandone.

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La idea de beber era algo alternativo, no lo deseaba. La deseaba a ella.

Al día siguiente o quizá uno o dos tres días después la volví a ver. No vive muy lejos. Nos vimos a la hora que los mendigos se han escondido, parece que a los mendigos les gusta trabajar con el sol a todo lo que da. Las prostitutas reinan en las calles. Antes de llegar a su casa nos topamos con tres que se veían muy bien. Me pregunté: si tal vez las vería cuando fuera de regreso. Lo que vi fue un muerto. Por alguna razón los muertos no faltan en mis historias, y no puedo hacer mucho, pues siempre están en las calles, como si fueran parte de la escenografía del lugar, ese paisaje un poco triste y sin sentido. Ella estaba asustada. Yo solo bebía tequila, la cerveza no era de mi gusto. Estuvimos sentados un largo rato, nos tomamos las manos, nos dimos de besos, así como dos adolescentes que se esconden de todos y no puede frenar sus ganas por descubrir que hay más allá de los besos, debajo de la ropa. No sé cuánto tiempo paso, ni que paso después de tantos besos, me dolía tanto la cabeza que después de un rato ya estaba en casa y no tenía ni puta idea de cómo llegue.

Desperté en la madrugada, estaba junto a mi mujer, ella estaba totalmente desnuda. Me levante, tome un poco de agua; intente volverme a dormir, pero no lo logre. Me dolía todo el cuerpo y la cabeza, pensé que tendría otra de esas noches que por más que lo intento, no logro descansar. Había en la mesita de noche una buena cantidad de libros que no había podido leer y yo estaba muy desesperado. Fui a mi mesa de trabajo, la recordé a ella cuando pegaba su cara a la mesa y se entretenía leyendo algunos párrafos de mi novela, yo estaba por detrás y me dejaba acariciar por el roce de sus nalgas que para mi eran perfectas. Pensé en ponerle un nombre, algo que la hiciera especial y solo mía: Mariko. Era la mejor opción supongo, o tal vez: Em, desde luego que no lo había decidido y lo mejor era preguntarle a ella.

—Nunca me ames —dijo ella, mientras yo me deslizaba por el túnel entre sus piernas. Puedes quererme, consentirme, no olvidarte de mí y hacerme regalos, eso es algo que me gusta, pero no me ames, no vale la pena, además yo quiero al otro.
Él, seguramente se estaría retorciendo de alegría de saber que lo querían, que ella, que decía no creer en el amor, estaba perdidamente enamorada de él, enamorada y eso no se puede explicar pero es algo que le sucede todos los días.
Ella me dijo: el amor no existe, amar es cosa de tontos, llega el punto donde eso pierde sentido y entonces que vamos hacer, si sabemos que ya no podemos hacer nada más, tú o yo, nos iremos. Mejor no me ames y hagamos que esto dure lo que tenga que durar. Lo que a mí me gusta es no tener nada cierto y sentir que lo puedo perder todo, pensar en que lo puedo perder lo hace intenso y me apasiona, eso es lo que me sucede con él, tengo claro que un día ya no vendrá más, que se va a perder, que tal vez amanezca muerto en algunas de estas feas calles o se va con el pretexto de irse a estudiar y me olvida, me gusta esa incertidumbre, la rutina me da flojera y no logra excitarme nunca. El pretexto es lo que tengo, es algo desgraciado pero solo así lo puedo amar y perderme en esos deseos de estar con él. Lo explosivo no es vivir todos los días juntos. La rutina la dejo para los que no se quieren arriesgar, así que no me ames, mejor consiénteme.

No tengo claro porque ella me deseaba o si es que alguna vez siento ese deseo por mí. Solía oírme todo el tiempo y yo no hacía otra cosa que contarle mi vida una y otra vez. Ella era una mujer hermosa y quizá no tendría mucho mundo recorrido, pero había sufrido lo suficiente para entender todo lo que yo deseaba decirle. Estar cerca de ella, muchas veces era dejar que el deseo de estar dentro de ella se apoderara de mí y perdía todo sentido con la realidad, a veces creo que hasta me humillaba, pero nada de eso me importaba, si es que me importaba algo. Supongo que sí. Cuando me veían a su lado surgían comentarios, pero nadie me decía nada de frente.

—Yo también he pensado que no vale la pena amar, al menos no amarte a ti —le confesé y quede en silencio.

Obviamente yo prefería amarla, pero no tenía ningún sentido decirle, era claro que ella nunca más se volvería acostar conmigo y eso me dolía, no puedo decir cuánto, pero me dolía todos los días. Ella era morena, porque las morenas siempre me han gustado y no solo las blancas son hermosas.

Había tenido una puta pesadilla. Le conté a mi mujer que había soñado que me hicieron unos análisis y que salí positivo para la prueba del papiloma, eso más que un sueño era algo tormentoso. La ilusión de todo el mundo es tener una amante, es algo esencial y que nos conduce a realizar los sueños, pero si esos sueños se convierten en pesadillas, la cosa se complica. Yo me veía todo putito a la hora de dormir, me imaginaba que hablaría dormido y que confesaría mis andanzas, pero lo que más preocupo fue haber soñado que tenía el virus del papiloma y esa la forma más tonta de ser descubierto.

Si tenía un virus.

Nos despedimos fríamente, a la puerta de su casa. Ya lo habíamos hecho antes. Ella dice que su madre me vio cuando nos besamos y para mí fue como el pretexto ideal para que todo tuviera un fin, no por parte mía, sino por parte de ella.

El virus me mantuvo sentado en mi sillón-sofá por más de quince días. Me la pasaba sudando y con dolores de cabeza tan intensos que no quería saber nada del mundo. Todos esos días me olvide del trabajo, era como no tenerlo. Me acercaba un libro, pero no era capaz de leerlo, de escribir nada. Mi vida estaba fastidiada. El virus era algo temporal, algo que se curaría con reposo y tomando mucha agua.

En mi cuerpo su olor me estaba jugando momentos imposibles. Recordaba el sabor de sus labios y la cadencia con la que suele besar, mi vida se estaba tambaleando y eso me servía para regalarme otra noche más sin dormir, como si alguien más le importara eso.

La vida era intensa y con olor a pólvora, Em no deseaba perder en mi amor, tal vez era muy temprano para eso. Mis labios querían contarle todas las historias que estaba por escribir, aunque nunca fui bueno contando nada. Yo lo que deseaba era habitar en su cuerpo y me veo corriendo por todos los caminos, escondiendo mi erección y mi pasión por ella. Yo también tenía un amor, un imposible, un sueño que nunca se lograría y mientras me curaba de eso, me bebía todo el tequila que estaba a mi paso, el tequila era para los hombres, y la cerveza para los que no saben nada de la vida. Por instinto me refugiaba en mi lugar de trabajo, no dejaba de ver la mesa y de inmediato sentía su cuerpo. Yo montado en ella, de pie, mientras hacíamos el amor. Me venía un gemido incontrolable, una sensación donde yo no era dueño de mi cuerpo y veía sus pezones que era la imagen perfecta de la creación y sus tetas no tan grandes que me gritaban su nombre pero que yo no podía recordar, me pregunte: que tal que sus tetas son Marico y Em, eso sería perfecto. Nunca la había más que aquella noche.

Salía a la calle, no quería despertar a mi mujer y me perdí en los límites de la noche y por primera vez en mucho tiempo sentí miedo, un miedo irreparable, encendí un cigarrillo y me espere un rato para ver si se me pasaba. Yo sabía que ella no vendría más, pero me hacía falta creer que eso estaba por pasar, me hacía falta creer que éramos cómplices de los mismos deseos y fantasías. Esa noche ella traía un brasier negro. Yo sabía que cada noche despertaría en otra parte.

—Cógeme aquí —dijo ella— mientras cerraba los ojos. Métemela más adentro, hasta el fondo.

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