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Archive for 31 enero 2015

Cuando hablamos por última vez, él ya sabía que la había perdido, que era tal vez su última oportunidad y se veía muy deprimido, me dieron ganas de decirle que no importa la edad, que incluso con 80 años encima se puede conquistar a una, desde luego que tendría que ser de su edad, el parecía morirse de tristeza, así que  no le dije nada, a él en verdad le gustaba ella.

—¿Qué es lo que te pasa, Carl?

—Me ha dejado, se largo porque no podía soportar vivir con un marido engañado

—Cualquiera puede vivir una aventura Carl, no te entiendo muy bien

Carl se sonrió

—Se que no me vas a creer pero ella en realidad me gustaba, me gustaba tanto que hasta me atreví  a preguntarle: de cómo le iría sin  mí. Ella exploto y me dijo que era su vida y que yo no tenía nada que ver con ella.

No sabía que responderle.

—Nuestra sociedad está podrida Carl, hay tanta gente encerrada en sus mundos internos y en un pequeño cuarto, se pasan horas y horas con el teléfono en mano enviando mensajes sin parar, todo el día como si lo único importante fuera mantener el “contacto” vivo, se desviven por mantenerse conectados a sus redes sociales, sin ellas no son nada, dejan de respirar, no observan el sol y se han olvidado de cómo es la luna o la naturaleza, si ladra un perro piensan en bajar alguna aplicación para callarlos y matan a las arañas con sonidos que salen de sus dispositivos.

—Pues ella era así, y fue como terminamos.

—Entonces cuenta.

—Un día me envió un mensaje. Trabajamos en el mismo lugar, pero nunca nos deteníamos a platicar, lo que se dice una verdadera platica, casi siempre chismes y risas que no parecían tener sentido alguno. Un poco guapa, no la puedo imaginar con vestidos, flaca, no tiene un cuerpo estupendo pero si unos pechos generosos, a veces parecía no llevar ropa. Me dijo en el mensaje que había leído alguna de mis historias y claro después de eso yo me sentí atrapado y de inmediato quería saber más, así que comenzamos a enviarnos mensajes, hasta el punto en el que ya no podía parar.

—¿Un poco guapa?,  pregunté.

Carl se quedo callado, parecía estar pensando, supongo que sí, ahora todas me parecen guapas.

Entonces le dije que me cagaba la idea de que ahora maten a las arañas con una aplicación de sus dispositivos inteligentes y que no puede haber amor mediante mensajes, que no es como leer o escribir una historia, que además no tiene nada de romántico e como quien trata de tomarse una cerveza sin tomarla, que todo eso me parecía imposible. “Es lo mejor que nos puede pasar”, contesto él.

—Cuenta que paso después —le dije

—Bonita y muy flaca, ella no mataría una araña con su dispositivo, a ella solo le gusta oír música y platicar con sus amigos, creo que está muy sola, no importa que este casada, supongo que de alguna forma la han olvidado, aunque a ella eso le disgusta. Me contaba sus cosas, sus tristezas y la vida que le había tocado llevar, creo que de alguna forma yo le gustaba, pero luego vinieron los problemas, al marido no le gustaba que ella le pudiera poner los cuernos y yo no quería pedirle que lo dejara, tal vez ella nunca lo dejaría pero pude intentarlo, y lo que hice fue decirle que en cada mensaje que ella enviaba le estaba siendo infiel, quizá fue eso o que ella ya se había cansado de este juego que parecía no llevar a ningún lugar.

—La cagaste Carl, ella estaba en realidad enamorada de ti y tú al igual que todos los hombres solo querías joder, joder y lamer, debiste acercarte, besarla, divertirte con ella, demostrarle que la querías y luego presumes que puedes escribir historias y no fuiste capaz de darle rumbo a esta historia, te precipitaste y diste una respuesta incorrecta, era muy fácil cambiar la plática decirle lo importante que ella era para ti y luego así lo único que podrías logar es el final de la historia. Solo hay respuestas correctas y no lo que hiciste.

—¿Tú crees que ella va a regresar? —me preguntó

—No volverá —le dije y me levante

—Si tú pudieras ver esos ojos, esa boca y ese cuerpo que no logro imaginar con vestido alguno, flaca y hermosa y esos pechos, si tú ves esos pechos te pierdes.

—Lo que tienes que hacer es seguir escribiendo, quizá en alguna de tus historias ella lo haga contigo.

He soñado que me voy con ella a la cama, pero no podemos hacerlo, ella me habla de su gato y todo el tiempo cuando ya estamos a punto de hacerlo se nos aparece el marido, y no importa que ella quiera o que yo lo quiera o que no se aparezca el marido. No lo podemos hacer porque a mí me habían secuestrado y como muestra de que me matarían sino pagaban el rescate me habían cortado los genitales.

Me di media vuelta, eran las siete treinta y seis de la mañana mi turno estaba por terminar. No dije más y fui a visitar a la chica flaca, no era tan guapa como él decía, sentí hambre y pensé que para una mañana fría no me vendría mal algo caliente, pero no tenía ni puta idea de lo que podría ser, me rasque las axilas y me fui.

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Me aturde su silencio.  Estoy ausente tres o cuatro veces por semana de mi cama, alguien ha inventado el trabajo y yo quisiera ser gato o tener vida de gato e ir de la cama a los brazos de ella y no tener que conformarme con tanto silencio

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Soy de los que les encanta viajar, aunque mis viajes ya no son como antes que me quedaba dormido en una estación de tren o a la intemperie, pensé que nunca dejaría de ser pobre y es quizá en lo único que no me he equivocado, me quede calvo entre un viaje y otro, la verdad es que no me di cuenta cuando fue el momento exacto, solo notaba pequeñas perdidas de cabello pero nunca me preocupó, me habría gustado ser zurdo, no tengo ni puta idea del porque, pero me habría gustado, odio hasta el cansancio el trabajo y sobre todo odio a dos o tres que trabajan en el mismo lugar que ahora lo hago, no por otra cosa asociada con su estupidez y su forma corriente de ser unos chismosos y  groseros, si su madre fuera puta, la de esos cabrones, me las llevaría a la cama solo para hacerlos sentir de la chingada. Soy adicto a las mujeres y al sexo también. He viajado hasta la asfixia, me he perdido en placeres prohibidos, pero sobre todas las cosas he intentado escribir una historia, no para convertirme en escritor, sino para terminar de parir no sé cuantos dolores y tristezas que nunca fueron mías, desde luego que la realidad es que no se por qué demonios quiero ser escritor, quizá se trata de una extraña enfermedad. Estudié ingeniería pero decidí seguir pobre, supongo que la mayoría de los ingenieros son pobres, pero el caso es que decidí ser pobre y pasarme los días leyendo y no quiero olvidarme de Abril, pero cada día su recuerdo es más difuso y las ganas de verla se van haciendo añicos, ahora sueño desde luego con irme a New York y revolcarme en los brazos de Udele y hacerle el amor hasta que los labios se le revienten, pero nada de eso me prepara para la muerte o la alegría de estar vivo, nada de lo que hago o intento hacer me sirve porque la vida tiene esa cualidad un tanto extraño y que es la de no poder adivinar lo que sigue y una serie de eventos determinan el rumbo.

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Mi padre creía tener alas y dejo de caminar. Desde luego que él no quería dejar de soñar y tampoco deseaba ser pez. Sus pies nunca más tocarían la tierra, no tocarían nada y había aprendido el lenguaje de la calma y de las largas esperas, se había convertido en esclavo de los días en la cama, de la barba que nunca se afeita, de las voces que no salen, de los deseos, de los huesos rotos y de los malditos poemas que nuca fueron sus amigos. Mi padre estaba lleno de ausencias y de una vida robada.

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Un mundo mejor

Mi abuela por lo general  me decía hijo de Satanás y cuando se me ocurría decirle que me estaba haciendo un favor, ella explotaba y dejaba de hablarme por varios días. Mi abuela recordaría por el resto de su vida, cuando le dije que ya me tenía hasta la madre y que me hiciera favor de dejar de estar chingando.

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Vivía solo. Me habría gustado decir que vivía acompañado, que tenía a todas las mujeres del mundo, pero esa sería la mentira más cruel que me pudiera contar. Cerca de mi ventana ocurrían tantas cosas que en ocasiones llegaba a creer que estaba soñando. La última vez le dispararon a un tipo que se negaba a recibir el pago de sus servicios sino era en efectivo. El tipo era necio, pero la bala fue más dura y certera, después de eso quedo un largo silencio. Llegue a pensar que el tipo podría estar herido y me preocupaba porque nadie llegaba a auxiliarlo, entonces dije: este cabrón se va a morir, pero por nada salí de mi casa. Tenía a una mujer en mi casa, estaba ebria, no me importaba el olor de su aliento, tome sus pies y me los lleve a la nariz y solo entonces la vida volvía a ser agradable. A lo lejos se escuchaba el sonido de una grúa, algo estaría pasando, pero no tenía ganas de ponerme a observar en la ventana. La mujer roncaba en exceso.

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La engañe con dos mujeres a la vez: soy vulgar

Parece que las prostitutas se extinguieron. La ciudad esta llena de esa gente que nunca sabes de donde vienen, unos pasean en bicicletas, otros no dejan de correr, mientras que mi madre parece concluir un viaje que empezó hace 43 años y yo me pregunto quién demonios soy. Esta noche busco a las prostitutas pero parecen no estar.

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