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Archive for 29 mayo 2013

Los asesinos suelen cometer un error. Los escritores de relatos de asesinos suelen cometer muchos errores, entre seis o siete, pero lo que estaba claro es que Erwin no podría ser el asesino, aunque para Laura Blake, fuera el principal sospechoso. Otra cosa que no encajaba para nada con la muerte de esta pareja era la forma en la que fueron encontrados, no podría ser un sicario el actor material porque ellos no se preocupan por los detalles, ni por acomodar los cuerpos de sus víctimas y sobre todo, sus escenas del crimen suelen quedar manchadas de sangre. Un crimen pasional. Es lo único que se me ocurría. Esta historia no tiene sentido si lo que se intenta es engañar al lector a lo largo de un número determinado de páginas. No se trata de ir contando cada uno de los eventos guardando un poco de la historia para que al final el lector nos abandone o para sorprenderlo con una historia que carezca de sentido.

La noche en que murieron llegó primero un coche patrulla, acudió al llamado de unos vecinos, que se toparon con los cuerpos sin vida, cuando regresaban del trabajo. Los agentes de la policía vieron la puerta de la casa abierta y una pequeña luz que salía del interior de la misma. Antes de entrar me llamaron; me dijeron que se trataba de un doble homicidio, ellos pensaban que se habían topado con un caso extraño o eso les parecía a ellos, su olfato de sabuesos entrenados en el crimen les advertía que aquello estaba fuera de cualquier rutina. Para cuando Laura Blake me llamo, yo había recorrido casi todos los rincones de la casa. No tenía claro si era parte de la escena del crimen, pero llamaba poderosamente mi atención.

Algunas cosas seguían dando vuelta en mi cabeza. Resulto por ejemplo que las tarjetas de crédito que se habían encontrado cerca de los cuerpos, eran clonadas y eso no ayudaba en nada para resolver el caso. El dinero en efectivo era poco, así que la idea de se tratase de alguien importante también se tenía que descartar, en cuanto a los preservativos, surgían dos variantes, la primera es que el dueño de ellos era una persona joven que le gustaba andar preparado por si se presentaba la ocasión, la es que pertenecieran a la persona muerta y que la mujer que estaba con él, fuera su amante y para él resultara importante protegerse o que ella fuera una prostituta, lo cual quedo descartado al comprobarse la identidad de ella y su oficio.
Lo de la memoria usb, aún no se lograba acceder a ella, la navaja parecía ser un artefacto de lo más común y las croquetas para perro no decían nada. La hoja en blanco doblada en cuatro quizá tendría algún significado pero nadie podría atreverse en este momento a lanzar una teoría acerca de ella. Las cuatro balas calibre 32, esas significan algo, quizá era la única pista verdadera que se tenía, habría que trabajar en ella. Pensamos en una Browning, en general una calibre 32 resulta ser un arma de mujer, pero la ropa era de hombre, pensé que si la ropa no pertenecía al muerto, y de pertenecer al asesino, entonces la posibilidad de que el asesino fuera gay, se multiplicaba, igual y el muerto era gay. Creo que nunca antes me había sentido tan desorientado.

Crimen pasional, de eso se trata fue lo que me dijo Laura Blake.

Laura Blake estaba enamorada de Carlos. Lo de él era ser un detective literario. Ella gustaba de la poesía, ese era quizá su mayor talento. Al estar enamorada le resultaba más fácil deducir lo que sucede, no dejaba escapar los detalles, las emociones basadas en los acertijos eran su fascinación. Ellos hacían una pareja explosiva, aunque Carlos nunca le había confesado lo que sentía por ella.

La policía tenía una teoría simple. El par de homicidios era del orden pasional. La chica que era novia de un tipo con probables nexos con el crimen organizado, le había sido infiel con un hombre mayor del que nadie sabía nada; se presumía que el desconocido o bien era un delincuente más que había llegado a la ciudad para engordar su cartera o se trataba de otro soñador que se había quedado de este lado del río y había abandonado su ideal del sueño americano, como sea nada de eso tenía importancia. Pues bien tenemos la escena del crimen del que se deduce un crimen pasional y lo extraño del caso es que ambos estuvieran tirados a la entrada de la casa del novio, pues eso lo hacía ver como el único sospechoso. Se desprendía de que esos cuerpos estuvieran tirados a la entrada de esa casa lo siguiente: el amante de la chica había sido llevado hasta ese lugar a base de engaños, a ella la habría llevado el novio con la promesa de algún regalo, ya reunidos en el lugar quizá fueron amagados con un arma mientras el asesino llevaba a cabo su venganza. Les dieron muerte con arma blanca, se presume el uso de un verduguillo. El asesino intentó sacarlos de su casa, primero arrastro el cuerpo del hombre que estaba al frente y después acerco el cuerpo de la mujer, pero algo lo hizo entrar en pánico y salió del lugar a toda prisa. Así que todo estaba claro, habría que encontrarlo y dar carpetazo al asunto.

Yo no podía creer que los policías creyeran que el asunto había sido fácil e insípido, esos homicidios eran una obra de arte, en los cuerpos no había marcas de tortura, la herida en cada uno de ellos había sido elaborada con detalle, con gente que sabía dónde y cómo acabar con las vidas de estas personas. El lugar fue escogido como un escenario, no como el lugar de los hechos, fueron acomodados en ese lugar obedeciendo un capricho natural del artista de ese crimen. Era semejante a la obra de Ron Mueck: “Pareja acurrucada”. La misma disposición, la cosa tenía un sentido estético.

Había dormido poco últimamente. Los sueños te he dicho que me persiguen todo el tiempo. Incluso el sentido de la realidad parecía distorsionado. Dos o tres veces me había encontrado con mis pequeñas hijas y ellas reían llenas de alegría. Lo que se repetía siempre era que ellas me señalaban ese cartel donde se anunciaba una exposición fotográfica. Llegue a pensar que todo eso me sucedía por mi obsesión con este asunto y porque no deseaba olvidarme de lo que les había pasado a ellas. El viajero. La exposición era de retratos de algunos rostros antes de entrar en los campos de la muerte. Era algo extraño que una persona en especial pudiera estar presente en diferentes momentos de la llegada de la muerte. Lo complejo del asunto es que pocos repetían el escenario y ni uno de ellos había muerto en un hospital no dejaba de preguntarme como es que lo lograba, pero lo que en verdad me tenía preocupado era el mensaje que mis niñas me intentaban dar y que yo no lograba descifrar. Pensé que me estaba dejando llevar por mi coraje y mi tristeza, quizá era tiempo de hacer las cosas de forma objetiva.

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89

Laura Blake me llamo. Sus investigaciones han dado algunas respuestas. Me ha dicho que nos tenemos que ver, que es necesario que vaya esta noche a su departamento. Ella y yo nos conocimos el día que llegue a esta ciudad. Venía aún con una profunda tristeza, la muerte es así, llega y destruye a todos los que nos quedamos.
Era la 1.30 de la madrugada cuando Laura Blake me llamo. Yo la vi hasta la 1.32, me abría gustado llegar lo más rápido posible, pero uno no puede correr e mitad de la noche en esta ciudad, casi siempre te confunden y lo confieso, tengo miedo a que me disparen porque crean que pertenezco a determinado bando de delincuentes, así que cuando salgo de noche, voy lo más lento posible, prendo las luces interiores del auto y procuro no hacer el cambio de luces, las altas no se deben usar ni por error. Evito pararme en las calles no es estrictamente necesario, como quien dice a lo que voy sin vacilar. Vidrios abajo y ausencia total de música. Siempre alerta.
Saque la llave del departamento de Laura Blake y entre a su departamento. De alguna manera ella estaba enojada conmigo, me había pedido pasar un fin de semana en casa de su familia, deseaba presentarme como su novio y la verdad es que entre nosotros existía fuego, pero no el tener que llamar de alguna forma nuestra relación. Llegue con la esperanza de meterme a la cama con ella y de disfrutar lo que nos quedaba de la noche.
Entre. Laura Blake estaba de pie en el pasillo, hablaba por teléfono. Levanto la mano izquierda y me hizo la señal de que guardara silencio, luego abrió los dedos y acerque los míos hasta que quedaron fuertemente enlazados, en ese momento experimente una erección descomunal. La abrace sin interrumpir su llamada y su olor me desquicio. Sobre la mesa, había unos papeles y unas fotos de los cuerpos que días atrás habían encontrado. Ella termino su llamada y me dijo que se habían atado algunos cabos. El escenario principal del crimen, seguía sin ser descubierto, pero avances se tenían.
Laura Blake, llevaba un pequeño bikini, rojo con ciertos vivos negros, su piel apiñonada, suave, deliciosa al tacto y al gusto, el resto de su cuerpo, estaba completamente desnudo. Me beso.

—Antes de que otra cosa suceda te cuento —dijo ella. Sabemos la identidad de la chica.
—¿Lo han confirmado ya? —dije, mientras le acariciaba los senos. ¿Es confiable la información?
—María Betania —dijo ella.
—Hablaron ya con su familia —pregunte entre asombrado y caliente.
—No creo que sea necesario

Era una recepcionista de un hospital famoso. Era de Colombia, tenía 24 años. Lo que no sabemos aún es quién demonios es él. La identidad de ella fue confirmada por la mujer de aquella casa. Supongo que la recuerdas. Nos dijo que María Betania era novia de su hijo. Que estaban peleados y que su hijo llevaba un par de días que no llegaba a la casa. La mujer nos dijo que si, su hijo llegaba en la noche, ella no se enteraba, por cuestiones de su trabajo. Pero que tenía un mal presentimiento y que con los malos presentimientos de una madre no se juega.

—¿Es entonces el hijo de esta mujer el principal sospechoso? —dije.
—De momento si, pero es lo único que tenemos —dijo ella.

Él se llama Erwin. 21 años. Tiene antecedentes y los vecinos dicen que dejo la escuela hace mucho y que ahora trabaja para la mafia, así que es un fuerte candidato, desde luego que el principal problema en este momento es poder encontrarlo, nadie lo ha visto desde hace varios días. Los vecinos creen que Erwin es un sicario, pero no lo pueden confirmar. Nadie los vio llegar. Nadie sabe cómo es que los cuerpos llegaron hasta ese lugar. Alguien me dio su teoría de los hechos dijo Laura Blake. Según esta teoría. Erwin llego a su casa y se encontró a la novia en los brazos de algún amante ocasional de la madre, uno de esos amantes que pagan por un buen servicio y después se pierden. Al llegar a su casa Erwin los descubre en la cama de su madre, supone de entrada que el tipo le ha pagado a María Betania, por sus servicios y ella no ha dudado ni por un segundo ganarse esos pesos, así que victima de sus celos, los mata a los dos, pero como el trabajo de Erwin es seguramente el de sicario y desde luego ha encontrado una forma de no dejar rastro de sangre en la escena del crimen, pues eso hace y es lo que mantiene a la policía ocupada buscando la supuesta escena principal. No dije nada, me parecía una teoría absurda y poco digna de ser tomada en cuenta. Quería pensar que ese asesinato iba más allá de la muerte por celos. Me intrigaban los cuerpos desnudos, la posición de los cuerpos y sobre todo el mensaje existente en la escena del crimen. Seguramente dejamos pasar algunos detalles, seguramente teníamos la necesidad de reconstruirlo todo paso a paso hasta lograr desentrañar lo que en realidad había sucedido, un crimen pasional era un insulto a nuestra inteligencia, pero sobre todo carecía de sentido. Laura Blake dijo que a ella, esa teoría le causaba risa y un poco de pereza, pero que tenía que contármela por si yo era capaz de encontrar en ella algún rasgo de verosimilitud.

Así que estaba claro. Teníamos el nombre de una de las víctimas. Ocupación, edad. Ciudad de origen. Algunas entrevistas con sus compañeros de trabajo, que revelaban el carácter alegre y facilón de María Betania, que no dudaba por un segundo aprovechar la ocasión para divertirse. Pero cuando les mostraron a sus compañeras la foto de la otra víctima, dijeron no haberlo visto nunca. Con la foto de Erwin paso lo mismo. Nadie lo había visto nunca.

Entonces Laura Blake me dijo:
—Sabes que sigo enojada contigo, lo sabes verdad.
—Sí, lo sé —dije
Ella se quedo callada y después de un rato preguntó:
—¿Me quieres Carlos?
Entonces le dije
Sabes muy bien que te quiero.
—No me mientas cabrón. No está bien mentirle a una mujer policía y si lo haces te vas a meter en un lío muy serio, sabes que soy capaz de cortarte los güevos, así que mejor ve pensando lo que vas a decirme
—Quiero hacerlo Laura —fue lo único que pude decir.
—Tan solo dime la verdad Carlos, no seas un cabrón conmigo, no esta vez, por favor.
—Yo siempre te digo la verdad cariño —le dije.

Entonces ella comenzó a besarme con una pasión para mí desconocida, se levanto de la cama y se quito el bikini, y recorrió un pequeño pasillo para meterse al baño. Hice lo mismo, me levante ya desnudo y me metí al baño con ella. Aquello podría ser una locura. Entonces comencé a recordar, las cosas tal vez las recordaba no como habían sucedido, pero estaban en mi mente dando vuelta y me hacían temblar y en medio de nuestros sexos, cuando ya estaba a punto de experimentar el placer más desquiciante lance un grito que bien podría haber dejado sorda a Laura Blake.

Porfirio había matado al perro. Mi padre me había corrido de la casa porque pensaba que yo era mariquita. Mi padre odiaba que yo no pudiera comer usando la mano derecha y odiaba que yo le dijera una y otra vez que deseaba ser escritor. ¿Quién demonios era el viajero?, ¿qué tenían que ver mis sueños con la muerte de Sandra, mi mujer?, ¿Dónde demonios estaban mis hijas y Sandra?, eran tantas cosas y nada parecía tener sentido. Quién era ese hombre que apareció muerto a lado de María Betania, pero sobre todo por qué lo habían matado. Laura Blake me mordió la oreja y me dijo

—Vamos a la cama, pronto nos va a amanecer
—Yo quiero ver el amanecer a tu lado, quiero estar así siempre —le dije.

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55

Últimamente había tenido sueños raros, se repetían casi todas las noches. En el sueño, Sandra me toma de la mano, estamos en el lugar del accidente donde ella y mis niñas perdieron la vida, mis niñas están atrapadas entre el cinturón de seguridad y las láminas del carro. Sandra no habla, me lleva de un lugar a otro, cierra los ojos e intenta mostrarme algo, pero no lo entiendo del todo, es entonces cuando comienza a pasar. Un auto llega a toda velocidad y e impacta en un costado el auto de Sandra, lo que hace que ella pierda el control y el auto comienza a dar volteretas, hasta que se detiene con las llantas hacia arriba, se oyen llantos, gritos de desesperación, mis niñas me llaman y no puedo hacer nada, estoy en ese lugar, pero no me pueden ver, me resulta imposible sacarlas y entonces suelto un grito sin sonido y Sandra se lleva la mano a la boca y me pide que calle, me acaricia, lo siento por todo el cuerpo, mi piel se eriza, pero no estoy consciente de que eso es un sueño. El auto que las ha impactado se detiene algunos metros adelante, se baja un hombre alto, joven, de nariz prominente y saca una base para apoyar su cámara fotográfica, yo no lo puedo creer. Pensé que correría ayudar a mis hijas, ya no veo a Sandra, ahora escucho sus gritos desde el interior del auto y no puedo hacer nada. Tardo en comprender el sentido del sueño, lo que ella, mi mujer deseaba era mostrarme a ese monstruo, él las ve sufrir y no deja de accionar el obturador de la cámara, una y otra vez, parece no tener fin la agonía de mis mujeres, mientras que el rostro de él se ve iluminado. Podría reconocerlo si lo veo cruzar una calle o si me encuentro con él en la estación del metro o cualquier otro rincón del mundo. Tengo ganas de hacerle el daño más cruel, reclamarle al muy cabrón por haber dejado que mis niñas y mi mujer murieran absurdamente, mientras él se deleitaba tomando fotos, pero sobre todo tengo ganas de acabar con su vida porque es el culpable de terminar con la vida de mis mujeres. En las placas de su auto se puede leer la leyenda: El viajero. No tengo idea de lo que significa todo eso. Despierto espantado. He sudado mucho. Tiemblo. Cerca del auto de mi mujer la policía encontró el collar de un perro. Tenía la misma leyenda que las placas: El viajero.

¿Qué demonios significa todo aquello?, no lograba entender el sentido de esos sueños.

He llegado a pensar que esos sueños no son otra cosa que un estado emocional, un estado con el que mi mente intenta justificar la culpa que siento. El collar del perro encontrado en la escena del accidente lo tengo en mi mesita de noche, ahora no le quito la vista de encima. Repaso en mi mente los detalles del sueño, son tan reales, como si aquella tarde yo estuviera de viaje con ellas. No pude hacer el viaje. Sandra me rogo para irnos todos juntos, pero yo no fui capaz de abandonar mis obligaciones en la empresa de su padre. Me justifique y quizá porque a ambos nos encantaba tomar fotos, en mis sueños se me aparecía el fotógrafo. ¿Acaso era esa una señal?, tal vez Sandra trataba de decirme algo.
No solo la veía en sueños, un par de veces antes de entrar al metro la vi sentada en uno de los escalones. Se levanto y me tomo de la mano, no dijo nada y yo sentía su presencia, no sabía qué hacer con tanta gente, tenía miedo que la lastimaran, pero al mismo tiempo tenía miedo que descubrieran que ella estaba muerta, que me la alejaran para siempre. Lo peor que podría pasar en realidad es que descubrieran que yo iba hablando solo y se rieran de mí.

Me resultaba imposible creer que existiera un fotógrafo capaz de no sensibilizarse ante el dolor de los demás, pero sobre todo que sintiera ese extraño placer de retratar los rostros en esos segundos que anteceden a la muerte. Pensé que todo eso, solo podría ocurrir en mi imaginación. Veía a Sandra en todos mis sueños, tanto que comencé a desesperarme, así que pedí ayuda, me recomendaron a un especialista famoso, pero poco pudo hacer. Conforme pasaba el tiempo se fue haciendo más y más común encontrarme con Sandra. Un día me tomo de la mano y me llevo por una calle, hasta quedar frente a ese gran cartel, donde se anunciaba la presentación de una exposición fotográfica: Los rastros antes de la muerte, por Anto Nikon, en una de las fotos que promocionaban el evento, se alcanzaba a leer la frase: El viajero. Pensé que me estaba volviendo loco.

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34

La foto más vieja que tengo, es la de un niño en ropa interior, llorando. En ese tiempo aún tenía cabello, era algo abundante y chino o crespo como se diría en algún otro lugar. Tendría unos 8 años, fue uno antes de que me marchara de casa. Mi padre al que siempre le he dado el titulo de pseudo-padre, me había pegado porque yo no deseaba comerme la comida porque tenía mucho chile. El argumentaba que para ser un verdadero hombre, era necesario que yo comiera mucho chile y como esa vez no quise, se le hizo fácil pegarme, eso no me dolía, lo que si me lastimaba, era su insistencia por llamarme puto, maricón, gay. Creo que para él, lo importante era ser macho y yo andaba de sensible y fue por esa época cuando le dije que yo deseaba ser escritor y entonces la cosa se puso peor y mi relación con el se torno agresiva.
El perro me lo había regalado una de mis tías dos o tres años atrás, eso es lo que recuerdo, era un perro blanco; le gustaba correr por toda la casa, era alegre, y nos queríamos mucho. Me dijeron que uno de mis vecinos lo había envenenado, que le había dado carne con pedazos de vidrio y que eso fue lo que le causo la muerte. Todo mundo me acusaba de decir mentiras. Yo no digo mentiras, solo me gusta contar historias y todo mundo sabe que las historias no se pueden contra tal y como sucedieron, necesitan algo que haga resaltar los hechos y sobre todo que el interesado pueda entender a la perfección lo que deseas contarle, pero eso no lo sabían mis vecinos y les resultaba más fácil llamarme mentiroso. Me daba igual. Antes de irme de casa y de la ciudad pase a la casa de mi vecino, para interrogarlo.

—¿Mataste a mi perro, Porfirio?
—Yo no mate al perro —me dijo.
—Sé muy bien que fuiste tú.
—No fui yo, te lo juro —dijo él
—Sabes que no está bien decir mentiras y que si lo haces te vas a meter en problemas —dije.
—Si —contesto él.
—¿Sabes quién mato al perro? —le pregunte.
—No —dijo.
—¿Estás seguro que no lo sabes?
Y él dijo:
—Yo siempre hablo con la verdad.

El día que me corrieron de la casa, me fui a la central de autobuses y compre un boleto para la siguiente salida. La ciudad de México. Yo tenía doce años y pague el boleto con el dinero que le robe a mi padre. Llegar a la ciudad de México, es como estar en un gran enjambre de abejas y uno es como una hormiga, sí una hormiga roja. La idea del enjambre es en todos los sentidos, el ruido constante, es como un gran zumbido, como un estadio lleno. Pero el enjambre también se deja sentir cuando viajas en el metro o en el colectivo (bus, peseros, en otros lugares), en la vida diaria está presente el enjambre, si te pican las abejas estas en peligro de muerte. Llegue sin conocer a nadie. Me sentía bien, me había escapado del yugo de ese hombre que me hacía sentir agonizante no podría existir nada peor que eso. La ciudad era el espacio perfecto, pese que al llegar me ardieron los ojos, la gente me decía que era algo normal, que estaba en el aire: es la contaminación, me decían. Me enamore de inmediato del centro. Cuantas gentes tendrían un perro y cuántos de ellos no habían muerto envenenados, fue lo primero que me pregunte. Tome el transporte y me deje llevar, fui a dar al norte de la ciudad. Una familia me recibió a cambio de que me encargara de tener ordenado el jardín y de ayudar con las tareas de la casa. Esa primera noche me sentí afortunado, pero por desgracia no pude ver una sola estrella, el cielo era muy gris y eso lograba entristecer a cualquiera.

Si esta historia fuera una novela de mi vida, no tengo idea de cómo poder escribirla, ese es el problema, las cosas personales requieren de un ritmo exacto, de una voz particular que no se mezcle con mis emociones.

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21

Cerca de la escena del crimen habían encontrado la ropa de un hombre que coincidía más o menos con la talla de nuestra víctima. Así que la levantaron y la procesaron por si tenían algo que ver con el caso, se encontraron en los bolsillos del pantalón una serie de objetos y que posiblemente ayudarían a la solución del caso, si es que tenían que ver con el caso, las cosas encontradas son las siguientes:

1. Una cartera color café, con tres tarjetas de crédito, dinero en efectivo y un par de preservativos
2. Una memoria usb de 16Gb, la cual estaba cifrada y no se podía acceder a los archivos de buenas a primeras
3. Cuatro balas calibre 32
4. Una navaja
5. Un llavero que contiene: una llave de casa, una de un auto y una pequeña llave con un número y una leyenda; “Su tranquilidad en nuestras manos”, quizá sea la de una caja de seguridad
6. Unas croquetas para perros
7. Una hoja en blanco doblada en cuatro

Uno no puede entender los caprichos por los que pasa el actor intelectual de un asesinato, como tampoco es posible entender porque un escritor que no lo es, busca darle una estructura sin sentido al número de capítulos de esta novela. Todos ya se habrán dado cuenta que no existe un supuesto orden, el primer desorden viene del capítulo inicial al que he bautizado como capitulo cero y luego un par de capítulos como el uno, y del tres me salto al cinco, del cinco al ocho y del ocho al trece. Es digno de llamar nuestra atención tal desorden. Decidí enumerar los capítulos usando una sucesión de números, llamada sucesión de Fibonacci y se obtiene:

Cada número se calcula sumando los dos anteriores a él.

El 2 se calcula sumando (1+1)
Análogamente, el 3 es sólo (1+2),
Y el 5 es (2+3),
¡y sigue!

Desde luego que comenzamos con el cero.

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13

Esta no es una historia de amor, al menos no se pretende eso. Tampoco es la gran historia y no pienso contar chistes para distraer al lector cuando ya no tenga nada que hacer. Pero antes de continuar creo que es justo contar una historia de amor para que los lectores no me reclamen más adelante de lo árido que puede resultar una historia policiaca sino contiene escenas de amor. Supongo que esta historia vale por todas las historias, aunque sea un poco trágica.

Conocí a Sandra en la universidad, ambos estudiamos ingeniería, yo me especialice en robótica mientras que ella se había especializado en diseño de automatización industrial. Era la única mujer en mi grupo de ingeniería. Cuando llego al salón de clases, me parecía la mujer más fea de este mundo, además de que era muy delgada. Un año después, comencé a fijarme en ella, digamos de una forma más romántica y fue en un partido de beisbol, cuando nos besamos por primera vez, lo hicimos sin que mediara entre los dos un compromiso o un nombre para lo que nos propusimos hacer. Solo nos besamos. Para el cuarto año de la carrera, ella me gustaba como nadie en esta vida, era la mejor mujer, con la mejor sonrisa y el mejor cuerpo, quizá para mis amigos o compañeros de la escuela ella seguía siendo una mujer muy fea, o quizá no, nunca les pregunte. A final de ese año nos fuimos a vivir juntos, rentamos un departamento y con lo poco que yo ganaba en el taller de mecánico de mi tío, nos alcanzaba para vivir, aunque cada vez, se volvía más necesario arreglar más y más motores para poder pagar los gastos. Sandra recibía una pensión mensual por parte de su padre, que era un tipo muy poderoso, dueño de un par de empresas, donde más tarde terminaríamos por trabajar los dos. Me refiero desde luego a Sandra y yo. Nunca nos casamos. Nos gustaba desvelarnos y hacer el amor en cualquier parte de la casa, aunque en las noches nos gustaba salir a la calle y buscar una cabina telefónica decente, donde se pudiera hacer el amor. Acá, hablo de México, no hay muchas cabinas decentes, no como las que existen en Inglaterra, me habría gustado tener una de esas a la mano, le habríamos dado buen uso. Lo que si teníamos, eran cajeros automáticos, donde poder refugiarnos. Nos metíamos en ellos y tapábamos, con alguna cinta adhesiva el lente de las cámaras de video. Fueron buenos tiempos no me puedo quejar. Unos tres después de vivir juntos, el papá de Sandra nos exigió casarnos si es que íbamos a seguir juntos. Ella era hija única y él deseaba dejarle todo lo que tenía, que el negocio fuera algo más familiar. Lo hicimos, nos casamos, tuvimos dos niñas y luego ella y las niñas me dejaron y mi historia se volvió muy triste.

Se supone que esta es una historia de amor, tal vez una historia plana aunque los personajes viven algo, cambian conforme pasa su vida, y las cosas tienen algún significado. No quiero que esta historia se vuelva una especie de juego donde cabe la posibilidad de contar dos historias en una, al menos no quiero contar esta historia, es como si te estuvieran contando dos personas a la vez una historia diferente, eso me pone de malas y no es nada agradable.

Es por eso que este libro no puede ser una historia de amor, de ser así me la pasaría hablando todo el tiempo de Sandra, de mis hijas. Me dolería.

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8

Laura Blake me llamo a las 5.30 de la mañana del mismo día en que encontramos los cuerpos desnudos de estas personas que alguien mañosamente había dejado en posición de “cucharita”. Era domingo. Me dijo:

—Tienes que venir al forense
—No recordaba el caso de hace unas horas, sin embargo le dije, voy enseguida.

Cuando nos despedimos esa noche Laura Blake y yo, le dije que tenía ganas de pasar por su departamento. Ella es una mujer atractiva, ronda los 36 años, tiene un cuerpo muy bien cuidado, unas anchas caderas y le gusta ser violenta cuando detiene algún sospechoso. Su rostro no es tan atractivo, tiene una herida que va del mentón hacia lo oreja izquierda, bien podría ir de la oreja izquierda hacia el mentón. La herida se la había hecho uno de los capos de la mafia local, un día coincidieron en una fiesta y el mafioso insistía en tener una aventura con ella. Como Laura Blake se negó, el tipo saco la navaja y antes de que ella pudiera reaccionar, la rayo. Aunque la herida no es la culpable del atractivo que ella no posee en su rostro. Apenas llegue a esta ciudad y me puse a buscar trabajo. Un amigo me llevo a un hospital, me recomendaron para hacerme cargo del área de mantenimiento. En la primera noche me pidieron que fuera a regular el flujo de aire frío de una de las habitaciones y fue en ese lugar donde nos conocimos. Le conté que no era de la ciudad y que me había mudado tratando de encontrarme con ese yo interno capaz de escribir historias. Ella me dijo que tenía algo para mí, un lugar con historias inagotables y que la fuera a buscar una vez que ella saliera del hospital.

—Soy policía—dijo ella y se llevo la mano a la oreja izquierda. No uso uniforme, ni placa, me dedico a investigar homicidios y dentro de esa área hemos montado una pequeña red de inteligencia que trata de dar con la localización de los líderes del crimen organizado, digamos que tenemos un pequeño grupo de inteligencia.

Me hizo prometer que la iría a buscar. La idea me venía como anillo al dedo, pues ya saben que a mí me gustan las historias de policías. Esa noche no platicamos mucho. Fue ella quien me acerco a ese grupo de inteligencia y cuando pasaba algo interesante y no solo los homicidios, ellos me llamaban. Mi extraña forma de pensar, un tanto lógica y dominada por el razonamiento matemático, solía ayudar a resolver alguno de los casos, por lo que cada vez me tenían más confianza y yo había ganado cierta reputación con el grupo. Ella era el investigador privado en esta historia y yo, el ayudante, tal y como suele suceder en todas las historias policíacas.
Llegue al servicio médico forense. Me estaba esperando Laura Blake. El forense le había llamado porque según él había hecho un descubrimiento importante para la solución del caso. A los muertos, los habían dejado sin una gota de sangre. Para el forense el tipo de herida sugería que alguien con mucha habilidad había realizado la punción y con una bomba se había encargado de drenar toda la sangre. Yo aún estaba un poco dormido y se me ocurrió vacilar un poco y les dije que se trataba de un vampiro, algún moderno vampiro había disfrutado al máximo mientras ellos hacían el amor y cuando ellos se quedaron dormidos, el aprovecho para dejarlos de sangre. Laura Blake y el forense voltearon a verme con un gesto que lo decía todo.

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