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Archive for 28 febrero 2014

Retazos de un diario no escrito

De regreso a la realidad.

Mujeres exquisitas que huelen a cuerpos desnudos que no quieres voltear a verlas porque sabes que en ese instante pierdes todo contacto con la realidad y porque también pierdes la vida. En el sueño la vida entra y sale, no es como en el coito, ni como en cualquiera de mis alucinaciones, es algo entre la realidad y la no realidad y no porque sea un sueño, sino porque en ocasiones algunos no regresan se quedan soñando interminablemente, como un viaje al infinito. En el coito todo entra.

Soy el más viejo de todos.

Te fijas en ellas, no importa que al hacerlo te llegue ese olor  a mujer desnuda, la vida no es nada si no te arriesgas por ellas, además todo en este vida gira alrededor del sexo, así que porque no hacerlo, aunque ellas sean las novias de la mafia y las representantes de la belleza del país, quien dice que no se pueden hacer dos cosas a la vez, quien así lo crea, está influenciado por sus padres que de seguro eran o siguen siendo egoístas. Prefiero el whisky que al cigarro y últimamente tarareo una de Passenger: let her go, podría empezar esta historia así, con la letra de la canción, pero no lo he hecho y entonces esta es ahora otra historia que cuenta otra cosa, como cuando hablas de una u otra enfermedad. Me gusta la música suave.

Cuando entras a un motel barato (la verdad es que no importa si es barato o no), ya no puedes regresar a casa con la misma confianza que antes y entonces dudas de todo y de todos, como si los demás tuvieran culpa alguna de lo que tú haces. Así que ya no te sientas a esperar cuando estas solo, te desesperas, estas a un paso de tomar más de lo que acostumbras, incluso piensas en un pericazo, ya sé que suena anticuado, pero es más seguro que el cocodrile y todas esas hierbas modernas. Cuando sales de ese motel barato, ese motel que esta camino al desierto que no es tan desierto y que se ve poblado de cuerpos sin vida o de manchas de sangre por todos lados, sabes que renunciaste a la felicidad y si te atreviste a entrar a ese lugar con una de esas mujeres que huelen a sexo que es lo mismo que las mujeres que huelen a cuerpos desnudos, sabes que estás desterrado del mundo, no solo de tu casa, desde luego que eso no pasa nunca o alguien se atreve hacerlo sabiendo que está en juego su estancia en cualquier parte de este mundo.

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Retazos de un diario no escrito

No dejo de ser un sentimental, no he tenido que renunciar a nada, mi viaje a la frontera, mi vida en la frontera se puede leer como ganancia total, ya no tenía casa en otro sitio, quizá unas cuantas paredes, porque las casas no se reducen a esa cuenta obsesiva de cuatro paredes, pero esas paredes ya no significaban nada para mí, quizá porque todo o casi nada de lo que tenía estaba roto. Me gustan los gatos, no sé por qué demonios pero me gustan. Casi sin querer mi vida dio ese cambio, una especie de giro, una segunda oportunidad, una clase de situación imposible, algo que nadie, ni siquiera el mejor de los adivinos podría predecir. Yo no creo en los adivinos, aunque mi madre insista todos los días que mi abuelo es un gitano de los que leen mi mano y que herede de él el gusto por dos cosas: los viajes y el entender del futuro, supongo que herede el gusto por viajar de forma errante y las deudas, esas que nunca se pagan. No sé cuantas veces entre a un motel, eso ahora ya no importa. Yo cada día soy más viejo y es fácil decirlo.

 

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Retazos de un diario aún no escrito

Podría decir que el frío no termina de calentar motores, que hemos tenido un invierno de risa, que prefiero los moteles baratos, de los que te cobran por hora, que me gusta la cerveza ligera, que la carne asada aunque no es mi pasión hace llevadera la vida, podría decir que esta es la frontera, que no es tan árida como la imaginaba, que sigue estando lejana de aquel lugar donde jugaba de niño pero que acá también hay huizaches y mezquites y todos esos centroamericanos que poblaron mi infancia, pero seguro que nada de eso tiene sentido, a menos que quiera hablar de la nostalgia, de la nostalgia como esa incapacidad de regresar a un pasado que parecía prometer mucho o de regresar simplemente a un punto de la vida y quizá esa es mi obsesión, el regreso sin importar a  que punto, lo importante es regresar.

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Tengo 42 años que no es la gran cosa. Yo habría deseado que nunca se fuera Udele, sobre todo a New York. No quería publicar esos anuncios en el periódico y después en el Internet: “busco amante estable, que quiera dar amor y mucho respeto, que sea incorregiblemente fiel.” Udele desde luego pensó que estaría mejor en New York, cada que ella salía de sus talleres de creación literaria se iba de copas con Delillo, yo me pasaba las horas sentado, hurgando en las historias de los demás y de chat en chat. Seguramente Udele sería una gran escritora, una de las que escriben cuentos, yo que deseaba ser su amante tenía poco que ofrecerle y el gran maestro no solo le heredaba sus conocimientos, sino que aprovechaban el tiempo para practicar unas cuantas posturas del kamasutra, que él ya tenía olvidadas. Nunca me case, me pase el tiempo esperando a esa amante ideal y la poesía, bueno la poesía me ha servido para mis pequeñas citas pasionales, donde los versos se olvidan con facilidad. Yo siempre había preferido las tetas, sobre todo cuando su sabor va mezclado con el olor de las axilas, me encantan las axilas. Me urgía estar con Udele, pero me resultaba imposible llegar a New York, no solo por el dinero, sino porque no tenía la visa correspondiente, tal vez podría cruzar el río y viajar. Udele quiere ser escritora, ella en realidad puede ser lo que quisiera, sus piernas largas, daban para eso y más, para mí ya es demasiado, sin contar que sigo aferrado a mi idea de la amante estable, creo que ya es poco tarde para eso, aunque me cambiara el nombre o tuviera mucho dinero, tal vez debería intentar escribir, pero no logro juntar un par de ideas.

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Incluso cuando sueño, hay una banda de asesinos, todos van armados, algunas son mujeres jóvenes. Las armas, sus armas, siempre las sueño a todo color, quizá porque todas son negras, nunca veo sus balas y la sangre en los cuerpos caídos es negra o es lo que me parece. Ellas, las mujeres asesinas, usan tangas negras y es lo que más me gusta de lo que sueño, aunque a veces creo que son tangas rojas, la verdad es que no se con exactitud, porque mis sueños son así, un tanto desorientado.

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Había pensado en la flaca todo el día, en su puta cabellera roja, en lo lejano de su cuerpo y en las cosas que ella no se atrevió hacer. Era de lo más normal y yo la quería para testigo de mi vida. Es casi seguro que ella me ha olvidado como si yo fuera un puto maniquí o aún peor, como si yo nunca hubiera existido y no es que el maniquí goce de existencia alguna, al menos no de la existencia que todos conocemos, pero el maniquí esta todos los días en el mismo lugar, sin moverse siquiera un centímetro por voluntad propia. Ella la pinche flaca como le digo ahora cada vez que la recuerdo, me parece más coqueta, más inteligente, menos promiscua de lo que en realidad era, y era en ese tiempo muerte, mi muerte. Yo solo quería que ella hiciera algo diferente, que no se anduviera probando condones por donde quiera, que no se desvistiera a la primera y que encontrara en mí todo el amor que ella anhelaba, eso si es que ella anhelaba algo. Ella no hizo nada de eso, nada de lo que yo quería. Y por qué ahora escribo acerca de ella, escribo porque no he bebido en todo el día y el estar sobrio me lleva a ella.

Me la imagino llegando a mitad de la noche a su casa, tal vez se baja de un taxi, no, mejor de un taxi no, baja de la moto de un tipo que se encontró en medio de la nada, se levanta el vestido rojo y le hace señas al tipo de que siente calor allá abajo; antes de entrar a su departamento prende un cigarrillo, no importa que se muera de cáncer, de sida o de papiloma, todo es mortal con o sin abuso. Se desnudan, se meten al baño y mientras le muerde la oreja, le dice al tipo hasta ahora desconocido: espero que traigas condón, sino traes, no puedes entrar al paraíso, esa es la condición; mientras en la televisión dan la noticia de que han capturado al capo que por sobrenombre lleva el del Chapo, pero eso a nadie le importa, las cosas siguen igual de violentas en las calles. Imaginarla así es terrible para mí. La televisión sigue encendida, el tipo desconocido busca entre sus cosas y nada, nuca ha comprado un condón y solo se está haciendo pendejo, para ver si ella se la perdona y le dice que por esta vez puede ser así, sin protección , sin nada, él piensa: para lo que me va a durar esta pinche vida. Ella sale del baño y le dice que ya no tiene ganas de nada pero que si él quiere se puede quedar a dormir, quien quita y más tarde se le antoja. Él se jala los cabellos y antes de acostarse se toma esa cerveza solitaria que ella había olvidado o guardaba para esa gran ocasión.

Tengo ganas de mandarle un mensaje: te sigo esperando. Enviarlo es perder el tiempo, toda esperanza es como creer en Dios y así los sueños están rotos. Así que me levanto de mi sillón, me rasco la cabeza, me llevo las manos a mi abultado abdomen, necesito cervezas; hoy no, quizá no escriba nada que valga la pena o no vuelva a escribir nunca más eso no importa. La verdad es que no le envío el mensaje porque le perdí la pista. Pensé en poner un anuncio en el periódico. Hombre de 42 años, te sigue esperando, quiero que seas testigo de mi vida y luego pienso que quizá sea más efectivo poner un anuncio en esas redes sociales, pero no existe rastro alguno de ella en esas malditas redes y entonces no se qué hacer. Para que me reconozca pienso en poner mi nombre, pero el que antes tenía o quizá le diga algo que solo ella pueda comprender, como un mensaje en clave, algo así como: Las noches blancas, sin ti no son nada. Yo no tengo un puto centavo y lo que es peor, tampoco tengo un buen trabajo, apenas gano para ir sobreviviendo y me gustan las cosas caras.

Mi imaginación de su encuentro con el tipo desconocido se fue al traste y todo porque ha sonado el teléfono.

No pude soportar que ella fuera amante del lugar más solitario del mundo, que según un escritor no es otra cosa que una orgia, no recuerdo el nombre del escritor, solo sé que era grande y le gustaba emborracharse o nunca estaba sobrio. Creo que era un buen poeta.

En la calle ya no se siente el frío. Por todos lados se habla del falso Chapo que fue capturado por el gobierno, a mí no me importa quién es capturado, sino las historias de toda esa gente que ha muerto por ser débil o por no tener un buen refugio, no siempre débil es sinónimo de pobreza, a veces solo se trata de un estado emocional. Salgo del trabajo, he tenido un turno muy aburrido, es muy temprano pero la gente no deja de parlotear, supongo que en el interior de las casas las televisiones están encendidas o tal vez la gente vea en las redes sociales con sus teléfonos móviles, la gente trabaja ahora por esa necesidad inventada: tener un buen teléfono móvil o una tableta y pasar largas horas perdiéndose de lo mejor de esta vida sin que lo mejor sea algo en especifico. La casa no está muy lejos. Llego, me baño y me meto entre las sabanas y sueño que tengo un hijo, una recién nacido pero que ya se ríe cada vez que le hablo, el bebe esta vestido de rojo y me hace sentir muy bien. Despierto y me siento feliz y decido que no volveré a pensar nunca más en la  flaca. Me vuelvo acostar, estoy casi seguro que voy a soñar con ese bebe y me siento el hombre más afortunado, no me importa que el pinche Chapo vaya a dormir hoy en el penal, como tampoco me importa si es o no es o si el gobierno quiere agarrarnos de pendejos, él no sabe que eso ya no va a suceder nunca más y si lo cree el pendejo es él.

Puta flaca donde estas, espero que no te olvides de usar condones, no te vayas a morir antes de vernos otra vez. Eso es lo que voy a publicar en el periódico o en las redes sociales.

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Algunas veces se pierde y otras veces se deja uno ganar.

Que maravillosa ocupación la contar historias. Te levantas temprano, sino tienes hijos que atender te sigues con lo que sigue, como por ejemplo correr, yo antes de tener un hijo tan pequeñito, solía correr todas las mañanas, desde luego que corría las cortinas porque el sol me molestaba desde muy temprano, pero eso era antes, ahora la corro poco antes de poder dormir y eso cuando puedo, pero hablaba de la profesión de contar, pues bien, te levantas muy temprano y sales a correr, aunque sino te gusta correr pues te comes algo y te pones a contar, yo como las cosas que quiero contar las escribo, pues hago, eso me pongo a escribir, bueno eso era antes del niño pequeño, sí, mi niño. Ahora la cosa esa así, te levantas temprano y parece que no duermes desde hace años, así que sin quejarte te levantas, cambias el pañal del bebe, si es necesario le das de comer, aunque si el estas de humor prefiere las tetas de mamá y entonces ya no tienes nada que hacer, para cuando mamá termina con él, te sientas, desde luego que lo cargas y le cuentas una historia, la primera que se te ocurra, no importa que tan real sea o no, tú le cuentas, sino estas muy cansado y los ojos no te arden le lees un poco, ahora pienso que debería leerle Rayuela, pero pienso en tantas otras obras que son mis preferidas, leer no es lo mismo que contar, ni siquiera contar de forma verbal es lo mismo que contar mediante la escritura, pero por ahora solo quiero contarle algo, pues no tengo tiempo para más. No hay nada mejor en esta vida que el oficio de contar, muchos tal vez difieran de esta idea, pero que saben ellos si nunca han contado, ni siquiera con el apoyo de un amigo en los momentos más críticos.

Así que si te levantas temprano, no hagas recuento de las arañas que anoche se perdieron en tu recamara, ni busques al gato, pues seguro que motivado por los silencios de la noche, cruzo la barda del vecino y sin ser visto, se puso a enamorar a la gata, tampoco cuentes cosas sin sentido, preocúpate sino tienes nada que contar o si alguien se empeña en obstaculizar tu tarea como contador de historias. Piensa que todo lo que haces es histórico y que vale la pena hacerlo. Contar historias por medio de la escritura hace que las gargantas se contraigan.

Me habría gustado que hoy fuera jueves, que este no sea el mes que es y desde luego que el año fuera otro.

Cuando uno se pone a contar, lo que se dice contar en serio, entonces se adelanta a su tiempo, pero al mismo tiempo retrocede, como si su presencia se duplicara con mucha facilidad, quizá todo eso se trate de la fijación o una tonta manía por contar historias.

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