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Archive for 30 noviembre 2010

Historias…

Supongo que ya no tendré más pretextos para ir postergando lo inevitable.

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La época de los detectives

Por Gerardo Australia

Surgida en 1917 y hasta su desaparición en 1972, la Comisión de Seguridad ha sido el organismo policíaco más creíble que hemos tenido. En 1938, durante el mandato de Lázaro Cárdenas, la Comisión se le conoció como Servicio Secreto. Fue la época dorada de los grandes detectives, hombres vestidos de riguroso traje, gabardina y sombrero de ala ancha que arrastraban el cigarrillo de una comisura de la boca a la otra, en tanto se sumergían al mundo deductivo para resolver el crimen.

No eran blancas palomas, pero tampoco se vendían a la salvajada mafiosa y, lo mejor: mostraban resultados. Por lo mismo eran respetados por la sociedad mexicana. Pronto el detective creó un aura de animosidad en la imaginación de la gente, sobre todo en literatura, como el héroe de lenguaje común que trabajaba en solitario pero era esencialmente honesto.

El primer texto policiaco mexicano se escribió en los 20s., Vida y Milagros de Pancho Reyes, detective mexicano, de Alfonso Quiroga, y a partir de los treintas circularon revistas y periódicos dedicados al género detectivesco, como Magazine de Policía o El Semanario policiaco; en 1940 la editorial Atlántida comenzó su semanario El Mundo del Crimen con traducciones de historias internacionales, y el 1950 la Editorial Novaro publicó Policiaca y de Misterio con historia escritas por autores mexicanos, pioneros del género como el genial Antonio Helú.

No obstante la realidad era otra: en el cuartel del Servicio Secreto del Distrito Federal, en primera instancia atrás del viejo edificio de la Lotería Nacional, existía un sótano con celdas que les deparaba muy oscuras y desagradables sorpresas a los arrestados, quien por lo general pasaban de 15 a 30 días, aunque hubieran cometido delitos menores, como el robo de carteras, y ni qué decir de los enemigos del gobierno. Pero los logros fueron muchos.

Gracias al Servicio Secreto mexicano en los años treinta se atrapó a Johnny O’Brien, gatillero del célebre hampón estadounidense John Dillinger. De los casos más sórdidos que resolvió esta organización fue el del asesino en serie Gregorio “Goyo” Cárdenas Hernández, capturado a principios de los años cuarenta. “Goyo” prefería enterrar sus víctimas en el patio de su casa en Tacuba (calle Mar del Norte #20).

Goyo Cárdenas, asesino serial, el estrangulador de Tacuba

El investigador a cargo fue el detective Simón Estrada Iglesias, destacado a su vez por desmantelar una red de estafadores internacionales que respondían al nombre de Los Argentinos. Sin embargo fue el eminente doctor Alfonso Quiroz Cuarón -quien prestaba consultas externas al Servicio Secreto pues trabajaba para el Banco de México en su laboratorio de investigaciones- quien hizo el primer estudio de la personalidad del “estrangulador” de Tacuba.

Alfonso Quiróz Cuarón, cofundador de las carreras de criminología y criminalística en la UNAM

El Dr. Quiroz, a su vez cofundador de las carreras de criminología y criminalística en la UNAM, también descubriría la identidad del asesino de León Trosky, muerto de un certero pioletazo en 1938 por Ramón Mercader, cuando el controvertido ruso estaba atrincherado en una vieja casona de Coyoacán.

También fue Quiroz quien descubrió la supuesta identidad del misterioso escritor B. Traven, autor de Los Secretos de la Sierra Madre y otros relatos. Gracias a su iniciativa desapareció el penal de Lecumberri. Murió en 1978 mientras daba una clase de medicina forense. Otro de los casos más sonados de la época fue el asesinato del presbítero Juan Francisco Fullana Taberner en plena iglesia de Nuestra Señora de Fátima (en la colonia Roma).

Se dice que se trató de una de las más serias persecuciones perpetradas por el Servicio Secreto hasta atrapar al asesino, Pancho Valentino, de oficio luchador profesional. Había detectives para todo, como aquél que se encargó del asunto en donde el único testigo de un doble asesinato resultó ser un loro, mismo que fue sometido a la interrogación por el detective Martín Cruz Carreño, quien después del caso cobró fama por “hacer hablar hasta a los pericos”.

Ramón Mercader, asesino de Trotsky

De los más célebres detectives fue Valente Quintana (1890-1968) quien tenía fama de ser muy afectuoso y caballero con sus enemigos. Nacido en Matamoros, llegó a ser Jefe de la Comisión de Seguridad del Distrito Federal. Investigó de primera instancia el asesinato de Álvaro Obregón, ejecutado el 17 de julio de 1928 por el fanático religioso José de León Toral; mientras Obregón celebraba su triunfo como único candidato presidencial en conocido restaurante al sur de la ciudad, el sicario le descargó la pistola. La otra importante investigación fue la del asesinato del radical líder estudiantil cubano Juan Antonio Mella en enero de 1929, a quien dieron muerte cobardemente en plena calle de la ciudad mientras caminaba de la mano con su hermosa enamorada, Tina Modotti. Las pistas apuntaron a la dictadura de la Habana como responsables del magnicidio.

El único caso que Quintana no pudo resolver fue el de Carlos Balmori, millonario excéntrico español, comerciante mundial, dueño de un ostentoso palacete coyocanense con todo y zoológico, aunque uno de los hombres más groseros de todos los tiempos. Quintana conoció a Balmori en una fiesta; éste le comunicó que todas las noches una mujer disfrazada de hombre le robaba grandes cantidades en una de sus fábricas y que estaba seguro de que la muy pérfida asistía aquella noche a la misma fiesta con el propósito de burlarse de él, por lo que en ese momento lo contrataba para que revisara a los invitados y desenmascarara a la mujer disfrazada.

Quintana aceptó el encargo y el enorme cheque al mismo tiempo, pero después de fallidos “reconocimientos” u “oscultaciones” a los invitados, el detective Quintana, rojo de coraje y desconcertado por no encontrar a la mujer, se dio por vencido. Luego vinieron las risas y carcajadas, pues conforme el millonario Balmori regañaba al detective por su ineficiencia, se despojaba de sus ropas y barbas, hasta descubrirse como una anciana de voz tipluda.

Se trataba de Concepción Jurado, mitómana, mitotera, excéntrica y travestida pero divertida mujer, nacida en el DF en 1865, que llevaba años haciéndose pasar por Carlos Balmori. Como Balmori Conchita Jurado, que no tenía un peso, llegó a codearse con los más encumbrados políticos, generales, magnates de la alta sociedad de la época; para esto contaba con un buen número de amigotes que participaban actuando como secretarios, lacayos, doctores o empresarios a sus órdenes que los insultaba a más no poder en elaborados sainetes llamados “balmoreos” donde engañaban a los ingenuos, como al famoso detective Quintana.

Para 1972 el Servicio Secreto se convirtió en la División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia. De las más grandes aportaciones mexicanas a la investigación policial mundial está la de Sergio Carvajal Jaubert, joven profesor que en 1962 “empezó a bosquejar rostros de personas a través de las descripciones que hacían los testigos presenciales. Su efectividad fue tan notable que causó una verdadera revolución en el ámbito policiaco mundial, por lo que llegó a convertirse en una importante rama de la criminalística”, dice el portal oficial de la PGR.

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En tres…

A veces quisiera atraer tu atención con tres palabras, y no es que sea imposible, sino que tu respuesta es siempre contundente, directa y en tres palabras.

No me importa, dices.

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Llegada

La llegada del invierno trae consigo noticias del pajaro que da cuerda y los amaneceres son siempre más hermosos.

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El frío suele ser un catalizador que inhibe mis funciones inmuno depresivas, aunque eso ya no es noticia. Lo que tampoco es noticia, es el hecho de que un gran número de gentes que viven de este lado, se cruzan al otro lado para hacer sus compras, según porque te ahorras algunos pesos, claro en sus correspondientes dólares, debe ser grande el ahorro para atreverse a pasar frío o pararse en medio de la madrugada y salir casi sonámbulos, en su aventura de compras, parece que la vertiginosidad con la que el capitalismo nos mueve nos hace dependientes de cientos de cosas que no necesitamos.

La llegada de la noche sigue siendo un grave problema, mi impopularidad con Morfeo parece ir en aumento, pues a este Dios, no le gusta tocarme con el habito del sueño y no es que me preocupe dormir, después de muchos años, el hacerlo o no, ya no tiene importancia, lo que si me preocupa es que sino duermo, no sueño y sino sueño, es como si algo de mi vida hiciera falta, pero esas ya son cosas un tanto intimas.

En ocasiones pienso que debería ponerme chistoso y contar cosas aún con menos sentido que las que intento contar, ya sabes, hacerme el gracioso y contar chistes, hacer el que no entiendo nada en la vida sino es por medio de la risa.

Lo que si necesito y de forma emergente es vencer a todos los demonios que suelen aparecer con la temporada de frío, necesito sobre todas las cosas ponerme a escribir, comprar en una de esas ventas famosas del viernes negro americano un poco de disciplina y hacer las cosas como deben de ser, mi novela por ejemplo esta estancada y termine por darle importancia  a tareas que seguramente terminaran por brindarme una satisfacción pero que no representan prioridad alguna en mi vida, supongo que no existe nada mejor que usar el tiempo en lo que en verdad nos gusta, pero desgraciadamente las obligaciones casi siempre pueden más que el placer.

Mis funciones hasta este momento parecen estar intactas, pero algo dentro de mi ya empieza a gritar, seguro es por las ganas de volar esta noche, eso debe ser.

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TODOS LOS DÍAS LA MUERTE

Pensar en otro modelo de vida es imposible, se puede decir que aquí, en el Norte de todos nuestros nortes, no existe otra condición que la vida humilde y en las tienditas uno puede leer, letreros que dicen: “Hoy no se fía, porque mañana te matan”.

Las historias que la gente cuenta a diario, todas ellas están llenas de sangre, están inmersas en el dolor de una realidad que supera cualquier ficción y que provocan para cualquiera de nosotros la incapacidad de asombrarnos con ideas que no son otra cosa que un melodrama. Es por eso que todo lo que se pueda leer hoy en día, sobre todo las historias que escupe México al mundo, ya no solo las historias del Norte, dejan ver las vísceras y sin sangre, esas historias no tienen un buen argumento.

Poco a poco, la gente va cayendo en este Norte, lo mismo civiles que militares, es una guerra que parece no tener sentido y el sentimiento general es que es una batalla perdida, que no existe ganador alguno. La gente simplemente se muere, una mañana deciden que no van a despertar más y se mueren, tenemos guerra, no tenemos trabajo e incluso tenemos pueblos abandonados, pero la gente se muere porque son despertados con armas de alto poder y granadas. Todo mundo sabe hoy en día usar una granada. En este Norte los cuentos de hadas no sirven de nada, los niños no creen esas cosas, algunos piensan que no existe nada mejor que ser unos “chingones” como su papá y ya se entrenan con videos juegos, que para variar vienen del norte más inmediato, de nuestros vecinos, que poco a poco se van llevando a los inversionistas y nos van dejando con poco pan, con poco trabajo. Acá lo que nos sirve si queremos contar son los hechos reales, no importa que al resto del mundo el tema de la violencia o de los Narcos ya sea algo que cansa. Se narran hechos reales.  Todo es natural es el mundo donde nos vamos moviendo, no necesitamos imaginar el escenario de hace cien años atrás, no necesitamos en este Norte creer que algunas cosas solo pasan en lugares privilegiados, estas tierras siempre son y han sido escenario de un enorme juego que a veces nos supera.

Todo es tan natural que desde hace unos días ya tenemos un héroe. Un hombre que decide enfrentar a uno de los bandos participantes en esta guerra, y morirse defendiendo su propiedad; meterse en ese enorme juego en el que vivimos: balacera todo el día, granadas en las principales avenidas, pueblos abandonados, risa discretas, la caída de los principales lideres, para heredar su puesto a otros y que estos otros sigan con su legado, comida rápida y en todo lo que hacemos la cultura de los del otro lado, los que viven aún más al norte, la vida acá vale menos que un kilo de cocaína, esa es la realidad. El café es escupido por máquinas, que uno ya no sabe si se trata de un café real, pues tiene sabor a todo, menos a lo que supuestamente es, los muertos, los rifles de alto poder, las granadas, los hombres heridos, los policías caídos, que no se sabe bien si eran policías o eran del bando de los malos, las historias son crudas, mujeres y niños que mueren en un escenario que sirve para el enfrentamiento del día, los vecinos del lugar que salen de sus casas con celular en mano, tratando de atrapar el rostro de la violencia y ser parte de las noticias a nivel nacional, cada uno hace su trabajo, queriendo convertirse en parte de esta historia. Todos los días cerca de nuestras ventanas, pasan máquinas poderosas que rugen mientras se oyen gritos de los vecinos: “son ellos, déjenlos pasar”, la vida en esta ciudad a veces cansa y piensas en mudarte, al norte que no sea este Norte, donde las calles no estén manchadas de esa sangre derramada, donde no se escuchen todo el día las sirenas de patrullas o ambulancias, donde sea posible ver, así sea por una sola vez una lluvia de estrellas o por lo menos disfrutar de la luna… Todo.

Hace años hablar de la muerte era quizá hablar de la muerte heroica que decidió para el fin de su vida, el señor Alejo Garza Támez. Esa al parecer es una muerte verdadera…la muerte que se dibuja en el corazón de los mexicanos, la muerte que parece hacernos entender que la tierra es nuestra, que los sueños son nuestros y que no estamos dispuestos a seguir tolerando tantas injusticias, quizá mañana el país tendrá una nueva revolución social.

En plena calle te encuentras con hombres tirados, con cuerpos decapitados, no importa si en vida fueron coroneles, gobernadores, presidentes municipales, mujeres embarazadas, niños, ancianos o perros, todos caen por igual, nadie sabe quien les tiro el balazo o les corto la cabeza, en plena calle se nos va la vida y el corazón no nos deja mentir, cada día el miedo es mayor, pero esa es la realidad y no la aparente ficción. Yo nomás he visto, lo que a mi paso me ha tocado ver y en verdad es mucho.

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Que no nos maten

Si mañana nos dicen que sus armas dejaran de escupir fuego, siempre y cuando los dejemos “trabajar”. ¿Qué vamos hacer?, estamos listos para acceder ante las demandas aparentes de una paz pactada o supuesta o queremos soportar la metralla de una guerra diaria, guerra que nos condiciona a una vida de miedo, donde lo mismo se matan hermanos, primos o padres, por tener el control de una “plaza” aparentemente rentable. Si mañana nos dicen que no quieren que sus “bienes” sean subastados, ¿qué vamos hacer? Supongo que a los del otro lado, los que están cruzando el río, no les gustaría la idea y a nuestro Gobierno le daría un ataque de poder y nos diría que su política no es la de pactar con criminales. Después de todo solo estoy suponiendo, pues es lo más fácil de hacer.

¿Y si mañana me dicen que mi ciudad es un pueblo mágico? ¿Debo entender que la gente empezará a desaparecer, hasta tener un pueblo fantasma?

A mí me gustaría que mañana todo fuera diferente, sin  balazos o muertos en las calles, me gustaría poder salir a carretera y fotografiar los atardeceres, me gustaría ir a la playa sin importarme la hora, me gustaría salir sin tener que estar alerta, me gustaría que la gente no cruzara la línea fronteriza para irse a esconder de la migra, me gustaría que nadie cobrara por el “derecho de piso”, me gustaría dejar de suponer, me gustaría que el orden se restablecería, y que la realidad no supere nunca más a la ficción, me gustaría escribir ficciones y olvidarme de las realidades mientras intento contar una historia, me gustaría ya no tener que suponer. Y si mañana nos dicen que están dispuestos a olvidar estas batallas sin sentido para nosotros, yo sería el más feliz, y si mañana no sucede nada de eso, pediría que alguien me dijera con quien hablar y decirle, que no nos maten, por favor, que no nos maten.

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