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Archive for 30 junio 2012

En la ciudad, de pequeños recorridos y millones de habitantes, descubrí que muchos de mis sueños se convirtieron en imposibles, alguna veces por no tener dinero y otras porque yo no quería comerciar con ellas. Historias de mis tristes aventuras, eso fue lo que tuve, las más afortunadas las olvide

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Por más poemas que escriba, es imposible silenciar sus armas.
Nada logra detener esa repetición continúa entre el tormento placer de la tortura de esos cuerpos que pierden sus cabezas y de aquellos que se quedan en sus casas por el temor absoluto de perderlas.
Por más poemas que escriba, esta repetición de la tortura y la muerte hacen imposible silenciar sus armas

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Dolor, desvelo, crepitación; tanto le hable a mi mujer de tu existencia que soñó con que la querías besar, pero hablabas tanto y sabias de todo que ella te dijo: por favor dame un tópico para saber de que demonios hablas. Incapacidad, desgarro de los tendones; ella estaba a la orilla de un gran lago y cada que te acercabas, sentía que iba a caer, sin embargo tú insistías en quererla besar, mientras tanto en tu vida diaria, la que juzgas como real, hiciste la oferta para la casa que tanto te gustaba. Ortejo, reducción abierta, quirofano, anestesiologo, auditorios, cistogramas, sueños. Quién demonios, me robo la magia

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mirar a tus  ojos y saber que en alguna parte del tiempo

se perdió la oportunidad de descubrir el otro encanto,

mirar y saber que nos hemos perdido, que nada es como

imaginamos, que los rostros dicen otra cosa,

pero que los ojos no mienten, que son transparentes

como el agua, como el río, como la sonrisa disimulada

como el hecho de que este tiempo pasa y tu cuerpo

desnudo se sigue negando a mis manos

a mis besos a este orgasmo tan postergado

 

sentir tu presencia y tu voz que me cuentas esas historias

a trazos, con pinceladas burdas, con tus caprichos

con tu necedad de que todos los hombres traemos

el mismo cuento, las mismas ganas, el mismo deseo

el mismo sueño, la misma muerte de tu ropa debajo

de sus camas, y cada noche te llamo, te advierto

que te quiero en mis brazos, en mi cuerpo desnudo

en esta carne que de tanto ver pasar los minutos

morirá en unos cuantos años y tú con tu voz

con tu historia, con tus groserías haces de mí

un ser ultrajado, un sueño

 

ver el día contigo y sin ti, con estas ganas casi lubricas

que a veces es más un símbolo que una grosería

que a veces es más deseo que pasión

que a veces es más tristeza que música

que no es otra cosa que no se ha dicho

y tú, huyes, te escondes, pero no te doblegas e insistes

que todos los hombres somos iguales, siempre con el mismo cuento

 

estos deseos casi lúbricos, y la muerte que me vence de sueño

y tu poesía que es ese andar, esa risa, esos golpecitos

ese acompáñame a ningún lugar

ese quiero que esté a mi lado sin estar

ese oro de este pobre que se sueña inmortal

inmoral y que se pierde en los olores de tu cuerpo

que no logro desnudarlo y luego tus ojos

ay tus ojos que me tienen atrapado

 

a veces en las tardes emprendo un viaje, no importa

si tiene regreso o si soy hechizado por ese canto que escondes

para tus amantes preferidos o para la eternidad que te prometes

a veces tu cara me parece tan cotidiana, tan de la rutina

que no me explico a dónde demonios se ha ido todo la seguridad

que de mí tenía, luego brota el silencio y la tibia leche

que sale de tu seno, que revela nuestra suerte

nuestra historia vista desde el fondo de un espejo

 

pasan todos estos días, la oportunidad se esfuma, te defiendes

de todos, con todos y besas al primero sino es que al único

que se entrega a tus caprichos y llega la hora en que este ardor es interminable

humilde, arte, y lloró, pero no de amor, sino de ganas

ganas por desnudarte el cuerpo y escribir en tu alma

y eso no es otra cosa que mi humilde sueño que nos

revela nuestra propia cara, nuestra propia esperanza

aunque la de cada uno sea diferente a la del otro

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también un disparo que parece interminable

que pasa y queda en la carne de uno mismo

soy un  amante inconstante, que no es lo mismo

a ser el otro, el que tú tanto amas

y eso es algo interminable

como las balas que me despiertan

en las madrugadas

para reanudar estas ganas

de sentir tu cuerpo desnudo

a mi lado y sin embargo

siento el cuerpo caliente

y una voz a lo lejos

que me grita

¡No te vayas!, ¡no!, aún no es el momento

y el olor a pólvora que es inagotable

 

cuentan que son los mejores, que disparan al por mayor

que no son prodigios de la escritura

ni de los viajes, ni de las mujeres sudadas

que recorren las calles, en busca de sueños

y de olvidar sus llantos, ellos no son otra cosa

que un arma pegada al cuerpo

al deseo, a la voluntad, un arma que se

dispara ante cualquier provocación,

ellos son los que nos humillan a diario,

nos hacen agachar la cabeza, perder el control

doblegarnos, cederles el paso,

salir a la calle con miedo, esperar lo peor,

ellos no son otra cosa que el humilde

servidor del crimen, los esclavos de la muerte

que hacen el trabajo por ella, que cobran

billetes verdes que huelen a dolor

y no son prodigios, no son eternidad

son parte del mismo polvo

e igual se mueren por casualidad,

así nomás, porque a alguien

se le ocurrió disparar un arma

y les atravesó el cuerpo

 

ver la muerte no es un sueño, no es el ocaso

es apenas un triste acto, una noticia tan cotidiana

como el mismo amanecer, como la pobreza,

como la cara de cualquier candidato, como la voz

que nos atraganta a diario de historias que no cuentan

nada, pero que todo mundo quiere ver

y a veces, ni siquiera es eso, ni siquiera

es la interminable memoria que nos repite:

en algún lado yo te vi,

de algún lugar te conozco

 

el ruido de la bala disparada no es un símbolo

a veces es muerte, a veces estalla-miento de vísceras,

a veces esta poesía tan pobre que carece de sentido

y nos revela ante nuestra cara, que del otro lado

no hay un espejo, sino esa cosa que llaman realidad

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tú,
toda boca,
todo gozo
todo cuerpo que provoca
que toca y te devuelve al suelo;
tú,
todo instante en que muerdes,
en que provocas, evocas
transformas;
tú,
toda boca,
toda tú en este gozo
tu cuerpo,
la riña callejera,
la mirada que alienta,
el sonido quemante de la metralla
y de nuevo el instante
en que tu boca me toca,
soy arena de tu desierto,
soy tus dientes,
soy la medula donde me sientes,
toda tú en este cuerpo
que presiente:
la tierra, el regreso,
el egreso, laa balas que nos detienen,
el miedo que nos encierra,
que nos aleja de estas calles ardientes,
tú.
toda tú, en esa
increíble estrechez
de tus piernas

simplente toda tú

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Me llamaban algunas veces del trabajo, después de la media noche y yo tenía que salir, casi siempre iba muerto del miedo, fue por eso que compré el arma. En un principio, antes de venirme a esta ciudad, era mecánico, arreglaba casi cualquier cosa, los motores eran para mí un tema interminable, pero las cosas cambian, por ejemplo: nunca imagine  que tendría que llevar un arma conmigo para sentirme tranquilo.

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