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Archive for 31 marzo 2014

Decidí que lo mejor era dejar de pensar, nunca antes me había sentido así, como desposeído de todas mis intenciones, desde luego que es imposible dejar de pensar, pero yo creía en ese momento que tenía el poder para hacerlo. Quería estar escribiendo, lo que fuera con tal de que alguien me pagara unos cuantos centavos y abandonar el trabajo que tenía, un trabajo donde la mayor parte del tiempo no hago nada, podría ser peor y no tener trabajo, pero eso no pasaba por mi mente que deseaba apagar sus pensamientos. Me lave las manos y comencé por acariciar el teclado, ¡demonios!, era imposible escribir si no se piensa. No había nadie alrededor, pero mi mente estaba poblada de pensamientos, pensé, soy un fraude y pase otra noche en vela

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Insomnio, qué sentido tiene esperar a que llegue la mañana cuando toda la noche te la pasas sin dormir. Las tragedias están por todos lados y las puedes oler. Mi mente no deja de trabajar, está en mí contra.

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En cuanto subí al autobus, sentí deseos de bajarme y volver a casa. No es que no tuviera ganas de viajar, solo que estaba atrapado en los brazos de una mujer hermosa y en la ternura de un bebe que aún no cumplía los cien días de nacido. No me senté de inmediato, veía por la ventanilla y no encontraba una razón que pudiera justificar mi comportamiento con la empresa. Tenía que viajar, eso era lo único que estaba claro. Eran como unas vacaciones forzadas, donde se te ordenan los pasos a seguir. Mi mujer, en cambio, veía el viaje, como algo positivo y me alentaba a tomar el autobus, era tal su convicción que no hay palabras para describirla. No era natural buscar una explicación a mo comportamiento, pues la personas que se ven a diario y se quieren, no desean separarse. El viaje traería beneficios para mi formación personal y profesional, por lo tanto era importante verlo como eso. Subí la maleta al compartimento y me senté, después cerre los ojos y pensé que dentro de poco tendría que tomar el viaje de regreso y que todo sería diferente. Mis sentimientos y pensamientos estarían enfocados en llegar a casa.

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La gente en las grandes ciudades se queja del calor, del trafico y de su suerte. A la primera oportunidad hacen negocio, te venden hasta lo impensable.

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Escribo a la mitad de la noche, antes o después estoy con mi mujer, durante el día amanto a mi hijo, ya sé que un hombre no es capaz de amamantar pero es lo que hago. En ocasiones me dan ganas de apostar a lo que sea, porque tal vez así mi suerte logre cambiar, aunque esta vida no es de suerte. Por las mañanas siempre es saludable beber, pero me he propuesto salir a correr, proponer no quiere decir que lo lleve a cabo, en mis ratos libres me invento algo por hacer y en algunas tardes salgo de compras. Decir que escribo es eso, un decir. Eso fue lo que dije a ella cuando me pregunto en qué trabajo.

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Es mitad de semana por la noche, tus cálidas nalgas cabalgan en otro cuerpo gracias a mi ausencia, a esta ausencia un tanto tramposa y traicionera, es mitad de semana y piensas en rezar para expiar tus culpas, para confesar tu infidelidad, para disculparte de lo que nos haces y para que al verte al espejo tú sigas siendo como aquella niña buena que llegaba a casa después del colegio sin pensar en el sexo; ¿alguna vez no pensaste en el sexo?, no, creo que no, mientras, en este instante yo tengo ganas de perderme en tus nalgas traicioneras.

Es insoportable la idea de verte a gusto en otros cuerpos, saber que tienes dos o tres maridos y ninguno de planta, pienso en tu nariz, en tu lengua, en la aureola de tus senos y en mis cansadas manos que ansiosas pellizcan el deseo, mientras que tú, con tus apretados pasos, corres a desvestirte del blanco que contrasta con esos ojazos que inquietan hasta el infierno, de mañana rezas y de noches tus nalgas cabalgan en cualquier otro cuerpo que no es el mío, si la vida es una puta, yo quiero ser puteado para así vivir a tu lado.

Existe algo triste en todo esto. Pienso en los hijos que no hemos de tener, pienso en los desvelos, en los ojos que se cierran, no por la verdadera tristeza que arrastran, ni por el tonto y gastado deseo de poseernos, pienso en tus nalgas que alguien ha logrado agarrar en otro lado cualquier lado y de algún modo tan extraño que después de un buen rato sientes tristeza, melancolía, pena. Cuantas noches te dije cosas bellas, para lograr que cabalgaras en mí, innumerables quizá y luego ambos las olvidados, hicimos de esto una rutina, un corre y quita la ropa, quita el deseo, saca los condones y mete, mete, mételo hasta decir basta o gritar que quieres más, que yo quiero más, que ya esta bueno. Esta pinche vida es un carnaval de nalgas que cabalgan en cuerpos que no les corresponden y llaman a eso infidelidad, mientras que seguir con la rutina del mismo cuerpo a diario y esa aburrida manía contar los orgasmos: se llama infelicidad; si la muerte es una puta, yo quiero comprar sus favores.

Un día como todas las cosas vamos a morir, es casi seguro que no tendremos tiempo para mirarnos a los ojos. Lo veo todo, me parece agotador y triste, quiero llorar, quiero sentirte en mí y gemir en ese gozo infinito de tu sexo en el mío. No dejo de mirarte y perderme en mis deseos, cuando no estoy contigo hablo a solas, me quedo dormido porque es la única forma de tenerte: te sueño y dejo mi ropa más húmeda que en el peor día de este exagerado calor. Afligido por la ausencia de tus nalgas, salgo a caminar.

Me gusta el sexo en silencio, sobre todo cuando no es contigo.

Es mitad de semana por la noche, me olvide del estrecho y sofocante clima, de los brotes de muerte sin sentido, me olvide de masturbarme en la cocina, me olvide de la poesía y me perdí en este deseo de ser dominado por tu cuerpo sudado después de una larga jornada, pero no te tengo, esta distancia tramposa me ausenta de ti, así sea por unos cuantos metros o por cientos o hasta miles de kilómetros. En un bar nadie se masturba, no en estos tiempos, a esas horas andas cansado y con el culo caliente y mientras espero a tenerte, la noche se va despojando del manto negro que la cubre de tus ojazos.

Querida esta noche no me esperes, voy camino a la tortura de este afligido y silencioso orgasmo;
existe en mí una tristeza que solo se disipa cuando me cabalgan tus nalgas.

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Me espero hasta la ultima hora de la noche, luego, luego lo intento y escribo. No es poesía, ni cartas de amor, algunas veces escribo propuestas a una chica que deseo que sea mi puta, pero ni ella ni las distancias nos permiten ese gusto. Escribir es un laberinto, es mucho más complicado que meterse a la cajita de cerillos y encender ese pequeño mundo. Cuando escribes quieres encender ese mundo real, hacer que la gente te entienda y se entere por fin que existes, no por ti, sino por esos personajes que llevan una terrible vida de fidelidad a tu lado. A quien va dirigido lo que escribimos, supongo que no existe destinatario definido, es decir va para quien lo desee y además le sirva para superar algo o simplemente reír.
Le digo a la chica que no tengo argumentos para convencerla de que sea mi puta, salvo la necesidad de que alguien me mantenga mientras escribo, si ella es mi puta la dejaría relacionarse con otros hombres y así poder sobrevivir a estas carencias diarias. Ella me dice que le dé razones para convencerla y si lo hago, ella será lo que yo quiera; no tengo ni puta idea de cómo convencerla. Mientras tanto ella folla, una o dos veces a la semana, algunas veces se topa con seres despreciables en los que te hacen eso, sentirte como putas, porque llegan, se desvisten, eyaculan y salen corriendo, la ciudad está llena de ese tipo de personas. Yo quiero cantarle cada que despierte, después de una noche complicada para ambos, yo desvelándome con la historia que escriba y corrija a diario y ella ganando el pan nuestro de cada día con el sudor de su frente y las pasiones de su cuerpo, porque no solo es un trabajo de la vagina. Vuelvo a suponer. Estoy sentado casi a mitad de la noche y le envió mensajes a todo el mundo, aunque parece que nadie los atrapa. Esto es como una larga agonía y ella aún no se decide en ayudar a un representante del arte.

Soy bastante malo como para pensar que puedo escribir algo que de ganancias, a veces pienso que tengo que pagar para que alguien me lea.

Sigo en mi laberinto. Las cosas son duras y me paso todo el día enfurecido, no recuerdo cuando fue la última vez que me sentí así, tal vez hace mil años. Soy muy grande para pensar que puedo tontear en escribir o decidirme si lo hago o no, ese debería ser mi trabajo y con ello debería pagar la renta, la ropa, la leche del niño, desde luego que no le pagaría a mi puta, eso es para ella una ofensa. Me desnudo antes de escribir, es la única manera de imitar a Hemingway, no con lo que escribo, sino en la forma de hacerlo. Le digo a ella, a la chica que le he pedido que sea mi puta, que me conceda ese deseo, mientras que ella me habla de su aburrimiento, y del sexo sin placer y de las noches que le faltan para que ella se pueda venir a vivir conmigo, para abrazarnos y para que yo le chupe las tetas. Supongo que estoy alucinando. Abrazo mi sorda necedad de escribir todos los días y abandono esa idea de que ella sea mía y con eso dejo que se esfumen todos mis sueños, porque yo no tengo una puta, una puta decente que valga la pena, una puta que venda su cuerpo por mí mientras yo escribo. Tengo la frente fruncida, ya sé lo que viene y esta vez aquí me quedo.

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Desperté en medio de un sueño que puede hacer germinar una gran historia, aunque cuando lo hice me sentí muerto, no sé cómo explicarlo, pero el corazón me daba de tumbos, sé que es el momento para empezar, sino lo hago, la cosa se pondrá fea, será como el final de esto que tanto deseo hacer, será como si me hubiera cansado de esperar el momento.

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Primero pensé que las deudas se pagaban solas, ya sé que eso es ingenuo, pero por alguna razón lo pensé o lo que es lo mismo me olvide de pagarlas, luego me entro pánico, supuse que me privarían de la libertad y me dio por huir, no importaba el lugar a donde pudiera ir, el caso era huir y empezar una vida al margen de todo, desde la orilla, como asomando a mi propio precipicio. Salí del país y conseguí un trabajo, desde luego que un trabajo de orillero, de los que nadie quiere y de pobre o jodido no saldría nunca. No tenía tardes o noches libres y las mañanas las usaba para dormir. Me enamore de una gitana pero su padre me amenazo con cortarme el cuello si me le acercaba una vez más.  Estaba enamorado pero no tenía ganas de perder el pellejo, así que le dije a la gitana que si quería algo conmigo, tendría que huir de su familia, de otra forma tendría que empezar a olvidarme, ella no estaba del todo enamorada, eso creo, pero mientras yo le decía eso, ella se bajo las braguitas y me dijo que si lo que me estaba enseñando no valía la pena como para apostar la vida por ello, ya podría ir olvidándola, yo me quite toda la ropa. El cuchillo del padre era grande y amenazante, pero eso no me importo. Con el tiempo uno se olvido del otro y supongo que viceversa, no lo sé.

Con el tiempo regresé al país. Aquí la constante es el tiempo, como en casi todo.

Conseguí un trabajo donde tampoco tenía tiempo libre los fines de semana y mucho menos en las noches. Lo de la gitana ya estaba olvidado y las amenazas por si te enamorabas de la mujer equivocada seguía en pie, es decir, en el nuevo lugar el orden se seguía según el poder de las armas de fuego y al parecer hasta el más perezoso era capaz de portar un arma y hacer lo que s ele viniera en gana, las mujeres ajenas estaban prohibidas y las no ajenas y todas las mujeres en realidad. El trabajo no era malo si considero que no había nada que hacer, es decir un lugar donde no se puede interactuar con las mujeres es un lugar muerto, un sitio donde no vale la pena vivir y lo mejor es huir. Yo, ya estaba cansado de huir, así que tenía un par de alternativas, la primera era acostúmbrame a la vida de viejo y solo, para esto no importa le orden y la otra era atreverme, vivir a salto de mata, como quien dice cazando a las chicas que se sentían traicionadas por sus novios o amantes matones y entonces, zas, caerles y lo que sigue no hace falta describirlo, hombre que busca mujer y estas historias que todo mundo conoce a la perfección, había una opción un tanto extraña, por las costumbres del país, pero era una opción en el último de los casos y era que una mujer te buscara y de gustarle el trato, te convirtieras en su hombre preferencial, quizá ese término no existe o no aplica, pero ahora no importa. Desde luego que nadie me escogió, pero tampoco me quede con la opción de ser un viejo solitario. Me arriesgue a jugar con balas, total de lago tendría que morir. El no tener días libres lo complicaba todo, sin embargo me di mis mañas y sucedía todo el tiempo, no había noche que me fuera solo a la cama.

Fue un sábado cuando hable con Laura, no Laura Blake, solo Laura.

No tenía prisa por volver al hospital, no estaba enfermo, el hospital es el sitio donde trabajo. Le dije a Laura que tendríamos que buscar un departamento para los dos, tenía que alejarme del lugar donde vivía, la cosa estaba tan complicada y todo mundo se enteraba de mis aventuras, yo no quería que ella quedara con una mala idea acerca de mi comportamiento, por otro lado estaba la situación de lo peligroso que resultaba el lugar por las noches, aunque yo nunca estaba de noche en casa, trabajaba. No me gustaban tantas cosas y podría pasar todo el tiempo jodiendo, pero me habían dicho que eso era algo enfermizo y no quería espantar a Laura, aún no. estaba tan jodido que no podía darme lujos. Yo pedía dinero prestado de forma automática y cometí el error de pedirles a unos amigos, ellos no veían nada extraño en mí y cometieron el error de prestarme. Comencé a faltar al trabajo. Laura no trabajaba y entonces nos pasábamos todo el día jodiendo, hasta que llego el momento de pagar y me fue imposible, en el trabajo me pusieron un ultimátum y como no lograba cumplir con todas las horas necesarias de mi jornada me ofrecieron un trato: trabajaría solo en los momentos que el hospital tuviera necesidad de mis servicios, no tendría un sueldo y como yo estaba jodidamente perdido en cuanto al dinero, no tuve más opción que decir que si, de tener un dinero de vez en cuando a nada, la opción de tener algo de vez en cuando me pareció lo mejor. Me fue de la chingada, seguía siendo un jodido y por si fuera poco ahora tenía que alimentar a Laura.

Un día me pregunte: y si me volviera narco, lo cual era imposible, ya está bien pinche viejo para esos trotes. Mientras yo veía como la vida se nos iba por el túnel entre las piernas de Laura, pensé que pronto podría irme mejor, estaba escribiendo una novela y si lograba publicarla, tal vez tendría unos cuantos pesos para pasar las próximas semanas. Me rasque las axilas y antes de acostarme, bebí un trago y no dejaba de reírme, seguro había para mí algo mejor solo tendría que dormir, porque ese algo mejor me estaba esperando al amanecer.

¿Qué cuanto debía?, ya ni me acuerdo, pero podría haber comprado casi cualquier cosa, un Mercedes por ejemplo.

 

 

 

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No había dejado de sentir calor todo el día. Pensé que al salir del trabajo podría ir a un bar, pero ahora cualquier bar cierra antes de las 10 de las noches y los puti-club están prohibidos, la alcaldesa de esta ciudad considera que no son buenos para la salud. Quizá ahora buscar a una puta sea una tarea heroica o el precio de sus servicios este por los cielos, por lo pronto no tendrán licencia para ejercer, como si para eso se necesitara licencia alguna. Al demonio. Así que si necesitaba tomar un trago o una cerveza me iría a casa y dejaría que mi imaginación se encargara de todo el asunto ese del placer con las mujeres. Pero yo era el único que sentía calor en toda la ciudad, algo andaba mal sin duda, desde luego que a estas alturas uno le puede echar la culpa a la andropausia, después de todo siempre existe algo que nos puede salvar de estas situaciones un tanto bochornosas. En el trabajo me la había pasado aburrido todo el día. No se había parado ni una mosca y yo lo que deseaba era irme a casa, en otros tiempos habría ido al bar con unos amigos y pagaría la primera ronda y una o dos más, el dinero nunca me ha sobrado pero ese era un lujo posible hoy en día.

Salgo a la calle miro alrededor y veo un operativo montado por militares. La idea es hacer un puesto de control. Alcoholímetro, puto nombre. Parece que en la ciudad ya nos olvidamos de los operativos contra el narco, debe ser que muerto el jefe, o mejor dicho capturado el jefe se acabo la rabia o el problema, puro cuento, la cosa sigue que arde, pero nos hacen creer que las cosas son otras. Espejismos. Han de creer que somos unos imbéciles.

—¿adónde demonios van los hombres que no toman en bares y frecuentan puti-clubs?, supongo que a nadie le importa.

La mayoría no tenemos dinero de sobra. De eso se trata, supongo que cuando tengan dinero esos bares volverán abrir, al igual que los bares de las chicas y los permisos para trabajar libremente por las noches. Eso debe de ser. En uno de esos bares, exactamente no era un bar sino una puti-club, conocí a una chica elástica, que podría darle a su cuerpo toda la vuelta con facilidad, le dije a esa chica que si era capaz de chupársela, yo le pagaba todo lo que ganaba en una noche, desde luego que no tuve el dinero para hacerlo y me dieron tremenda golpiza por hacer promesas que no podía cumplir. Pensé que me volvería loco con el calor, pero todo mundo parecía andar a gusto.

Alguien ha dicho que el problema de la ciudad ahora que goza de ese carácter puritano, es conseguir muñecas inflables que gocen de personalidad, de entrada no he logrado entender el sentido de la personalidad de dichas muñecas y pienso en alguna novedad china en la que dichas muñecas se puedan expresar, pero por más que lo pienso me parece imposible. Las posibilidades deben ser múltiples, pero no veo por donde. Solo a un loco se le puede ocurrir algo así, en fin que no tiene sentido perder el tiempo en esas pequeñeces. Suspiro. Busco un lugar donde pueda quitarme el calor o donde pueda beber una cerveza después de salir del trabajo, no pienso en una chica ocasional, al menos no esta noche, no estoy de humor y mis amigos pueden creer si me ven haciendo algo así que estoy muy mal.  Meto la mano en el pantalón y siento mucho más calor, esta vida me jode.

Un tipo sale a mitad de la noche y me pregunta donde puede conseguir a una chica. Le dijo que no tengo ni puta idea.

Me dan ganas de buscar a nuestra alcaldesa y preguntarle si con esa medida se remedian todos nuestros malos o si ella busca hincharle los bolsillos a alguien, que si de eso se trata todo esto, que lo haga ya, porque no vamos a poder tolera sus medidas por muchos tiempos y el puto calor me pone de malas y quiero ir a un bar y beber un trago, supongo que muchos van a matar por ese trago y no es algo metafórico, ahora la violencia será trasladada a casa, puta eso me jode y mucho. Intento olvidarme de todo, se que alguien en su sano juicio no pasa por estas cosas, pero si no le encuentro solución pronto mi cabeza va a estallar, nunca antes había sentido tanto calor y estoy enojado, me desespera. Jamás había querido pasar el resto de mi vida con una mujer, sin importar lo que ella haga para vivir, pero ahora que ya no puedo ir a un bar y ellas ya no pueden ejercer en el puti-club de su preferencia, quizá debería buscarme una y arreglar estos problemas de mi vida, después de todo no es algo que sea tan malo.

—¿acaso no haríamos lo mismo?

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