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Archive for 30 diciembre 2010

Historia en ciernes II

Al llegar a Europa. Para ser más precisos, a Londres. Pensó que era el momento de perseguir sus obsesiones. Recordó que desde siempre le atormentaban los sueños, los que se tienen cuando se duerme. Follar al inglés, que otra cosa podría ser mejor. Por fin, después de largos años de tener esa sensación de estar en otro lado y ver los rostros con los que hoy se cruza en la calle, entiende que lo suyo no eran sueños. Se trataban de revelaciones. Perseguir a un asesino, atrapar el momento justo cuando su victima alcanza el último aliento. No eran nada con lo que tenía en mente. Antes de partir se había echo de una fotográfica Canon 50D. Era ideal para su tarea. Perseguir por esas calles londinenses al asesino y a la victima resultaba el mayor de los retos, sobre todo porque los tenía que identificar, aún cuando la muerte estaba lejos. Dejo el departamento, porque ya todo le olía a muerte. El jabón olía a muerte. La luz del flash despedía un aroma que le inundaban los pulmones y después le revelaba un cuerpo transparente, sin emociones.

Esas calles londinenses, que en sus sueños semejaban laberintos, le devolvían el aliento. Su olfato estaba tan afinado que podía distinguir con claridad los olores que inundan la ciudad, pero como es propio de la gente con educación, no hablaremos de ello. Después de los primeros días necesarios para la comunión del cuerpo con ese entorno, decidió que era un buen momento para salir de en busca de sus objetivos. Retratar a la muerte, al asesino, al asesinado, era una triple tarea que no suponía efectos banales, pero sobre todo no se trataba de una tarea secundaria. Comió riñones humanos, se enfermo del estomago. Una vez que fue al baño, descubrió que el olor de su excremento, le recordaba que aún estaba con vida. Que delicia señores, poder oler la vida y no oler una rosa o en el inconfundible aroma de la tierra mojada.

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Historia en ciernes…

Me aferro a olvidar el momento  en que acepté posar desnudo.  El resplandor metódico del flash hace que mi carne se vaya suavizando. Respiro su luz blanca, ella se mete fresca en la nariz y resbala lenta hasta los pulmones.  Quizás dentro de poco la piel se transparente mostrando mis vísceras.  Una, dos, tres, mil burbujas fluorescentes  recorren una piel que ya no reconozco como mía.  Unas rodillas nudosas,  palmas ajadas, las uñas con su negrura persistente.  Nunca me había mirado tanto, pero sé que ya no soy yo.  Hace  dos días dejé a mis hijos en la puerta de la escuela.

Se fue con todo y sus orgasmos. Había jurado no matar a nadie más. Dios era un pretexto para olvidar los juramentos. Por supuesto que uno puede pensar mil cosas que no vienen al caso. Por ejemplo: si este personaje se trata de él o ella, después la pregunta obligada tiene que ver con el por qué se fue, a donde fue y por qué olvidaba sus juramentos. Sin duda uno piensa que una historia así contada, busca confundirnos, llevarnos por laberintos que no tienen salida. Igual y se trata de un espejo. Un espejo donde la realidad ya no se refleja, donde lo que somos es parte de otra obsesión. Follar con el inglés, era lo que más le inquietaba. Era su obsesión. Llego a Europa por una de esas casualidades no tan rutinarias. La casa en la pequeña ciudad que había dejado atrás, empezó a llenarse de polvo. La muerte le rondaba.

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La llamada

Pase muchas horas soñando, creyendo que con eso podría descubrir a la Bestia. Cuando desperté, aún temblaba, descubrí que recordaba todos los sueños de esa noche y todas las otras noches, recordaba todo a la perfección, él era un hombre poderoso capaz de cambiar el mundo, me había revelado lo cruel y espantoso que suele ser todo cuando no median las emociones, me indico un número al cual le podía llamar. En medio de todo ese miedo que me estaba matando, fui hasta el teléfono y le marque.

Me contesto sin prisa, estaba esperando mi llamada, me dijo que había soñado que un hombre en otro lugar lo estaría soñando y que más tarde le llamaría, que juntos podríamos vencerlo, que por más espantoso que nos resultase era imposible resistirse, pues ese era nuestro destino. Supuse que me estaba jugando una broma y colgué.

La bestia en efecto era producto de mi imaginación diaria, pero la voz que me había contestado al llamar por telefono, me era del todo desconocida, acaso, un número de teléfono se puede materializar y luego la voz puede cobrar sentido y que esa voz me dijera que juntos podríamos acabar con ella, ¿no era acaso parte del sueño, todo esto?

Y sucedió, un día deje de soñar y la bestia nunca más volvió a molestarnos, la casa estaba vacía y yo podía volar libremente por el mundo, esparcido, gris, silencioso.

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Los 10 pecados editoriales

Por:

Arcadi Espada

14 NOV 2010 11:49

1. La mediación. Una editorial gana dinero mediando entre el autor y el lector. Básicamente, las editoriales seleccionan, editan, producen, distribuyen y promocionan. Hace 30 o 40 años era imposible que un escritor puenteara a las editoriales. Ni siquiera superventas como García Márquez o Ken Follett lo habrían logrado por sí solos. Pero hoy en día, internet permite prescindir de las editoriales. No es fácil, requiere horas de dedicación y una pequeña o mediana inversión. Pero la posibilidad existe. Es cuestión de tiempo que un nuevo Michael Crichton se lance a la autoedición, indicándole el camino al resto de escritores. De hecho, un peso pluma como Joe Konrath ha sido capaz de vender en Amazon 100.000 ejemplares para Kindle de sus libros autoeditados.

2. El DRM. El DRM, siglas en inglés del sistema de gestión de derechos digitales, pretende frenar o dificultar la piratería. Quien compra un ebook protegido por DRM no está comprando un libro, sino una licencia de uso que impide prestarlo, copiarlo o regalarlo. Pero no existe un DRM invulnerable al 100%. ¿Por qué? Por definición. En la práctica, el DRM discrimina a los consumidores de libros digitales con respecto a los de libros de papel. Por no hablar de su farragoso y antediluviano proceso de configuración. Comparado con el “pagar y disfrutar” de iTunes, el DRM es un peaje, como mínimo, molesto.

3. La ceguera. J.K. Rowling, la autora de la saga de libros de Harry Potter, prohibió hace años que sus libros se editaran en formato digital, lo que le permitió convertirse en la autora más pirateada del momento. Siguió ganando millones con las ventas de sus libros, cierto. Pero podría haber ganado muchos más. Hace apenas unos meses, y a la vista del error, Rowling cambió de idea. Otro ejemplo. ¿Cuánto tarda una editorial española en traducir una novela de 300 páginas? ¿Un mes? ¿Dos? Tarde lo que tarde, al menos un traductor aficionado, en alguna parte del planeta, lo hará más rápido (aunque en la mayoría de los casos peor) y colgará la traducción en internet antes de que se edite la traducción oficial. De nuevo, J.K. Rowling conoce de primera mano el problema. La traducción y subtitulación clandestina de cómics, series de televisión y películas por parte de aficionados se conoce en el mundo del cómic como fansub (contracción de “subtitulado por aficionados”). Y el fansub es ya una auténtica industria editorial paralela a la oficial, a menudo en manos de chavales de apenas 14 o 15 años. ¿Hace falta recordar que los virus de las industrias editoriales periféricas como la del cómic, tradicionalmente más dinámicas y eficientes, tardan muy poco en contagiarse a las industrias centrales y convertirse en pandemia?

4. Libranda. De Libranda, la plataforma digital made in Spain que reunió en el momento de su lanzamiento la oferta digital de 16 grupos editoriales, 90 sellos y 22 tiendas, se ha dicho mucho y prácticamente nada bueno. Que sus previsiones eran exageradas; que no vende directamente los libros sino que redirecciona a la tienda de la página web de la editorial que toque (lo que obliga a realizar la búsqueda dos veces); que los precios son sólo entre un 20 y un 30% inferiores a los de las ediciones de papel; que los ebooks a la venta son sólo archivos digitalizados del original de
papel, sin ningún valor añadido; que su usabilidad es, como mínimo, grumosa; etcétera, etcétera, etcétera, etcétera y etcétera. Pero lo peor de todo es que Libranda era la gran iniciativa de la industria editorial española. Si esto es todo lo que la industria da de sí, definitivamente es que…

5. No se ha entendido internet. Se ha dicho ya tantas veces que parece hasta ridículo repetirlo una más. Internet no es un formato, es un cambio de paradigma. En plata: el negocio editorial de los años 60 y 70, aquel en el que se formaron los actuales responsables de las principales editoriales españoles, está en coma. Más precisamente: ese modelo de negocio va a vivir una decadencia similar a la vivida por las discográficas durante los últimos diez años. Prueba de ello es la confusión (deliberada) entre la versión-digital-de-un-libro-de-papel y el libro digital en sí. El primero es el equivalente de un escaneo del libro original, en formato ePub y en blanco y negro. Sin más. Su precio lógico, teniendo en cuenta los costes, debería rondar el 20 o el 30% del precio del libro de papel. Es decir, la versión-digital-de-un-libro-de-papel imita el papel y ofrece sus mismas (limitadas) posibilidades. Un libro digital “real” es algo muy diferente. Es un concepto totalmente nuevo que integra imágenes, sonidos, vídeos y enlaces, que facilita la interactividad entre autor y lector o entre comunidades de lectores, que permite que el libro mute y se actualice mientras se lee, o que albergue finales alternativos a gusto del consumidor para una misma historia… Dependiendo de su complejidad, el precio de un libro digital podría ser incluso muy superior al de un libro de papel. En Sports Illustrated han entendido perfectamente la diferencia entre la versión digital de una revista de papel y una revista digital. Son dos productos totalmente diferentes.

6. Conservadurismo. Hagan la prueba: échenle un vistazo a un libro cualquiera de su biblioteca editado en los años 70. Ahora hagan lo mismo con un libro editado en 2010. ¿En qué se diferencian? En nada. El sector del libro sigue confiando en un producto que ya era tal y como es hoy en una época en la que no existían los ordenadores personales, internet, los cursos de diseño
gráfico, los móviles y los programas de edición. La sospecha se ha generalizado: la industria editorial española no pretende aprovechar las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías,
sino tan sólo retrasar la debacle lo máximo posible boicoteando su propio negocio. De momento, las editoriales han empezado ya a recibir devoluciones masivas de sus títulos. En lo que va de 2010, el sector del libro ha perdido 400 millones de euros por las descargas ilegales. El bajón de ventas durante los tres últimos meses ronda el 34% en algunos casos. Ni siquiera el mercado del
libro de bolsillo está resistiendo la ola. ¿La culpa? De la crisis y, claro, la piratería. Pero la piratería no es la enfermedad, sino el síntoma. “Hasta ahora, el mercado se había comportado de forma
plana”, afirmaba un responsable del Grupo Santillana en las páginas de El País hace apenas unos días. Lo que estaba diciendo en realidad era “no hemos cambiado porque confiábamos en que
todo seguiría igual”. Añado un culpable más: no puedes venderle el mismo producto a una generación criada con esto que a una criada con esto. Las editoriales no pueden pretender sobrevivir únicamente gracias a sus clientes pre-tecnológicos. El libro de papel es una hipoteca basura editorial con la que sólo se puede especular a la baja.

7. Corporativismo. Las librerías morirán porque están centrando todos sus esfuerzos en “resistir” más que en “adaptarse”. Que las editoriales pretendan convertir a los libreros en elementos clave del nuevo negocio editorial digital raya en la crueldad. Las ventas de las librerías tradicionales han caído un 16% durante los tres últimos meses. Pero, como dicen en el blog Error 500, la industria editorial apuesta por que todo sigaigual: “Mismos intermediarios, mismos márgenes, misma forma de distribución. Como si la gente fuese a comprarse los discos en MP3 a la tienda de discos”. O como dicen en Libros en la nube: “El librero [pierde] porque lo engañan haciéndole creer que su función prescriptora en el nuevo paradigma digital es equivalente a la que le corresponde en el paradigma Gutenberg (…) El libro y sus futuros [también pierden] porque no se le permite a la palabra escrita formar parte de los flujos de información de la sociedad de redes”. Haría bien la industria editorial en olvidarse de los parafílicos olfativos que dicen que la experiencia lectora pasa por el olor del papel, o de aquellos que la confunden con la tertulia con el librero. Mejor centrarse en las nuevas hornadas de lectores que viven su ocio a través del móvil y el ordenador, y que se informan conectándose a blogs o redes sociales. La alternativa a esto es…

8. Perdida masiva de clientes potenciales. El papel tardará en morir. Probablemente, como el vinilo, reduzca su cuota de mercado hasta quedar estancando en la irrelevancia, convertido en un zombi de carne de árbol. Los lectores del futuro están en los salones del cómic y del manga, como hace años lo estuvieron en los quioscos que vendían los tebeos de Bruguera. En Japón, por ejemplo, funciona desde hace años un formato editorial peculiar, el keitai shosetsu, novelas cortas de temática generalmente adolescente escritas por autores que no superan la treintena, editadas directamente para teléfono móvil y que se dividen en capítulos muy breves que pueden comprarse por separado. Folletines del siglo 21, en resumen. Se leen en el metro, entre estación y estación, y basan todo su éxito en los llamados cliffhangers. Es decir en el “continuará” de toda la vida. Una vez leído el primer capítulo es prácticamente imposible resistir la tentación de comprar el segundo con un simple clic. Y el tercero, y el cuarto, y el quinto, hasta acabar comprando la novela entera. ¿El resultado? Año tras año, los keitai shosetsu aparecen regularmente en las listas de los libros más vendidos en Japón. Los libros en formato móvil le supusieron al sector del libro japonés 310 millones de euros en 2009. En España, seguimos esperando. Quizá lo que ocurre, tan sólo, es que…

9. Falta imaginación. La industria editorial tiene una ventaja sobre la discográfica: ha tenido tiempo de analizar los desastrosos errores cometidos por esta última. Las discográficas se toparon con Napster y el P2P y creyeron que bastaba con lanzar a sus abogados contra la piratería. Era lógico, no había precedentes, todos habrían actuado igual. Pero los abogados
no adaptan tu producto a los nuevos paradigmas tecnológicos y sociales. ¿Por qué no intenta la industria editorial adaptar o copiar aquellos formatos de negocio que están demostrando su viabilidad en el mercado musical? iTunes, de nuevo, sería lo obvio. Pero existen otras alternativas: el concepto de nube aplicado por Spotify; las tarifas planas con las que descargarse mes a mes todos los títulos de una editorial (algo especialmente interesante para los lectores de cómics); el “gratis total” a cambio de ingresos publicitarios; el ya mencionado folletín digital o keitai shosetsu; los libros educativos o tutoriales interactivos… Y no, las editoriales pequeñas no pueden hacerlo solas, necesitan que las grandes abran el mercado digital, que desbrocen el camino. De lo contrario, tendremos a decenas de pequeños emprendedores con buenas ideas que morirán poco a poco por falta de visibilidad y de costumbre del público mayoritario, mientras los grandes mastodontes de la edición languidecen en su cementerio de elefantes y desprecian a sus propios clientes, a los que siguen considerando un mercado cautivo.

Arcadi EspadaColumnista de El Mundo y profesor de Periodismo en la Universidad Pompeu Fabra. El tema de este blog es su oficio y, más concretamente, el periódico donde escribe: http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elmundopordentro

 

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Por el perdón

Querido México, Diego te abraza

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Que el PAN ya tiene candidato, que el “Jefe Ciego Clos” nos recuerda que con amor todo es posible y que si existe tal lugar donde todo puede ser mejor, que el eclipse de luna nos permite alinear nuestros chacras, que la explosión en Puebla, no es otra cosa que un pequeño error no controlado, que la fuga en uno de los penales es parte del acuerdo nacional para perdonar  a los delincuentes, que  existen los milagros, que la navidad es una época especial,  que los miles de muertos son parte de una gran novela, que debes dejarnos de preocupar y disfrutar el México del cambio y del empleo, que la vida esta en otro lugar, que la historia se repite pero es mera coincidencia y al final tenemos un país renovado con candidatos que saben del perdón o que desean besar a quienes nos mantienen secuestrados.

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Infinito…

Ahora me digo:
a qué viene el silencio inaudito de tu cuerpo,
cuando tu piel recorro con la pasión de un puberto,
y en silencio me respondo:
es quizá la apertura del olvido, es quizá
la ausencia de los otros años,
es quizá que nuestro tiempo ha llegado,
es quizá el recorrido hacia el infinito.

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