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Archive for 31 marzo 2013

 

Las calles están manchadas con tiza roja, y

con ese negro que dejan las llantas

al ser derrapadas,

calles manchadas con esa sangre regada;

calles con autos que patrullan mil veces al día,

calles con esta historia que nos des-construye

miembro a miembro, miedo a miedo,

coco a codo, en alguna esquina y con esa cobardía

 

¿Cómo puedes cruzar de nuevo,

cómo puedes regresar sobre el mismo puente?

¿Cómo no decirle a los gringos,

me están siguiendo, me quieren matar, diles

que no me maten, me puedo quedar?

¿Cómo afrontar un no,

cómo volverse ilegal, cómo parir el miedo y

regresar a casa, sin pensar me van a matar?

 

Lo que yo cuento, no es nada, no importa si sufro

no importa si la gente sufre, no importa nada

y, yo cuento todos los días, pensando que es

lo único que puedo hacer hasta el final,

contar, contar, contar

 

me tapo la cara, no sé donde ocultarme,

mis manos tiemblan, lo he agotado todo,

agote los sueños, las esperanzas,

agote la inocencia de los niños,

agote la espera y sufro en este silencio

 

estoy en una ciudad que es fea, una ciudad

que cualquiera puede detestar;

esta ciudad que no se alegra

con otra cosa que no sea sangre

y manchas negras de llantas quemadas

en el pavimento y algo o alguien

exige un tributo, una lagrima, mil excusas

 

todo me ha sido arrebatado:

el pecho de la musa de mis manos,

la cabeza con aquellos oscuros rizos

la fuerza y el amor

y esta sangre que se va congelando;

ahora nadie querrá venir a visitarnos

y yo, no soy de esos que abandonaran

estas tierras, sin importar que tan fea me resulte

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—¿Ves? Ese hombre no es tu padre.

 

Esas eran las cosas más antiguas que recordaba. Mi abuela, que no era del todo mi abuela, ella y mi tía se encargaban de decirme todo el tiempo. Ese hombre no es tu padre. Les gustaba la idea de verme llorar, de verme sufrir, de verme triste, de verme derrotado. Yo apenas tenía 6 años, no podía entender en ese momento tanta maldad, confieso que aún sigo sin entenderla.

Comencé a inventar cosas, vivía en medio de una situación desesperada y si no lo hacía creo que mi vida se habría ido al traste. Yo no era un genio, solo tenía necesidad de hacer esas cosas. Mi tía y mi abuela, me llamaban mentiroso. Pensaba en aquellos años, que no existía en el mundo una ciudad tan espantosa como esa, desde luego que el tiempo me ayudaría a entender que existen otros lugares más espantosos, pero en aquellos años, yo estaba condenado y sin remedio alguno a vivir en esa ciudad. Me sentía prisionera a mi corta edad.

 

Recuerdo que fue el día de mi sexto cumpleaños cuando lo vi por primera vez. Y hasta ese día no recuerdo a ningún otro hombre, no sabía nada de un padre y quizá no me hacía falta, pero a partir de ese momento, ya era igual a otros niños, ya tenía un padre, ya podría presumir, ya estaba comenzando a perder la magia. Quizá eso fue lo que más me dolió, pero tardaría más de tres décadas para darme cuenta. Había pensado, que mi padre no estaba porque estaba enojado conmigo. Nadie había mencionado nada antes, ni siquiera mi abuelo, o mi madre. Nadie. Sin embargo, jamás en la vida vería el rostro de mi verdadero padre y mi abuelo que era al único que yo quería como si fuera un padre moriría antes de que yo me enterara de que las cosas no eran como yo creía. Fue ese mismo año cuando le pedí a mi madre que me pusiera Carlos.

 

Ahora pienso que mi padre era muy guapo. Mi verdadero padre.

 

Mi madre siempre se aparecía a tiempo. No me protegía contra nada ni nadie, dejaba que mi abuela y mi tía me dijeran esas cosas. Una y otra vez. La ciudad tenía ese breve aroma a podredumbre, así como el aroma de los desperdicios que tiraban en la playa, aunque la playa no era la de un mar, sino la de un río. Ese fue el día que recordaría para el resto de mi vida, el día del sexto cumpleaños, cuando mi madre me regalo un perro blanco al que yo nunca dejaría de amar, ese día quizá el más intenso de mi vida porque nunca más me sentiría tan querido como en ese momento y porque lo tenía todo y me daban aún mucho más y porque fue en ese momento que mi madre había regresado de ese largo viaje y ya nunca más nos separaríamos, pese a que mi abuela alegaba que yo era su hijo y mi abuelo como siempre no decía nada y se la pasaba chiflando. Mi madre se vio obligada a pagarle a mi abuela para que me dejara estar a su lado, eso al abuelo no le importo, supongo que el dinero lo llenaba de felicidad. Fue ese día que aprendí a mirar fijamente y me deje llevar por todas las pasiones que ahora me tienen atrapado.

Crecí sabiendo de mí através de las cosas que contaban de mí, parece que la palabra de los otros tenían más poder que las mías y fue así como llegue a conocer de mi existencia, tal vez porque la gente no me tenía confianza o porque los recuerdos que tengo podrían ser falsos, inventados por mi necesidad de una vida y de esa genialidad llamada contar una historia. Después de todo, eso no importa.

 

Jamás me había preguntado por qué mi madre no me había dicho nada, por qué me había ocultado las cosas hasta entonces y por qué ahora me las estaba contando.

 

Era un secreto. Ella necesitaba guardar el secreto. Incluso mi padre desconocía la existencia de ese secreto. Él le había jurado que un día la iba a buscar. Cuando él fuera un hombre, cuando su madre no se interpusiera en sus deseos, cuando ella, mi madre le dijera por fin donde buscarla. Él le había prometido que no habría lugar en este mundo donde ella se pudiera esconder y que él no la pudiera encontrar. Se equivoco, él se equivoco. Mi abuela, la madre de mi padre deseaba destruirme, era lo que ahora llamamos un embarazo no deseado, al menos por ella, me odiaba aún sin conocerme, como si con ello, ella perdiera un pedazo de cielo o una buena tajada de dinero que alguien seguramente deseaba darle.

 

Nunca fui infeliz, siempre tenía a mi madre cerca y por lo del padre, todos los años que duro fue perfecto, bueno casi hasta al final, cuando él pensó que podría hacer lo que se le viniera gana. Puedo decir que tuve un padre a quien amar, aunque lo echaría a perder todo. Aún recuerdo todo de aquel día cuando cumplí 6 años, es mi recuerdo más lejano, fue en ese día que mi madre me consintió y me hizo el regalo más hermoso que he pude tener durante muchos años, me puse por nombre Carlos y a partir de ese momento comenzó a crecer la magia en mi. Mi abuela y mi tía se aferraban a decirme como ellos creían que me llamaba, me gritaban que ese hombre no era mi padre y que yo no cumplía años el 6 sino el 7, eso para mí no tenía la mayor importancia. Y entonces sucedió. Un día en un arranque de intimidad maternal, ella me lo contó todo, me hablo de mi padre y me dijo que mi nombre era especial que tanto mi padre como mi abuelo tenían el mismo nombre y que al igual que yo habían nacido el mismo día, me dijo eres especial, porque naciste de mí y porque te amo. Te puse así en honor a tu abuelo y a tu padrea quien más iba ser si yo amaba a esos hombres.

 

—Tú, Emilio, eres una combinación de tu abuelo, de tu padre y mía, tú eres especial, y tu destino está frente a ti, tu vida está escrita, solo tienes que seguir el guión. Me costaba deletrear ese nombre y pronunciar cada silaba me hacía temblar.

 

El día que mi madre me confesó la historia con mi verdadero padre, ese día me volvería a cambiar el nombre por decisión, por dolor, porque no podría soportarlo. Hice lo que la vida me exigía y en ese momento me exigía que permaneciera vivo, porque era la única forma de contar, y había mucho por contar, eso era en realidad mi destino.

 

 

 

 

 

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La gente estaba preocupada por quien había ganado los derechos para la transmisión de los partidos de fútbol del mundial de Brasil, o quizá no estaban preocupados, y era yo  quien deseaba creer eso.

Mi amigo me había pedido que le prestara dinero y yo sabía que no tenía que hacerlo. ¿Qué ganaba yo, si mi amigo me debía un poco…? Un día me llamo muy temprano, me conto por las cosas que estaba pasando, me dijo que sus hermanos se habían metido en un gran problema, igual como te paso a ti me dijo. Desde luego que no podría ser igual, a mi hermana la habían secuestrado y según me lo que él me conto, sus hermanos le habían pedido prestado porque no tenían trabajo, así que esa comparación me había puesto de malas. Me dijo que me devolvería hasta el último centavo, que algo le debían de la beca y que en el instituto estaban haciendo un programa por el que esperaban obtener mucho dinero, que había más de tres compañías interesadas. No tenía intención de que me explicara en qué consistía tal programa, además si lo presionaba, seguramente me contaría una gran cantidad de mentiras.

—Tienes que confiar en mí —dijo

—. Ya verás que no te fallo.

Yo, apenas tenía tres meses de estar trabajando, me había quedado más de 5 años sin trabajar y no tenía un peso a la mano, eso sin contar que mi ex mujer me había pedido una fuerte suma para atender al niño después del accidente aquel. Ese día, el día del accidente, el autobús choco contra una pipa lechera que se encontraba mal estacionada sobre la carretera. La pipa se había parado porque unos cuantos metros adelante una camioneta estaba en llamas, el chofer conto que se alcanzaban a ver como las maletas ardían. Mi mujer tenía claro que yo debería pagar lo del accidente del niño, si yo decidía no hacerlo, bastaría con que ella levantara el teléfono y el abogado mandaría a que me arrestaran, así que no tenía ninguna opción, además de que se trataba de mi hijo y no hay padre en este mundo que no lo de todo por sus hijos.

Mi amigo había decido pasarse la vida estudiando, decía que sus teorías cambiarían el destino de este mundo. Yo creía que el estaba zafado, lo importante era trabajar no había otro destino. Durante todos esos años que estuve sin trabajo, viví de las mujeres, en realidad no soy un ser agradable a la vista, pero yo sabía que era lo que ellas querían y créanme cuando les digo que lo que menos querían era sexo. Tenía unos cuantos gastos fijos. Como ya he dicho la pensión de mi hijo y mi ex mujer y además tenía que enviarle algo a mi madre, no estaba obligado, pero sabía que si no la hacía después me sentiría muy mal. Luego había otra mujer. Nunca nos casamos, pero ella estaba muy mal, se le habían muerto los hijos varones y solo le quedaba una muchachita de 16 o 17 años, a la que tenía que mantener yo, pues esta mujer no tenía ganas de seguir adelante y lo había dejado todo y se pasaba todo el día bebiendo alcohol barato.

Mi hijo lloraba cuando me llamo al teléfono. Su abuelo había salido volando por una de las ventanas del autobús y todo parecía indicar que estaba muerto y su abuela le había caído encima al pequeño, quizá le habría roto unas costillas, pero en ese momento él no sentía otra cosa que miedo. Me dijo que unos hombres armados se habían acercado al autobús y que le habían dado unos balazos al chofer, no estaba seguro si el chofer aún estaba vivo, pero ya no tenía las piernas y sangraba de forma abundante. Después de que los hombres armados dispararon una niña salió corriendo y se metió al campo y los hombres se montaron a la troca y fueron por ella. Mi hijo me dijo que me extrañaba, y que sentía mucho dolor, que le dolía en el alma todas las cosas que estaban pasando. Yo me solté a llorar y no dije nada.

Mi amigo me dijo que estaba hasta el cuerno de deudas y que yo era el único que le podía ayudar, me dijo que no eran más que unos cuantos pesos. 35 mil nada más recalco. Su madre había estado muy enferma y su hermana 10 años menor que él, había abortado un par de veces, a su hermano lo había detenido la patrulla fronteriza y el menor de ellos se había dejado de su mujer y tenía que pagar una pensión para sus hijos, pero como no tenía trabajo o no deseaba ayudar a sus hijos, se perdió y hacía mucho que nadie lo veía, así que mi amigo decidió hacerse cargo de la situación.

Me paso lo mismo que a ti con tus hermanas.

Seguimos hablando durante un largo rato, hasta que caí en cuenta que yo tendría que pagar la cuenta del teléfono y le dije que me diera un poco de tiempo, que checaría en el banco si me podrían dar un crédito y que sino yo vería como conseguir el dinero, que podría contar con ello, y nos despedimos. Él agradeció y antes de colgar me dijo, palabra por palabra; tú eres mi última opción, tú eres mi héroe.

Le conseguí el dinero y se lo deposite a su cuenta. Yo no tenía dudas que a partir de ese momento mi amigo no se volvería aparecer, al menos no en un buen rato.

Mi ex mujer me llamo para decirme, que a mi hijo le hacía falta un poco de ropa y que ya era hora de que le comprara un carro, que pronto entraría a la universidad y que no sería bien visto que él no tuviera un carro, ella se encargo de recordarme que esa era mi obligación, además de que el niño, así lo llamo, el niño, había obtenido buenas calificaciones el año pasado, fue el primer lugar de su generación dijo ella llenándose la boca de algo que no entiendo bien, pero que suena falso. Por si fuera poco, en esos días mi madre me dijo que mis hermanas ya no querían ayudarla más y que ella había adquirido una pequeña deuda y que cada lunes tenía que abonar una pequeña parte, que sería así durante los tres próximos años y que no me estaba pidiendo nada, que solo me llamaba para decirme lo que estaba pasando y que ya estaba por  conseguir trabajo, que lo único que necesitaba era que su dolor de espalda se fuera por completa y que en realidad por eso me estaba llamando pues se medico le había contado de unas inyecciones casi milagrosas y que si ellas se las ponía pronto se recuperaría. Así que me llamaba para pedirme ayuda con eso y que después ya no me daría molestia alguna, y luego dijo}, también para pedirte que me ayudes a comprar un poco de ropa pues la necesita para el trabajo y desde luego unos zapatos decentes y que sean buenos porque si no me duelen los pies y la cosa se pone peor. Es poco lo que necesito me dijo mi madre, apenas unos 9 mil, pero si no puedes no te preocupes, le puedo pedir a tus hermanas de nuevo, pero ya sabes que ellas me insultan cada que me ayuda. Le dije que estaba bien, que le enviaría el dinero.

La hija de mi amiga, me llamo una noche para decirme que estaba metida en un problema grande y que el doctor le había dicho que consiguiera dinero para resolverlo, que eso era lo mejor si es que ella deseaba seguir estudiando y planeando su vida. La verdad es que yo estaba hasta la madre. Por un segundo paso por mi cabeza, ser parte de aquellos hombres que patrullan la ciudad armados, pero había escuchado tantas historias, en donde esos hombres en ocasiones le tienen que cortar la cabeza a un sospechoso, enemigo o simplemente era parte de un rito de iniciación y lo tenías que hacer o eras tú quien perdía la cabeza. De alguna forma les conté a todos de mis planes y creo que no le dieron importancia, para ellos no era otra cosa que un capricho, uno más de mis sueños, una aventura sin sentido, quizá estaría estresado, pero al final terminaría por seguir adelante.

Al tipo que había ganado los derechos de transmisión de los partidos de futbol del mundial de Brasil, le había prohibido tener una televisora, lo habían hecho los que eran dueños de las otras televisoras y ahora la gente soñaba con que este tipo se habría de vengar y que no les permitiría transmitir los partidos y que eso estaba muy bien, para que a los otros se les quitara el andar chingando. Lo que yo pensé es que a un mentiroso no se le puede engañar.

 

Pasado el tiempo para que mi amigo me pagara, yo aún no tenía noticias de él.

 

Un día me mando un mensaje y me dijo que si lo podía llamar, que no tenía prisa, que lo hiciera en cuanto tuviera un poco de tiempo. Y la verdad es que no sé porque pero lo hice. Tome el teléfono y le llame. Mi amigo estaba muy emocionado, me dijo que muy pronto me iba a apagar, que las cosas estaban saliendo a pedir de boca y que todo era cuestión de unas horas más, pero que eso no era lo que me quería contar.

Su felicidad era porque al fin había dejado de estar solo. Me contó que una de las hijas de una novia de su juventud, le había dicho que le gustaba mucho y salieron a cenar y cuando regresaban a la casa de ella, esta le dijo; llévame  contigo, ya no quiero saber nada más de mi madre y eso fue lo que exactamente él había hecho. El caso que de eso ya habían pasado algunos meses y ahora ella estaba por dar a luz y que mientras le pagaban lo del proyecto, el necesitaba unos cuantos pesos. Me dijo que era para el parto, y que no podría dejar que su hijo naciera del lado mexicano, eso significaba robarle oportunidades y que no deseaba que fuera como él, un pobre investigador que no ganaba más que centavos. No sé porque pero me sentí conmovido, así que le pregunte por la cantidad y sobre todo me interesaba saber cuánto tenía. Me la soltó así, sin preámbulo alguno; son 10 mil dólares y no tengo nada, más algo para los gastos por cualquier imprevisto, unos 15 mil, fue lo que él dijo.

No podía decirle que no, de qué demonios sirve vivir en la frontera sino puedes tener a tus hijos del otro lado. Las oportunidades son así, se dan si uno las busca. Vendí mi carro y algunas cosas que aún tenía en casa, pedí un préstamo en el trabajo, con la condición de quedarme a trabajara hasta muy tarde y por un salario de lo más injusto, pero la necesidad estaba encima y yo no podría dejar al hijo o tal vez hija de mi amigo desamparado a su suerte. Mi amigo sí que sabía cómo moverme el corazón. Después de eso no volvía a saber nada de ellos.

Cuando mi hijo entro a la universidad me dijo, que era necesario hacer un viaje de prácticas, me hablo de un largo viaje por Europa y yo no tenía de donde sacar más dinero, así que lo hice y mi primera misión, me dejo desecho. Sentí vértigo. Mi mente aullaba y yo estaba atrapado. Así fue como me subí a la troca y comencé a seguir a otras trocas que también estaban blindadas; avanzaba a todo lo que daba la mía y la carretera siempre me quedaba pequeña. Metía el pie al acelerador hasta tocar el piso. Tenía mucho tiempo, tenía un mejor trabajo y lo único que deseaba era seguir por la carretera, apretando los dientes, pensando en que puto canal nos iban a transmitir los juegos del próximo mundial. Yo me había comprado una pantalla enorme que aún no pagaba.

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Él había prometido no volver hacerlo, pero aquella fue una ocasión especial. Había un delgado hilo de sangre en el suelo, la ventana estaba rota y daba a la calle, era un lugar por donde se podría colar un ladrón con facilidad, estaba a la altura del hombro. Aquel día había oscurecido más temprano.

Llego ella, estaba contenta porque al fin había logrado, sacarlo de la casa. Él tomo un poco de ropa y la puso  en su maleta.

Él miro por la ventana. El cielo estaba aún gris, parecía que el invierno esta vez tardaría mucho más en irse. Sobre el cable de luz, donde antes había unos zapatos colgados, ahora estaba colgando un gato. Era un grande, blanco. Él se seco las lágrimas con la manga del suéter y se quedo pensando.  Hacía mucho tiempo que no iba a las montañas. Un pájaro se poso en el mismo cable en donde colgaba el gato y se puso a cantar. También, por dentro de él todo estaba gris.

Ella comenzó a insultarlo y le dijo que estaba muy contenta, porque al fin se marcharía, que no lo soportaba más, que era un fracasado, que lo odiaba. Él no le dio importancia. Siguió metiendo las cosas en la pequeña maleta y cuando tomo  la portátil, ella se abalanzo sobre él.

¡Ni madres cabrón! ¡La computadora me la compro mi padre, esa no te la llevas!, ni siquiera te atrevas, porque te juro que te va a ir muy mal. Fue entonces que ella empezó a llorar. Le dijo que le prohibía que la viera a la cara.

Ya deja de hacer esos berrinches le dijo él. La portátil me la llevo, no tengo tiempo para sacar mis historias de ella, además yo fui quien la pago y tu padre lo único que hizo fue pararse el cuello, como es su costumbre.

La fotografía del gato blanco estaba en el suelo, él la miro por última vez y se seco de nuevo sus lágrimas. Ella lo miro fijamente. Se limpio la nariz, el hilo de sangre ya había dejado de correr, se dio media vuelta y camino hacia la puerta de entrada de la casa y dijo:

Si no quieres acabar como ese pinche gato, más te vale que dejes la portátil y te lo digo en serio, ya sabes que no me gusta jugar. Ella se limpio la nariz, se quito la chaqueta y su rostro se enrojeció aún más.

Deja la pinche portátil cabrón o esta vez si te parto.

Él no dijo nada. Siguió recogiendo la poca ropa que pensaba llevarse. Cerró la ventana y corrió la cortina. Después con la portátil aún en su mano izquierda se acerco a la puerta y le dijo a ella que lo dejara pasar.

—Acaso no entiendes que quiero la portátil —dijo ella.

—Estas, enferma —dijo él.

No, no estoy enferma le dijo ella, y si no dejas la portátil en la mesa, te juro que te vas arrepentir. Es simple, de aquí no sale la portátil, así que si te quieres ir ya sabes lo que tienes que hacer.

Me la voy a llevar, dijo él

Mejor ni te atrevas, dijo ella. Si lo haces tendrás que pedir ayuda para que alguien te recoja.

Ella se le fue encima. Se aferro a la cara de él y le gritaba; suéltala, suéltala, que la sueltes cabrón, acaso no entiendes que es mía. Por la ventana desde donde se podía ver al gato, no entraba un solo rayo de luz. El pájaro que antes cantaba, ya no se escuchaba. Él no trataba de no luchar. Solo quería abrirse paso. Pero perdió la paciencia. Él la empujo contra la pared, tratando de que soltara la portátil y fue entonces cuando ella le propicio un fuerte golpe en su entrepierna. Él soltó de inmediato la portátil y ella lo golpeo repetidamente hasta dejarla en pedazos. Ella se agarraba con fuerza de la portátil y él empujo con todo su fuerza el cuerpo de ella hasta que logro abrirse paso.

Déjame ir, me estas lastimando, dijo él.

Ella lo volvió a golpear y fue entonces cuando él se desplomo por completo.

Igual que el tu puto gato, dijo ella. Primero deseaba pelea, y después que lo he tomado en mis manos, lo único que pudo hacer fue arañarme la nariz, uno para el otro no cabe duda, uno para el otro.

El sintió como las fuerzas se le estaban escapando. Se había prometido nunca más volver hacerlo, pero ya no tenía opción, si quedaba allí, su cuerpo cedería, tenía que retener su vida. Trato de agarrarla del brazo donde aún quedaban algunos restos de la portátil y cuando lo logro se echó hacia atrás y ella fue a dar al suelo, a un lado de él. No la volvería a soltar. Ahora ya no estaba en juego la portátil ahora importaba su vida y aunque él se había jurado no volver hacerlo, fue la única forma de resolver la situación.

El aire entraba por la ventana. El cielo seguía gris y el pájaro cantaba a un lado del gato que permanecía colgado, él se seco las lágrimas con la manga del suéter y se levanto.

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Se metió en el camino que los llevaría por aquella brecha. Cerró los ojos y apoyo la frente en el volante. La llevaba atrás, 20 o quizá 22 años, delgada, piel blanca, ni un solo rastro de vellos o cabello en el cuerpo, la habían rapado.
El motor de la troca hacía un pequeño ruido, mientras se iba deteniendo. Se bajo de la troca, abrió la puerta de la casa, el perro se puso a ladrar. Tomo a la chica de un brazo y la arrastro hacia el interior, el cuerpo desnudo de ella, se fue llenando de moretones. La sentó en el viejo sofa.
Eran las 3 de la mañana cuando sono su telefono. Él dijo que ya todo estaba preparado. Colgó. Tomo al perro, se subió a la troca y se marchó del lugar.

Nunca cruzo una palabra con ella.

En un trozo de papel, le dejo un mensaje, que había escrito a lápiz. Ella se quedo sentada en el viejo sofa, doblo el papel y se puso a llorar.

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Abajo. No puede ser de otra forma, desde abajo se experimenta el mayor de los placeres, quien diga que no lo prefiere así, seguramente no ha experimentado tal experiencia. Desde abajo el orgasmo se potencia. Se justifican que los hombres anden armados y disparen a matar, a quien está arriba no se le perdona, puede mandar a matar, pero no puede matar directamente, a menos que no sea por cacería, sin importar que lo que este cazando sea humano, pero esa es otra historia. Desde abajo puedes lamer botas y dejar que te pateen el culo, imposible patearlo y quien quiere patera culos sino sabe lo que es eso. Desde abajo puedes llamarte ladrón, delincuente, loco e inclusive en la mayoría de los casos poetas, de abajo salen los futbolistas y uno que otro ciclista, a los líderes de opinión les gusta estar abajo, a los líderes sociales les gusta aún más, de abajo fueron los revolucionarios que nos dieron una patria libre o este modelo de patria en libertad, de abajo son los creadores de redes sociales, aunque nunca lo fueron, pero bueno ellos no importan porque ahora están arriba y nos mantienen ocupados, dándonos por el culo a más no poder y desde luego llenado sus bolsillos, ser de abajo significa tener un trabajo terrenal, movido, activo, nada de trabajas con la inteligencia y el razonamiento, nada de que resuelves problemas sentado esperando que los asistentes y las secretarias lo resuelvan todo para después decir he tenido esta maravillosa idea, ser de abajo significa ser creativo, ser reservado, ser sumiso, ser callado y porque desde abajo la vida es mejor. No más opción, yo prefiero mil veces eso a estar sentado esperando a que alguien me lama las botas y después darle una patada por el culo, además de que odio estar arriba a no ser que sea cuando haces el amor y solo por un rato, mitad y mitad pero nunca más, porque lo disfruto y porque no hay nada mejor que decir siempre, si señor, si señora, lo que usted ordene. ¿y si alguna vez pruebe estar arriba o en medio?, ¿será eso válido?, por hoy me quedo abajo.

No hay nada mejor que estar abajo todo el tiempo.

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—Es perfecto —dijo él— ¿Pero entonces qué dices?

—No —dijo ella— no hasta no pesar 53 kilos.

—¿Entonces quieres decir que no quieres?

—De verdad no puedo. Lo que te estoy diciendo es que no puedo, ¿lo entiendes?

—No quieres.

—Piensa lo que tú quieras —dijo ella— siempre es así, ya no me extraña

 

Era más de media noche y ella quería un helado. En el hospital ya no había un solo sonido, quizá un par de grillos que se cortejaban con su canto, deseaban copular; ellos sentados en la pequeña entrada del área de urgencias. El invierno ya había hecho de las suyas. Abrigados, ellos parecían fuera de este lugar. Él llevaba su traje quirúrgico negro; sus manos estaban suaves, sus uñas cortas y sus cabellos hacía mucho tiempo ya que eran escasos. Su cabeza era hermosa. Ella lo miraba.

 

—¡Le voy a decir toda tu historia! —dijo él.

—Por favor, no lo hagas, por favor, te lo pido por lo que más quieras —dijo ella. Tenía una nariz hermosa y sus ojos, negros, muy negros y finos, él los miraba.

—Lo voy hacer. ¡No tienes, ni puta idea de lo que estás haciendo! —dijo él.

—Si lo haces te juro que te vas arrepentir y nunca más volverás a dormir a gusto —dijo ella.

—¿Acaso no podrías haber hecho otra cosa de tu vida? ¿Por qué tuviste la necesidad de exhibirte, que todos se enteraran de lo que haces y que hablaran de ti?

—Desde luego que no —dijo ella— y no me importa lo que digan los demás, a mí me hace feliz y con eso basta. ¿ Así qué que piensas hacer?

—Lo voy a contar todo —dijo él.

—No, sabes bien lo que quiero decir, ¿qué vas a hacer si nunca peso 53 kilos?

—Ya te dije, lo voy contarlo todo, y no me importan esos estúpidos 53 kilos.

—No le cuentes nada o te juro que voy con tu esposa, tú tienes más que perder, piénsalo.

 

El hombre se llevo las manos al rostro, dejo rodar una lagrima y se apretó la cara.

 

—Lo siento mucho querido, pero no pienso hacerlo con nadie más hasta no pesar esos 53 kilos.

—¿Entonces por qué lo haces con él?

—Lo siento. Todo lo que pueda decir nos va hacer pelear, él y yo nos entendemos, no vale la pena ocultarlo y si te digo que él y yo no lo hacemos eso sería una mentira cruel, además él me gusta, me gusta como para algo formal.

 

Él no dijo nada. Ella intentó tomarle el rostro con su mano derecha. El camillero estaba en un extremo del hospital, lejano a ellos, se fuma un cigarro. Los conocía muy bien a los dos. Llevaba un traje blanco y su rostro era moreno oscuro, muy oscuro. Muchos creían que ellos formaban una hermosa pareja. Había visto a muchas parejas en el hospital todos tenían un compromiso, hijos que alimentar y las parejas del hospital eran solo eso, alguien con quien perder el tiempo cuando no estaban haciendo nada. Pero el camillero no estaba pensando en las parejas, ni les ponía importancia a ellos. El estaba pensando en una noche con su novia. Más tarde casi al amanecer él podría estar con ella, desnudarla, hacerla gritar de placer, morderle un seno, robarse ese alimento dulce y suave y dejar sin comida a uno que tendría unos cuantos días de depender de ella, pero sería hasta más tarde.

 

¿No pues simplemente olvidarlo y esperar a que pese 53? —preguntó ella.

—Ya sabes lo que voy hacer —dijo él

Un par de personas entraran a la sala de urgencia. Ella intentó pararse, pero él la detuvo a tiempo.

 

—Solo tienes que perdonarme, eso es todo lo que te pido —dijo ella.

—No.

—Deja que las cosas que hemos hecho influyan en tu comprensión.

—¿Cómo se llama?—pregunto él

—No tiene importancia que te lo diga —dijo ella

—Desde luego que no, esta tarde me lo ha dicho tu amiga —dijo él—. Esa güera que siempre se está rascando los sobacos. Me ha dicho que se lo robaste, que era de ella y que solo lo quieres para pasar el rato.

—No lo harás —dijo ella—. No le vas a contar nada.

—Claro que lo voy hacer.

—Entonces te voy a cortar los güevos —dijo ella— y entonces aunque pese los 53 nunca más volverás a estar conmigo. Piénsalo bien, te conviene

 

Ella se levanto, se puso en marcha, ni siquiera le regalo una mirada. Ya no eran los mismos que antes. El se levanto, entro a la sala de urgencias y le dio a la chica que estaba en el mostrador un billete para que ella se comprara algo, le dijo que esa noche la cena iba por su cuenta. Ella le sonrió, tomo el dinero y le dijo que se veía diferente, que algo había cambiado en él.

 

—Tienes razón —dijo él— mientras entraba al baño.

 

Se vio en el espejo y noto por primera vez que tenía la cara llena de canas, era completamente cierto lo que antes le habían dicho, el era un hombre distinto.

 

—Sí —dijo lentamente —se lo voy a contar todo— su voz era dura, extraña. Él se había decidido.

Debió pasar un invierno duro y aún no se daba cuenta.

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