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Hay cosas peores que ser una puta o pintarse los labios de rojo, una violación ante eso no es nada, ni siquiera perder el tiempo le hace competencia y es muy sencillo: se trata de ser un hijo de la chingada y ya no se si es ficción o realidad, pero soportar a un hijo de la chingada todos los días en el trabajo es para darse un tiro.

Escribir acerca del dolor es como querer escribir acerca de las putas de mi adolescencia: imposible. El dolor, en ocasiones, sobre todo cuando estas feliz, parece ser algo que nunca existió, entonces ¿por qué insistir en algo que no se entiende?, tal vez lo mejor es quedarse quieto.

Es como si me hubiera cansado de esperar. Nadie me dijo que tenía que esperar, pero  a ella cada que no estaba feliz le daba por lanzarme pequeñas señales que me indicaban que ahora si deseaba alojarme en su interior y luego cuando la felicidad regresaba, entonces nada.

En silencio

El rojo de sus labios aunque eso suena repetitivo, el vestido que casi nunca usa, sus lentes que no son desmontables, su sonrisa que esconde sus sentimientos, el rompecabezas entre sus piernas y su sexo y sus pechos que aún no caen y mi cara llena de arrugas; son el pretexto ideal para tener un secreto.  En realidad lo único que quiero es destrozar su belleza porque no puedo soportar  que no esté arriba de mí, con sus senos al aire y con una sonrisa de satisfacción casi imposible y sin embargo ella me dice que un pequeño rayo de sol la hace feliz y desde luego dormir una y otra vez hasta que ya no exista más el sueño.

Un cuarto de hotel mal oliente, otra cama, esos ojos, no otros ojos, sino esos ojos, profundos, hechizantes, casi míos, su pelo, sus pies, su piel y las uñas en sus pies, muchas preguntas y casi siempre la misma respuesta, luego el sexo, luego cada uno se pone su ropa y dice irse a trabajar

Es un poco estupido tratar de convencer que mis personajes no existen, que no tienen una madre, que se trata de un invento, que es algo que se me ocurrió de un momento a otro, por otro lado tratar de convencer que los personajes están vivos es otra torpeza, porque ningún lector se cree estas cosas.

El encantamiento suele durar una brevedad, se rompe en cuanto tomas tus maletas y regresas a la rutina. La rutina es el peor enemigo de los sueños y los deseos y solo se rompe cuando tomas tus maletas y te alejas del todo. Los lunes presagian despedidas y es tan jodido el arte de pasar desapercibido, que en ocasiones me tiembla el cuerpo si algún conocido no me reconoce al pasar frente a él. El encantamiento me había durado un poco más que cualquier brevedad, fue tanto que nunca pensé que ella me diría: ya nunca más estaremos junto; solo entonces me sentí con la necesidad de volver a ese estado de animo llamado realidad. Todo ocurrió en lunes.

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