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Todas las noche atravieso por una situación desesperada que me roba el sueño y me acerca a los terrenos de la muerte, porque dicen que eso hace el desvelo, aunque también se dice que hierba mala nunca muere. Qué sentido tiene tratar de escribir todas las noches y qué de lo que se escribe va a quedar después de esta intensa agonía de todas las noches. No lo sé, pero tampoco creo que importe. Hace poco tiempo me encontré con una especie de poema (no sé otra forma de llamarlo), que alguna vez deje en mi blog, me lo encontré como recomendación de un libro que recién había publicado una chica, confieso que no me sentí enojado o con ganas de hacer pedazos su mundo porque se había atrevido a robar algo que yo consideraba mío, confieso que me sentí alegre, esas pocas palabras que solo para mí tienen cierto sentido, habían causado en ella cierto ruido y pensó que lo mejor era publicarlas en su trabajo y sin saberlo nos hicimos cómplices de algo que la memoria se encargara de borrar en algún punto de nuestra historia, debo decir a favor de todo esto, que no conozco a la chica, lo cual hace más llevadero esto.
Pienso una y otra vez lo que cada día me depara, supongo que no tiene sentido, al menos antes había detrás de mis pensamientos algunas justificaciones, por ejemplo: el estallido de granadas mientras intentaba escribir o el traqueteo de armas de alto poder, a veces pienso que extraño esas cosas, a veces pienso que mi naturaleza me obliga a regresar una y otra vez a ese lugar y me siento atrapado en esto que ahora soy y en lo que ya no hago, el peligro parece que viene pegado a mí y no estar de alguna forma en el, me hace vulnerable e incluso un poco triste. No sé en qué va a terminar toda esta historia, ni siquiera tengo claro la razón de mi blog, quizá es por eso que todas las noches me siento un rato y trato de escribir o describir una detalle, un pensamiento o algo de lo que me ha pasado o ha pasado por mi mente, porque tal vez no quiero que muchas cosas que traigo dentro de mí se pierdan, la noche en la que todo vuelva a ser lejano a mis deseos, la noche donde el frío manto de la muerte me cubra.
Es casi seguro que todo esto que hago, que hacemos, no sea otra cosa que un pretexto para seguir aferrado a la vida y que el rumbo sea algo indomable, un tiempo abierto a nuestras aventuras y el destierro mismo de lo que ya no somos, es posible que de un momento a otro, todo esto deje de existir y entonces mis lamentos, mis sueños, mis deseos por revolcarme en otra historia que no es mi historia y en otros caprichos que no son mi capricho, puedan por fin descansar, pero al mismo tiempo se empiece a desvanecer, tal vez llegue el momento en el que yo crea que no puedo dejar de amar y me sienta desnudo sin todo esto, no lo sé. Desde aquí todo es confuso y hay tantas cosas que han cambiado, tantos miedos que he ido ganando a favor de encadenarme a algo que parece que cada vez tiene más fuerza y me mantiene despierto por noches enteradas hasta el punto de gritar: ¡ya no puedo más!

Por primera vez sentí miedo, no era miedo a la muerte, al menos no a la mía, sentí miedo por tantas cosas que había dejado pendiente, pero sobre todo porque salir a la calle era como estar sentenciado, como si a alguien le hubieran encargado tu ejecución, ya dije que no era el miedo por mí, es decir, me podía suceder cualquier cosa, pero cuando pensaba en mis muchachos, lo único que me quedaba era salir corriendo de esa ciudad y me atreví hacerlo. En cualquier otra ciudad quizá pasaba lo mismo, pero yo tenía esperanzas de que sucedieran cosas diferentes.

En ocasiones como ahora, quiero estar contigo. Me gusta lo negro de tus ojos o el de tu vestido, también el de tu piel, pero sobre todo me gusta cuando me dices que me piensas. Hoy tengo ganas de estar contigo y me vence la noche y esa apatía recurrente que me viene casi siempre que me doy cuenta que la vida se me escapa entre las manos y entonces pienso en el tiempo y en el traicionero espejo que siempre me devuelve una imagen de cuando aún tenía 20 o 22 años. Para qué nos sirve la vida si a diario, nos vamos muriendo?

Inexistente

Alguien que me diga donde se encuentra el límite de edad para frenar los sueños, el gusto, la pasión y la vida. Sin sexo el paraíso es una mentira y el amor es algo simple: no existe. A veces soy dependiente económico, solo a veces y no trabajo, no por gusto, sino porque hay tantas cosas por hacer y nunca logro hacer nada. Me desemplearon un lunes, el peor día para quedarse sin trabajo y quizá el único día en el que vale la pena morir. Si quiero viajar me tengo que inventar un trabajo o un amigo con influencias o abrir una cuenta en el banco o tener todo en orden porque de otra forma te niegan un permiso, una visa y con eso se rompen los sueños. Sin sexo, una relación es aburrida, es de cuates que se sientan a beber cerveza y ver crecer la barriga es hundirse en el desconsuelo de los años que ya han pasado. Viajar es un lujo y yo solo quiero viajar por caminos que se han formado de puras letras que cuentan historias. Cuando leo historias no repruebo los exámenes como cuando estaba en la universidad. A veces me pregunto que soy y es difícil encontrar una respuesta, pero con tantos años, quizá me queda decir que ya empecé a hundirme en la tierra, que importa si todos somos tierra. Que necesito dinero en el banco y una reservación y demostrar que voy a volver, como si la muerte no pudiera sorprenderme en un viaje, pero que saben los agentes que te permiten la entrada, si de noche beben a solas y no desconocen lo que es el amor con sexo y la vida y que mi fecha de caducidad ya me está gritando. Me preguntan si he de volver y yo antes de contestar me digo: tu puto país no existe, es por eso que vengo.

Mañana. Qué sentido tiene repetirlo una y otra vez, incluso cuando la noche aún no llega. De día se escuchan rumores, algunos dicen cosas que nos parecen imposibles, quizá vivir en el bosque sería lo ideal, al menos los rumores son más sanos o vienen de la naturaleza. Estar con uno mismo a veces parece imposible, pues mientras lo intentas, un auto pasa derrapando sus llantas o la vecina sale en ropa interior como inconsciente, como si fuera una persona ajena de este mundo y sus pechos erectos, tal vez en su interior se repite esa frase que todos algunas veces usamos: “ de que se lo coman los gusanos…”, luego cuando la vuelves a ver parece que no recuerda nada o que uno no es nadie o que las cosas que hemos visto son parte de un sueño muy personal; estar con uno mismo a veces ,me parece imposible y pienso que tal vez mañana, pero aún no anochece.
A veces deseo el silencio y me pongo a imaginar de cómo demonios será el fin del mundo, el silencio será ensordecedor o darán ganas de suicidarse.

Toda la noche a la espera, de qué, a quien demonios le importa, es casi seguro que tu desnudez es algo prohibido o tal vez sea algo divino y la otro, lo que parece no tener sentido, es la noche, tal como si la necesidad de escondernos fuera imperiosa.
Antes venías, te venías, incluso te llegaste a venir en mis manos, luego algo nos cambio, tal vez la edad o la estupidez de mi vecina que te fue a contar que yo lo deseaba.
Ahora la noche es perfecta para esperarte, quizá te desnudez, quizá seas mía, pero lo único que no me puedes quitar es el olor de tu cuerpo impregnado en nuestro cuarto, en nuestra cama.
Desnudate mujer y desatemos a esos demonios nuestros que son sangre y fuego cuando nos amamos.
Para todo lo demás existe el día

En cuanto cae la noche mi niño me mira fijamente y salimos a correr. Yo a veces soy tan fatalista que pienso que es mi último juego. Después de dar algunas vueltas, le digo que es hora de ir a casa y él sigue brincando y diciendo una y otra vez, papá, mamá, otra vez. Me cuesta trabajo entender que nadie determina cuando es o sera la ultima vez de algo y que casi soy yo el que tiene esos pensamientos que no tienen fundamento en nada y creo que así fue la primera vez que sentí miedo: cuando sentí que lo podía perder, cuando el habitaba en el interior de su madre. A veces pienso que debería dejarme de tonterías y seguir con ese viejo plan de vida que tenía hace algunos años
y así equilibrar mi vida. Me trago mis sueños, porque a veces pienso que ya no puedo con ellos.

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