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Sonó el teléfono a las tres de la mañana. Me dice el enfermero que tenemos un paciente y que si puedo ir  por él, argumenta que tiene muchos pacientes y que no se siente a gusto con su trabajo y que va a renunciar, lo escucho sin decir nada y antes de colgar, le digo que ya voy por el paciente. Yo soñaba con ser un escritor, no es que quisiera vivir de ello, pero deseaba poder escribir todo el tiempo, no hacer otra cosa y tenía que trabajar tres o más noches en la semana, tampoco era un trabajo desgastante, pero tenía que estar todo ese tiempo viendo como el tiempo se me iba de las manos.

Las cosas no eran sencillas, afuera, la gente se estaba matando, todo mundo te podía dar señas de lo que sucedía y te hacían unas descripciones terribles y proféticas e incluso delirantes. Ahora vivía en una ciudad sin tanta contaminación, pero no había vida literaria, incluso salir a un bar y tomarse unas copas era perder el tiempo, porque la gente no contaba otra cosa que no fuera algo relacionado con la violencia y cuando en las noticias nacionales nos dicen que han aprendido a tal o cual líder de alguna de las organizaciones criminales más importantes, nadie les cree, sobre todo porque el gobierno insiste en querernos mostrar a su equipo de inteligencia y nos restriega en la cara que la detención se ha hecho sin disparar ni una sola bala, como si los miles de cartuchos antes percutidos no tuvieran importancia y de paso minimiza a todos los muertos que no tienen que ver con el crimen organizado.

Volvió a sonar el teléfono poco antes del amanecer, yo no tenía ganas, así que espere el momento parta salir del trabajo y llegar a casa, desnudarme y meterme en la cama, no tenía ganas de pensar  en nada ni en nadie y era casi seguro que este sería otro día más en mis sueños por ser escritor.

Impaciente

He gastado el tiempo,  enloquecido. He sentido lo que es vivir asustado, lo que es vivir violentamente, es como una enfermedad a la que todos temen y todos tratan de ser los más salvajes, los más fuertes, los que controlan el destino.

Un día de Abril

Todo era cuestión de palabras y no de deseos tontos o deseos que cualquiera podría adivinar. Y fue la falta de palabras lo que terminó por alejarnos, se me ocurría decirle cosas tontas como: sigues siendo bonita o me gustaste siempre y nunca he dejado de buscarte, lo peor es quizá cuando le dije que tenía mucho trabajo y que ella lo podrìa tener todo, fue en ese momento que ella descubrió que deseaba llevarmela a la cama y que no tenía otras intenciones. Supongo que ella me dijo pendejo, pero no me atreví a preguntar. Yo había leído muchos libros, pero no tenía idea alguna de como poderme comportar, además el sueño se ha vuelto un cruel enemigo y se niega a visitarme, lo que me hacía cada vez más un animal de caprichos u comportamientos absurdos.
Al final le dije: lo siento mucho, pero no soporto la idea de saber que estas con tu marido, desnudos y que hacen el amor hasta quedarse dormidos. No lo soporto y eso me enfurece. Ella se sonrió y me dejo parado como quien espera la lluvia en un lugar imposible y se fue alejando.

Ella

Abrí los ojos y ella estaba de nuevo cerca de mí, con su sonrisa que me atrapa, no podía resistirme más, pero me fui a la cama sin decirle nada.

Algunas noches creo que nada tiene sentido, que el tiempo que paso en el trabajo es tiempo perdido, porque yo no soy capaz de reptar para lograr asensos y me tengo que quedar allí donde estoy ahora, esperando, sin esperar nada, otras noches, como la de ahora pienso que soy un afortunado, pues puedo, leer, intentar escribir y acepto que en ocasiones me pierdo en un mundo onírico, distinto a la realidad inventada que parecen vivir unos cuantos. Veo películas que luego son criticadas por magnates, me recuesto en la silla y pienso que un día tendré que dejar el mundo y la mejor forma de hacerlo es masturbarse mientras trabajo y eso si que es apacible.

Otra noche en vela

Sabía que era un error fijarme en ella. ¿Qué necesidad tenía yo de complicarme la vida?, pero lo hice, no solo me fije en ella, sino que le prometí, que en marzo o quizá en abril, a más tardar nos fugaríamos de esta ciudad tan cruel, pero nunca lo hicimos.

No soy tu marido  

Llevo casi un año buscando o para ser preciso buscándote, en todo ese tiempo  he creído por necesidad en el destino y si bien pude ir de cama en cama siguiendo tu rastro no lo hice, parece que no hay ninguna posibilidad de encontrarte, parece que cada uno está atrapado en su historia particular, mi carne no es para tu carne, mi cerebro no se debe ocupar pensando en ti, porque al final nadie encuentra, porque en tu vida no hay otro o no existo yo. Tu vida esta llena y la mía que no es triste no se conforman si no te encuentra, pero que alguien me digas de una buena vez en donde demonios buscarte.

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