Feeds:
Entradas
Comentarios

Tumbleweed

A veces creo saber más de ti que de mí. Ahora estoy desorientado. Sabes que me gustaba ir al desierto; siempre me paraba en el mismo lugar; lo hacía hasta que podía ver esa madeja de ramas rodantes y solo entonces dejaba que el llanto fluyera a su antojo. Siempre me quise ir contigo, no por tu sexo, nunca fuiste para mí: la mujer deseo o la mujer florero, es más nunca te vi como mujer. Siempre fue tu cabello  y ese maldito olor que despedían tus axilas

Imagino a mis amigos del otro lado de la cerca, porque eso es lo único que podría lograr, una cerca larga y alta. Los imagino y pienso que es la única forma de verlos y siento gran tristeza. Imagino otras tantas imposibilidades y creo que nuestra humildad la hemos perdido para dar paso a todo tipo de consumismo sin sentido, como si gastar un dinero inexistente fuera lo más importante.

Antes de terminar el día le dije: vámonos a la cama cariño.
Al día siguiente, todo dentro de la rutina, una noche pésima, y desperté aún con sueño, si es que se puede llamar despertar a mi estado, tal vez dormí diez o veinte minutos y quien más me reclama son mis ojos que han descansado poco. Tengo que manejar. Tengo que llevar una vida para poder alcanzar el ritmo de los demás, hacer compras, convivir con algunos conocidos, tengo que pensar en no sé cuantos proyectos para seguir consumiendo, eres un desadaptado, tengo que pensar en posibles vacaciones porque mi entorno no me llena, tengo que pensar en el amor y en las cosas por hacer para celebrar el amor, tengo que dejar de escribir si quiero ser aceptado socialmente, tengo que hacer tantas cosas como parte de una obligación social y entonces me olvido de las cosas que en realidad valen la pena. Luego salgo de la casa y estaciono el coche en cualquier esquina y recuerdo que no tengo un seguro por si me lo roban o por si choco o lo que es peor por si alguien desesperado se lanza contra el coche y muere. Mientras me estaciono, ella se levanta la falda y me dice ven. Espero hasta que llegue la noche, me gusta hacerlo de noche, tengo que estar en la casa, tengo que subir las escaleras y saber que me voy a encontrar con ella. La vida a veces parece tan antinatural. Nos abrazamos y apagamos la luz, en ese momento se que la rutina vuelve a comenzar y que pasare una noche más peleando con mis demonios.

Tratando de seguir

Se puede decir que en verdad fuimos muy felices, se puede decir que para todo hay un pero. Nos sentimos todo el tiempo solo nosotros, no dejamos entrar a casi nadie o mejor dicho a nadie a nuestro mundo y eso nos hizo sentir muy vulnerables hasta el punto de obligarnos a salir de aquella ciudad. Nos dolió. Aún nos sigue doliendo. Hay mañanas que despertamos bañados en sudor y no es por el calor, sino por los sueños de persecución y por sentir que mucho de lo que hemos hecho se puede perder. Nuestras vidas se han cruzado con otras tantas, pero desde que estamos juntos todas esas vidas se fueron ahogando en una especie de olvido y luego cuando salimos de aquella ciudad esas vidas querían regresar, nosotros queríamos regresar pero al mismo tiempo nos encargamos de llenar nuestros recuerdos de otras cosas y nos fuimos olvidando de lo que fuimos en aquel lugar y olvidamos las cosas simples, los detalles que parecen no tener vida. Olvidamos, la puerta de la casa que recién nos habían instalado y que era a nuestro gusto, nos olvidamos de la fuente y de nuestro jardín, olvidamos el pequeño patio y las tardes en la que juntos nos acostábamos en la hamaca y veíamos pasar aviones, nos olvidamos del agua que escurría por las paredes y de los viajes al otro lado porque si algo hacíamos con frecuencia era ir al otro lado y del otro lados nos olvidamos de todas las horas que paseamos en bicicleta, nos olvidamos del mercado de pulgas, nos olvidamos de la comida grasosa que tanto nos gustamos, también olvidamos el laguito y también nos olvidamos a los pelícanos, nos olvidamos de las pocas veces que fuimos a la playa a pescar, nos olvidamos de los vecinos que vivían enfrente y también de los que vivían a un lado, lo que no olvidamos y creo que no olvidaremos nunca es el estruendo de las balas que parecían pasar rozando nuestra cabeza y quizá nunca olvidemos las noches maravillosas que pasamos en esa ciudad o tal vez no quiera olvidar las paredes blancas de nuestro dormitorio o las tantas y tantas páginas que escribí en un cuarto que solo me servía para eso y para leer y para otras tantas cosas que ya no recuerdo.

A mi padre no le gustaba la idea de comprarnos cosas. Su primer pretexto para ya no comprarme juguetes fue cuando destruí un carrito de bomberos, supongo que lo hice porque el carrito tenía un mecanismo que hacia salir y entrar al bombero en la cabina. El otro pretexto de siempre fue las calificaciones de la escuela, cada que yo le pedía una bicicleta me decía que hasta ver mis calificaciones y por alguna razón no le satisfacían. La realidad de todo esto es que mi padre no necesitaba pretextos para dejar de comprarnos cosas, tal vez si nos hubiera dicho que eramos muy pobres nos habría bastado, pero al no hacerlo nos hizo crecer con sentimiento extraño y negativo hacia él.

Al parecer, el tipo no se ha dado cuenta que gobierna un país al norte del río Bravo.

No soy amante de la vida alrededor de tanta gente, no hay motivo aparente para no desear esa vida, supongo que es algo que se fue dando desde pequeño, cuando prefería caminar durante largos trayectos y me ponía a platicar con mi sombra y si el día estaba nublado entonces platicaba solo.