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Ella, al principio nos fuimos lejos o eso fue lo que deseamos creer, yo en ese tiempo estaba solo, estaba cansado, perpetuamente cansado, pero tenía algunos sueños, ella me dijo ven conmigo y nos fuimos en algo casi perpetuo.

Yo, que demonios era yo, un ser lleno de deudas, de miedos, de robos insospechados y tardes desoladas, ella es casi ese instante que te hace olvidar todas esas cosas, al menos eso era antes de venirse conmigo, mucho antes que los sueños tuvieran ese sabor a realidad, donde todo amarga

Le gusta que llegue la noche
dice que podemos salir
no me cuenta nada de los ruidos
como tampoco si siente miedo
me recuerda a mí
sobre todo cuando llora
me veo de esa edad
huyendo en busca de la oscuridad
porque nadie me podía ver
dentro de ella
porque es más fresca que el día
porque parte del silencio
me ayudaba a imaginar
en ese tiempo yo no sabía de poesía
sigo sin saber gran cosa.
Bajo sus pies todo tipo de ruidos
el que más le gusta es el crujir
de las hojas secas
somos cómplices de tantas cosas
y todo el tiempo nos decimos
que amamos a la misma mujer.
Vivimos historias de un país
Que se cae a pedazos día con día
pero a él nada le asombra
es tal vez su inocencia
a veces pienso
que soy un hombre cruel
porque deseo regalarle
eso que llamamos realidad
me da vergüenza
saber que un día vamos a perder
mucho de esta inocencia compartida
¿llorar?, eso no resuelve nada

Perdí el miedo y comence a estar de acuerdo conmigo, las cosas que antes me preocupaban estan extraviadas que no soy capaz de recordar cuales eran, ahora lo que no me deja dormir es el vicio a permanecer despierto, no lo hago para ver a la muerte si es que se atreve a venir, tampoco se porque lo hago pero estoy seguro que un día de estos me quedare dormido hasta antes de que nos llegue la noche de nuevo. No tengo miedo y tampoco tiempo para inventarme unos cuantos temores

La partida

Cuando llego al otro lado descubrió que todo era silencio o tal vez el otro lado no exista y fue un instante antes de abandonar el cuerpo que ya no pudo decir nada, ni oír, ni sentir, lo que no esta claro es si en ese instante ella sentía una felicidad inmensa o un miedo aterrador, lo único cierta es que nunca más nadie volvió hablar con ella.

En algún momento del día me sentí triste, no tiene que ver con el dinero pues nunca he tenido y tampoco he deseado tener, sino porque me di cuenta de cómo son las cosas y no es más que una contradicción, es decir nos pasamos la vida entera quejándonos del tiempo y es que va tan lento que nos creemos ese cuento de que pasa rápido, si no me crees, detente un momento para ver crecer un árbol o tal vez a un niño y si te quedas inmóvil mientras eso paso, notaras lo lento que es, pero te advierto que corres el riesgo de ver lo hermoso y agradable que es, tal vez te pase lo que a mí y tengas esa sensación de tristeza.

Los lunes todos llevamos prisa. Nos quedan imágenes un tanto confusas del domingo o quizá del viernes, la verdad es que no importa. Por la calle va un mujer vestida de blanco, ella no voltea ver a nadie y sus ojos se esconden tras unas gafas oscuras. Nadie voltea verla porque al igual que ella todos vamos con prisa. Los viernes la cosa es diferente, a todos nos da por vernos y es entonces que nos inventamos un serie de traumas sin sentido y esas imágenes permanecen en nuestra mente. Yo estoy muy cansado como para pretender recordar algunas cosas, y me la paso sentado toda la noche porque aún no aprendo dormir.

Despiertas y dices que quieres ir a un cerro grande o mejor aún uno muy muy grande, que eres muy fuerte, que vas a subirlo, que quieres hablar con mamá.