Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Udele’

La idea de un amor absurdo me fue alejando de Udele. Intente reclamarle por su abandono y ella me dijo: regresa con tu amor de calendario, no quiero volver a saber de ti. Tenía ganas de verla, NY no estaba tan lejos.

Anuncios

Read Full Post »

Con ella en un principio las cosas eran tan complicadas. La primera noche que nos quedamos juntos, llegue a creer que sería imposible enamorarme, ¿pero entonces que fue lo que pasó?

Ella me estaba viendo como una niña desprotegida, su cuerpo temblaba y yo me entristecí al verla llorar, era un llanto que no iba a ninguna parte. Así que la abrace y ella me beso, así con miedo y me dijo que tenía miedo del sexo, que por eso nunca me había dicho nada, que le daban miedo los cuerpos desnudos, fue entonces cuando yo le tome la mano y ella se soltó en un llanto más intenso. Ella era delgada, su cabello torpemente ensortijado y sus labios eran secos y frío. También tenía los pies fríos, es algo que no puedo pasar por alto. Pensé en que había sufrido de algún tipo de abuso sexual, pero ella no menciono nada y yo no quería estropearlo, así que no le pregunte nada.

Ella me dijo: ¿podemos intentarlo?, si no lo hago esta noche creo que nunca podre hacerlo y yo le dije que no había problema.

Lo hicimos.

Le había tenido lastima, así fue la primera noche y con el tiempo me fui enamorando de una situación que adivinaba como aburrida, pero me equivoque y ahora ella hace de las suyas y poco a poco se va olvidando de mi.

A veces creo verla pasear en las cercanías de mi casa, pero eso es imposible, ella nunca vendría ni por error a estas tierras, a veces su nombre ronda en mi cabeza y me traiciona y no me canso de repetirlo una y otra vez, Udele, Udele, Udele.

Read Full Post »

 

Imagina por un instante a una mujer blanca, pelirroja y pecosa, pues bien, ella no es la mujer de mis sueños, lo fue alguna vez, o tal vez si lo es, ahora quiero pensar que ya no lo es. Udele no era la clásica gringuita, blanca, pecosa y desabrida, en realidad ella es mexicana, es pelirroja y desde luego muchas pecas, pero lo que me vuelve loco es su cabello enmarañado y casi siempre que veo su cabello hecho bola, tirado en el suelo, imagino esas ramas que se enredan hasta formar una gran pelota y van rodando de un lugar a otro, sin rumbo fijo en ese ambiente casi desértico, en esa nada que podría ser el cuerpo de ella. Lo reconozco, el deseo sexual es mucho más poderoso que el amor y ella siempre me provoca esos deseos que no logro controlar.

Desperté con un fuerte dolor de hombro, pase más de media noche caminando por las calles de una ciudad que desconozco, deseaba encontrarme con mi gato, pero en una ciudad en la que nunca ha estado mi gato, me resulta imposible. Tal vez mi gato ha muerto y eso es lo que hace que tenga esos sentimientos, tal vez mi gato me busca, es esa conexión que existe entre los dos lo que me preocupa. Estoy solo en medio de la calle, cuando me parece verlo, cruza una calle y corro tras él, hace más de un año que no lo veo y me desconcierta un poco. Me siento triste y en mi loca carrera por encontrarme con mi gato me he caído, siento algo muy extraño al caer, todo me da vuelta y no tengo el control de mi cuerpo, el vértigo no es algo que no pueda controlar, pero me espanta saber que al levantarme nada de lo que he visto sea cierto y mi esperanza se va perdiendo. Así regrese a la casa de Udele, triste.

Por la mañana pensé que lo mejor es regresarme, tal vez ir a ese pueblito mexicano y hurgar sobre los pasos de ella, seguro que ha dejado pequeñas pistas, cabellos regados que me han de llevar a ella, no importa que haya pasado muchas horas en una playa, buscar esas pistas dista mucho de la idea de buscar una aguja en un pajar, pero no quiero verla con su amante ni tampoco quiero reclamarle porque a ella se le olvido decir que sus historias, son también mis historias, que no haber estado juntos nunca las habría podido escribir, aunque yo también he sacado provecho de todo esto. No dejo de pensar y en ocasiones he llegado a creer que le tengo que decir adiós, que me tengo que liberar, que tal vez sea lo mejor y me espanta.

Sin Udele esta idea de escribir es un eterno vacío, yo escribo porque así puedo estar con ella.

Todo este entorno, me parece ajeno, intento que la vida sea como la recuerdo. Noches frías cerca de Central Park y los patos que se han escondido y nadie sabe a donde se fueron; pero nada es como lo recuerdo, ni siquiera la historia que intento contar, ni siquiera Udele es ahora lo que yo recuerdo, algo dentro de ella se fue gestando hasta convertirnos en una especie de ajenos y ella me saluda cuando lo hace con pequeñas señales, un me gusta en un red social que solo logra enriquecer aún más a ese capitalista que no tiene misericordia de las pasiones humanas y nos ve como quienes trabajan para él y le aportan todo ese dinero que acumula y no deja de contar, las señales de Udele no son las que nos van a llevar a terminar con el reino, las de ella son las que han de terminar con esta pasión y luego nos vamos a confundir y lo nuestro ya no será como en un principio en el que ambos creíamos que nuestro amor era tan fuerte como las ganas de escribir una historia juntos, pero ella se adelanto, no le importo mi ritmo y mis razones y a la primera oportunidad ha publicado su primer libros, no ha si su primera historia, ella ya había dado a entender que haría lo que le vinera en gana y en otras ocasiones había publicado ese pequeños relatos, algunos me gustaban más que otros. Supongo que lo único que hago es complicarme la vida. Central Park esta amenazado por el calor y la humedad, cuando escribo estas líneas, me imagino como esos escritores que van a un lugar en calidad de turistas y no lo puedo soportar, porque escribir como turistas, nos arranca el corazón de las historias y hace que cada línea no valga la pena, una historia así parece un folleto o una recomendación para una revista de viajes. Me siento desolado.

El dolor de hombro parece que me va a durar lo que me falta de vida, aunque no puedo decir si eso es mucho o poco. Busco sin éxito algunos vestigios de la noche anterior, algo que me lleve a creer que mi gato ha viajado tantos kilómetros tan solo para encontrarse con Udele, supongo que él al igual que yo la extraña o tal vez y nunca pensé en esa posibilidad, Udele me lo robo cuando se vino a New York , y yo me pase noches enteras buscándolo, pienso que soy un pobre tonto y que nadie debería confiar en mí y ahora ese pensamiento me preocupa, pues creo que de ser cierto esa tonta teoría mi gato esta en problemas, que ahora si esta perdido en realidad, que ha anoche tal vez ha cruzado todo Central Park buscando a Udele y que sino lo encuentro pronto, nunca más lo volveré a ver y tampoco ella, que yo no lo vuelva a ver quizá lo pueda soportar, hace más de dos años que lo he soportado, pero si ella no lo vuelve a ver, tal vez se rompa para siempre eso que de alguna manera nos mantiene unidos y la alienta a enviarme señales de cuando en cuando. El dolor se intensifica por momentos, supongo que un dolor de hombro es más intenso cuando la nostalgia esta presente, cuando esa incapacidad de estar donde uno quiere se deja ver de forma clara y no hay nada que lo controle. Tengo tantas ganas de salir de nuevo esta noche, pero sino me encuentro a Udele al regresar a su casa, creo que no voy poder más y mi vida se va ir haciendo pedazos. Suspiro, el dolor de hombro es cada vez mayor, se extiende hasta el pecho y por un segundo parece que no deja que el corazón se expanda a gusto. Soy un patético, me repito una y otra vez, soy uno que en un principio solo sentía deseo sexual por ella y ahora hablo de algo más y más poderoso, tal vez he perdido la cabeza y no se que hacer. El hombro no me deja mover el brazo, no me puedo tocar la espalda, mi gato tal vez no aparezca esta noche, tal vez este cazando patos antes de que el invierno les juegue una mala broma, tal vez yo estoy alucinando o quizá sea el momento de regresar. No hago nada y sigo pensando en Udele y en sus noches en ese pinche pueblito mexicano, donde ella deja que el olor que emana de sus senos se confunda con el olor que se le escapa de las piernas y gime al mismo tiempo que mi gato maúlla de tristeza y por no encontrar el camino que la lleve a ella y yo, yo que puedo decir, lloro porque no estoy con ella y no dejo de oler todo lo que me la recuerda: sus pantalones, su falda, su brasier, sus bragas y esos pequeños montones de cabellos que son la pista para seguirla hasta donde este esta noche sin importar lo que ahora haga. Gime, es casi seguro.

Read Full Post »

Yo soñaba con Udele. Imaginaba su piel blanca entre mis manos, mientras que ella se  aferraba a olerse las axilas; quería contarle lo sucedido en su ausencia, solo que a ella le importaba esa sensación de euforia que la humedecía.

Read Full Post »

Udele acostada en Central Park, presume que ha publicado su libro de relatos o quizá eran cuentos, habla de un primer amor y no me veo retratado en esas historias. No importa me dije, hasta que descubrí que él, era mi mejor amigo.

Read Full Post »

Tengo 42 años que no es la gran cosa. Yo habría deseado que nunca se fuera Udele, sobre todo a New York. No quería publicar esos anuncios en el periódico y después en el Internet: “busco amante estable, que quiera dar amor y mucho respeto, que sea incorregiblemente fiel.” Udele desde luego pensó que estaría mejor en New York, cada que ella salía de sus talleres de creación literaria se iba de copas con Delillo, yo me pasaba las horas sentado, hurgando en las historias de los demás y de chat en chat. Seguramente Udele sería una gran escritora, una de las que escriben cuentos, yo que deseaba ser su amante tenía poco que ofrecerle y el gran maestro no solo le heredaba sus conocimientos, sino que aprovechaban el tiempo para practicar unas cuantas posturas del kamasutra, que él ya tenía olvidadas. Nunca me case, me pase el tiempo esperando a esa amante ideal y la poesía, bueno la poesía me ha servido para mis pequeñas citas pasionales, donde los versos se olvidan con facilidad. Yo siempre había preferido las tetas, sobre todo cuando su sabor va mezclado con el olor de las axilas, me encantan las axilas. Me urgía estar con Udele, pero me resultaba imposible llegar a New York, no solo por el dinero, sino porque no tenía la visa correspondiente, tal vez podría cruzar el río y viajar. Udele quiere ser escritora, ella en realidad puede ser lo que quisiera, sus piernas largas, daban para eso y más, para mí ya es demasiado, sin contar que sigo aferrado a mi idea de la amante estable, creo que ya es poco tarde para eso, aunque me cambiara el nombre o tuviera mucho dinero, tal vez debería intentar escribir, pero no logro juntar un par de ideas.

Read Full Post »

No era particularmente bonita. Últimamente la imagino en su departamento en New York. Supongo que ha sufrido mucho con la ola de frío, pero ella está en el lugar que desea. Me la paso viendo su foto, una en particular, con su cuerpo desnudo en una especie de sabana roja y una almohada azul. Me gusta la forma en la que ha recortado los vellos de su vagina, es un triangulo perfecto que contrasta con su cabello crespo y alborotado que me recuerdan las bolas de ramas que ruedan despreocupadas por los desiertos, ella las llama: Tumbleweed. Su último viaje había sido tan largo que a ella le dio por pensar en bellas durmientes. Nadie le enseño a vivir esa vida que ella había elegido, una vida donde las ficciones le jugaban bromas pesadas. A mí me gustaban las morenas, eran ellas las que se escondían en mis historias, pero Udele, ni era rubia, ni morena y su cabello rojo natural me volvía loco cada que la imaginaba. Me vi por primera vez en sus ojos en el D.F., hace muchos años ya de eso. Me llamaba por mi nombre, pero eso ahora carece de importancia. La última vez que la vi, estaba en La Librería de Cristal, cuyas paredes son de cristal. La vi de espaldas y en sus manos sostenía un libro de Kawabata: La casa de las bellas durmientes. No le hable pero evidentemente se me rompió el corazón. Yo estaba enterado de que se marcharía del país y era casi seguro de que nunca más la volvería a ver. Los días fueron pasando rápido, así como mis obsesiones, ella se convirtió en una escritora de poesía rápida y de minificciones, lo cual me hacía sentir muy mal, porque yo pensaba que no había insistido lo suficiente para convertirme en los que más deseaba: ser escritor. En la mayoría de sus viajes se topo con turistas japonés, por una alguna razón no existe ciudad importante en este mundo donde no te encuentres con un turista japonés. Son como la mosca en las historias importantes. La foto de ella era bonita. Me la había enviado como regalo de navidad y al reverso le había puesto una leyenda que me cada que la leía me excitaba aún más, como si esa frase fuera el catalizador que me transportaba a las noches que pasamos juntos. La foto se la había tomado después de perderse en uno de sus paseos neoyorquinos. Central Park era un lugar hermoso pero ella me había confesado que no era el único lugar favorito que ella tenía. Cuerpos de hombres jóvenes se perdían a diario, confundidos entre el canto de esas sirenas hechiceras, mientras tú todas las mañanas salías a correr para después leer esos periódicos impresos en inglés o en idiomas que ni tu ni yo jamás lograríamos entender. No importaba el idioma en el que estuvieran escritos los periódicos o la ciudad donde ella o yo estuviéramos, los encabezados siempre anunciaban lo mismo: la existencia de otra guerra, la privatización de la producción de la energía, las narcofosas, la humanización del papa, la lluvia de estrellas o la tormenta solar, el sexo a domicilio, la resistencia social. La desesperanza. Veo tu foto y no dejo de pensar en lo tibio que me porte antes de tu partida y las ganas que ahora tengo de fundirme en tu cuerpo y la maldita envidia de verte triunfar como poeta y escritora aunque algunos por celos y no por otra cosa dicen que tu eres una sirena que logra hechizar a cualquiera y que es por eso tu8 éxito, para mí esa es una pendejada, yo creo que trabajaste y trabajas mucho para convertirte en lo que ahora tanto detesto de ti y eso es porque me recuerdas lo que yo no he querido ser. Por miedo. Mientras tú te ibas a New York, yo decidí irme a la frontera y desde entonces soy un ser triste. No hay nadie en el mundo tan triste como yo, quizá te puedas encontrar a gente desesperada, esos abundan pero no tristes. Deje de viajar y pensé que podría ser poeta sino me movía más. Desde luego que he vivido engañado todo este tiempo, pero ya no tengo la misma fuerza para salir al mundo y creo que he de morir en este territorio árido de poetas y productivo en asesinos de la mafia. ¿En qué radica este desbalance?, la poesía es un negocio de palabras, de búsqueda, de una verdad que no es fácil de observar, no te da ganancias y si no eres inteligente puedes morirte virgen. La poesía es elocuencia, el asesino suele vomitar fuego y escupir cadáveres. Una o dos veces han tratado de secuestrarme y al igual que la mayoría de la gente que vive en esta ciudad, hay días en los que temo por mi vida. La poesía requiere decirse en palabras comunes, ordinarias, el asesino puede trabajar en silencio, en eso consiste el desbalance.

Imaginaba a Udele en su departamento, desnuda, con las cortinas cerradas mientras posaba para la foto que me había enviado. Después de la foto se saboreaba un plato de aguacate que un admirador mexicano le había enviado desde el D.F., Udele traía el pelo rojo, no se lo había pintado, pero estaba mal peinada, como si ella misma se lo hubiera cortado. Tenía los pezones rojos y hacía un par de días que no se depilaba las axilas, eso lo sabía porque había pasado el tiempo suficiente con ella como para saberlo. Tenía la cara roja, y el cuello largo y descubierto, ese cuello que evoca un largo viaje desde New York hasta Montreal. Los vellos en su monte de Venus eran negros, sin vacilaciones, sin anuncios, sin proposiciones, eran hermosos tal y como deberían ser los de toda mujer; su cuerpo poseía esa continuidad que siempre espera por nuestro regreso.

Read Full Post »