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Posts Tagged ‘Sueño poco profundo. Después del sexo: dormir es lo ideal’

 

A ella le gustaban los hombres robustos, grandes y feos. Yo tenía una de esas cualidades, además de ser calvo. Al principio no lograba entender del todo su juego, pero estaba claro que algo se traía entre manos. A mí me gustan las morenas, hace mucho tiempo que mi gusto por las mujeres blanquitas se fue al traste, por una pagan todas y aquella no era una historia que yo quisiera contar. Si no eran feas mujer, pero tampoco era algo que me estuviera robando el sueño. Ella era todo eso.

Desde que comencé a salir con ella no dormir no era dormir, era estar en silencio, buscando la manera de vernos, de no escondernos, de salir más allá de los lugares comunes, el silencio era el inicio destructivo de los momentos que con mucho esfuerzo se habían logrado, dormir era un pacto con la virginidad de mis emociones y era no dormir sino suspirar una y otra vez hasta extraviarme en lugares que nunca antes había visto. Dolor en los ojos y miedo de hablar, como hablan los que son cobardes y durante las noches se traicionan, quizá por eso intentar dormir era como una cita con el demonio.

Ojos cerrados, espacios donde las cosas no saben del miedo que nos ahoga y donde esta historia no tiene necesidad de ser narrada.

Había tantas cosas que me estaban matando y casi todas venían de mi infancia, era como salpicar el agua del río que pasaba frente a la casa y que ahora ya no existía, estar así era: desesperarse; yo llegue a pensar en tantas posibilidades, imagine una violación, porque lo apropiado para un niño no es llorar, sino reír. Tal vez tenía que ir con un especialista para que me hipnotizara y me hiciera entender todo ese pasado que parecía oscuro, pero yo no creía ene se tipo de cosas, ¿y si no fue una violación, entonces qué otra cosa podría ser?, no tenía la más mínima idea. No había palabras y solo quedaba llorar. Entonces llore. Abril había pronunciado mi nombre dos o tres veces en los últimos días, yo lo que deseaba era cabalgar en ella y escaparme de toda esta melancolía, no importa que al final de esta historia yo pudiera terminar con su nombre tatuado en toda mi piel y mi cuerpo reclamara la suavidad del de ella. Arañe su sexo para cabalgar con más fuerza y el viento acelero todos los sonidos y parecía que en cualquier momento mi corazón habría de estallar. Su nombre, el nombre de ella; Abril sonaba una y otra vez hasta despedazar mis tímpanos, que quería ella, lo que deseaba yo, eso estaba claro. En mi infancia jugaba en el patio de la casa y me escondía de mis demonios debajo de la cama, mi padre tal vez fue el primero en tocarme, un padre que por una u otra razón termine por odiar, él deseaba alejarme de la pasión maternal y los muros de la casa eran una prisión que no tenía fin. Durante muchos años, las caricias eran mi larga agonía.

Abril se estaba acostumbrando y mis manos tenían hambre de ella. La primera noche fue una noche sin sonidos. Yo estaba loco por ella, que era capaz de todo. No quería que lo que ambos habíamos logrado se muriera en mis manos, así que me deje vencer por todo lo que me rodea, me volví insensible a la muerte y fui débil y fui un sueño extraño donde cada noche imaginaba que habría de entrar en la mente de alguien l lo atormentaría con ideas de sueños que nunca terminan y narran una y otra vez, la muerte, la tristeza, la soledad, la vida misma. Abril era quizá tan egoísta que en ocasiones dejaba pasar muchos días para volvernos a ver. El demonio usaba las bragas de Abril, mientras yo cabalgaba en su cuerpo. Nunca antes fue mejor. A mí me gustaban las mujeres blanquitas, pero desde hace un tiempo me di cuenta que las morenas saben amar más y mejor, al menos en mi experiencia personal, pero igual y estoy equivocado. Esta noche, después del sexo, intentare dormir y sino que la mente me castigue una vez más. Silencio.

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