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Posts Tagged ‘sexo drogas y narcos’

19 de septiembre

Esta guerra nos había cambiado a todos. Mi llegada a la frontera no fue espectacular, ni siquiera traía bajo el brazo un currículum interesante, el título de ingeniero venía acompañado de una reciente auto jubilación. Pensé que sería muy fácil convertirme en escritor y así ir liquidando todas mis deudas, pero la promesa que me había hecho de levantarme todos los días aún de madrugada y escribir, no era algo tan fácil de hacer, sobre todo porque algo que siempre me ha perseguido es mi poco interés para convertirme en un amante de la disciplina. Ignoraba en realidad a donde iría a parar en este viaje.

Mi situación sino era muy mala, si daba para ponerse a pensar, tenía que decidir en lo que haría en el futuro y sobre todo, si estaba dispuesto a conseguir un trabajo aburrido que me permitiera seguir haciendo las cosas que en realidad me gustaban, la otra era tomar un arma y disparar contra quien fuera, sin importar si pertenecía al bando supuestamente bueno o al bando de los malos, eso carecía de importancia, lo importante era desde luego seguir escribiendo, aunque esa fuera una promesa, que ni yo estaba seguro de poder cumplir. Había expulsado de mi vida una serie de sueños y la posibilidad de viajar a lugares lejanos del país.

La mayor parte del año hacía mucho calor. Clide Calveyra, ni siquiera pensaba en las cosas que me mantenían en esta ciudad. Yo habría querido empalmarme con ella, pero estaba claro que eso sería lo último que pasaría entre nosotros. Clide Calveyra, había llegado a la ciudad buscando a una tal Laura Blake, quien había heredado una fortuna de su madre, la cual había muerte en alguna favela, podrida en billetes e historias y sin nadie que llorara su muerte. Calveyra me contó que Laura Blake, no tenía idea de la existencia de su madre, que siempre había creído que era huérfana, que fue criada en un convento, con monjas tan estrictas y que en cuanto tuvo oportunidad y la edad suficiente, salió huyendo de la ciudad. Podría ser que Laura Blake no se llamara así en la realidad, para Calveyra tenía ese nombre porque se basaba en las referencias que había encontrado entre las cosas de la vieja prostituta. Seguía una pista vana, algo que al parecer no tenía sentido ni futuro, una investigación absurda y que no llegaría a buen puerto, pero Calveyra me había jurado que nunca se daba por vencida y que llegaría al fondo de este asunto. Mientras  esperaba a Calveyra en el bar de José Carlos, llegó Antón Nikon y nos tomamos un par de cervezas, antes de que me contará de su reciente descubrimiento. Esa noche como casi todas las noches hacía tanto calor y en lo que menos pensaba era empalmarme con alguien, aunque eso no parezca algo normal. La chica del cuerpo de diosa, no había querido verme esa noche y yo, estaba muy enojado con ella, sabía que estaba con su novio narco, sabía que saldrían a dar el rol por la ciudad, sabía que ella haría de las suyas y cuando estuvieran follando, ella disfrutaría de la sangre de sus víctimas, sangre que bañarían sus cuerpos. Yo, odiaba esos días.

Nikon me contó que el evitaba meterse en problemas, que evitaba a las mujeres de esta parte del país, que aunque en su mayoría eran todas hermosas, no valían la pena como para arriesgar la cabeza, además que él no quería tener que quitarle la vida a nadie por un capricho de faldas, él prefería el arte a la pasión desmedida por una vagina, luego me dijo, que si en algún momento me dejaba llevar por esa pasión y decidía cortarle la vida al rival de amores, que por favor le avisara, que sería algo hermoso poder fotografiar el rostro de un muerto por una batalla amorosa. Me reí. Nikon prefería las muñecas para hacer el amor, me confesó que: sabía de un lugar donde tenían una verdadera máquina de follar, una máquina que no exigía explicaciones, una máquina casi perfecta a la cual nadie podría llamar muñeca de látex, porque  ni siquiera era eso, era una máquina con todas las cualidades de la piel y los músculos y la carne de una mujer, una máquina hasta cierto punto perfecta, y lo de mejor de todo es que no tenías que disputarlas con algunos narcos, y eso significaba no arriesgarte a que te pusiera un tiro en la cabeza algún novio adolorido, que no tuvo la capacidad de lidiar con sus celos enfermizos y su machismo mancillado. Nikon logró despertar mi curiosidad. El simple hecho de imaginar una máquina de follar, de imaginar que aquellas locuras descritas por Bukowski, eran posibles, me excitaba a tal punto de perder la cordura.

Nos fuimos a un bar llamado:  El circo. Era un nido de víboras, estaba el lugar infestado de las peores personas de la ciudad, aunque lo que más abundaban eran los narcos, a ellos los distingues fácilmente por sus atuendos,  y por sus accesorios de lujo un tanto excesivos y ni que decir del lenguaje y la prepotencia con la que se dirigen entre ellos. No dudo que entre los presentes hubiera un  asesino serial y lo peor de la ciudad, debería encontrarse esa noche entre todos ellos. Antón me señalo a un sujeto que estaba al fondo del bar, me dijo: que era su socio, que había venido de alguno de esos países de la desaparecida Unión Soviética y que su especialidad consistía en desollar vivos a sus víctimas y que además trabajaba para las ligas mayores del crimen organizado. Ese noche sin haberlo pedido, había logrado entrar a ese mundo restringido para unos cuantos, ya fueran narcos o no, y que desde ahora podría llamar mafiosos, pues sus actividades se diversificaban. Sentí un miedo que nunca antes había experimentado e imagine todos los escenarios posibles que antes había leído en tantos libros y ninguno, por más que se diga que la realidad de hoy en día supera a la ficción, se le podría comparar. Me dieron ganas de salir corriendo, pero mis ganas por conocer a la máquina de follar ya estaban a tope.

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