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Posts Tagged ‘sexo con las mujeres del narco’

8 de septiembre, después de una larga en noche en vela

Yo. Ni siquiera soy o era del país. Creo que llegue a esta ciudad un miércoles de noviembre, es una ciudad espantosa, con fríos intermitentes a principio de año y una que otra lluvia, pero lo que reina es el calor y el polvo, así como las balas. No tenía idea de la cantidad de polvo que se acumula por todos los rincones. A veces trato de recordar cómo era la voz de ella, aquella primera vez que nos vimos, su necesidad de arrastrar la r y de hablar como si fuera una extranjera en su país. Era todo tan extraño, tan confuso y a veces tan complejo. La ciudad parecía desvestida de la violencia, algo apenas peligroso e imagine todos los escenarios posibles para practicar mi obscenidad. La oferta estaba a diario al cruzar la puerta, pero no tenía idea siquiera de lo que me esperaba.

Llegar a otro país para no hacer nada pero no dejar de hacer, para continuar con lo que yo llamaba la auto-jubilación de una tarea e inventarme otra, una tarea en donde tendría que informar, si es que escribir estas reflexiones se le puede llamar así. Irse a un país no tan lejano y nada exótico, hasta el último rincón de sus tierras, a un paso de la frontera, porque es donde se concentra la vida peligrosa, es donde las mañanas no tienen sentido si en las calles no aparece un muerto. No hacer nada y cobrar mucho dinero, quién no ha tenido ese sueño antes.

No me dieron muchas opciones, con eso del nombre, me recomendaron el de Juan Pérez, me dijeron que todos en este país se llaman así, pero a mí eso no me gusto y opte por algo no tan común. Fue entonces que decidí llevar un diario a todos lados conmigo, escribir esas cosas que por sencillas olvidamos de inmediatos: escribir todo lo que me pareciera importante, era mi siguiente tarea. Empezar algo siempre es de lo más fácil.

Fue en esta ciudad donde conocí a Clide Calveyra, ya he dicho que esta era una frontera y te podías encontrar a gente de todo el mundo. Una mujer misteriosa. Una de tantas noches me fui a un bar local, aunque llamarlo bar es algo que no es adecuado, digamos que fue en una cantina como tantas que existen en este polvoriento lugar. Cualquiera que conozca a Clide se enamora de ella en seguida, ella llegaba todas las noches a ese lugar y cantaba como si fuera un susurro, un susurro intenso y a la vez edificante: The Lady Is a Tramp. Era algo inapropiado tanto para la época y el lugar, acá uno espera escuchar algo más terrenal y un tanto agresivo, algo que te haga sentir como corre la testosterona: Cartel De Santa – Vato Sencillo. la gente se había cansado de la poesía y ella sin lugar a dudas era una enamorada de la vida y su cuerpo aunque cercano al de una diosa, no lo era del todo, ella tenía una inteligencia especial. Calveyra, me confesó que estaba trabajando en el país, que para trabajar no se necesita una visa o un permiso, como tampoco se necesita entrar en pugna con los originales del lugar, aunque para ellos es siempre una ofensa que gente de fuera venga a quitarles lo que por derecho les pertenece, me digo que la cuestión de la mafia estaba aún en pañales y que aún estaba por venir lo peor. Sicarios de otras partes del mundo, psicópatas que verán en esta ciudad una oportunidad para salir a cazar y uno que otro asesino serial que podrá hacer de las suyas sin ser molestado por las autoridades. Me contó acerca de Anton Nikon, un joven fotógrafo, con reconocimiento internacional, que ha venido a la ciudad y que el trabajo que ahora realiza tiene que ver con capturar el rostro de la muerte en el instante mismo que se lleva la vida. De solo pensarlo sentí escalofríos. Luego me puse a pensar de cómo le hace este fotógrafo, para estar en el lugar correcto y el tiempo correcto para lograr sus imágenes, ella me dijo: no hay mucho que pensar. Me hablo de un cirujano plástico, pero no me quiso decir su nombre, no al menos en las primeras platicas, pero el tipo fue contratado por los narcos para torturar a sus enemigos, me dijo que los desuella vivos y que lo disfruta. He visto fotografías, agrego. Hablamos durante muchas noches seguidas y tenía muchas ganas de llevármela a la cama.

No necesito contar mucho para dejar claro que en este país que había escogido para vivir y para mis aventuras, no había trabajo para mí, como tampoco existía trabajo del lugar de donde vengo.

Ella la mujer con cuerpo de diosa, tenía apenas 21 años, quizá lo que pesa el alma. Una noche, cuando su novio no estaba en la ciudad, nos encontramos en su casa; ella vestida apenas con una playera larga y el resto de sus miembros desnudos, me dijo que tenía ganas de hacerlo, que esa noche deseaba empalmarse conmigo, pero que no quería las mismas cosas de siempre, que se estaba cansando un poco, que necesitaba un poco de emoción, me sugirió subirnos a su troca y salir a la calle a cazar. De alguna manera ella no deseaba más poesía y caricias delicadas. Al principio me sorprendí con la palabra cazar y luego pensé que el coto más cercano, estaba por lo menos a una hora de la ciudad y salir casi a mitad de la noche era como ponerse un arma en la cabeza y comenzar a jalar del gatillo. Pero cuando uno tiene la promesa de una vagina caliente esperando por ti, poco importan los peligros y además sería un buen pretexto para descubrir algo que valiera la pena anotar en mi diario o para algún día poder escribir una historia, yo estaba sediento de letras y ella de emociones. Tomo un arco hermoso y nos montamos en la troca.

Decidí esperar. Nos paramos en una calle poco transitada, me dijo que me quitara la ropa y que estuviera pendiente, mientras ella dejaba que su cuerpo caliente se frotara contra el mío. No aguantaba más, tenía ganas de empalmarme en ese instante y no esperar a nada a nadie, la prisa es casi siempre mi peor enemigo. Ella me dijo: en cuanto veas pasar a una mujer joven me avisas. Estaba a punto de dejar correr mis efluvios, cuando alguien apareció en la calle. Ella tomo el arco y le clavo una flecha en la pierna, se bajo de inmediato y arrastro a su presa, hasta subirla a la troca, luego totalmente excitada me gritaba: arranca ya, vamos, vamos que esperas, me dio una cachetada y dijo: deja de estar pendejeando. Por primera vez en todo el tiempo que llevaba en esta ciudad sentí verdadero miedo, si es que el miedo tiene ese sentimiento de verdadero. No tenía claro quién era peor, si la gente del narco o ella, pero me sentí tremendamente excitado, como nunca me había sentido y poco me importaron los vicios de ella.

Mientras todas estas cosas pasaban, me fui acercando a un grupo de gente con las que podía discutir acerca de muchos temas, el lugar después de todo no es tan  desértico y algunos tenían profundos conocimientos en algunas teorías interesantes, pero poder hablar de Sartre ya era ganancia y sin mencionar a unos cuantos que amaban la literatura. Calveyra, fue culpable en gran parte.

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