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Posts Tagged ‘ruido’

Ni con todo lo que gritas alcanzo a escucharte.

Si alguien me pregunta cómo empezó todo, la respuesta es que no tengo idea. Me llamo Carlos, podría ser  Antonio o simplemente Alberto, lo del nombre es lo de menos. Cuando murió mi abuelo, no estuvo tan mal, mucha gente lo acompaño al funeral y yo no estaba más en esa ciudad, en la que había crecido. Podría decir que ese día había empezado todo, pero te estaría mintiendo. Mi vida en algún momento quedo abierta, yo seguía corriendo, fui de un lugar a otro tratando de esconderme, no había motivo para hacerlo, me fui caminando, corriendo, en el vagón de un viejo tren que olía horrible, también use un autobús y más tarde un avión que me llevo a lugares insospechados. Es tal vez a lo que todos los hombres temen, lo que me ha hecho lo que soy y donde tal vez todo empezó. No puedo asegurarlo, eso sería mentir. Llegue a pensar que me quedaría solo y sin amigos, en ese momento mi vida se vino abajo y el frío me lamía mis brazos desnudos y vacíos.

Seguías gritando y por extraño que te parezca, solo lograba escucharte cuando hablabas quedito, como en un susurro.

Mi madre me dijo que no debía hacerlo con las primas, pero todas me gustaban, siempre una u otra tenían lo que yo quería, siempre una u otra lograba hacerme sentir bien y sobre todo no me dejaban solo. Pero besar a una prima es una ofensa a la familia y a la sociedad, eso me decían y luego empalmarse con ellas, eso equivalía a una larga y agónica muerte. El infierno. Lo que más me molestaba era sentirme perdido. Mis manos eran hermosas, torpes pero hermosas y después las fui dañando, se me ocurrió de la noche a la mañana llenarlas de cicatrices y ninguna de esas cicatrices tenía como objetivo quitarme la vida. Mis primas siempre me decían que tenía una mirada hermosa, que yo era un tipo muy feo, pero que mi mirada era tierna, eso a mí, poco me importaba, yo deseaba empalmarme con ellas.

Y no dejaste de gritar, incluso cuando la muerte te sorprendió, tú seguías gritando y sentí deseos de tantas cosas y solo fui capaz de besar tus labios en ese cuerpo muerto, quizá fue en ese instante cuando todo empezó.

La vida seguía corriendo. Yo. Nunca había publicado nada, al menos no en papel como era mi deseo, quería hacerlo, no para reunirme con otros escritores porque yo siempre he odiado esas reuniones donde algunos leen fragmentos de sus obras y se creen superiores y no se dan cuenta que esos momentos han dejado de ser escritores. Yo odiaba a los escritores que se la pasaban viajando o leyendo en todas les ferias de literatura con el único afán de vender sus obras, odiaba a los escritores que después de publicar una vez, ya nadie volvía a saber de ellos, los odiaba porque creían que escribir los sacaría de su pobreza y esa era otra mentira, quizá la más cruel de todas.

Durante mucho tiempo ella seguía gritando, reclamando por aquello que era suyo y que según yo le había robado en medio de un caudal de sangre.

Dolor.

Me había dicho que publicarían un relato mío, un libro experimental producto de un taller que pretendía hacer escritores. Si lo hubieran hecho, creo que habría dejado de escribir por lo menos doce años, aunque eso lo supongo. Deje de escribir por lo menos tres años y en todo ese tiempo me dedique a trabajar. Mis relatos no tenían sentido, yo no podría vivir de ellos y entonces me fui olvidando, por lo menos una gran temporada, también me olvido como fue que empezó todo, me olvide de las primas y de lo hermoso que eran mis manos, me olvide que nadie me mantendría si pretendía seguir escribiendo y me olvide que a mí no me gustaba el trabajo. Me olvide de seguir vivo.

Te fuiste en medio de mi silencio, te fuiste por todas ellas: dijiste que sea por-nostras. Entonces pensé que nada tenía sentido, que la gente debería volverse loca, asesinar o por lo menos empezar a suicidarse. Ese fue el final no el lugar por donde empezó todo.

La vida seguía de largo y yo sinceramente seguía sin saber quién soy, me cansaba de repetir un nombre, pero no solo somos nombres. Carlos eres Carlos, no lo olvides eres Carlos, pero también eres Alberto, Alberto y también eres silencio y aprendiz de escritor y eres amante y eres un sueño y eres el poema que aún no empieza y estas solo y estas acompañado y tienes frío y el frío te encoje el pene y te va helando el vientre y te hace ver desnudo ante los ojos de los demás. No existes. No hay un comienzo. No hay un final. Eres un ser imaginario que en este momento estas sucediendo en el sueño de otro, de alguien que se llama Carlos y de quien intentas apoderarte, eres un sueño que va a suceder en cuatro años y eres silencio y eres soledad y eres un mal presagio.

Ruido.

Alguien se ha cagado en mí, alguien se ha cagado encima. ¿Esto había pasado de veras alguna vez?

Ni con todo lo que gritas alcanzo a escucharte.

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