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Posts Tagged ‘Rigo Tovar’

La frontera norte, una postal, más allá empieza el sueño americano, los billetes verdes, y uno de los estados más seguros del país vecino, allá es el fin de todas estas inseguridades, eso es lo uno creería mientras atraviesa de una ciudad a otra, con la música en silencio, y pendientes de cualquier cosa extraña, incluso parece que la temporada del año se ha puesto en nuestra contra y oscurece más temprano, se oye el ruido de las llantas al deslizarse sobre el pavimento y es estúpido sentirse así, dan ganas de cruzar al otro lado por aquello que es más seguro, pero en las bolsas no traemos las visas, así que nos resulta imposible cruzar y tenemos que seguir la ruta que hace unas horas nos parecía segura y después se volvió imposible, tenemos miedo pero somos expertos en ocultarlo, últimamente eso hacemos: ocultamos nuestros miedos.
Pasamos por el lugar donde la mañana anterior había sangre regada en el pavimento, tratamos de imaginar la escena de ayer, pero nos topamos con grandes pipas o camiones cisternas que transportan combustible e imagino de inmediato un encuentro armado y las imágenes Dantescas acuden a mí, pero es imposible que se dé un enfrentamiento, las cosas están calmadas, al menos por un momento y los camiones cisternas traen una leyenda entre tantas que dicen Nieto, son de la familia del presidente así que nadie las ataca y nadie las cuida, no hace falta.

Los habitantes de esta frontera tienen miedo en su mayoría por su imaginación y no por contacto directo con los enfrentamientos, de alguna forma son dichosos. Algunos te cuentan las historias que han vivido en directo, historias que forman parte de una novela, esa novela que ya se les ha instalado dentro y que nadie más puede escribir y que unos cuantos creen saber cómo es, quizá nos hace falta entender que es lo que pasa, tener contacto con esa cruda realidad para entender y entendernos, para saber que esto es un pequeño infierno. Nos hemos olvidado de eso, de la realidad y nos encerramos, porque eso nos dicen las autoridades y nos recetan una serie de recomendaciones para sobrevivir a los ataques de los mal llamados narcos, pues lo que mejor se adapta a ellos es el nombre de sicarios. Dentro de las recomendaciones las que sobrepasan mi realidad, están por ejemplo: si no tienes nada que hacer no salgas de tu casa; si vas a salir solo lleva el dinero necesario, deja en casa las tarjetas de crédito y todas tus cosas de valor; si tienes un arma no salgas con ella, pues te pueden confundir; si estas cerca de un enfrentamiento corre a esconderte y la más tierna de todas: si ves que alguien es llevado en contra de su voluntad, no digas nada, porque no sabemos si son de los buenos o los malos (supongo que se refieren a los que se los llevan o quizá a los que son levantados, la verdad es que es muy confuso).

Esta ciudad merece un elogio al desorden, empezando por sus autoridades.

Tenemos las manos atadas por la sangre, esa es nuestra realidad, supongo que para sobrevivir debemos rezarle al santo de nuestra devoción, el preferido debe ser Rigo Tovar, en esta ciudad se dice que Rigo es amor y en el amor se basa la fe de los pueblos y las personas para ser cada día mejores, además de que Rigo es de esta ciudad, así que tenemos que encomendarnos a él.

La felicidad tiene que ser otra cosa que una troca o un departamento, y desde luego otra cosa y no el sexo ni el dinero fácil, la felicidad tiene que ser más que un error, algo que no se corte con el impacto de una bala, la felicidad no es ese placer egoísta que viene manchado con su cuota de sangre, la eternidad no es lo que podemos tener en esta vida, es decir no es un bien material, ni el tener la vida de otros en sus manos y quitárselas deliberadamente.

Todos somos ciegos, nadie los ve venir ni andar por la ciudad, algunos alzan la voz para decirnos que los ven pasar por una calle u otra, nos alertan, pero nadie les hace frente, hacerles frente es poner una bala en tu cabeza y dejar de contar todas estas cosas, estamos ciegos porque así nos conviene; la alcaldesa prefiere decir que la mayoría de sus policías no están de servicio porque aún están en ese proceso de verificación para saber si son honestos y que nada podemos hacer que no se a rezar, claro que acá tenemos a Rigo, después de todo Rigo es amor. Los que sufren alguna perdida, no tiene otra opción que llorar y rogar para que ya no se les muera nadie más.

El sicario era un niño que le gustaba salir por las noches y jugaba al fútbol soñaba con ser campeón del mundo, pero eso no le alcanzaba para tener lo que otros tenían y se canso y decidió que era el momento de hacer un cambio y tenerlo todo, se puso piel de tigre y no le interesaba esperar por nada, como tampoco trabajar para que ese cambio pudiera darse, el sicario escogió la vía corta, la vía de la sangre y el olor a pólvora mezclado con el del sudor y supongo que eso lo hace feliz.

Miedo, ignorancia, deslumbramiento: esto se llama así, esta mujer puede ser tuya, esta frontera una postal de la realidad antes de cruzar a esas tierras donde el sueño americano es posible, esta frontera manchada de sangre; esta frontera es la vida sigue metiendo al miedo en nuestra cama.

Más de una vez he visto cuerpos heridos, cuerpos tendidos después del último aliento, manos que no volverán a tocar unos senos y esas mujeres que aún no tienen ni veinte años quedarse viudas y sus hijos huérfanos, hijos que caen en un silencio terrible y desean tener un arma para ser iguales a su papá, vida en corto, vida exprés, vida vivida a todo lo que da.

A veces me gana un silencio terrible y tengo ganas de llorar.

He llegado aceptar el desorden, se que la eternidad no requiere de un cuerpo, que el placer es una situación egoísta y que jamás voy a comprender del todo porque estos hombres, estos sicarios se sienten orgullosos de lo que hacen, según yo, ponen en riesgos a sus hijos, a su amantes, a sus mujeres, a su padres, y cuando los otros, los que son del bando contrario, los identifican, acaban con todos para evitar venganzas en el futuro, no se si existe algo más triste que esa paz que no tenemos, pero nos vamos conformando con esa inmovilidad, aunque en ocasiones salimos a la calle y nos olvidamos que tenemos miedo y por un pequeño espacio vivimos.

Un sicario quizá pueda pensar así: mi vida es más que la vida de los demás y deliberadamente nos disparan si nos ven en las calles.

A veces quiero salir en las noches, pero pienso que no vale la pena, sobre todo porque mi alma no es pequeña y porque aún tengo muchas cosas por hacer. Miedo. Nadie dijo miedo, esta es una ciudad en donde no existe una próxima vez. Es aquí donde existe un pequeño infierno por si alguien lo quiere conocer, aunque los que acá vivimos ya nos acostumbramos a esta historia gracias a nuestra imaginación y no nos hace falta el contacto directo, no nos importa que una bala nos pase rozando, pensamos en que nada está ocurriendo y dejamos las cosas de ese tamaño, del tamaño de una novela.

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