Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Rigo es amor’

“Esta es la frontera”, dijo un hombre.
Solo entonces vi que se trataba de ese lugar que tantas veces me habían descrito en mi niñez mediante una canción. La ciudad era una gran calle, el resto eran como los vaso comunicantes que llevan hasta esa calle, una suerte de pequeños retazos que nos devuelven a la realidad. Matamoros era eso, una ciudadcalle. No había edificios grandes salvo uno que otro hotel que trataba de mostrar una grandeza imposible, un par de restaurantes y sitios aburridos y corruptos, no había ya luces de neón y la zona roja se había mezclado con el resto de la ciudad y la ciudad era una sola calle, una larga calle que cruzaba la frontera y que de seguirla más al norte seguramente cruzaría una nueva frontera hasta que un glaciar rompiera con ella. Trafico constante, que no duerme, que no se cansa y el gran comercio de los autos usados, una sola calle tendría el record de más ventas de autos usados en el mundo. Todo aquello conformaba la frontera, la que tanto sueñan los que viven más al sur. Una ciudad simple y nada más, no la ciudad que describía una y otra vez aquella canción que me acompaño durante mi infancia. Yo sabía que la frontera era un lugar feo, que siempre había sido así, y no sé bien porque pero decidí quedarme, en cuanto llegue a la ciudad la inmovilidad se apodero de mí y supongo que buscaba encontrarme con algo más.

El hombre no dejaba de mirarme y yo le pregunte si estaba cerca la casa de Rigo.

“Siempre ha estado aquí, un poco más adelante”, dijo el hombre. “Ahora está abandonada, pero hace muchos años era un lugar bonito, como toda la ciudad. Si quieres te llevo. Pero ¿no te gustaría llegar al puente primero? ¿No tienes ganas de cruzar a la otra orilla del río Bravo?”, dijo.
Le dije que creía que había venido a esta ciudad por Rigo, pero no estaba seguro, le dije que en mi mente sonaba algo así y que no sabía porque pero desde niño siempre quise venir a Matamoros, la frontera.
Entonces el hombre dijo:”es por la canción, no eres el primero que me cuenta esta historia”.
En verdad no lo sabía, Rigo ya no estaba y una casa abandonada no es motivo para salir de tu ciudad a buscarla, allí no se encierran historias, quizá un olor predominante a Radón, que es a lo que huelen las casas abandonadas, para mí Matamoros no era una ciudad bonita, era una larga calle, eso era lo que era y todas las demás, las otras calles eran como pequeños tentáculos que trataban de atraer a la gente a la principal, a la única que tenía presencia como tal.
Le dije que su ciudad nunca había sido bonita, pero que su ubicación la hacía atractiva.
Le dije que la culpa de que hoy estuviera yo en ella, la tenía Rigo y esa canción que martillaba mis oídos cuando yo aún era un niño.
Le dije que no tenía intenciones de ir a la casa de Rigo y que me parecía que lo mejor que le pudo pasar era estar abandonada.
Fue entonces que el hombre me pregunto: “¿Qué demonios estás haciendo aquí pues?”.
Le dije todo lo que antes le había dicho, pero agregue que mi vida era una contradicción y que tal vez era por eso que estaba ahora aquí.
Le dije que creía que era un buen lugar para esconderme, que no estaba huyendo de nada ni de nadie, pero que siempre era bueno encontrar un lugar donde esconderse, le dije que no conocía otro lugar en el mundo donde esconderme, que esta ciudad era como una esquina, donde al dar la vuelta ya nadie te ve y que si algo se complicaba siempre podrías cruzar el río y empezar de nuevo, porque del otro lado siempre se podía empezar de nuevo, como si nada hubiera ocurrido nunca, como si fueras otro, como si todo el pasado se pudiera borrar.
La ciudad olía a carne asada y a carne humana quemada por la metralla, ambos olores igual de fuertes, penetrantes, inquietos, especiales, traumatizantes, no del todo ajenos. Las calles estaban llenas de hoyos y se inundaban con facilidad a la primera amenaza de tormenta. Por las tardes el cielo se teñía de un rojo espectacular, quizá esa era la única belleza que no dependía de la ciudad, belleza que a los nativos incluso les sorprendía.
Le dije que algunas cosas me tenían confundido, como por ejemplo no entendía cómo era posible vivir a lado de una ciudad ordenada y que esta ciudad sea un desmadre. Desde luego que se entiende con facilidad, pero me confundía el que se hiciera nada por imitarlos o no lo entendía porque siempre me gusta complicarlo todo.
No le dije que en realidad estaba huyendo.
No le dije que me cagaba de miedo cada que escuchaba la palabra narco, levantón, la gota, la letra, esos hombres y todo lo que tenía que ver con ese gremio.
No le dije que pretendía ser escritor y que en el fondo andaba buscando una aventura que se pudiera escribir sin tanta complicación y que pensaba que en una ciudadcalle eso me resultaba imposible y sin embargo me iba a quedar porque me gustaba dejarme sorprender y porque creía que algo terminaría por sorprenderme.
No le dije que odiaba tanto a Rigo como a sus canciones pero que ese odio era producto del amor que en mis tiempos de niño sentí por él o mejor dicho por una o dos de sus canciones.
No le dije que el olor a carne asada me hacía pensar en masacres. No le dije que el olor a orines y perros de esa gran calle que era la ciudad me ponía de malas.
No le dije que cuando llegue no tenía un solo amigo y que estaba enamorado aunque en ese momento solo suponía estar enamorado y que lo había apostado todo al amor, aunque no era del todo sincero porque yo estaba huyendo, aunque eso ya lo dije pero a ese hombre nunca se lo dije.
No le dije que me atraen las fronteras porque están llenas de aventuras y delincuencia, y que en esos tiempos habría hecho todo lo posible por andar metido en el peligro pero que ahora le huyo, me escondo y no me asomo ni por error.
El hombre me dijo: “esta es la ciudad de Rigo, pero nunca he oído decir a alguien que sienta por él algo así como verdadero amor”, y el hombre se fue.
M e quede en la ciudad, camine esa gran calle una y otra vez, la olía, me espante, me volví a espantar y me haciendo de amigos, en el fondo las canciones de Rigo no eran tan malas, solo que no describían a la perfección esta ciudad, era digamos una gran mentira lo que él cantaba pero seguramente muchos como yo nos dejamos seducir, quizá por ser una frontera, quizá por la existencia del amor, o por salir huyendo o por el placer de estar en ella.

Read Full Post »

La frontera norte, una postal, más allá empieza el sueño americano, los billetes verdes, y uno de los estados más seguros del país vecino, allá es el fin de todas estas inseguridades, eso es lo uno creería mientras atraviesa de una ciudad a otra, con la música en silencio, y pendientes de cualquier cosa extraña, incluso parece que la temporada del año se ha puesto en nuestra contra y oscurece más temprano, se oye el ruido de las llantas al deslizarse sobre el pavimento y es estúpido sentirse así, dan ganas de cruzar al otro lado por aquello que es más seguro, pero en las bolsas no traemos las visas, así que nos resulta imposible cruzar y tenemos que seguir la ruta que hace unas horas nos parecía segura y después se volvió imposible, tenemos miedo pero somos expertos en ocultarlo, últimamente eso hacemos: ocultamos nuestros miedos.
Pasamos por el lugar donde la mañana anterior había sangre regada en el pavimento, tratamos de imaginar la escena de ayer, pero nos topamos con grandes pipas o camiones cisternas que transportan combustible e imagino de inmediato un encuentro armado y las imágenes Dantescas acuden a mí, pero es imposible que se dé un enfrentamiento, las cosas están calmadas, al menos por un momento y los camiones cisternas traen una leyenda entre tantas que dicen Nieto, son de la familia del presidente así que nadie las ataca y nadie las cuida, no hace falta.

Los habitantes de esta frontera tienen miedo en su mayoría por su imaginación y no por contacto directo con los enfrentamientos, de alguna forma son dichosos. Algunos te cuentan las historias que han vivido en directo, historias que forman parte de una novela, esa novela que ya se les ha instalado dentro y que nadie más puede escribir y que unos cuantos creen saber cómo es, quizá nos hace falta entender que es lo que pasa, tener contacto con esa cruda realidad para entender y entendernos, para saber que esto es un pequeño infierno. Nos hemos olvidado de eso, de la realidad y nos encerramos, porque eso nos dicen las autoridades y nos recetan una serie de recomendaciones para sobrevivir a los ataques de los mal llamados narcos, pues lo que mejor se adapta a ellos es el nombre de sicarios. Dentro de las recomendaciones las que sobrepasan mi realidad, están por ejemplo: si no tienes nada que hacer no salgas de tu casa; si vas a salir solo lleva el dinero necesario, deja en casa las tarjetas de crédito y todas tus cosas de valor; si tienes un arma no salgas con ella, pues te pueden confundir; si estas cerca de un enfrentamiento corre a esconderte y la más tierna de todas: si ves que alguien es llevado en contra de su voluntad, no digas nada, porque no sabemos si son de los buenos o los malos (supongo que se refieren a los que se los llevan o quizá a los que son levantados, la verdad es que es muy confuso).

Esta ciudad merece un elogio al desorden, empezando por sus autoridades.

Tenemos las manos atadas por la sangre, esa es nuestra realidad, supongo que para sobrevivir debemos rezarle al santo de nuestra devoción, el preferido debe ser Rigo Tovar, en esta ciudad se dice que Rigo es amor y en el amor se basa la fe de los pueblos y las personas para ser cada día mejores, además de que Rigo es de esta ciudad, así que tenemos que encomendarnos a él.

La felicidad tiene que ser otra cosa que una troca o un departamento, y desde luego otra cosa y no el sexo ni el dinero fácil, la felicidad tiene que ser más que un error, algo que no se corte con el impacto de una bala, la felicidad no es ese placer egoísta que viene manchado con su cuota de sangre, la eternidad no es lo que podemos tener en esta vida, es decir no es un bien material, ni el tener la vida de otros en sus manos y quitárselas deliberadamente.

Todos somos ciegos, nadie los ve venir ni andar por la ciudad, algunos alzan la voz para decirnos que los ven pasar por una calle u otra, nos alertan, pero nadie les hace frente, hacerles frente es poner una bala en tu cabeza y dejar de contar todas estas cosas, estamos ciegos porque así nos conviene; la alcaldesa prefiere decir que la mayoría de sus policías no están de servicio porque aún están en ese proceso de verificación para saber si son honestos y que nada podemos hacer que no se a rezar, claro que acá tenemos a Rigo, después de todo Rigo es amor. Los que sufren alguna perdida, no tiene otra opción que llorar y rogar para que ya no se les muera nadie más.

El sicario era un niño que le gustaba salir por las noches y jugaba al fútbol soñaba con ser campeón del mundo, pero eso no le alcanzaba para tener lo que otros tenían y se canso y decidió que era el momento de hacer un cambio y tenerlo todo, se puso piel de tigre y no le interesaba esperar por nada, como tampoco trabajar para que ese cambio pudiera darse, el sicario escogió la vía corta, la vía de la sangre y el olor a pólvora mezclado con el del sudor y supongo que eso lo hace feliz.

Miedo, ignorancia, deslumbramiento: esto se llama así, esta mujer puede ser tuya, esta frontera una postal de la realidad antes de cruzar a esas tierras donde el sueño americano es posible, esta frontera manchada de sangre; esta frontera es la vida sigue metiendo al miedo en nuestra cama.

Más de una vez he visto cuerpos heridos, cuerpos tendidos después del último aliento, manos que no volverán a tocar unos senos y esas mujeres que aún no tienen ni veinte años quedarse viudas y sus hijos huérfanos, hijos que caen en un silencio terrible y desean tener un arma para ser iguales a su papá, vida en corto, vida exprés, vida vivida a todo lo que da.

A veces me gana un silencio terrible y tengo ganas de llorar.

He llegado aceptar el desorden, se que la eternidad no requiere de un cuerpo, que el placer es una situación egoísta y que jamás voy a comprender del todo porque estos hombres, estos sicarios se sienten orgullosos de lo que hacen, según yo, ponen en riesgos a sus hijos, a su amantes, a sus mujeres, a su padres, y cuando los otros, los que son del bando contrario, los identifican, acaban con todos para evitar venganzas en el futuro, no se si existe algo más triste que esa paz que no tenemos, pero nos vamos conformando con esa inmovilidad, aunque en ocasiones salimos a la calle y nos olvidamos que tenemos miedo y por un pequeño espacio vivimos.

Un sicario quizá pueda pensar así: mi vida es más que la vida de los demás y deliberadamente nos disparan si nos ven en las calles.

A veces quiero salir en las noches, pero pienso que no vale la pena, sobre todo porque mi alma no es pequeña y porque aún tengo muchas cosas por hacer. Miedo. Nadie dijo miedo, esta es una ciudad en donde no existe una próxima vez. Es aquí donde existe un pequeño infierno por si alguien lo quiere conocer, aunque los que acá vivimos ya nos acostumbramos a esta historia gracias a nuestra imaginación y no nos hace falta el contacto directo, no nos importa que una bala nos pase rozando, pensamos en que nada está ocurriendo y dejamos las cosas de ese tamaño, del tamaño de una novela.

Read Full Post »