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Posts Tagged ‘RELATOS’

Quería darle una sorpresa a Laura, así que no le dije nada y me aparecí por su casa. Resulto que Laura era novia de un narco o de un militar que para el caso es lo mismo. Yo había jurado que con mujeres casadas o con novias de militares o novias de narcos no me metería jamás, no es que tuviera miedo, pero ellos no suelen tomarla solo contra ti, sino con toda tu familia y eso no estaba nada bien. Aunque supuse que Laura era novia de alguien, lo cierto es que fui yo quien se llevo la sorpresa. Llevaba más de seis años en esta ciudad y siempre había sido precavido. La guerra entre narcos, los malos momentos, la necesidad de conseguir un trabajo, y esa desesperación porque ya pronto seria lunes, no quedaban atrás y cada día la cosa se ponía peor.

Casi todo viene en paquete de tres, las historias por ejemplo, podemos mencionar: a los tres cochinitos o los tres mosqueteros, tres son también las carabelas que viajaron hasta América o podemos hablar de la trilogía de tantas cosas o igual de la santísima trinidad, así que yo estaba necio con ello y pensé que nada mejor para mí vida que tener tres mujeres en ella. Desde luego que la primera era mi mujer, después por orden de aparición, le seguía Ella, a la que he llamado Mariko(un nombre más interesante es el de Marikeit), y luego Laura, el orden de aparición no tiene nada que ver con la importancia que ellas representaban para mí, a todas las quería por igual y todas eran mías. Ese era el problema, creer que eran mías. Eso lo complicaba todo.

Hace muchos días que no sabía nada de Mariko. Me la volví a encontrar en el hospital, había ido a consultar al psiquiatra y eso me pareció algo exagerado, pues yo la veía igual de hermosa que la última vez. Sentí un impulso poderoso por abrazarla, pero me contuve. Podría haberle dicho tantas cosas, como que la extrañaba y que deseaba perderme en sus caricias, pero ella adivino mis intenciones y antes de que pudiera decir algo, me dijo: que estaba muy mal, que todo le estaba fallando, que ella no dejaba de sentirse culpable, que por estar conmigo había traicionado al hombre que tanto amaba y que ahora se sentía la pero, yo la peor fue lo que me recalco todo el tiempo. Su debilidad emocional era su peor enemigo y desde luego el arma preferida de su coronel.

Le pregunte por la salud de su coronel y ella me dijo: pinche cabrón, no entiendes que no es coronel y si, ahora si te puedo decir que es solo mío y que nunca más lo voy a engañar. Me reí, no podía ni quería hacer otra cosa.

Se sentía triste y era mi culpa, fue lo que dijo. Las caricias de aquella noche la llevaron sin remedio alguno a consultar con el psiquiatra. Pensé en Laura y en la suerte que había tenido de conocerla justo a tiempo y así poderme olvidar de ella, pero no, por alguna razón uno siempre se detiene donde no hay esperanza o donde lo van a tratar a uno de la chingada.
Le dije que no era mi culpa que ese cabrón coronel la tratara como se le daba la gana, que en todo caso la culpa era de ella y entonces me dijo que por primera vez en toda su vida se arrepentía de sus actos, pero sobre todo de haber estado conmigo aquella noche. Yo pensé: se estará volviendo santa. Tonterías, eso era. Ella estaba cegada por esa supuesta culpa, mientras el coronel dormía todas las noches con su esposa y arropaba a sus hijos. Tonterías de nuevo, como es que él le exigía fidelidad y se atrevía a decirle que era solo suya y no dejaba de vigilarla. Egoísta, eso era él.

Yo no entiendo mi necesidad de tener otras mujeres. Mi mujer y mi vida sexual son muy satisfactorias.

Mi deseo por las mujeres, por otras mujeres, era quizá por profanar la belleza de ellas. Toda historia está llena de mujeres hermosas, nadie o casi nadie cuenta su historia con mujeres feas. Yo estaba rodeado por mujeres hermosas o eso era lo que prefería creer. Laura me había reservado lo lunes para nuestros encuentros. Su sonrisa y su cuerpo desnudo eran la entrada al paraíso, uno terrenal que estaba lleno de olores y de sabores que emergían de su cuerpo aún frágil después de la cirugía a la que había sido sometida. Nos gustaba creer que teníamos una mente privilegiada que no fuimos tentados por las ambiciones del poder, pero la verdad es que nuestra forma de pensar estaba muy lejos de competir con esas personas que habían logrado sacar provecho de su educación y ahora eran los grandes genios en las cosas que se desenvolvían. Laura insistía en investigar una serie de muertes, que según yo tenían que ver con el narco y para eso no se necesitaba romper con el promedio de inteligencia. Yo insistía que uno no se debe meter con narcos, ni con mujeres casadas, ni con los curas porque estos últimos poseen una extraña habilidad para maldecir y que eso se haga efectivo. Yo esperaba los lunes con ansiedad y ella me esperaba toda la semana en medio de sus humedades, al menos eso era lo que me contaba, yo no tenía más opción que creer todo lo que me contaba.

Mariko estaba cambiada, no era siquiera la sombra de lo que unos meses atrás mostraba. Su relación se había visto afectada por esa supuesta infidelidad y la habían manipulado a tal punto que había perdido todo deseo por hacer de su vida lo que se le viniera en gana. Ella estaba segura que nunca más volvería a estar con otro hombre que no fuera su coronel, (el coronel que no es coronel y esas cosas). Me dolía que ella creyera que yo había causado su infelicidad, porque si algo buscaba no era una entrega pasional de su cuerpo con el mío, yo estaba interesado en el amor, en hacerla sentir una mujer especial, pero ella no lograba entender eso y se aferraba a lo que su coronel le decía y a seguir sus instrucciones al pie de la letra. Mariko no podía hablar con nadie, ni en la calle, ni en el trabajo, en sus casa se tenía que limitar a cruzar unas cuantas palabras con su familia y desde luego que tenía que pensar en mudarse, en alejarse de esos entornos que le estaban causando tanto daño, ella solo podía ser del coronel y si alguien se le acercaba, él estaba dispuesto a jugarse la vida por ella. Yo pensé que el coronel solo estaba blofeando, pero desde luego que no deseaba averiguarlo. Sentí tristeza como ya dije antes, pero quién era yo para insistirle a Mariko que con ella me sentía muy bien y que mi triangulo amoroso era perfecto. Nos despedimos, la vi alejarse. Ese día no era lunes. Fui con Laura y ella estaba con otro chico, uno que se veía muy serio, muy agrio, muy intimidante. Le dije a Laura que había pasado por su casa para darle un recado de su rehabilitador y que urgía que regresara pronto a sus terapias, ella me sonrió y entre sus labios dejo escapar una pequeña frase, algo breve pero sutil y que termino por desbaratarme: tú me vuelves loca dijo y yo me sentí enorme. Mi mujer como siempre, no dejaba pasar la oportunidad de mostrarme su intensidad a la hora de amar. Había perdido quizá a Mariko.

No lo sé, todo es posible.

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Laura trabajaba como recepcionista en un hospital que poseía cierta fama de ser bueno. Lo que en realidad le gustaba a ella era la actuación. Actuar era para ella como lo mejor que le podría suceder, sobre todo porque se podía disfrazar y nunca era la persona que los demás sospechan o creían que era. Antes de llegar al hospital, ella trabajaba en la centralita de la policía despachando las diferentes misiones a los patrulleros que andaban de servicio en las calles. Vivía en una ciudad interesante para el crimen: muertes, desapariciones, corrupción, secuestros, infidelidades. En el campo de las infidelidades es donde ella se sentía a gusto. Hacía mucho tiempo que Laura no encontraba nada interesante en la ciudad, alguna historia que envolviera pasión, sexo, lujuria y muerte. En sus ratos libres ella se dedicaba a investigar estos casos interesantes, les armaba un perfil criminal y no descansaba hasta entender a la perfección lo que estaba ocurriendo. Cuando llego al hospital, ella ya había sido operada de su columna y estaba mucho más hermosa que cuando llego a la ciudad por primera vez. Laura había caído en esos momentos en la tentación de volverse lesbiana, la culpa la tenía su espejo, pues cada que se veía en el, ella se enamoraba más y más de ella.

Antes de encontrar un caso interesante con el cual entretenerse Laura salió corriendo del hospital, era un trabajo, soso, aburrido, como para morirse de lo mal que estaba.

Solamente había historias sin sentido, chismes de unos empleados contra otros, envidias de los otros y unos cuantos que habían sido corridos, por lo demás los casos que se presentaban daban flojera: meningitis, dengue, influenza, huevo muerto retenido, instrumentación de columna, espondilodiscitis, etc., desde luego un etc., largo pero aburrido.

Nos conocimos en el hospital. ¿Qué demonios estaba yo haciendo en un hospital?

Le advertí a Laura que me gustaba más leer libros que la infidelidad. Y ella me dijo que eso era porque hasta ahora no me había encontrado a una mujer como ella, una mujer que tenía entre las piernas el calor ideal para hacer arder mi infierno. Admití que su idea no era del todo mala, pero le dije que no. que no me interesaba por ella y quizá fue por eso que la tormenta entre ambos fue creciendo, o tal vez todo sucedió porque así tenía que ser, como sea yo no creo en la casualidad y mucho menos en el destino, es decir cada cosa es consecuencia de nuestros actos. Dios no estaba mirando a nadie a sí que era fácil hacer lo que se nos viniera en gana. Ella me dijo que en serio tenía ganas de sentirme entre sus piernas, y yo le dije que en serio tenía ganas de estar dentro de ella, la nuestro resultaría una combinación catastrófica. Sus senos eran blancos, pequeños, pero firmes y llenaban con facilidad mi boca. No nos íbamos a morir de amor, nadie muere de amor, ni siquiera Romeo o Julieta. Un día sin saber cómo Laura se quito las pantaletas y mi vida se fue al traste, advierto que no morí de amor y tampoco anduve tras de ella como enajenado, ni tampoco estuve ausente en casa y ni siquiera sentía remordimientos cuando veía a mi mujer de frente, es más debo confesar que me sentía feliz y comencé a sentir cierto placer por perseguir las historias que Laura solía perseguir, es decir hasta antes de ella, yo pensaba que las novelitas de amor eran lo mejor que una persona podría escribir, novelitas de amor y poca violencia, pero lo cierto es que escribir novelitas de amor, ahora me parece algo viejo y pasado de moda, escribir (si es que quería seguir escribiendo) novelas donde la violencia reina eso era lo de hoy, todo lo demás me parecían historias que no llevaban a nada, pero como dije antes, todo eso tenía que ver con el momento que estaba viviendo. La infidelidad es ese poder sin límites que nos hace creer en la posibilidad de ser fieles y creemos que el nuevo día será diferente y nos hacemos promesas de situaciones imposibles. Laura ya me estaba abriendo las piernas y yo no me atreví a decirle que eso era imposible, nadie se podría haber negado y si no era por sus piernas o su piel blanca, cualquier otro habría sucumbido ante el olor que emanaba de su sexualidad. Fuerte, dulce, agrio, excitante.

Mañana siempre era una promesa. Mañana era joderse a la muerte. Mañana ni siquiera existe.

Yo había leído mil libros. ¿Cuántos libros crees que había leído Laura? Ella había tenido mil hombres. ¿Cuántas mujeres crees que yo había tenido? Había leído tantos libros porque me gustaba hacerme el culto. Laura había tenido tantos hombres en su afán por entender el comportamiento de criminales y solo algunas veces había estado enamorada o lo que se dice enamorada. Pese a los mil libros leídos o a los mil hombres con los que Laura había estado, ninguno de los dos podía ser como los demás, no podíamos salir a la calle agarrados de la mano, ni ir al cine, ni a la playa, ni tumbarnos en un jardín y besarnos hasta que los labios se pusieran a sangrar. Nos habíamos encontrado y nos resultaba necesario renunciar el uno del otro, total, nadie se muere de amor, me dijo Laura. No había forma de defender lo que uno sentía por el otro, nuestra necedad nos imposibilitaba, eso sin contar con nuestra idea de no creer en el amor. Nos podrían humillar por cualquier cosa, pero nunca por amor, al menos eso era lo que ambos creíamos. Ella creía que su vida daba para una novela y yo pensé: cuanta razón tiene ella, pero no dije nada.

Yo amaba a otra mujer, pero esa mujer amaba a otro hombre. Una mujer de verdad, no una mujer de mis historias, una mujer que insistía en sostener un amor que no la llevaría a nada, pero no me atrevía a reconocer de manera abierta que la amaba, para mí el amor no existía, era el reflejo de una mente pobre, algo que solo los débiles podían sentir, al menos era así como me mostraba ante los demás. Dos personas que se gustan, eso quería que fuéramos ella y yo. Imposible. Me gusta el arroz con frijoles y detesto el plátano pues suele darme diarrea. A ella la recuerdo todas las noches, la verdad es que no importa desde cuanto, ni los mil besos que nos dimos, como tampoco importa todo ese silencio que ha construido alrededor de ella, no importa desde cuanto me dejo de querer, y sí, he dicho desde cuanto, porque lo nuestro se fue al fracaso por una cuestión de números, pesos ni más ni menos, si yo fuera digamos más ligero y ella como el aire pues una pareja feliz, pero se supone que a ella no le interesan esas cosas del amor, aunque le jura amor eterno al hombre con el que comparte sus tardes, desde luego que es un amor prohibido de esos amores que no se pueden presumir por las calles, como todo lo demás. Mi autor preferido: Rubem Fonseca.

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La odio porque tiene las piernas blancas y porque ya no quiere dejar que se las toque de nuevo. Tarde o temprano terminaría por odiarla y ella lo sabe. Ella no sabe sentir, es igual que la mujer que provocó esta fuga de mí, aunque cada una por su parte jura que ellas saben sentir con la vulva. Mentiras. La peloncita. Es tan bonita que sus amigas luchan por hacerla lesbiana.

Ella, la chica con la que hice el amor de pie, mientras ella estaba recargada sobre mi mesa de trabajo se volvió ausente y la vida así no era vida, al menos en un principio, ese principio que me llevo a conocer a Laura, la Laura de todas mis historias. Mariko, así la había llamado. Cuando la volvía a encontrar le pregunte si aún seguía con su puto coronel y me dijo que no era, no es y nunca será puto, además de que no era coronel. Yo pensé que era un hijo de puta por hacer que ella no estuviera interesada más en mí, pero esa era mi suerte o al menos yo quería creer eso. Buscaba todo el tiempo asilo en cuerpo desnudo porque solo así podría encontrar el camino a las letras y derramar todo eso que me parecía irme tragando, las letras eran las enemigas naturales de mis nostalgias, mi eterna juventud. Su puto coronel, aunque ella dice que no es ninguna de las dos cosas, era amante de los disparos y yo no quería confiar en el azar, deseaba estar seguro, saber por dónde andaba y que pensaba de los cuernos que yo le había puesto, pues él se había enterado de todo, la culpa es de ella que se mostraba como una mujer flexible, aunque yo también tenía parte de culpa en todo esto. Su puto coronel se había robado mi remedio infalible para curar mis nostalgias. La noche acá es la noche, nadie sale sino se quiere encontrar con un disparo, pero de noche es cuando te puedes encontrar con la pelvis perfecta, una pelvis sin nombre, sin rostro y sin la posibilidad de que ocurra de nueva. Yo estaba perdidamente enamorado de Mariko, lo habría dado todo, desde luego que no le habría dado dinero, porque es muy simple, no se puede dar lo que no se tiene. Yo quería ser cruel y perderla en un lugar improbable y que ella jamás pudiera encontrar el camino del orgasmo y desde luego a su puto coronel quería dejarle vacía la bolsa escrotal, pero todo eso fue antes de conocer a Laura, en ese momento mi vida fue otra.

Laura. Buena pierna. Si toma café experimenta el más pesado de los sueños. Almohadas amarillas. Mucha nalga. Su hernia de disco no la deja hacer lo que ama, desde luego que para el sexo se da sus mañas; su hernia se supone que ya es una ex hernia, pero lo cierto es que se tienen pocos casos de éxitos en ese tipo de cirugías, al menos con quien la ha tratado. Pocas chichis. Su cuerpo desnudo me hace derramar palabras. Antes de acabar con esta historia, todo mi percepción de la realidad se ve alterada, no es que Laura se hubiera ido de mi vida cotidiana, ahora más que nunca la tengo cerca, con Laura no tengo esquinas, es como la noche, larga, profunda, oscura e intensa. Con ella perdí el nombre y el nombre de todas, su cuerpo no me traiciona aunque a ella la ha traicionado una, dos o tres mil veces, que importa, con ella no tengo miedo. Estar en sus piernas es algo cabrón. No, no estoy cansado de mi vida, me cansa mi inseguridad y mi poca confianza para hacer las cosas que me gustan.

Los deseos no bastan, no es algo que puedas esconder y que nadie se dé cuenta. Yo deseaba tantas cosas, lo mismo que deseaba un cuerpo desnudo lo cual me podría convertir en un violador, deseaba escribir historias, lo cual no me convertía en un escritor y en ocasiones deseaba agarrar a golpes a quien estuviera delante de mí, lo cual seguramente me hacía un delincuente, un psicópata según los términos modernos de la descripción del comportamiento. Es más fácil ser delincuente o suicida que ser un escritor aunque a veces tengo mis dudas, es decir tal vez no existe esa línea delgada entre escribir y suicidarse, porque escribir es eso un suicidio diario una fuga de lo que somos, un desesperado intento por ser lo otro, lo que aún no somos, pero a lo que ya le hemos puesto nombre. El deseo es todo, te hace perder los estribos e incluso traiciona tu supuesta lealtad y desde luego que con el deseo se deja entrever la infidelidad como algo de lo más natural, con el deseo robas bancos, desvistes prostitutas, tienes hijos no deseados. No debe ser sencilla una vida con deseos, pero lo peor del caso es que no conozco a nadie que no tenga deseos.
Así empiezan mis historias. Me acerca a Laura porque la deseaba, no sé bien si deseaba sus besos o verle las piernas desnudas o verle sus fuertes muslos desnudos y verificar si es cierto que hacían esa convexidad que se dejan adivinar de bajo de su ropa, hablo solo de eso de las cosas que se pueden ver, casi nunca hablo del olor de su boca y el olor de su cuerpo y de los ruidos que hace mientras habla. La he besado, le he lamido las piernas y la convexidad de sus muslos. Ella es fuerte y su olor me masturba el cerebro mientras pienso en cómo ser infiel de nuevo. Pienso en todas sus historias, en sus deseos, en las mujeres de mi vida y ella, pienso en mi vecina y en sus vecinos, en sus amigos y los amigos que la han deseado y sus compañeros de trabajo y en las horas en las que no hace nada, pienso en las semanas que nos quedan para encontrarnos de nuevo y en el silencio, ese es el que más preocupa, el silencio, porque me hace sentir su ausencia y mis ganas por besarle la línea donde empiezan sus nalgas. Laura. Cómo le hace ella para esconder sus deseos. A veces todo lo que deseo es desaparecer, pero no soy mago y no tengo un truco debajo de la manga. Lo que yo deseo es habitar en ella, no con ella, ni en su casa, si en sus deseos y sus sueños, en sus instantes íntimos y en esos instantes cuando ella sonríe de ganas y se le erizan los vellos que cubren sus pubis. Ahora lo más cerca que puedo estar de ella, es en medio de todo esto que escribo, pero quisiera que fuera mi lengua la que recorriera su cuerpo y no mis letras. Suspiro. Siento su olor, mientras mi mujer lucha por no ser infiel, lo adivino en su mirada, que demonios, me merezco los cuernos y ella esta aferrada a no ponérmelos.

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Manos fuertes, sonrisa alegre, el cuerpo perfecto y una hernia lumbar, esa era ella: Laura. Mi Laura Blake. Sentía cierto placer de que no fuera psicóloga, sentía ese placer que te causan las mujeres que saben tejer historias, las que todo el tiempo se están dejando llevar por su capacidad para crear. Hasta antes de conocerla, yo estaba enamorado de Natalie Portman, pero Natalie no era perfecta, primero porque no bebía tequila y en caso de hacerlo, con dificultad querría beber mezcal. Adoro a las mujeres que beben mezcal.
Durante esos días que ya habían perdido el nombre, estuve pensando en hacer una historia, quizá lo correcto sea decir que había pensado escribir una historia de Laura Blake y que fuera interpretado por Natalie, ella era el único rostro posible para mi Laura, pero luego las cosas resultan ser más o menos como uno quiere y ya no hay necesidad de escribir nada y mucho menos buscar quien haga ese papel, quizá lo mío era un pretexto para estar en el set de grabación, pero creo que esa era una historia un tanto disparatada. Quien mejor va con ese papel de Laura Blake es Jaimie Alexander, aunque con ella corría el peligro de perderme en los laberintos de mis pensamientos y mis pasiones. Jaimie posee uno de esos cuerpos que no traicionan.

Laura tomaba mezcal.

Nos conocimos un lunes, un día como cualquier otro o como casi cualquier otro, ella me sonrío a la primera y no fui capaz de decirle que a ella la conozco desde siempre, que he llorado una o dos veces por su ausencia, que se todas sus historias y se de su viaje a Brasil y la historia de la anciana prostituta o la prostituta anciana, supongo que en este caso el orden de los factores causa cierta alteración. Lo sé todo Laura, eso quería decirle, sin embargo toque su mano, me mire en sus ojos y sentí su piel después de casi 24 años de ausencia. Mi ausencia en su vida.

Laura escribió historia sólidas acerca de la anciana prostituta y se vino a esta frontera buscando a la heredera de la fortuna de esta anciana.

Soy escritor, le dije a Laura y ella no paro de reír.

A Laura le gusta el teatro. El dolor en su columna la ha limitado, ya no hace yoga porque no se atrevió a soportar el dolor, o porque no había motivo para soportar ese dolor o porque simplemente no deseaba soportar ese dolor. Ella fuma, pero no esos cigarrillos que vienen impregnados de miles de componentes químicos, es inteligente, se entera de las cosas que suceden en este mundo, ha recorrido las fronteras una y otra vez, ella sueña y yo sueño con ella, todas las noches.

Tenía ganas de perderme con ella, en ella, en su cuerpo, en sus labios, en su hernia lumbar y hacerla olvidar ese dolor. Uno nunca sabe lo que pueda pasar. Hoy también era lunes, llovía un poco y el clima estaba errático, frío para cuando aún debería quedar un poco de calor, sus ojos no me habían visto, pero yo podía aún adivinar la chispa en ellos. Llevaba el uniforme que hasta hace unos días, se había puesto aquella chica con la que empezó toda esta historia, esta fuga de mi. A la chica de esta historia, o mejor dicho a la chica que disparo esta historia no la volví a encontrar pero tenía necesidad de verla, de pedirle que me regrese mi libro, mi pequeña joya, la última vez que la vida se había quitado el sostén y se había mojado las tetas con mezcal, el mejor mezcal, de los que no se encuentran ni siquiera en Oaxaca, lo de ella fue un sábado poco antes de que me dijera que quería un perro. Me gustaría ser cruel y decir que ya la olvide, desde luego que prefiero la verdad y de todo esto me preocupa que no me regrese mi libro, ese libro que nos llevo al camino del orgasmo. Supongo que de ir por mi libro me llevare un mal sabor de boca y confieso que ya no quiero verla, que estoy perdido en los ojos de Laura.

Laura es tan bonita que no dudo que pase horas enteras ante el espejo, enamorada de ella misma. Pienso en la cara que pone cuando se masturba, es casi seguro que se masturba, tienes las manos muy fuertes y los labios rojos e intensos, con ella sellaría un pacto de amor que no es otra cosa que un beso.
No dejaba de pensar en la historia que había mantenido en mi cabeza durante tanto tiempo, yo no me enfrentaba al conflicto de la hoja en blanco, sino a mi creciente indisciplina, escribir es para mí una necesidad y a veces creo que me comporto como los chavos que de manera despreocupada creen que lo pueden todo y terminan por no hacer nada (aunque no todos son así). Hace un tiempo pensé escribir una historia para salir de mis problemas, daba por descontado que podría ganar cualquier concurso, desde luego que no tenía ni puta idea de lo que se trata cuando uno dice que es capaz de escribir. Lo cierto es que nunca he dejado de soñar.

No había mujer más interesante que ella en toda la ciudad. Mi vecina. Tal vez estoy exagerando de nuevo.

Me olvide de la vida, otra vez. La ciudad cambia de sitio constantemente. Estoy preocupado. Nunca he hablado de las cosas que pasan en la calle, quizá no tiene sentido hablar de ellas o quizá soy una persona que todo la exagera. La ciudad era ese sitio donde nacen sicarios y amantes. Amantes que poseen poder, sicarios que hacen que ese poder sea efectivo. Un nuevo orden. Control. Alta traición. Me espantaba la idea de quedarme sin Laura, tenía mucho por hacer, pero me estaba volviendo necio y lento, dentro de poco necesitaría ayuda para orinar, se que el termino es grotesco, pero a veces no hay más opción que disimular. Normalmente veo a Laura por las tardes cuando todo está tranquilo, a veces me estoy muriendo de sueño y no tengo manera de justificarme. Ella se levanta primero y yo le sobo una vez más para que me de suerte, sus pies quizá estén fríos, pero el sexo de ella no logra apagarse y yo no logro alejar mi mano, mientras pido por mi suerte. Suerte para estar en algún lugar de la vida, con ella, con mi Laura Blake.

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El cuerpo de la victima masculina fue identificado. Ulises León, 42 años. Oficial del ejército. Realizaba funciones de espionaje, llevaba veinte meses como infiltrado en el grupo los HG. Estaba casado por segunda vez, tenía dos hijos con su primer matrimonio y tres en el último. Se le conocía como un sujeto amante de las mujeres, en otras palabras era un mujeriego. Había llegado a la frontera tres años atrás, pero se había mantenido alejado de la vida pública, su labor al principio era la de reconocimiento así como la de elaborar tácticas para desmantelar al grupo HG. A él se le debe la caída del comandante G40. La relación que tenía con María Betania, es simple, ellos eran amantes, se ha podido corroborar esta teoría gracias al análisis de resto de semen encontrado en el cuerpo de María Betania, no hay rastros de violación, por lo que se procedió a validar esta teoría. Se presume que fueron amantes. Hasta ahora es imposible creer que el asesinato de esta pareja estuviera a cargo del brazo armado del HG, pues no hay signos de violencia y se trata de un crimen “limpio”, bien elaborado, se podría decir que se trata de una obra de arte.
En una investigación posterior, Laura Blake se entrevisto con el jefe del comando al que perteneció Ulises León. Hacía más de seis meses que el militar no se reportaba con el mando de la operación y lo habían dado por perdido. Se sospechaba que lo habían descubierto en su actividad de espionaje, pero ahora ante estos hechos surgía la posibilidad de que Ulises hubiera traicionado al ejército y de paso a su patria. La realidad es que en estos momentos para Laura Blake no tenía importancia. Ella deseaba saber quién era su víctima para así poder construir una investigación sólida.
Dentro de la información obtenida, se podrían sacar en claro varias cosas:
Lo primero es que al tal Ulises León, le gustaba mucho andar con varias mujeres, su comandante dijo, que era su deporte preferido, pero no solo eso, sino que algunas veces se habían tenido noticias que al igual que las mujeres, a Ulises también le gustaban los hombres. Laura Blake tenía la primera teoría o causa del asesinato. Muerte por celos. El primer sospecho seguía siendo Erwin, el novio desaparecido de María Betania, aunque habría que buscar un poco más, esa teoría parecía un poco extraña, sin fundamentos, pero no se podría descartar de buenas a primeras, dentro de esa mismo rubro, Laura Blake pensó en que algún amante de de Ulises León, hubiera decidido terminar con su vida por celos, no desechaba la idea de un amante homosexual. La idea le gustaba mucho a Laura Blake, sobre todo porque los homosexuales suelen ser muy organizados, limpios y fuertes. Este crimen insisto, se podría decir que era una obra de arte.
La segunda teoría es que Ulises León fue descubierto por el grupo HG y ordenaron su desaparición, pero existía una incongruencia de ser así, porque la mafia no solo castiga sino que suele enviar un mensaje cuando un soplón se mete con ellos, además del aviso que la mafia acostumbra dejar, sus muertes son violentas y sucias, ese era un camino equivocado.
Una tercera teoría aún más compleja es la existencia de un asesino psicópata o sociópata e incluso un asesino serial. Habría que investigar a fondo, pero esa resultaba una teoría descabellada, al menso en México no es algo que se presente con cierta frecuencia, aunque habría que recordar que vivimos a unos cuantos metros de la frontera con los Estados Unidos y cabe la posibilidad de que uno de sus asesinos hubiera cruzado la frontera para hacer de este lado una de las suyas. Lo que si se tenía claro era la existencia de un asesino organizado y limpio y que nos había dejado un mensaje en la escena del crimen.
Por último cabía la posibilidad de que los asesinados fueran victimas causales. Que un escenario posible fuera un secuestro por error y que al descubrir sus actividades los secuestradores decidieran darle fin a su vida. Y si no fueron secuestradores, podrían ser víctimas de cualquier otra circunstancia al azar. Lo cierto es que se tenía que resolver el misterio que nos generaba que los cuerpos no tuvieran una sola gota de sangre y que estaban totalmente limpios, sin ninguna marca de violencia, se podría decir que habían tenido una muerte dulce y suave.
Por momentos me siento tentado a no revelar un dato que le entrego el médico forense a Laura Blake, pero eso sería como hacer trampa y no es algo que yo este deseando, es decir, quiero que esta sea una buena historia, una novela sin que tenga muchos capítulos de relleno, pero pienso que revelar esta información es hacernos creer que ya tenemos la solución de ella y de que necesitamos tiempo para armar el resto de la historia.
En los cuerpos de las víctimas, el médico forense descubrió una pequeña plaquita incrustada en la herida por donde se sospechaba que se habían desangrado. La placa tenía una leyenda extraña, al menos para mí era extraña, porque las asociaba con una muestra o exposición fotográfica, como con algo que parecía constantemente en mis sueños, la plaquita tenía la siguiente frase: El viajero. Cuando escuche la existencia de esa plaquita con tal leyenda mi cuerpo se estremeció. Pensé en mis hijas y en mi mujer, pensé en la posibilidad de que los asesinatos que Laura Blake investiga, tuviera cierta relación con la muerte de mis mujeres. Pensé en la investigar a fondo al fotógrafo Anton Nikon, pero al mismo tiempo pensé que estaba nervioso con todo este asunto y que no estaba siendo objetivo.
¿Qué demonios significaba esa frase en el cuerpo de las víctimas?
Nikon podría ser el autor intelectual de ambos crímenes, de ser así su finalidad sería la de exponer en algún momento las imágenes de la muerte de estas víctimas y yo no creía que el fotógrafo fuera tan tonto, como para atreverse a dejar al descubierto su culpabilidad en un crimen. Sentí necesidad de asistir a su exposición, sentí necesidad de entrevistarme con él, sentí necesidad de saber lo que en realidad había ocurrido en el accidente de mis mujeres y si en verdad había sido un accidente. Yo estaba más y más confundido mientras que Laura Blake se movía como pez en el agua en su investigación, las cosas iban viento en popa y seguramente llegaría a resolver el caso, pero yo en esos momentos me sentía desesperado y deseaba saber de inmediato, qué es lo que en realidad había sucedido. Era importante guardar la calma y actuar sin dejarse llevar por las emociones. Tenía una historia, pero la muerte de mis mujeres ahora me dolía más que nunca y me estaba ahogando. Laura Blake se dio cuenta, pero no dijo nada.
Un asesino que drena toda la sangre del cuerpo de sus víctimas, eso era algo nuevo para mí, no se me habría ocurrido jamás. Me sentía excitado por la novedad de esas muertes, no era algo común y si a eso le agregamos que los cuerpos estaban completamente limpios, entonces podríamos decir que nos encontrábamos ante una obra de arte. Yo no sabía de ningún método que algún sicario o asesino de la mafia utilizara que hiciera que su trabajo fuera algo envidiable. Tendría que ser alguien que no había vivido en este país, tendría que ser un método especial, una idea única, eso era lo que yo podría pensar. Me espanta tal situación, no por el tipo de murete, sino porque me gustaba el arte que yo había encontrado en esas muertes. Un fotógrafo, esa era una gran posibilidad, pero no la única. Se me vinieron a la mente tantas cosas, pero sobre todo mis sueños recurrentes, en realidad Sandra me estaba dando un mensaje, en realidad ella intentaba ayudarme a resolver este caso, debo decir que no era la primera vez que ella se aparecía en mis sueños y que dentro de ellos me había ayudado a resolver un par de crímenes que Laura Blake y yo habíamos investigado en el pasado. Bien podría ser que en mis sueños Sandra estuviera tratando de ayudarme, pero yo sentía algo mucho más fuerte, como cuando algo te empuja hacia un precipicio y no hay forma de detenerse.
Tenía mucho trabajo que hacer; Laura Blake seguiría con sus investigaciones, por mi parte tendría que armar las historias de cada uno de los involucrados, ya no se trataba de construir una novela, ya no se trataba de esclarecer ese doble homicidio, porque en estos momentos tanto Laura Blake como yo, creíamos que se trataba de eso de un doble homicidio, se trataba de poder entender lo que Sandra intentaba decirme, se trataba de poder sacarme todo ese dolor que durante años había arrastrado, se trataba de mí y de Laura Blake y de las ganas que yo tenía de amarla intensamente, pero no era capaz de sentir y casi todo lo tenía que escribir para dotarme de sentimientos que de otra forma me parecían ajenos. Tenía hambre por enamorarme, pero antes de que otra cosa sucediera tendríamos que resolver este misterio.

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Renata ya no se podía prostituir, pero estaba hambrienta por dejar su nombre en la memoria de los hombres por muchos años más. Así que de la nada le propuso a Laura Blake un negocio. Le daría un motivo para que su vida fuera diferente, le regalaría las memorias de su vida y desde luego eso comprometía a Laura Blake a buscar la forma de publicarlas. Al principio la idea parecía de lo más mala, pero Laura Blake accedió y pronto encontró en el periódico local a un editor interesado en publicar dichas memorias. Se le ocurrieron tantos títulos: Memorias de una puta, Mi vida y este ardor entre las piernas, Yo la puta, etc. Desde luego que el editor termino por meter la mano y nombraron a dicha columna: Neguinha, memorias de una puta.

Laura Blake permaneció dos largos años en Belo Horizonte. Aprendió a bailar con ese ritmo endemoniado que parece ser exclusivo de las brasileñas. Se enamoro nuevamente y al final, resulto que el editor de su columna quien además era su novio, no solo era un hombre casado, sino que además violento, eso le rompió el corazón de nuevo. Pero no fue eso lo que la motivo a regresar a México. Fue la muerte de Neguinha.
Antes de morir, Renata le pidió a Laura Blake que buscara a su hija. Le dio algunas señas del convento donde la había abandonado. Le pidió que le entregara todas sus pertenencias, en las que se incluía el burdel y sus putas.
Laura Blake pasaría muchos años de su vida buscando a la hija de Renata. Logro dar con ella. La hija se había convertido en una monja y desde luego que rechazo la herencia de la madre, pero no dejo de escuchar la historia de la misma sin estremecerse y romper en llanto. Pero esa es otra historia, una historia aún más larga de la que ahora nos ocupamos.

Su viaje a Brasil, su incursión en el mundo de las letras, su necesidad de encontrar a la hija de una prostituta, que al final resulto ser una monja, la constante violencia en su país, así como el número de homicidios que quedaban sin resolver llevo a Laura Blake a convertirse en una investigadora del crimen. Desde luego que fue a una escuela, no existen las escuelas propiamente para detectives, al menos no en el país, no se tienen escuelas como las del FBI, aunque en una temporada se intento imitar ese modelo de los gringos, nunca se llego a una experiencia favorable. Laura Blake estudió criminología, que se combino de manera perfecta con sus primeros años de estudio para abogado. No termino ninguna de las carreras. La policía recibía a todos aquellos que tuvieran una carrera trunca y ello lo aprovecho. Estar en la policía eran los primeros pasos para aprender o convertirse en un investigador, diferentes técnicas, así como el desarrollo de los diferentes perfiles de un delincuente. Laura estaba en el camino que le daría a su vida una satisfacción peculiar y particular, quizá el camino que nos hace sentir a plenitud y que nuestra vida tiene sentido. Fueron largos años. Todo eso me lo había ido contando poco a poco, mientras nos fuimos curando las heridas de un pasado que nos parecía el más triste de todos, pero que sin lugar a dudas no lo era, porque nadie tiene la historia más triste de todas. Solo se tienen historias y sus matices correspondientes.

Laura Blake no había perdido a sus padres, ni se sentía motivada a matar a otros, no estaba dentro de los parámetros que suelen describir a los modernos investigadores de la ciencia del crimen, donde se dice que casi todos tienen una tendencia natural por los crímenes. Como aquello de que un clavo saca a otro clavo. Ella era de lo más normal. Nunca había estado casado y lo que la había motivado era su necesidad por salir de una ciudad, de esas rutinas, la necesidad incluso de perderse para siempre y no tener que volver la mirada atrás una vez que emprendía la marcha. Laura Blake, era una mujer común, con un instinto básico, pero que trabajaba horas extras para resolver cada uno de los casos que le llegaban a su escritorio. Había entendido que existen cosas perores que estar sola, y no le había llevado toda una vida descubrirlo, por lo que aún estaba a tiempo para recomponer su camino. Ella era alegre y sobre todo se enamoraba con la misma prontitud que la luz viaja. Su arma preferida es una Glock 9 mm, así como una Berreta plateada que siempre lleva escondida entre sus faldas.

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144

Al principio tenía miedo. Pensé que podría escribir historias para lograr olvidar mis pesadillas. En realidad yo no quería olvidar a Sandra y mucho menos a mis niñas, como tampoco quería perderlas, pero uno puede desear mil cosas y la realidad es un asunto diferente. Nunca le había dicho mentiras a Sandra. Ella pensaba que yo era una persona buena, que había sufrido mucho por los caprichos de mi padre. La realidad es que yo no había sufrido más que cualquiera, es decir todos tenemos algo que nos duele, una historia triste, una historia donde las cosas no son lo que uno piensa que deben ser y vamos por el mundo arrastrando nuestras penas y de paso contamos nuestras aventuras esperando que los demás se sensibilicen con todo lo que nos ha pasado. Yo era así porque así me gusta y punto, no había más historia y pensaba que la mía, las cosas que me había tocado vivir, no era producto del destino, porque el destino no es otra cosa que una serie de malas decisiones que nos sirven para escudarnos de nuestros errores y así poder decir que era algo inevitable y que así tenía que suceder.

Sandra era una persona blanca muy blanca, tenía unos ojos intensos y olía muy bien. A veces se ponía a cantar, bailaba con mucho sabor y siempre tenía una sonrisa hermosa en su rostro. No era una mujer bella, pero había algo en ella que sin duda me hacía vibrar.

Luego sucedió todo eso. Una noche Sandra me dijo que tenía deseos de salir, que el trabajo la estaba estresando mucho y que si pasaba un solo día más en la oficina terminaría por renunciar, así que teníamos que salir con carácter de urgente de la ciudad. Yo no podía abandonar el trabajo de buenas a primeras, le pedía un día más para organizarlo todo y después podríamos irnos, pero ella se encapricho y por la madrugada despertó a las niñas y se subió a la camioneta y tomo un rumbo del que nunca habría de volver.

–Si quieres me alcanzas —dijo ella después de soltarse de mis manos—. Nos vamos rumbo a Morelia.

Esa mañana desperté, no tenía ganas de nada. Evite el desayuno, y tampoco quise ir a correr. Había pensado en llamarla. No tenía por qué preocuparme, ella era una conductora muy segura. Aunque cada vez que pensaba en salir a carretera lo que en realidad pasaba por mi cabeza era un grupo de mafiosos que se dedicaban a secuestrar a la gente que circulaba por ellas y una vez que me ponía a pensar, se apoderaba de mí el miedo y ya no deseaba ir a ningún lugar y si al final decidía hacerlo, casi siempre buscaba ir a destinos donde pudiera llegar por vuelo. Vivía aterrado. Estaba por bañarme cuando sonó el teléfono, el número era desconocido. Conteste. Mi cabeza estallo. Había miles de cosas en ella, personas que había conocido a lo largo de mi vida empezaron a desfilar en mi mente, los veía pasar por arriba, por debajo y a los lados, algunos sonreían y otros parecían espectros, sentí escalofríos y después de unos segundos no pude hacer otra cosa que gritar. Le dije a la persona que me llamaba que me parecía una pésima broma y que por favor me comunicara con mi mujer. Pero esa persona insistió en que ella y mis hijas estaban muertas. Tenías ganas de tirarme al piso de llorar, de matarme. Y por eso fue por eso que decidí salir de la ciudad y ponerme a escribir. Llegue a pensar en ofender a los miembros de la mafia, pensé en dejar al descubierto todas sus fechorías, así que no solo pensé en escribir tantas cosas, sino que de paso, decidí mudarme al norte a esas ciudades donde estaba ocurriendo la historia de este país, de mi país que en nombre de todas esas historias posibles, se había llevado la vida de las mujeres que yo estaba amando. Tenía deseos de morir, pero algo dentro de mí me obligaba a no hacerlo, algo me estaba gritando, me estaba diciendo que tenía que escribir un libro donde todo lo que en él se escribiera tendría que ser verdadero. Un libro de la verdad, aún después de plantearlo me parecía imposible.

Esa mañana había nubes. Yo iba camino al servicio forense donde tenían a mis mujeres, así que no logre percatarme de otras cosas que sucedían a mi alrededor, no lograba hacer otra cosa que oprimir el acelerador, cada vez más fuerte, cada vez más desesperado. Cada vez con ganas de toparme con un sicario o un criminal sin importar cual fuera su estatus dentro de la mafia que lo empleaba, me bastaba con que él(sea quien sea), trajera un arma y la descargara sobre mi humanidad. Estaba totalmente jodido y un sentimiento aprensivo comenzó a recorrer mi cuerpo, hasta que en determinado momento, pensé que mi muerte ya era eminente y fue entonces cuando me pregunté: ¿y si ellas aún están vivas?

El forense dijo:
— Lo siento. Espero que sus padres no tengan que venir hasta acá.
—No se preocupe—le dije.
—Vera, yo prefiero que no la vea —dijo el forense. Ya verificamos su identidad, así que no tiene porque hacerlo usted.
—Deseo verla —le dije.
— No es el momento, tienes que esperar, tienes que ayudarnos a entender que fue lo que paso —dijo él, mientras se rascaba la nariz.
— Ya lo sé —dije. Pero tienes que entender, son lo único que tengo. ¿Usted cree que la han asesinado?
— Lo voy descubrir, aunque tenemos muy contado el tiempo para hacerlo — dijo él y agrego. ¿Has oído todo lo que te dije?
— Sí —le dije.

No era más que un maldito viaje y un maldito proyecto que podría haber esperado. Pensé que la policía no encontraría jamás al culpable o los culpables, era imposible que la muerte de Sandra se hubiera dado en un accidente de tránsito, era imposible pensar que ella pudiera tener un descuido. Ella era la mejor para conducir, siempre lo hacía. Entendí que algo estaba mal. Y después de ver el cuerpo de mis mujeres, regrese a casa. Estaba destrozado.

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Los asesinos suelen cometer un error. Los escritores de relatos de asesinos suelen cometer muchos errores, entre seis o siete, pero lo que estaba claro es que Erwin no podría ser el asesino, aunque para Laura Blake, fuera el principal sospechoso. Otra cosa que no encajaba para nada con la muerte de esta pareja era la forma en la que fueron encontrados, no podría ser un sicario el actor material porque ellos no se preocupan por los detalles, ni por acomodar los cuerpos de sus víctimas y sobre todo, sus escenas del crimen suelen quedar manchadas de sangre. Un crimen pasional. Es lo único que se me ocurría. Esta historia no tiene sentido si lo que se intenta es engañar al lector a lo largo de un número determinado de páginas. No se trata de ir contando cada uno de los eventos guardando un poco de la historia para que al final el lector nos abandone o para sorprenderlo con una historia que carezca de sentido.

La noche en que murieron llegó primero un coche patrulla, acudió al llamado de unos vecinos, que se toparon con los cuerpos sin vida, cuando regresaban del trabajo. Los agentes de la policía vieron la puerta de la casa abierta y una pequeña luz que salía del interior de la misma. Antes de entrar me llamaron; me dijeron que se trataba de un doble homicidio, ellos pensaban que se habían topado con un caso extraño o eso les parecía a ellos, su olfato de sabuesos entrenados en el crimen les advertía que aquello estaba fuera de cualquier rutina. Para cuando Laura Blake me llamo, yo había recorrido casi todos los rincones de la casa. No tenía claro si era parte de la escena del crimen, pero llamaba poderosamente mi atención.

Algunas cosas seguían dando vuelta en mi cabeza. Resulto por ejemplo que las tarjetas de crédito que se habían encontrado cerca de los cuerpos, eran clonadas y eso no ayudaba en nada para resolver el caso. El dinero en efectivo era poco, así que la idea de se tratase de alguien importante también se tenía que descartar, en cuanto a los preservativos, surgían dos variantes, la primera es que el dueño de ellos era una persona joven que le gustaba andar preparado por si se presentaba la ocasión, la es que pertenecieran a la persona muerta y que la mujer que estaba con él, fuera su amante y para él resultara importante protegerse o que ella fuera una prostituta, lo cual quedo descartado al comprobarse la identidad de ella y su oficio.
Lo de la memoria usb, aún no se lograba acceder a ella, la navaja parecía ser un artefacto de lo más común y las croquetas para perro no decían nada. La hoja en blanco doblada en cuatro quizá tendría algún significado pero nadie podría atreverse en este momento a lanzar una teoría acerca de ella. Las cuatro balas calibre 32, esas significan algo, quizá era la única pista verdadera que se tenía, habría que trabajar en ella. Pensamos en una Browning, en general una calibre 32 resulta ser un arma de mujer, pero la ropa era de hombre, pensé que si la ropa no pertenecía al muerto, y de pertenecer al asesino, entonces la posibilidad de que el asesino fuera gay, se multiplicaba, igual y el muerto era gay. Creo que nunca antes me había sentido tan desorientado.

Crimen pasional, de eso se trata fue lo que me dijo Laura Blake.

Laura Blake estaba enamorada de Carlos. Lo de él era ser un detective literario. Ella gustaba de la poesía, ese era quizá su mayor talento. Al estar enamorada le resultaba más fácil deducir lo que sucede, no dejaba escapar los detalles, las emociones basadas en los acertijos eran su fascinación. Ellos hacían una pareja explosiva, aunque Carlos nunca le había confesado lo que sentía por ella.

La policía tenía una teoría simple. El par de homicidios era del orden pasional. La chica que era novia de un tipo con probables nexos con el crimen organizado, le había sido infiel con un hombre mayor del que nadie sabía nada; se presumía que el desconocido o bien era un delincuente más que había llegado a la ciudad para engordar su cartera o se trataba de otro soñador que se había quedado de este lado del río y había abandonado su ideal del sueño americano, como sea nada de eso tenía importancia. Pues bien tenemos la escena del crimen del que se deduce un crimen pasional y lo extraño del caso es que ambos estuvieran tirados a la entrada de la casa del novio, pues eso lo hacía ver como el único sospechoso. Se desprendía de que esos cuerpos estuvieran tirados a la entrada de esa casa lo siguiente: el amante de la chica había sido llevado hasta ese lugar a base de engaños, a ella la habría llevado el novio con la promesa de algún regalo, ya reunidos en el lugar quizá fueron amagados con un arma mientras el asesino llevaba a cabo su venganza. Les dieron muerte con arma blanca, se presume el uso de un verduguillo. El asesino intentó sacarlos de su casa, primero arrastro el cuerpo del hombre que estaba al frente y después acerco el cuerpo de la mujer, pero algo lo hizo entrar en pánico y salió del lugar a toda prisa. Así que todo estaba claro, habría que encontrarlo y dar carpetazo al asunto.

Yo no podía creer que los policías creyeran que el asunto había sido fácil e insípido, esos homicidios eran una obra de arte, en los cuerpos no había marcas de tortura, la herida en cada uno de ellos había sido elaborada con detalle, con gente que sabía dónde y cómo acabar con las vidas de estas personas. El lugar fue escogido como un escenario, no como el lugar de los hechos, fueron acomodados en ese lugar obedeciendo un capricho natural del artista de ese crimen. Era semejante a la obra de Ron Mueck: “Pareja acurrucada”. La misma disposición, la cosa tenía un sentido estético.

Había dormido poco últimamente. Los sueños te he dicho que me persiguen todo el tiempo. Incluso el sentido de la realidad parecía distorsionado. Dos o tres veces me había encontrado con mis pequeñas hijas y ellas reían llenas de alegría. Lo que se repetía siempre era que ellas me señalaban ese cartel donde se anunciaba una exposición fotográfica. Llegue a pensar que todo eso me sucedía por mi obsesión con este asunto y porque no deseaba olvidarme de lo que les había pasado a ellas. El viajero. La exposición era de retratos de algunos rostros antes de entrar en los campos de la muerte. Era algo extraño que una persona en especial pudiera estar presente en diferentes momentos de la llegada de la muerte. Lo complejo del asunto es que pocos repetían el escenario y ni uno de ellos había muerto en un hospital no dejaba de preguntarme como es que lo lograba, pero lo que en verdad me tenía preocupado era el mensaje que mis niñas me intentaban dar y que yo no lograba descifrar. Pensé que me estaba dejando llevar por mi coraje y mi tristeza, quizá era tiempo de hacer las cosas de forma objetiva.

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89

Laura Blake me llamo. Sus investigaciones han dado algunas respuestas. Me ha dicho que nos tenemos que ver, que es necesario que vaya esta noche a su departamento. Ella y yo nos conocimos el día que llegue a esta ciudad. Venía aún con una profunda tristeza, la muerte es así, llega y destruye a todos los que nos quedamos.
Era la 1.30 de la madrugada cuando Laura Blake me llamo. Yo la vi hasta la 1.32, me abría gustado llegar lo más rápido posible, pero uno no puede correr e mitad de la noche en esta ciudad, casi siempre te confunden y lo confieso, tengo miedo a que me disparen porque crean que pertenezco a determinado bando de delincuentes, así que cuando salgo de noche, voy lo más lento posible, prendo las luces interiores del auto y procuro no hacer el cambio de luces, las altas no se deben usar ni por error. Evito pararme en las calles no es estrictamente necesario, como quien dice a lo que voy sin vacilar. Vidrios abajo y ausencia total de música. Siempre alerta.
Saque la llave del departamento de Laura Blake y entre a su departamento. De alguna manera ella estaba enojada conmigo, me había pedido pasar un fin de semana en casa de su familia, deseaba presentarme como su novio y la verdad es que entre nosotros existía fuego, pero no el tener que llamar de alguna forma nuestra relación. Llegue con la esperanza de meterme a la cama con ella y de disfrutar lo que nos quedaba de la noche.
Entre. Laura Blake estaba de pie en el pasillo, hablaba por teléfono. Levanto la mano izquierda y me hizo la señal de que guardara silencio, luego abrió los dedos y acerque los míos hasta que quedaron fuertemente enlazados, en ese momento experimente una erección descomunal. La abrace sin interrumpir su llamada y su olor me desquicio. Sobre la mesa, había unos papeles y unas fotos de los cuerpos que días atrás habían encontrado. Ella termino su llamada y me dijo que se habían atado algunos cabos. El escenario principal del crimen, seguía sin ser descubierto, pero avances se tenían.
Laura Blake, llevaba un pequeño bikini, rojo con ciertos vivos negros, su piel apiñonada, suave, deliciosa al tacto y al gusto, el resto de su cuerpo, estaba completamente desnudo. Me beso.

—Antes de que otra cosa suceda te cuento —dijo ella. Sabemos la identidad de la chica.
—¿Lo han confirmado ya? —dije, mientras le acariciaba los senos. ¿Es confiable la información?
—María Betania —dijo ella.
—Hablaron ya con su familia —pregunte entre asombrado y caliente.
—No creo que sea necesario

Era una recepcionista de un hospital famoso. Era de Colombia, tenía 24 años. Lo que no sabemos aún es quién demonios es él. La identidad de ella fue confirmada por la mujer de aquella casa. Supongo que la recuerdas. Nos dijo que María Betania era novia de su hijo. Que estaban peleados y que su hijo llevaba un par de días que no llegaba a la casa. La mujer nos dijo que si, su hijo llegaba en la noche, ella no se enteraba, por cuestiones de su trabajo. Pero que tenía un mal presentimiento y que con los malos presentimientos de una madre no se juega.

—¿Es entonces el hijo de esta mujer el principal sospechoso? —dije.
—De momento si, pero es lo único que tenemos —dijo ella.

Él se llama Erwin. 21 años. Tiene antecedentes y los vecinos dicen que dejo la escuela hace mucho y que ahora trabaja para la mafia, así que es un fuerte candidato, desde luego que el principal problema en este momento es poder encontrarlo, nadie lo ha visto desde hace varios días. Los vecinos creen que Erwin es un sicario, pero no lo pueden confirmar. Nadie los vio llegar. Nadie sabe cómo es que los cuerpos llegaron hasta ese lugar. Alguien me dio su teoría de los hechos dijo Laura Blake. Según esta teoría. Erwin llego a su casa y se encontró a la novia en los brazos de algún amante ocasional de la madre, uno de esos amantes que pagan por un buen servicio y después se pierden. Al llegar a su casa Erwin los descubre en la cama de su madre, supone de entrada que el tipo le ha pagado a María Betania, por sus servicios y ella no ha dudado ni por un segundo ganarse esos pesos, así que victima de sus celos, los mata a los dos, pero como el trabajo de Erwin es seguramente el de sicario y desde luego ha encontrado una forma de no dejar rastro de sangre en la escena del crimen, pues eso hace y es lo que mantiene a la policía ocupada buscando la supuesta escena principal. No dije nada, me parecía una teoría absurda y poco digna de ser tomada en cuenta. Quería pensar que ese asesinato iba más allá de la muerte por celos. Me intrigaban los cuerpos desnudos, la posición de los cuerpos y sobre todo el mensaje existente en la escena del crimen. Seguramente dejamos pasar algunos detalles, seguramente teníamos la necesidad de reconstruirlo todo paso a paso hasta lograr desentrañar lo que en realidad había sucedido, un crimen pasional era un insulto a nuestra inteligencia, pero sobre todo carecía de sentido. Laura Blake dijo que a ella, esa teoría le causaba risa y un poco de pereza, pero que tenía que contármela por si yo era capaz de encontrar en ella algún rasgo de verosimilitud.

Así que estaba claro. Teníamos el nombre de una de las víctimas. Ocupación, edad. Ciudad de origen. Algunas entrevistas con sus compañeros de trabajo, que revelaban el carácter alegre y facilón de María Betania, que no dudaba por un segundo aprovechar la ocasión para divertirse. Pero cuando les mostraron a sus compañeras la foto de la otra víctima, dijeron no haberlo visto nunca. Con la foto de Erwin paso lo mismo. Nadie lo había visto nunca.

Entonces Laura Blake me dijo:
—Sabes que sigo enojada contigo, lo sabes verdad.
—Sí, lo sé —dije
Ella se quedo callada y después de un rato preguntó:
—¿Me quieres Carlos?
Entonces le dije
Sabes muy bien que te quiero.
—No me mientas cabrón. No está bien mentirle a una mujer policía y si lo haces te vas a meter en un lío muy serio, sabes que soy capaz de cortarte los güevos, así que mejor ve pensando lo que vas a decirme
—Quiero hacerlo Laura —fue lo único que pude decir.
—Tan solo dime la verdad Carlos, no seas un cabrón conmigo, no esta vez, por favor.
—Yo siempre te digo la verdad cariño —le dije.

Entonces ella comenzó a besarme con una pasión para mí desconocida, se levanto de la cama y se quito el bikini, y recorrió un pequeño pasillo para meterse al baño. Hice lo mismo, me levante ya desnudo y me metí al baño con ella. Aquello podría ser una locura. Entonces comencé a recordar, las cosas tal vez las recordaba no como habían sucedido, pero estaban en mi mente dando vuelta y me hacían temblar y en medio de nuestros sexos, cuando ya estaba a punto de experimentar el placer más desquiciante lance un grito que bien podría haber dejado sorda a Laura Blake.

Porfirio había matado al perro. Mi padre me había corrido de la casa porque pensaba que yo era mariquita. Mi padre odiaba que yo no pudiera comer usando la mano derecha y odiaba que yo le dijera una y otra vez que deseaba ser escritor. ¿Quién demonios era el viajero?, ¿qué tenían que ver mis sueños con la muerte de Sandra, mi mujer?, ¿Dónde demonios estaban mis hijas y Sandra?, eran tantas cosas y nada parecía tener sentido. Quién era ese hombre que apareció muerto a lado de María Betania, pero sobre todo por qué lo habían matado. Laura Blake me mordió la oreja y me dijo

—Vamos a la cama, pronto nos va a amanecer
—Yo quiero ver el amanecer a tu lado, quiero estar así siempre —le dije.

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55

Últimamente había tenido sueños raros, se repetían casi todas las noches. En el sueño, Sandra me toma de la mano, estamos en el lugar del accidente donde ella y mis niñas perdieron la vida, mis niñas están atrapadas entre el cinturón de seguridad y las láminas del carro. Sandra no habla, me lleva de un lugar a otro, cierra los ojos e intenta mostrarme algo, pero no lo entiendo del todo, es entonces cuando comienza a pasar. Un auto llega a toda velocidad y e impacta en un costado el auto de Sandra, lo que hace que ella pierda el control y el auto comienza a dar volteretas, hasta que se detiene con las llantas hacia arriba, se oyen llantos, gritos de desesperación, mis niñas me llaman y no puedo hacer nada, estoy en ese lugar, pero no me pueden ver, me resulta imposible sacarlas y entonces suelto un grito sin sonido y Sandra se lleva la mano a la boca y me pide que calle, me acaricia, lo siento por todo el cuerpo, mi piel se eriza, pero no estoy consciente de que eso es un sueño. El auto que las ha impactado se detiene algunos metros adelante, se baja un hombre alto, joven, de nariz prominente y saca una base para apoyar su cámara fotográfica, yo no lo puedo creer. Pensé que correría ayudar a mis hijas, ya no veo a Sandra, ahora escucho sus gritos desde el interior del auto y no puedo hacer nada. Tardo en comprender el sentido del sueño, lo que ella, mi mujer deseaba era mostrarme a ese monstruo, él las ve sufrir y no deja de accionar el obturador de la cámara, una y otra vez, parece no tener fin la agonía de mis mujeres, mientras que el rostro de él se ve iluminado. Podría reconocerlo si lo veo cruzar una calle o si me encuentro con él en la estación del metro o cualquier otro rincón del mundo. Tengo ganas de hacerle el daño más cruel, reclamarle al muy cabrón por haber dejado que mis niñas y mi mujer murieran absurdamente, mientras él se deleitaba tomando fotos, pero sobre todo tengo ganas de acabar con su vida porque es el culpable de terminar con la vida de mis mujeres. En las placas de su auto se puede leer la leyenda: El viajero. No tengo idea de lo que significa todo eso. Despierto espantado. He sudado mucho. Tiemblo. Cerca del auto de mi mujer la policía encontró el collar de un perro. Tenía la misma leyenda que las placas: El viajero.

¿Qué demonios significa todo aquello?, no lograba entender el sentido de esos sueños.

He llegado a pensar que esos sueños no son otra cosa que un estado emocional, un estado con el que mi mente intenta justificar la culpa que siento. El collar del perro encontrado en la escena del accidente lo tengo en mi mesita de noche, ahora no le quito la vista de encima. Repaso en mi mente los detalles del sueño, son tan reales, como si aquella tarde yo estuviera de viaje con ellas. No pude hacer el viaje. Sandra me rogo para irnos todos juntos, pero yo no fui capaz de abandonar mis obligaciones en la empresa de su padre. Me justifique y quizá porque a ambos nos encantaba tomar fotos, en mis sueños se me aparecía el fotógrafo. ¿Acaso era esa una señal?, tal vez Sandra trataba de decirme algo.
No solo la veía en sueños, un par de veces antes de entrar al metro la vi sentada en uno de los escalones. Se levanto y me tomo de la mano, no dijo nada y yo sentía su presencia, no sabía qué hacer con tanta gente, tenía miedo que la lastimaran, pero al mismo tiempo tenía miedo que descubrieran que ella estaba muerta, que me la alejaran para siempre. Lo peor que podría pasar en realidad es que descubrieran que yo iba hablando solo y se rieran de mí.

Me resultaba imposible creer que existiera un fotógrafo capaz de no sensibilizarse ante el dolor de los demás, pero sobre todo que sintiera ese extraño placer de retratar los rostros en esos segundos que anteceden a la muerte. Pensé que todo eso, solo podría ocurrir en mi imaginación. Veía a Sandra en todos mis sueños, tanto que comencé a desesperarme, así que pedí ayuda, me recomendaron a un especialista famoso, pero poco pudo hacer. Conforme pasaba el tiempo se fue haciendo más y más común encontrarme con Sandra. Un día me tomo de la mano y me llevo por una calle, hasta quedar frente a ese gran cartel, donde se anunciaba la presentación de una exposición fotográfica: Los rastros antes de la muerte, por Anto Nikon, en una de las fotos que promocionaban el evento, se alcanzaba a leer la frase: El viajero. Pensé que me estaba volviendo loco.

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