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Posts Tagged ‘«Qué hago yo aquí»’

Por alguna razón las cosas no van por donde uno desea. Pero qué demonios es el deseo, las ganas, las ilusiones de ese algo que nadie sabe lo que es. El hombre se acerco a una puta, la subió al auto cerro los seguros de manera casi automática, acelero, y sin decir palabra alguna se la llevo a una de las calles más oscuras. Ella no dijo nada, pensó que si se quedaba callada obtendría una buena propina. Lo mismo pasa con el soldado que anda todo el día en sus recorridos por la ciudad, debería sacar la lengua como lo hacen los perros rabiosos y no quedarse en la parte trasera del auto, tratando de cazar a uno más, que importa si es delincuente o no, lo importante es cazar, soltar el fogonazo, tener un reporte al final del día; el soldado que se queda todo el día parado sobre la caja de una camioneta que no se cansa de avanzar, el soldado que va lo más quieto que puede y no sabe que en breve será asaltado, que le van a disparar y que verá toda su vida pasar en un segundo. Los comportamientos más extraños, un sujeto que cada ocho días va a uno de los poblados más peligrosos porque dice no tener miedo, pero saben que le están siguiendo los pasos y que un día de estos lo van atrapar, lo van a levantar, pero su miedo lo transforma en un deseo reprimido, un grito sin sentido y se abandona a pequeños caprichos, auto y casa nueva, una esposa, tal vez un par de hijos o por lo pronto solo uno de ellos y no se da cuenta que va en dirección equivocada, como quien marcha al desfiladero, sin embargo el dice orgulloso: no, no tengo miedo. A veces creemos que tenemos todo a favor y vemos venir aquello que nos puede hacer daño y no nos movemos porque creemos que nunca nos va a pasar nada y si es que nos va a pasar algo, el otro, el que se encargaría de que algo nos pase, va a fallar. Creo que debería estar pendiente de cada segundo que pasa, contarlos de alguna manera, porque solo es así como la continuidad se logra, sin esa continuidad ya no existe vida o esa sensación de vida que nos hace decir todos los días: las cosas no van por donde uno desea, pero siguen ocurriendo. Un descuido y podemos pasar a otro mundo, basta con cerrar los ojos, con descuidarnos solo un poco, basta con alejarnos de la supuesta realidad para dejar de ver, para dejar de sentir, pero mientras eso sucede, nos basta con ver al cielo y decir unas cuantas cosas o hacer otras más, nos basta con dejar algo en un sitio donde los demás corroboran esa sensación de estar vivos y al mismo tiempo cuando observamos o leemos lo que los demás hacen nos ayudan a recordar o sentir ese pulso de vida. Una persona que cruza la calle, unos amantes que se entregan en una calle estrecha y oscura, una o dos personas que nos cuentan que ellos no sienten miedo, alguien más que nos contesta un mensaje corto que le hemos enviado hace unos segundos, no para saber si ella o él están bien, sino para verificar que esa sensación de vida aún está con nosotros, seguimos mirando y leyendo todos los días en estos espacios, nos preocupa si alguien se ausente, pero no porque nos importe del todo, sino porque no sabemos si es que nosotros hemos dejado de estar. Persigo los orgasmos, el cuerpo de una mujer en el mío, así como algunos deben perseguir el cuerpo de hombre o mujer en el suyo, buscamos esa constancia; yo no tengo ganas de acabar con lo que soy y tampoco deseo que alguien más lo haga y confió en la suerte, aunque a veces despierto sobresaltado porque he soñado que un hombre que tiene ojos de diferentes colores me está persiguiendo y trata de atraparme, y veo en las calles a hombres de cuerpos grandes aunque no todos y llevan armas que acarician con sus manos, tienen el poder de acabar con una vida, pero soy egoísta y no deseo que sea la mía, esos hombres no solo tienen los dedos torpes, no solo han dejado los sueños para otros y ahora se dejan llevar por una codicia inexplicable y todos los días se repiten que van a dejar a sus madres, a sus esposas e hijos, ricos, como si ese dinero les fuera a durar toda la vida. Me duelen los músculos, no he hecho nada interesante, me siguen ganando los años y cada vez debo pesar más y extraño aquellos años, donde hacía lo que se me venía en gana y no pensaba que tal vez ya no me despertaría a la mañana siguiente. Mis dedos son las teclas, nada solo como yo deseo, pero mis dedos intentan describir una historia, esa historia que me recuerde todos los días que aún estoy vivo, y que tal vez es cuestión de suerte el que no me tope con una bala. Sospecho de todo y de todos, eso en estos tiempos es normal. No quiero dejar de oír los pasos de todos los demás, me desespera sino leo algo de lo que escriben mis amigos, y me repito a cada instante: aún no, aún no, aún no; aunque muchas de las cosas no salen como uno quiere. El hombre que escupe balas se acerca, viene directo a donde yo estoy, yo cierro los ojos y me repito mil veces, que ese bala no llegue a su destino, mientras que un soldado cruza en ese momento por la calle donde pensé que mi cuerpo habría de caer y es otro el que se pierde para siempre esa continuidad que nos regala el tiempo, un suspiro, un latido, luego otro, otro, otro y otro. Sigo sintiendo el calor de mi cuerpo , se que vendrá otro, pero tengo la necesidad de verificarlo y entonces leo un poco de lo que escriben mis amigos, mando un pequeño mensaje para preguntar cómo está alguna de mis amigas, tengo deseos, me dejo llevar, me dicen que es el día mundial del orgasmo y deseo aprovechar cada momento, estoy vivo algo en mi huele tan fuerte que es imposible ocultarlo.

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