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Posts Tagged ‘prosa’

Recuerdo todas las cosas, porque esa es mi vida, todas las vidas que he tenido, las recuerdo; tengo miedo porque pronto me llegara el olvido, eso me dicen y es un peligro latente, lucho para no ser vencido, me dejo llevar por las pasiones, por la desnudes fuera de tiempo, porque soy un naufrago, un esclavo de la memoria. Qué soy, qué estoy haciendo. Mi sangre lleva cierta música que no entiendo, una música pasada, que provoca cierto suspenso, luego surge esa necesidad de una residencia en algún lugar del mundo, no importa si ese lugar es feo, el más feo de todos, no importa, si es un lugar abierto, es más, no importa su existencia. Es un lugar ideal para el abandono, pero no puedo abandonarme, si un día lo hago entonces le estaré dando entrada al olvido y no quiero tener una residencia en ese lugar donde ya no se recuerda nada. Me espanta, dicen que me acecha. Yo esperaba. Me gustan las esperas, pero nunca he tenido claro que es lo que espero. Me llamaban hace unos años niño bonito, ahora me dicen viejo ridículo, qué sentido tienen esos sobrenombres agresivos, es lo que pregunto a diario. Mis manos, mi cara, mis ojos, me sugieren una realidad distante, será acaso que ya estoy perdido y que mi memoria no es otra cosa sino una deformación de algo que fue y esta realidad que me empeño vivir como la única situación válida de mi vida, no es otra cosa que el reflejo de un espejo que miente.
Silencio eso es lo que tengo, un silencio donde habita el miedo de descubrir-me fuera de esta realidad, he gemido, he gritado de placer, pero seré acaso esa una necesidad de lo que no soy o soy algo que carece de significado, una mezcla de la ausencia, del espacio cerrado, de los golpes y de las armas que vomitan fuego a cualquier hora del día. Pienso en una mentira para mi día y otra mentira para mis noches, porque siento un horror de descubrir que no soy el que soy, sino que soy otro. Quién demonios puede entenderme

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siempre lo mismo, esperaba;
siempre ese problema grave
entre lo que era, con lo creía ser

el espejo, fiel reflejo de lo que me creo;
los laberintos tienen la virtud
de regresarme a la realidad,
sobre todo cuando me encuentro perdido

el peor de mis laberintos
me asalta con frecuencia
se aparece al estar dormido,
le gusta alterar mis sueños
le gusta tenerme sumido
en esa cruel realidad
de despilfarros emocionales
prefiero lo que creo ser

insiste esta espera
desde luego que no por esperar demasiado
las cosas serían diferente

mi furia, ese coraje escondido
salta a la primera oportunidad

invoco senos desnudos
vientres descubiertos
pezones erectos
orgasmos dulcificados
el reflejo de mi espejo
que es, eso que me creo

mi furia lo es todo
el ruido me enloquece
siempre es lo mismo, esperando
siempre sueño con lo que creía ser
es entonces que invoco al silencio
es entonces que creo estar muerto

invoco al que creo ser, al que no viene mientras duermo

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toco un pubis, rasposo, rasurado, ajeno
mis ojos se cubren, mis manos no sienten
ese espanto de tocar un pubis que no es propio
se llenan de gozo, mientras me convierto
doblemente en una mujer muda

siento un deseo desde aquí
me abandona todo sentimiento de culpa

toco un pubis rasurado, rasposo
no lo cubre una hoja
no lo espanta el deseo;
me invita adentrarme en él
mientras se va inundando,
mientras sus humedades
desatan ese tormentoso
olor que suele salir
de los límites del pubis
desde ese mar adentro

su memoria, la memoria del pubis
sabe lo que es eso
se abandona
se entrega
se humedece
en ese ritmo lento

toco un pubis, rasurado, rasposo, ajeno
toco una, dos, tres, cien veces o quizá mil
me convertí en una mujer doblemente muda
pero eso nadie lo entiende,
mientras tanto
esa mar interna
se va agitando
es la memoria la que no se apiada de mis temores
no es ella, no es esa mujer, ni su cuerpo de mujer
ni mis manos que la tocan
lo que despierta este deseo
es la memoria que me lleva más allá
de todos los deseos de este mundo

toco con mi mano un pubis
un pubis rasurado, rasposo;
lo toco con mi mano izquierda
si es que acaso importa

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¿Acaso sabes lo que es el silencio?
en ocasiones muerte y en otras miedo
casi nunca es un eco de tu alegría
el silencio es negro
es ruido apagado
es esta absurda melancolía
es un llamado a la muerte
es el vino con el que me acaricia el olvido

las palabras se suicidan, se agotan

el silencio llega
te acaricia
te invade

tú lloras mientras yo he callado,
al menos es lo que supongo
tú alimentas el miedo
hacia esa soledad que te espera
y yo estoy perdido
en ese lugar desconocido
ese lugar oscuro, apagado
melancólico y triste
tú te abrazas
y yo, yo solo siento frío

tú que debajo de las sabanas eres fuego
que gimes, que te quejas, que disfrutas
de tu cuerpo, tú que eres más suave que la noche
y más intensa que el olvido
tú que a la necesidad de este silencio
le pones un tiempo, un ultimátum
un hasta aquí, un hasta luego
y yo que voy danzando en el fuego

alguien nos atormenta con su inocencia
alguien nos dice que vamos arder en el fuego eterno
y yo los he perseguido siempre
a veces con una cuerda en el bolsillo
otras veces con un cuchillo en mano
que escondo entre mis atuendos
y mis sonidos que se han apagado
y mis ruidos que no me dicen
que hacemos

extraño el color y el sabor de la infancia
pero sobre extraño esos ruidos, esos gritos
esa inocencia que se quedando en
ese lugar que no existe, en ese lugar
invadido por la furia de mi sangre

¿y el cielo?
soledad, encierro, descuido,

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—Si no es ahora, entonces cuando—dijo ella, mientras dejaba escapar una sonrisa que nos contagiaba a todos

Era tarde y ella me había reclamado que escribiera esa historia, donde confesaba que en algún tiempo fuimos amantes, no precisamente ella, pero era el nombre, el cuerpo y todas las descripciones que coincidían, con lo que es ella. Antes no importaba que usara su nombre, es más podía decirle lo que me viniera en gana, fue así como sucedieron las cosas, un día la invite a salir y nos dejamos llevar, aunque decir que nos dejamos llevar es un pretexto para no tener que explicar nada. Más que dejarnos llevar, lo que sucedió es que ambos lo deseábamos con tal fuerza que el encuentro era inevitable, todo era cuestión que uno de los dos lo propusiera. A mí me gusta sentarme allí, en el transfer, corría el riesgo de que los cirujanos comenzaran hablar y esos rumores llegaran a los oídos de mi mujer, pero la verdad es que no me importo mucho. Me gustaba estar allí, en verdad la pasaba bien y las risas se llevaban con facilidad mi mal humor y mi constante dolor de cabeza, nunca antes había encontrado un remedio natural para mis dolencias y yo estaba encantado.

—¿Por qué?

—Estaba desesperado y no quería perderte

—¿Por qué?

—Porque soy un  tonto, porque pensé que si lo escribía tú entenderías lo  mucho que te quiero, por eso.

—¿Cómo sabes que te querría más?

—Porque no puede ser de otra forma, a ti no te interesa el dinero y aún crees en el amor, y una historia de amor siempre es mejor a cualquier cosa.

Nos sentamos uno al lado de otro, nos recargamos en la pared y yo lancé el más profundo de mis suspiros, de haberlo querido nunca lo habría logrado. Ella me dijo que se le antojaba una Coca, le pregunté si de dieta y me mando al diablo al tiempo que me decía, que eso a ella no le hacía falta y desde luego que tenía razón. Nos quedamos un buen rato mirándonos, no había nada nuevo, yo seguía igual de pelón que la última vez y a ella no se le borra del rostro esa sonrisa.

—Demonios, ¿por qué he tardado tanto en saber que tú eres lo que necesito?

—Porque antes no tenía novio y ahora que lo tengo tú te sientes vulnerable, es por eso.

—Tenías que esperar, darme una oportunidad más, lo sabes muy bien

—Querido, era ahora o nunca, tú sabes que la vida se nos va entre suspiros.

Una de sus compañeras se le acerco y le dijo que si pensaba irse temprano, y que de no ser así, le pedía por favor que le ayudara con la siguiente cirugía y mientras le estaba diciendo eso, le acerco unas hojas que eran parte del expediente del paciente. Es una nefrosctomía percutánea agrego. Ella se movió ligeramente. El cirujano pasó con su ayudante. La luz del quirófano era cegadora. Ella llevaba su nombren en la filipina. Ella tenía frío se le notaba en los brazos. El médico cirujano ordeno que le bajaran al clima que le preocupaba que el paciente se pusiera hipotenso. Yo me levante. Y antes de irme le dije que tal vez más tarde podríamos hablar, ella sonrió y eso me dio un poco de esperanza. No podía ser posible, no podía creer que aquello con ella se estuviera terminando, no  deseaba creerlo.

La guardia termino a la hora pactada.

—Te vienen a recoger

—Qué importa si vienen o no, a ti nunca te ha importado, siempre me voy sola

—Sería mejor irnos juntos. Si nadie viene por ti, me gustaría llevarte a tu casa, quizá nos podemos detener en el camino a cenar algo.

Pasaron más de cinco minutos antes de que ella dijera algo. La noche era fría. Ella tenía puesto su cubre polvo y los labios pintados de rojo, su sonrisa me estaba matando y yo lo único que deseaba era tenerla en mis brazos y poderla besar, Dios sabe cuánto deseaba besarla y por nada del mundo la obligaría hacerlo, nunca lo había hecho.

—¿Qué deseas?

Me le quede viendo.

—¿Otra oportunidad?

—No vale la pena, contigo nunca dejare de ser la otra y sino aprovecho ahora la oportunidad que tengo, entonces cuando—ella me miro fijamente. Baje la mirada y ella comenzó a marcharse.

—Me quedare toda la noche contigo—nunca tengo sueño y podemos quedarnos despiertos hasta las tres o cuatro de la mañana para que tú puedas descansar.

—Eso lo hubieras hecho la semana pasada. Ahora ya no me interesa.

Sentí ganas de decirle que si no se quedaba conmigo esa noche yo estaba dispuesto a suicidarme, que no podría tolerar, saber que ella estaba con otro, pero mi voz se quedo ahogada en un silencio que hasta el día de hoy no sé explicar. Ella avanzó unos cuantos metros, y se volteo suavemente y su sonrisa en total plenitud choco con mi mirada. Y dijo:

—Lo siento querido, tal vez si no funciona te busque, pero por ahora deja que sueñe que es ahora mi oportunidad.

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a veces lo que me estresa es querer dormir y dejar pasar la oportunidad de escribir una historia, no digo una gran historia, ni siquiera una buena historia, solo una historia como cualquier otra. Me pasa que me acuesto y entonces me empiezan a rondar algunas ideas, pienso que son buenas y me dejo llevar por ellas en esa especie de duermevela, creo que más valdría parase y escribirlas o de plano anotar las ideas generales en ese pequeño cuaderno que todo el tiempo está debajo de mi almohada, pero soy necio y según yo me repito mil veces la historia para no olvidarla, pero suceden dos cosas casi siempre al amanecer, una es que olvido todo eso que está presente en la duermevela y lo cual me frustra y lo otro es que despierto con otra idea y lo proceso para más tarde olvidarla porque ya estoy con una nueva idea después de otra y así es mi día. Tal vez debería tener disciplina y obligarme a pensar una sola cosa, pero pienso que es algo que no daría resultado conmigo. A veces odio esa parte de mí, pero de nada sirve.

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