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Posts Tagged ‘Neguinha’

Renata ya no se podía prostituir, pero estaba hambrienta por dejar su nombre en la memoria de los hombres por muchos años más. Así que de la nada le propuso a Laura Blake un negocio. Le daría un motivo para que su vida fuera diferente, le regalaría las memorias de su vida y desde luego eso comprometía a Laura Blake a buscar la forma de publicarlas. Al principio la idea parecía de lo más mala, pero Laura Blake accedió y pronto encontró en el periódico local a un editor interesado en publicar dichas memorias. Se le ocurrieron tantos títulos: Memorias de una puta, Mi vida y este ardor entre las piernas, Yo la puta, etc. Desde luego que el editor termino por meter la mano y nombraron a dicha columna: Neguinha, memorias de una puta.

Laura Blake permaneció dos largos años en Belo Horizonte. Aprendió a bailar con ese ritmo endemoniado que parece ser exclusivo de las brasileñas. Se enamoro nuevamente y al final, resulto que el editor de su columna quien además era su novio, no solo era un hombre casado, sino que además violento, eso le rompió el corazón de nuevo. Pero no fue eso lo que la motivo a regresar a México. Fue la muerte de Neguinha.
Antes de morir, Renata le pidió a Laura Blake que buscara a su hija. Le dio algunas señas del convento donde la había abandonado. Le pidió que le entregara todas sus pertenencias, en las que se incluía el burdel y sus putas.
Laura Blake pasaría muchos años de su vida buscando a la hija de Renata. Logro dar con ella. La hija se había convertido en una monja y desde luego que rechazo la herencia de la madre, pero no dejo de escuchar la historia de la misma sin estremecerse y romper en llanto. Pero esa es otra historia, una historia aún más larga de la que ahora nos ocupamos.

Su viaje a Brasil, su incursión en el mundo de las letras, su necesidad de encontrar a la hija de una prostituta, que al final resulto ser una monja, la constante violencia en su país, así como el número de homicidios que quedaban sin resolver llevo a Laura Blake a convertirse en una investigadora del crimen. Desde luego que fue a una escuela, no existen las escuelas propiamente para detectives, al menos no en el país, no se tienen escuelas como las del FBI, aunque en una temporada se intento imitar ese modelo de los gringos, nunca se llego a una experiencia favorable. Laura Blake estudió criminología, que se combino de manera perfecta con sus primeros años de estudio para abogado. No termino ninguna de las carreras. La policía recibía a todos aquellos que tuvieran una carrera trunca y ello lo aprovecho. Estar en la policía eran los primeros pasos para aprender o convertirse en un investigador, diferentes técnicas, así como el desarrollo de los diferentes perfiles de un delincuente. Laura estaba en el camino que le daría a su vida una satisfacción peculiar y particular, quizá el camino que nos hace sentir a plenitud y que nuestra vida tiene sentido. Fueron largos años. Todo eso me lo había ido contando poco a poco, mientras nos fuimos curando las heridas de un pasado que nos parecía el más triste de todos, pero que sin lugar a dudas no lo era, porque nadie tiene la historia más triste de todas. Solo se tienen historias y sus matices correspondientes.

Laura Blake no había perdido a sus padres, ni se sentía motivada a matar a otros, no estaba dentro de los parámetros que suelen describir a los modernos investigadores de la ciencia del crimen, donde se dice que casi todos tienen una tendencia natural por los crímenes. Como aquello de que un clavo saca a otro clavo. Ella era de lo más normal. Nunca había estado casado y lo que la había motivado era su necesidad por salir de una ciudad, de esas rutinas, la necesidad incluso de perderse para siempre y no tener que volver la mirada atrás una vez que emprendía la marcha. Laura Blake, era una mujer común, con un instinto básico, pero que trabajaba horas extras para resolver cada uno de los casos que le llegaban a su escritorio. Había entendido que existen cosas perores que estar sola, y no le había llevado toda una vida descubrirlo, por lo que aún estaba a tiempo para recomponer su camino. Ella era alegre y sobre todo se enamoraba con la misma prontitud que la luz viaja. Su arma preferida es una Glock 9 mm, así como una Berreta plateada que siempre lleva escondida entre sus faldas.

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