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Posts Tagged ‘NaNoWriMo’

Por alguna razón empecé a contar de forma regresiva. Siempre me molestaban las personas que hacían ese tipo de conteos. Me voy a gastar la vida contigo mi querido Pablo. Hace unos días estaba pensando en las consecuencias de que llegues cuando yo tengo cuarenta y algo (casi cuarenta y dos), una de ellas es que no conoceré a mis nietos o quizá si, todo depende de lo que tú decidas. Me da un poco de risa pensar en eso. Confieso que durante muchos años no deseaba saber nada de tener hijos, no tengo la más mínima idea del porque pero eso hacía y luego vienes tú y parece que mi vida va a dar un gran giro o eso me dice todo mundo y mientras eso sucede (la verdad es que ya está sucediendo), me da por pensar muchas cosas. Existe la posibilidad desde luego que seas un tipo precoz y se te ocurra hacer todas las cosas antes de tiempo, lo que yo creo es que si llego a convertirme en abuelo ya estaré entrado en años para cuando eso suceda. Estamos un poco más tranquilos, algunas noches mamá no duerme, no sé si por la emoción o porque todo le duele o por el estrés que nos ha ocasionado tanta incertidumbre. Cada vez más cerca, cada vez tu llegada es inminente y yo supongo que no sabré que hacer en el momento que todo eso suceda. Esa es la vida pues.

Supongo que eres chiquito porque es algo genético. Mi madre también es chiquita y con el tiempo vas a comprobar que yo soy igual que ella.

Hay cosas que no se pueden escribir, hay otras que no se pueden decir y otras más que ni se dicen ni se escriben. Algunas veces me despierto y sé que ya no aguanto más. No es la espera, eso es la que menos me preocupa. Es la incertidumbre. Pienso en dotarte de elementos para tu memoria, es lo menos que puedo hacer, darte algo a lo que puedas aferrarte en los momentos críticos, regalarte lo mejor de mí, pienso que la memoria que te dé durante tu infancia será fundamental para el resto de tu vida, pero no tengo ni puta idea de cómo hacerlo.

La única bondad que he ganado en estos días, es subir de peso, dicha bondad hace que se me aprieten las nalgas cada que doy un paso. Supongo que no es lo mejor.

Lo pobreza es la que mata los sueños, pero también la alimenta. Crecí en una ciudad rara, pase toda mi infancia sin alumbrado público, sin televisión, en aquella época tener una televisión no era solo un lujo, sino un prodigio, me pasaba largas horas jugando con mis primos y cuando crecimos, nos pasamos largas horas peleando por una posible novia, fue una etapa muy feliz de mi vida, pero la mayor parte del tiempo vivía enfermo. Enfermo de lo que fuera, como si el estar enfermo fuera un pretexto para seguir con vida, quizá era un vicio. Una de tus tías tenía chivas, sus hijos cuidaban chivas que les había heredado mi abuelo. Mi abuelo era otra historia, por momentos una gran historia, por otros un hombre cruel y quizá una persona imposible de tratar, a mí me toco la parte en donde todo mundo lo quería, pero no siempre fue así. Te contaba de mi niñez, yo era un niño muy rápido se trataba de correr casi nadie me alcanzaba, pero también me gustaba hacer maldades, se las hacia a casi todos. Me gustaba contar historias y mis primos y las niñas de mi edad decían que yo era un mentiroso. Sabes nunca me aprendí nada de memoria, me gustaba improvisar, contar lo primero que se me venía a la mente. Cuando contaba algo que todo mundo se sabía terminaba por cambiar la historia y contaba cosas que no tenían nada que ver con lo contado. No sé muy bien que te voy a enseñar, desde luego quiero que te gusten las cosas que a mí, que quieras escuchar historias y que después las quieras contar, pero últimamente , no soy bueno contando de forma oral y todo lo quiero escribir (tampoco soy bueno escribiendo). Lo único que tengo claro es que no te voy a leer todo, que prefiero mil veces ser yo quien te cuente la historia como lo recuerde y que con eso logres aprender algo interesante. No pienso en fabulas, quizá sueno algo raro pero pienso en los cuentos de hadas porque siempre he creído que a los niños les enseñan mucho más acerca de la vida.

Casi siempre escribo gracias a toda esa pasión que siento por las mujeres, y tú eres una excepción, escribo para ti o eso supongo.

Al principio, pensé en algo que me resultaba irremediable, me refiero cuando empecé a escribirte, pensé en qué punto comenzaba nuestra historia y así lo hice notar, después de empezar nuestra historia, me di cuenta que todo esto no es otra cosa que un gran borrador, el preámbulo de lo que intento decirte, que ni siquiera me acerco a lo que en verdad deseo contarte y no busco una estructura para hacerlo o algo que haga ver a lo escrito de una forma maquillada o artificial. Te empecé a escribir porque necesitaba desahogarme, porque era importante sacar todo lo que me estaba ahogando, luego ya no tenía idea de que estaba haciendo, solo sentía ganas de hablar contigo, de hacerte sentir que eres importante y aunque no te cuento gran cosa, se que sientes mi presencia y que de alguna forma te alegra el oírme, tal vez sea tiempo de contarte algunas cosas, pero pienso que si lo hago ya, en algún momento empezare a repetirme y no quiero que eso suceda, aún no.

Crecí bajo circunstancias extrañas, pero a mi manera siempre fui feliz. Algunas noches despierto, quizá he tenido un sueño traumático o algo me ha sucedido mientras dormía, que me siento agitado, espantado y comienzo a buscarte con la mirada y después de un rato le toco el vientre a mamá y te siento moverte y eso me tranquiliza, algunas veces pienso que tu corazón se ha detenido y eso me vuelve loco y no quiero verle la cara a la vida o a la suerte, porque eso dicen que es la vida: una cuestión de suerte y yo desde siempre he jurado que no creo en la suerte.

Tengo tantas cosas por contarte.

Supongo que en estos días vendrá el silencio, luego las emociones propias de tu llegada y con ello los llantos, las horas de levantarse a cualquier hora, cambiarte, bañarte, quererte. Supongo que por ahora es tiempo de esperas, de suposiciones, de esta vida que no es otra que la que vamos a compartir y quizá hasta ese momento, el momento donde lloras por primera vez comienza nuestra historia, pero lo cierto es que todo historia comienza donde uno quiere y como uno quiere y eso no quiere decir que sea peor o mejor, solo es un inicio y yo ahora mismo no lo sé. Mi pequeño Pablo, este mundo te espera y yo hare todo lo que esté en mis manos por enseñarte alguna de las cosas que he aprendido y por aprender sobre la marcha alguna más para reírnos juntos.

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Quería darle una sorpresa a Laura, así que no le dije nada y me aparecí por su casa. Resulto que Laura era novia de un narco o de un militar que para el caso es lo mismo. Yo había jurado que con mujeres casadas o con novias de militares o novias de narcos no me metería jamás, no es que tuviera miedo, pero ellos no suelen tomarla solo contra ti, sino con toda tu familia y eso no estaba nada bien. Aunque supuse que Laura era novia de alguien, lo cierto es que fui yo quien se llevo la sorpresa. Llevaba más de seis años en esta ciudad y siempre había sido precavido. La guerra entre narcos, los malos momentos, la necesidad de conseguir un trabajo, y esa desesperación porque ya pronto seria lunes, no quedaban atrás y cada día la cosa se ponía peor.

Casi todo viene en paquete de tres, las historias por ejemplo, podemos mencionar: a los tres cochinitos o los tres mosqueteros, tres son también las carabelas que viajaron hasta América o podemos hablar de la trilogía de tantas cosas o igual de la santísima trinidad, así que yo estaba necio con ello y pensé que nada mejor para mí vida que tener tres mujeres en ella. Desde luego que la primera era mi mujer, después por orden de aparición, le seguía Ella, a la que he llamado Mariko(un nombre más interesante es el de Marikeit), y luego Laura, el orden de aparición no tiene nada que ver con la importancia que ellas representaban para mí, a todas las quería por igual y todas eran mías. Ese era el problema, creer que eran mías. Eso lo complicaba todo.

Hace muchos días que no sabía nada de Mariko. Me la volví a encontrar en el hospital, había ido a consultar al psiquiatra y eso me pareció algo exagerado, pues yo la veía igual de hermosa que la última vez. Sentí un impulso poderoso por abrazarla, pero me contuve. Podría haberle dicho tantas cosas, como que la extrañaba y que deseaba perderme en sus caricias, pero ella adivino mis intenciones y antes de que pudiera decir algo, me dijo: que estaba muy mal, que todo le estaba fallando, que ella no dejaba de sentirse culpable, que por estar conmigo había traicionado al hombre que tanto amaba y que ahora se sentía la pero, yo la peor fue lo que me recalco todo el tiempo. Su debilidad emocional era su peor enemigo y desde luego el arma preferida de su coronel.

Le pregunte por la salud de su coronel y ella me dijo: pinche cabrón, no entiendes que no es coronel y si, ahora si te puedo decir que es solo mío y que nunca más lo voy a engañar. Me reí, no podía ni quería hacer otra cosa.

Se sentía triste y era mi culpa, fue lo que dijo. Las caricias de aquella noche la llevaron sin remedio alguno a consultar con el psiquiatra. Pensé en Laura y en la suerte que había tenido de conocerla justo a tiempo y así poderme olvidar de ella, pero no, por alguna razón uno siempre se detiene donde no hay esperanza o donde lo van a tratar a uno de la chingada.
Le dije que no era mi culpa que ese cabrón coronel la tratara como se le daba la gana, que en todo caso la culpa era de ella y entonces me dijo que por primera vez en toda su vida se arrepentía de sus actos, pero sobre todo de haber estado conmigo aquella noche. Yo pensé: se estará volviendo santa. Tonterías, eso era. Ella estaba cegada por esa supuesta culpa, mientras el coronel dormía todas las noches con su esposa y arropaba a sus hijos. Tonterías de nuevo, como es que él le exigía fidelidad y se atrevía a decirle que era solo suya y no dejaba de vigilarla. Egoísta, eso era él.

Yo no entiendo mi necesidad de tener otras mujeres. Mi mujer y mi vida sexual son muy satisfactorias.

Mi deseo por las mujeres, por otras mujeres, era quizá por profanar la belleza de ellas. Toda historia está llena de mujeres hermosas, nadie o casi nadie cuenta su historia con mujeres feas. Yo estaba rodeado por mujeres hermosas o eso era lo que prefería creer. Laura me había reservado lo lunes para nuestros encuentros. Su sonrisa y su cuerpo desnudo eran la entrada al paraíso, uno terrenal que estaba lleno de olores y de sabores que emergían de su cuerpo aún frágil después de la cirugía a la que había sido sometida. Nos gustaba creer que teníamos una mente privilegiada que no fuimos tentados por las ambiciones del poder, pero la verdad es que nuestra forma de pensar estaba muy lejos de competir con esas personas que habían logrado sacar provecho de su educación y ahora eran los grandes genios en las cosas que se desenvolvían. Laura insistía en investigar una serie de muertes, que según yo tenían que ver con el narco y para eso no se necesitaba romper con el promedio de inteligencia. Yo insistía que uno no se debe meter con narcos, ni con mujeres casadas, ni con los curas porque estos últimos poseen una extraña habilidad para maldecir y que eso se haga efectivo. Yo esperaba los lunes con ansiedad y ella me esperaba toda la semana en medio de sus humedades, al menos eso era lo que me contaba, yo no tenía más opción que creer todo lo que me contaba.

Mariko estaba cambiada, no era siquiera la sombra de lo que unos meses atrás mostraba. Su relación se había visto afectada por esa supuesta infidelidad y la habían manipulado a tal punto que había perdido todo deseo por hacer de su vida lo que se le viniera en gana. Ella estaba segura que nunca más volvería a estar con otro hombre que no fuera su coronel, (el coronel que no es coronel y esas cosas). Me dolía que ella creyera que yo había causado su infelicidad, porque si algo buscaba no era una entrega pasional de su cuerpo con el mío, yo estaba interesado en el amor, en hacerla sentir una mujer especial, pero ella no lograba entender eso y se aferraba a lo que su coronel le decía y a seguir sus instrucciones al pie de la letra. Mariko no podía hablar con nadie, ni en la calle, ni en el trabajo, en sus casa se tenía que limitar a cruzar unas cuantas palabras con su familia y desde luego que tenía que pensar en mudarse, en alejarse de esos entornos que le estaban causando tanto daño, ella solo podía ser del coronel y si alguien se le acercaba, él estaba dispuesto a jugarse la vida por ella. Yo pensé que el coronel solo estaba blofeando, pero desde luego que no deseaba averiguarlo. Sentí tristeza como ya dije antes, pero quién era yo para insistirle a Mariko que con ella me sentía muy bien y que mi triangulo amoroso era perfecto. Nos despedimos, la vi alejarse. Ese día no era lunes. Fui con Laura y ella estaba con otro chico, uno que se veía muy serio, muy agrio, muy intimidante. Le dije a Laura que había pasado por su casa para darle un recado de su rehabilitador y que urgía que regresara pronto a sus terapias, ella me sonrió y entre sus labios dejo escapar una pequeña frase, algo breve pero sutil y que termino por desbaratarme: tú me vuelves loca dijo y yo me sentí enorme. Mi mujer como siempre, no dejaba pasar la oportunidad de mostrarme su intensidad a la hora de amar. Había perdido quizá a Mariko.

No lo sé, todo es posible.

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Una mujer si siente en peligro a sus hijos es capaz de todo, eso dicen. A la mayoría les interesa “otro día más”, como si el estar vivos fuera el paraíso o quizá sea el miedo o tal vez lo sea la suma de todo. He vivido con miedo en las últimas semanas: miedo a que te mueras antes de nacer, miedo a que me muera antes de que nazcas, miedo a que una bala corte con tu vida o la mía, miedo al poco liquido que ni es poco ni tampoco es mucho, pero que es suficiente, miedo a los problemas de un cazón que no esta tan mal, miedo a los malos diagnósticos, miedo a tomar una mala decisión, miedo a estar vivo o a estar muerto, miedo al miedo de lo indecible y de lo dicho.

En los días inmediatamente posteriores a tu débil existencia, la muerte empezó a rondar mis pensamientos, no sé si porque ya estoy grande, sabes me imagino cuando tengas a tu primer hijo y lo poco que lo vamos a ver, tendremos cerca de los setenta años si todo sigue con la lógica que hoy vivimos, es posible que ni siquiera tengas hijos, por gusto desde luego, no me imagino otra cosa, me he sentido de todas las formas posibles, pero quizá en esta época más que nunca me he sentido vulnerable por todas las posibilidades que se evaporan y aparecen una y otra vez casi de inmediato que no me dan tiempo para relajarme.

Es la vida o es eso lo que hace de la vida algo extraña, excitante, estresante, intensa…la muerte.

No puedo engañarte. ¡No!, todos vamos a morir, no importa el tiempo, eso le pasa a toda la gente, no hay opción posible, algunos personajes de estos tiempos trabajan tratando de alargar nuestros días, pero nadie piensa en una vida eterna, aunque no dudo que ese parte del proyecto secreto de cualquier otro loco que aún está con vida. Yo no he tenido esa visión, es decir, he planeado mi pequeña inmortalidad al convertirte en mi hijo, pero antes de eso, pensaba que mi inmortalidad vendría después de construir historias y publicarlas en forma de libros, no sé cuántos libros, ni que tanta inmortalidad, el deseo sigue y la historia parece interminable, todos sufrimos, todos lloramos, todos, tenemos algo que contar, todos…

Antes de que acabe el año, diciembre del 2013, estarás afuera, nadie se pone de acuerdo y supón cual es la mejor fecha, el mejor momento para sacarte, para que hagas tu debut y eso a mí me causa más y más dolor de cabeza. Nunca me pregunto porque no lo hicimos antes y si lo hago no doy respuesta alguna como quien dice me hago el loco, el extraviado de ideas, el que no entiende nada. Creo que llegaras por la mañana, tal vez a primera hora, la verdad es que no importa la hora, lo que importa es que llegues y comiences a ganar fuerza y experiencias. Pienso en todas las cosas que te puedo enseñar, pero en ninguna tengo experiencia, y tengo unos cuantos gustos que parecen añejos, cansado y muchas veces aburrido, te pienso corriendo tras de una pelota, te pienso pequeño, muy pequeño, delgado e inquieto, te pienso jugando todo el tiempo y dejándome ver como el tiempo nos pasa a ambos y a ti te hace más fuerte y a mí me hace más débil, te pienso dentro de todas mis historias. Esas historias que aún no termino de construir pero que es la otra parte de mi inmortalidad, ese recuerdo que no quiero que se pague con mi muerte.

No sé porque te hablo de la muerte, pero lo cierto es que todos vamos a morir…todos.

Supongo que no hay necesidad de hablar de lo que todos ya saben. Los viernes por las tardes nos gusta ir al cine, aunque no lo hemos hecho últimamente, a ti te gusta, te pones a dar de saltos, pateas más de lo normal, parece que el ruido te estremece. Te compramos ropa muy pequeña, nos dijeron que serías prematuro, que tendrías bajo peso, a mi me da risa cuando veo tus pequeñas prendas, me da risa no sé si de alegría o de nervios, supongo que ambas cosas. Conforme van pasando las semanas ganas peso y tamaño, también ganas fortaleza. El problema del peso es algo que te va a seguir toda la vida, la sociedad es así. Para algunos tener sobre peso esta mal, para otros es cualquier cosa y motivo de agresiones. Últimamente he subido de peso, y con lo calvo que estoy digamos que no es la mejor imagen de mí, pero de eso te cuento en otra ocasión.

Otras veces la vida nos regala una oportunidad de escribir esas historias que parecen imposibles.

Supongo que hemos cambiado de médico justo a tiempos, que de no haberlo hecho tal vez tu estarías muerto o nos habrías metido cada susto en cada uno de las noches, al principio los pronósticos todos fueron alarmantes, pero creo que basta, no hay necesidad de contarte esa historias, mejor voy pensando en algunos cuentos para ti, en lo que planeo hacer contigo, en lo que deseo leerte, en las cosas que te puedo enseñar.

Pienso en tu primer año, en todo lo que nos vamos a divertir contigo y tú con nosotros.

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Laura trabajaba como recepcionista en un hospital que poseía cierta fama de ser bueno. Lo que en realidad le gustaba a ella era la actuación. Actuar era para ella como lo mejor que le podría suceder, sobre todo porque se podía disfrazar y nunca era la persona que los demás sospechan o creían que era. Antes de llegar al hospital, ella trabajaba en la centralita de la policía despachando las diferentes misiones a los patrulleros que andaban de servicio en las calles. Vivía en una ciudad interesante para el crimen: muertes, desapariciones, corrupción, secuestros, infidelidades. En el campo de las infidelidades es donde ella se sentía a gusto. Hacía mucho tiempo que Laura no encontraba nada interesante en la ciudad, alguna historia que envolviera pasión, sexo, lujuria y muerte. En sus ratos libres ella se dedicaba a investigar estos casos interesantes, les armaba un perfil criminal y no descansaba hasta entender a la perfección lo que estaba ocurriendo. Cuando llego al hospital, ella ya había sido operada de su columna y estaba mucho más hermosa que cuando llego a la ciudad por primera vez. Laura había caído en esos momentos en la tentación de volverse lesbiana, la culpa la tenía su espejo, pues cada que se veía en el, ella se enamoraba más y más de ella.

Antes de encontrar un caso interesante con el cual entretenerse Laura salió corriendo del hospital, era un trabajo, soso, aburrido, como para morirse de lo mal que estaba.

Solamente había historias sin sentido, chismes de unos empleados contra otros, envidias de los otros y unos cuantos que habían sido corridos, por lo demás los casos que se presentaban daban flojera: meningitis, dengue, influenza, huevo muerto retenido, instrumentación de columna, espondilodiscitis, etc., desde luego un etc., largo pero aburrido.

Nos conocimos en el hospital. ¿Qué demonios estaba yo haciendo en un hospital?

Le advertí a Laura que me gustaba más leer libros que la infidelidad. Y ella me dijo que eso era porque hasta ahora no me había encontrado a una mujer como ella, una mujer que tenía entre las piernas el calor ideal para hacer arder mi infierno. Admití que su idea no era del todo mala, pero le dije que no. que no me interesaba por ella y quizá fue por eso que la tormenta entre ambos fue creciendo, o tal vez todo sucedió porque así tenía que ser, como sea yo no creo en la casualidad y mucho menos en el destino, es decir cada cosa es consecuencia de nuestros actos. Dios no estaba mirando a nadie a sí que era fácil hacer lo que se nos viniera en gana. Ella me dijo que en serio tenía ganas de sentirme entre sus piernas, y yo le dije que en serio tenía ganas de estar dentro de ella, la nuestro resultaría una combinación catastrófica. Sus senos eran blancos, pequeños, pero firmes y llenaban con facilidad mi boca. No nos íbamos a morir de amor, nadie muere de amor, ni siquiera Romeo o Julieta. Un día sin saber cómo Laura se quito las pantaletas y mi vida se fue al traste, advierto que no morí de amor y tampoco anduve tras de ella como enajenado, ni tampoco estuve ausente en casa y ni siquiera sentía remordimientos cuando veía a mi mujer de frente, es más debo confesar que me sentía feliz y comencé a sentir cierto placer por perseguir las historias que Laura solía perseguir, es decir hasta antes de ella, yo pensaba que las novelitas de amor eran lo mejor que una persona podría escribir, novelitas de amor y poca violencia, pero lo cierto es que escribir novelitas de amor, ahora me parece algo viejo y pasado de moda, escribir (si es que quería seguir escribiendo) novelas donde la violencia reina eso era lo de hoy, todo lo demás me parecían historias que no llevaban a nada, pero como dije antes, todo eso tenía que ver con el momento que estaba viviendo. La infidelidad es ese poder sin límites que nos hace creer en la posibilidad de ser fieles y creemos que el nuevo día será diferente y nos hacemos promesas de situaciones imposibles. Laura ya me estaba abriendo las piernas y yo no me atreví a decirle que eso era imposible, nadie se podría haber negado y si no era por sus piernas o su piel blanca, cualquier otro habría sucumbido ante el olor que emanaba de su sexualidad. Fuerte, dulce, agrio, excitante.

Mañana siempre era una promesa. Mañana era joderse a la muerte. Mañana ni siquiera existe.

Yo había leído mil libros. ¿Cuántos libros crees que había leído Laura? Ella había tenido mil hombres. ¿Cuántas mujeres crees que yo había tenido? Había leído tantos libros porque me gustaba hacerme el culto. Laura había tenido tantos hombres en su afán por entender el comportamiento de criminales y solo algunas veces había estado enamorada o lo que se dice enamorada. Pese a los mil libros leídos o a los mil hombres con los que Laura había estado, ninguno de los dos podía ser como los demás, no podíamos salir a la calle agarrados de la mano, ni ir al cine, ni a la playa, ni tumbarnos en un jardín y besarnos hasta que los labios se pusieran a sangrar. Nos habíamos encontrado y nos resultaba necesario renunciar el uno del otro, total, nadie se muere de amor, me dijo Laura. No había forma de defender lo que uno sentía por el otro, nuestra necedad nos imposibilitaba, eso sin contar con nuestra idea de no creer en el amor. Nos podrían humillar por cualquier cosa, pero nunca por amor, al menos eso era lo que ambos creíamos. Ella creía que su vida daba para una novela y yo pensé: cuanta razón tiene ella, pero no dije nada.

Yo amaba a otra mujer, pero esa mujer amaba a otro hombre. Una mujer de verdad, no una mujer de mis historias, una mujer que insistía en sostener un amor que no la llevaría a nada, pero no me atrevía a reconocer de manera abierta que la amaba, para mí el amor no existía, era el reflejo de una mente pobre, algo que solo los débiles podían sentir, al menos era así como me mostraba ante los demás. Dos personas que se gustan, eso quería que fuéramos ella y yo. Imposible. Me gusta el arroz con frijoles y detesto el plátano pues suele darme diarrea. A ella la recuerdo todas las noches, la verdad es que no importa desde cuanto, ni los mil besos que nos dimos, como tampoco importa todo ese silencio que ha construido alrededor de ella, no importa desde cuanto me dejo de querer, y sí, he dicho desde cuanto, porque lo nuestro se fue al fracaso por una cuestión de números, pesos ni más ni menos, si yo fuera digamos más ligero y ella como el aire pues una pareja feliz, pero se supone que a ella no le interesan esas cosas del amor, aunque le jura amor eterno al hombre con el que comparte sus tardes, desde luego que es un amor prohibido de esos amores que no se pueden presumir por las calles, como todo lo demás. Mi autor preferido: Rubem Fonseca.

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La odio porque tiene las piernas blancas y porque ya no quiere dejar que se las toque de nuevo. Tarde o temprano terminaría por odiarla y ella lo sabe. Ella no sabe sentir, es igual que la mujer que provocó esta fuga de mí, aunque cada una por su parte jura que ellas saben sentir con la vulva. Mentiras. La peloncita. Es tan bonita que sus amigas luchan por hacerla lesbiana.

Ella, la chica con la que hice el amor de pie, mientras ella estaba recargada sobre mi mesa de trabajo se volvió ausente y la vida así no era vida, al menos en un principio, ese principio que me llevo a conocer a Laura, la Laura de todas mis historias. Mariko, así la había llamado. Cuando la volvía a encontrar le pregunte si aún seguía con su puto coronel y me dijo que no era, no es y nunca será puto, además de que no era coronel. Yo pensé que era un hijo de puta por hacer que ella no estuviera interesada más en mí, pero esa era mi suerte o al menos yo quería creer eso. Buscaba todo el tiempo asilo en cuerpo desnudo porque solo así podría encontrar el camino a las letras y derramar todo eso que me parecía irme tragando, las letras eran las enemigas naturales de mis nostalgias, mi eterna juventud. Su puto coronel, aunque ella dice que no es ninguna de las dos cosas, era amante de los disparos y yo no quería confiar en el azar, deseaba estar seguro, saber por dónde andaba y que pensaba de los cuernos que yo le había puesto, pues él se había enterado de todo, la culpa es de ella que se mostraba como una mujer flexible, aunque yo también tenía parte de culpa en todo esto. Su puto coronel se había robado mi remedio infalible para curar mis nostalgias. La noche acá es la noche, nadie sale sino se quiere encontrar con un disparo, pero de noche es cuando te puedes encontrar con la pelvis perfecta, una pelvis sin nombre, sin rostro y sin la posibilidad de que ocurra de nueva. Yo estaba perdidamente enamorado de Mariko, lo habría dado todo, desde luego que no le habría dado dinero, porque es muy simple, no se puede dar lo que no se tiene. Yo quería ser cruel y perderla en un lugar improbable y que ella jamás pudiera encontrar el camino del orgasmo y desde luego a su puto coronel quería dejarle vacía la bolsa escrotal, pero todo eso fue antes de conocer a Laura, en ese momento mi vida fue otra.

Laura. Buena pierna. Si toma café experimenta el más pesado de los sueños. Almohadas amarillas. Mucha nalga. Su hernia de disco no la deja hacer lo que ama, desde luego que para el sexo se da sus mañas; su hernia se supone que ya es una ex hernia, pero lo cierto es que se tienen pocos casos de éxitos en ese tipo de cirugías, al menos con quien la ha tratado. Pocas chichis. Su cuerpo desnudo me hace derramar palabras. Antes de acabar con esta historia, todo mi percepción de la realidad se ve alterada, no es que Laura se hubiera ido de mi vida cotidiana, ahora más que nunca la tengo cerca, con Laura no tengo esquinas, es como la noche, larga, profunda, oscura e intensa. Con ella perdí el nombre y el nombre de todas, su cuerpo no me traiciona aunque a ella la ha traicionado una, dos o tres mil veces, que importa, con ella no tengo miedo. Estar en sus piernas es algo cabrón. No, no estoy cansado de mi vida, me cansa mi inseguridad y mi poca confianza para hacer las cosas que me gustan.

Los deseos no bastan, no es algo que puedas esconder y que nadie se dé cuenta. Yo deseaba tantas cosas, lo mismo que deseaba un cuerpo desnudo lo cual me podría convertir en un violador, deseaba escribir historias, lo cual no me convertía en un escritor y en ocasiones deseaba agarrar a golpes a quien estuviera delante de mí, lo cual seguramente me hacía un delincuente, un psicópata según los términos modernos de la descripción del comportamiento. Es más fácil ser delincuente o suicida que ser un escritor aunque a veces tengo mis dudas, es decir tal vez no existe esa línea delgada entre escribir y suicidarse, porque escribir es eso un suicidio diario una fuga de lo que somos, un desesperado intento por ser lo otro, lo que aún no somos, pero a lo que ya le hemos puesto nombre. El deseo es todo, te hace perder los estribos e incluso traiciona tu supuesta lealtad y desde luego que con el deseo se deja entrever la infidelidad como algo de lo más natural, con el deseo robas bancos, desvistes prostitutas, tienes hijos no deseados. No debe ser sencilla una vida con deseos, pero lo peor del caso es que no conozco a nadie que no tenga deseos.
Así empiezan mis historias. Me acerca a Laura porque la deseaba, no sé bien si deseaba sus besos o verle las piernas desnudas o verle sus fuertes muslos desnudos y verificar si es cierto que hacían esa convexidad que se dejan adivinar de bajo de su ropa, hablo solo de eso de las cosas que se pueden ver, casi nunca hablo del olor de su boca y el olor de su cuerpo y de los ruidos que hace mientras habla. La he besado, le he lamido las piernas y la convexidad de sus muslos. Ella es fuerte y su olor me masturba el cerebro mientras pienso en cómo ser infiel de nuevo. Pienso en todas sus historias, en sus deseos, en las mujeres de mi vida y ella, pienso en mi vecina y en sus vecinos, en sus amigos y los amigos que la han deseado y sus compañeros de trabajo y en las horas en las que no hace nada, pienso en las semanas que nos quedan para encontrarnos de nuevo y en el silencio, ese es el que más preocupa, el silencio, porque me hace sentir su ausencia y mis ganas por besarle la línea donde empiezan sus nalgas. Laura. Cómo le hace ella para esconder sus deseos. A veces todo lo que deseo es desaparecer, pero no soy mago y no tengo un truco debajo de la manga. Lo que yo deseo es habitar en ella, no con ella, ni en su casa, si en sus deseos y sus sueños, en sus instantes íntimos y en esos instantes cuando ella sonríe de ganas y se le erizan los vellos que cubren sus pubis. Ahora lo más cerca que puedo estar de ella, es en medio de todo esto que escribo, pero quisiera que fuera mi lengua la que recorriera su cuerpo y no mis letras. Suspiro. Siento su olor, mientras mi mujer lucha por no ser infiel, lo adivino en su mirada, que demonios, me merezco los cuernos y ella esta aferrada a no ponérmelos.

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Esta no es una ciudad de genios, ni poetas o escritores, esta es una ciudad de delincuentes, de gente armada que entran a cualquier lugar con sus armas y se sienten héroes, aunque yo no tengo idea de que se sienten orgullosos. Esta es la ciudad que hemos escogido para que puedas nacer, para que crezcas, para que sueñes, para que seas lo que tú quieras. No es la mejor ciudad sin duda.

Fuimos con el Dr. Ambriz, es él quien en los últimos días te ha estado checando, la buena noticia es que fue descartada la tetralogía de Fallot, lo que quiere decir que no existe problema alguno con tu corazón. Sabes me pase tantas noches tratando de explicar qué demonios nos había pasado y como resolveríamos ese problema de tu corazón, pero ahora nos han dicho que no existe, que era composición de imágenes, que al menos es eso estas bien, digo al menos porque existe otro problema, uno que causa menos alarma pero que fue el que ha disparado todos estos viajes a Monterrey. Los médicos le llaman restricción del crecimiento, el tuyo parece ser de leve a moderado, le ponen nombre así que el tuyo es de grado cero a grado uno. Que de cosas. Lo cierto es que no tendrás muchos problemas para nacer, aunque nos recomiendan que lo hagas en la semana 37 de gestación al parecer es lo ideal.

A veces creo que esta es una ciudad horrible y pienso en otras posibilidades para que puedas crecer, pero el país esta convertido en un nido de violencia y no solo el país, el mundo atraviesa por etapas duras, abunda el desempleo, la apatía, la vida en corto. El país no tiene esquinas, no hay para donde irse, no hay tal lugar que sea mejor, solo nos quedan esperanzas, en qué o en quien, la verdad es que no lo sé, pero es todo lo que nos queda. Por otro lado no podemos abandonar esta ciudad por miedo, tal vez el miedo nos haría huir a todos y entonces esta ciudad ya no será más una ciudad.

Mi bálsamo en estos días es tu llegada, aunque a veces todo me rebasa.

Cada día es más difícil, leer o escribir, tú no tienes la culpa. He vivido todo tipo de estrés; de no haber estado calvo hace unos meses, a estas alturas ya lo estaría. Hace unos días leía un cuento de Carver en donde se narra la muerte de Chejov, sus últimos minutos. Aún no lo sabes, pero yo amo escribir, quizá es una de las cosas que más amo. En esa narración, el médico que lo asiste en sus últimos instantes, manada a pedir una botella del mejor champange que tuvieran en el hotel donde se hospedaba el escritor y su esposa y beben los tres un último trago como despedida, sin que nadie dijera salud, pues no había motivo para brindar. Si algo tengo claro es que para el día en nazcas yo me he de beber una botella entera del mejor champange que encuentre en la ciudad, no sé si lo merezco, y no es un pretexto el brindar por tu llegada, sabes, lo voy hacer porque creo que en ese momento todos mis demonios me van hacer pedazos y necesito distraerlos, como también voy a necesitar liberar todo el estrés que en estos días me está consumiendo. He subido de peso, no sé cuánto, pero ya se me nota y es algo que me preocupa a mi edad y creo que a ninguna edad es recomendable subir de peso. La bebida va a curar toda esa nostalgia indeseable por la que seguramente voy atravesar ese día. Si por alguna razón no puedo beber ese día, prometo que lo hare antes de que termine el año y después de hacerlo me acostare a dormir, eso es lo que deseo.

Como sea la muerte no va a dejarte en paz. Nunca. No hasta que te gane la partida, es algo que tienes que saber.

Esta es la historia que tal vez tú no quieras oír mi querido Pablo. Hace años las cosas eran de otra manera, los locos se tiraban de los puentes, algunos cuentan que no eran locos sino enamorados, hace años tomaban todo tipo de drogas para cortar con sus vidas, se daban un tiro en la cabeza o se prendían fuego. Ahora los males modernos demandan otras formas de quitarse la vida, aunque no varía en mucho. Ahora se cuelgan pero dejan testimonios en las redes sociales, esa es la vida, una gran telaraña que nos tiene atrapado, redes sociales, sitios donde escribir el día a día de nuestras vidas, la gente escribe cosas bobas y sin sentido como por ejemplo: “comiendo con mis amigos”, “en el baño”, “rumbo a una fiesta”, “en casa y solo” y una larga e interminable lista. La gente publica fotos y videos del instante mismo en que abandonan sus vidas. Esto es un caos. El mundo en el que vivimos esta convertido en un caos (yo diría que en gran medida es una mierda).

Cada semana necesitamos ir al médico, checar que todos tus flujos estén en orden, no podemos pasarlo por alto, hacerlo puede resultar trágico, eso es lo que entiendo, cada semana o dos tenemos que hacer un viaje de 300 kilómetros más o menos y cruzar por caminos minados, agachar la vista porque un delincuente o un narco o uno que anda drogado y con arma en la cintura nos queda viendo y nos reta y no podemos devolver la ofensa porque hacerlo significa abandonar la vida y porque a ellos, a esos delincuentes lo único que les importa es morir y andan todos los días buscando quien les hace el favor y que sus familias crean que son héroes, esos héroes modernos que nadie desea pero que ellos están convencidos que hacen falta. Así que nos levantamos temprano y salimos de casa, tres o cuatro horas en la carretera, todo tipo de carretera, todo tipo de retenes, toda la adrenalina al máximo y al final del día un largo suspiro por lo que nos espera al otro día, ese día en el que seguramente nos van a decir que todo está bien y que tenemos que seguir esperando, y ser pacientes. Larga espera de unos cuantos días. Los días más largos de mi vida.

En ocasiones tengo deseos de llorar y me aguanto, tal vez no tenga necesidad pero lo hago. En algún momento me preguntaron si iba a llorar el día en que estuvieras fuera del útero de mamá. Yo dije que no tenía motivo para hacerlo, aunque desde luego sería un llanto de felicidad. Hoy después de tantas cosas, no tengo idea de lo que va a suceder, es casi seguro que llore, es casi seguro que mil cosas se van a cruzar por mi mente ese día y no voy a tener manera de ahogar el llanto. Mi querido Pablo, a veces pienso en toda mi vida y creo que no merecer tanta felicidad.

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Manos fuertes, sonrisa alegre, el cuerpo perfecto y una hernia lumbar, esa era ella: Laura. Mi Laura Blake. Sentía cierto placer de que no fuera psicóloga, sentía ese placer que te causan las mujeres que saben tejer historias, las que todo el tiempo se están dejando llevar por su capacidad para crear. Hasta antes de conocerla, yo estaba enamorado de Natalie Portman, pero Natalie no era perfecta, primero porque no bebía tequila y en caso de hacerlo, con dificultad querría beber mezcal. Adoro a las mujeres que beben mezcal.
Durante esos días que ya habían perdido el nombre, estuve pensando en hacer una historia, quizá lo correcto sea decir que había pensado escribir una historia de Laura Blake y que fuera interpretado por Natalie, ella era el único rostro posible para mi Laura, pero luego las cosas resultan ser más o menos como uno quiere y ya no hay necesidad de escribir nada y mucho menos buscar quien haga ese papel, quizá lo mío era un pretexto para estar en el set de grabación, pero creo que esa era una historia un tanto disparatada. Quien mejor va con ese papel de Laura Blake es Jaimie Alexander, aunque con ella corría el peligro de perderme en los laberintos de mis pensamientos y mis pasiones. Jaimie posee uno de esos cuerpos que no traicionan.

Laura tomaba mezcal.

Nos conocimos un lunes, un día como cualquier otro o como casi cualquier otro, ella me sonrío a la primera y no fui capaz de decirle que a ella la conozco desde siempre, que he llorado una o dos veces por su ausencia, que se todas sus historias y se de su viaje a Brasil y la historia de la anciana prostituta o la prostituta anciana, supongo que en este caso el orden de los factores causa cierta alteración. Lo sé todo Laura, eso quería decirle, sin embargo toque su mano, me mire en sus ojos y sentí su piel después de casi 24 años de ausencia. Mi ausencia en su vida.

Laura escribió historia sólidas acerca de la anciana prostituta y se vino a esta frontera buscando a la heredera de la fortuna de esta anciana.

Soy escritor, le dije a Laura y ella no paro de reír.

A Laura le gusta el teatro. El dolor en su columna la ha limitado, ya no hace yoga porque no se atrevió a soportar el dolor, o porque no había motivo para soportar ese dolor o porque simplemente no deseaba soportar ese dolor. Ella fuma, pero no esos cigarrillos que vienen impregnados de miles de componentes químicos, es inteligente, se entera de las cosas que suceden en este mundo, ha recorrido las fronteras una y otra vez, ella sueña y yo sueño con ella, todas las noches.

Tenía ganas de perderme con ella, en ella, en su cuerpo, en sus labios, en su hernia lumbar y hacerla olvidar ese dolor. Uno nunca sabe lo que pueda pasar. Hoy también era lunes, llovía un poco y el clima estaba errático, frío para cuando aún debería quedar un poco de calor, sus ojos no me habían visto, pero yo podía aún adivinar la chispa en ellos. Llevaba el uniforme que hasta hace unos días, se había puesto aquella chica con la que empezó toda esta historia, esta fuga de mi. A la chica de esta historia, o mejor dicho a la chica que disparo esta historia no la volví a encontrar pero tenía necesidad de verla, de pedirle que me regrese mi libro, mi pequeña joya, la última vez que la vida se había quitado el sostén y se había mojado las tetas con mezcal, el mejor mezcal, de los que no se encuentran ni siquiera en Oaxaca, lo de ella fue un sábado poco antes de que me dijera que quería un perro. Me gustaría ser cruel y decir que ya la olvide, desde luego que prefiero la verdad y de todo esto me preocupa que no me regrese mi libro, ese libro que nos llevo al camino del orgasmo. Supongo que de ir por mi libro me llevare un mal sabor de boca y confieso que ya no quiero verla, que estoy perdido en los ojos de Laura.

Laura es tan bonita que no dudo que pase horas enteras ante el espejo, enamorada de ella misma. Pienso en la cara que pone cuando se masturba, es casi seguro que se masturba, tienes las manos muy fuertes y los labios rojos e intensos, con ella sellaría un pacto de amor que no es otra cosa que un beso.
No dejaba de pensar en la historia que había mantenido en mi cabeza durante tanto tiempo, yo no me enfrentaba al conflicto de la hoja en blanco, sino a mi creciente indisciplina, escribir es para mí una necesidad y a veces creo que me comporto como los chavos que de manera despreocupada creen que lo pueden todo y terminan por no hacer nada (aunque no todos son así). Hace un tiempo pensé escribir una historia para salir de mis problemas, daba por descontado que podría ganar cualquier concurso, desde luego que no tenía ni puta idea de lo que se trata cuando uno dice que es capaz de escribir. Lo cierto es que nunca he dejado de soñar.

No había mujer más interesante que ella en toda la ciudad. Mi vecina. Tal vez estoy exagerando de nuevo.

Me olvide de la vida, otra vez. La ciudad cambia de sitio constantemente. Estoy preocupado. Nunca he hablado de las cosas que pasan en la calle, quizá no tiene sentido hablar de ellas o quizá soy una persona que todo la exagera. La ciudad era ese sitio donde nacen sicarios y amantes. Amantes que poseen poder, sicarios que hacen que ese poder sea efectivo. Un nuevo orden. Control. Alta traición. Me espantaba la idea de quedarme sin Laura, tenía mucho por hacer, pero me estaba volviendo necio y lento, dentro de poco necesitaría ayuda para orinar, se que el termino es grotesco, pero a veces no hay más opción que disimular. Normalmente veo a Laura por las tardes cuando todo está tranquilo, a veces me estoy muriendo de sueño y no tengo manera de justificarme. Ella se levanta primero y yo le sobo una vez más para que me de suerte, sus pies quizá estén fríos, pero el sexo de ella no logra apagarse y yo no logro alejar mi mano, mientras pido por mi suerte. Suerte para estar en algún lugar de la vida, con ella, con mi Laura Blake.

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La frontera norte, una postal, más allá empieza el sueño americano, los billetes verdes, y uno de los estados más seguros del país vecino, allá es el fin de todas estas inseguridades, eso es lo uno creería mientras atraviesa de una ciudad a otra, con la música en silencio, y pendientes de cualquier cosa extraña, incluso parece que la temporada del año se ha puesto en nuestra contra y oscurece más temprano, se oye el ruido de las llantas al deslizarse sobre el pavimento y es estúpido sentirse así, dan ganas de cruzar al otro lado por aquello que es más seguro, pero en las bolsas no traemos las visas, así que nos resulta imposible cruzar y tenemos que seguir la ruta que hace unas horas nos parecía segura y después se volvió imposible, tenemos miedo pero somos expertos en ocultarlo, últimamente eso hacemos: ocultamos nuestros miedos.
Pasamos por el lugar donde la mañana anterior había sangre regada en el pavimento, tratamos de imaginar la escena de ayer, pero nos topamos con grandes pipas o camiones cisternas que transportan combustible e imagino de inmediato un encuentro armado y las imágenes Dantescas acuden a mí, pero es imposible que se dé un enfrentamiento, las cosas están calmadas, al menos por un momento y los camiones cisternas traen una leyenda entre tantas que dicen Nieto, son de la familia del presidente así que nadie las ataca y nadie las cuida, no hace falta.

Los habitantes de esta frontera tienen miedo en su mayoría por su imaginación y no por contacto directo con los enfrentamientos, de alguna forma son dichosos. Algunos te cuentan las historias que han vivido en directo, historias que forman parte de una novela, esa novela que ya se les ha instalado dentro y que nadie más puede escribir y que unos cuantos creen saber cómo es, quizá nos hace falta entender que es lo que pasa, tener contacto con esa cruda realidad para entender y entendernos, para saber que esto es un pequeño infierno. Nos hemos olvidado de eso, de la realidad y nos encerramos, porque eso nos dicen las autoridades y nos recetan una serie de recomendaciones para sobrevivir a los ataques de los mal llamados narcos, pues lo que mejor se adapta a ellos es el nombre de sicarios. Dentro de las recomendaciones las que sobrepasan mi realidad, están por ejemplo: si no tienes nada que hacer no salgas de tu casa; si vas a salir solo lleva el dinero necesario, deja en casa las tarjetas de crédito y todas tus cosas de valor; si tienes un arma no salgas con ella, pues te pueden confundir; si estas cerca de un enfrentamiento corre a esconderte y la más tierna de todas: si ves que alguien es llevado en contra de su voluntad, no digas nada, porque no sabemos si son de los buenos o los malos (supongo que se refieren a los que se los llevan o quizá a los que son levantados, la verdad es que es muy confuso).

Esta ciudad merece un elogio al desorden, empezando por sus autoridades.

Tenemos las manos atadas por la sangre, esa es nuestra realidad, supongo que para sobrevivir debemos rezarle al santo de nuestra devoción, el preferido debe ser Rigo Tovar, en esta ciudad se dice que Rigo es amor y en el amor se basa la fe de los pueblos y las personas para ser cada día mejores, además de que Rigo es de esta ciudad, así que tenemos que encomendarnos a él.

La felicidad tiene que ser otra cosa que una troca o un departamento, y desde luego otra cosa y no el sexo ni el dinero fácil, la felicidad tiene que ser más que un error, algo que no se corte con el impacto de una bala, la felicidad no es ese placer egoísta que viene manchado con su cuota de sangre, la eternidad no es lo que podemos tener en esta vida, es decir no es un bien material, ni el tener la vida de otros en sus manos y quitárselas deliberadamente.

Todos somos ciegos, nadie los ve venir ni andar por la ciudad, algunos alzan la voz para decirnos que los ven pasar por una calle u otra, nos alertan, pero nadie les hace frente, hacerles frente es poner una bala en tu cabeza y dejar de contar todas estas cosas, estamos ciegos porque así nos conviene; la alcaldesa prefiere decir que la mayoría de sus policías no están de servicio porque aún están en ese proceso de verificación para saber si son honestos y que nada podemos hacer que no se a rezar, claro que acá tenemos a Rigo, después de todo Rigo es amor. Los que sufren alguna perdida, no tiene otra opción que llorar y rogar para que ya no se les muera nadie más.

El sicario era un niño que le gustaba salir por las noches y jugaba al fútbol soñaba con ser campeón del mundo, pero eso no le alcanzaba para tener lo que otros tenían y se canso y decidió que era el momento de hacer un cambio y tenerlo todo, se puso piel de tigre y no le interesaba esperar por nada, como tampoco trabajar para que ese cambio pudiera darse, el sicario escogió la vía corta, la vía de la sangre y el olor a pólvora mezclado con el del sudor y supongo que eso lo hace feliz.

Miedo, ignorancia, deslumbramiento: esto se llama así, esta mujer puede ser tuya, esta frontera una postal de la realidad antes de cruzar a esas tierras donde el sueño americano es posible, esta frontera manchada de sangre; esta frontera es la vida sigue metiendo al miedo en nuestra cama.

Más de una vez he visto cuerpos heridos, cuerpos tendidos después del último aliento, manos que no volverán a tocar unos senos y esas mujeres que aún no tienen ni veinte años quedarse viudas y sus hijos huérfanos, hijos que caen en un silencio terrible y desean tener un arma para ser iguales a su papá, vida en corto, vida exprés, vida vivida a todo lo que da.

A veces me gana un silencio terrible y tengo ganas de llorar.

He llegado aceptar el desorden, se que la eternidad no requiere de un cuerpo, que el placer es una situación egoísta y que jamás voy a comprender del todo porque estos hombres, estos sicarios se sienten orgullosos de lo que hacen, según yo, ponen en riesgos a sus hijos, a su amantes, a sus mujeres, a su padres, y cuando los otros, los que son del bando contrario, los identifican, acaban con todos para evitar venganzas en el futuro, no se si existe algo más triste que esa paz que no tenemos, pero nos vamos conformando con esa inmovilidad, aunque en ocasiones salimos a la calle y nos olvidamos que tenemos miedo y por un pequeño espacio vivimos.

Un sicario quizá pueda pensar así: mi vida es más que la vida de los demás y deliberadamente nos disparan si nos ven en las calles.

A veces quiero salir en las noches, pero pienso que no vale la pena, sobre todo porque mi alma no es pequeña y porque aún tengo muchas cosas por hacer. Miedo. Nadie dijo miedo, esta es una ciudad en donde no existe una próxima vez. Es aquí donde existe un pequeño infierno por si alguien lo quiere conocer, aunque los que acá vivimos ya nos acostumbramos a esta historia gracias a nuestra imaginación y no nos hace falta el contacto directo, no nos importa que una bala nos pase rozando, pensamos en que nada está ocurriendo y dejamos las cosas de ese tamaño, del tamaño de una novela.

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Por un segundo pensé que la muerte te sigue. Viajamos el domingo 3 de noviembre muy temprano con destino a Monterrey, te están checando en esa ciudad, hasta ese día no tenemos un diagnostico. ¡Sí!, tienes algunos problemas que se asocian directamente con tu crecimiento, a muchos les intriga tu tamaño y la cantidad de líquido. Existe la posibilidad de que tu crecimiento se deba a una falla, lo más probable es la tetralogía de Fallot y lo tuyo, lo que nos dejaste ver hace unas días fue un cabalgamiento de la aorta, aunque no tienes un diagnostico definitivo, desde luego que nos pusimos un poco triste, pero yo suelo hacerme el duro y creo que es necesario, pienso en las terapias que serán necesarias una vez que nazcas, las posibles operaciones, y todo lo que te haga tener una vida de lo más normal posible, esa es mi necesidad portarme lo más fuerte posible, pero no es nada simple.

Al principio te hable de la muerte. Todos estamos vinculados con ella y aunque esto te vas a cansar de oírlo, es lo único que tenemos seguro y nos tenemos que acostar con ella. Pues bien, en nuestro país, vivimos en México, en una de sus fronteras, se celebra cada año el día de muertos, hoy es un día de esos.

Salimos de viaje y a unos cuantos kilómetros nos encontramos con coches que bloqueaban la carretera, nos llamo la atención, pero no le dimos mucha importancia, pero conforme avanzamos unos metros, vimos más y más vehículos obstruyendo el paso y con impactos de bala y sangre, vimos lo que se podría juzgar como un río de sangre en el pavimento. Esta ciudad es así: violenta y sangrienta, existen conflictos entre grupos de delincuentes que tratan de tener el control de las rutas de la droga que entra a los Estados Unidos, parece ser que es un negocio muy rentable y constantemente estos grupos armados se pelean por tener el control de estas zonas. Cuando pasamos por esa carretera, estoy casi seguro que la sangre aún estaba caliente y los cañones de esas armas aún humeaban, por suerte y digo por suerte porque créeme que no se que habría hecho, seguramente morirme del miedo, solo vimos lo que eran los restos de una batalla entre esas bandas de delincuentes. Mi querido Pablo, me apena, me entristece tener que ofrecerte este mundo de violencia, me entristece no poder darte algo mejor, se que tendrás que crecer con estas cosas, con estas historias, se que tendrás que formar tu carácter al ritmo de la violencia generalizada y lo cierto es que yo no veo un solo punto de inflexión por donde las cosas pudieran ser mejor. Algunas veces te tengo que confesar, me pongo a llorar, supongo que soy un egoísta, que no he pensado en ti y solo he buscado mi supuesta felicidad con tu llegada y no sé cómo demonios te voy a explicar todo esto que nos pasa a diario, no sé cómo te voy a explicar si un día una bala corta con mi vida o la vida de tu hermano a la de tu madre o tus amigos, no sé cómo le voy a explicar si en el peor de los escenarios una bala corta con tu vida, sabes eso me entristece. Estoy sentado y lo pienso tantas veces como me es posible, pero no logro tener una conclusión que valga la pena.

Ya fuera de la ciudad nos llegaron noticias de que la ciudad donde vivimos, era un polvorín. En otros tiempos habría corrido para estar en medio de un tiroteo y poder hacer una narración, exacta de lo que sucede cuando el olor de la pólvora se confunde con el de la carne quemada y cuando los cuerpos pierden su movilidad y su calor, pero ahora a unos cientos de kilómetros no tenía idea de lo que en verdad estaba experimentando, deseaba quedarme a lado de tus tíos, en ese espacio tan ajeno de la realidad de esta violencia que vivimos a diario, quería huir y decirle a mis amigos que sentía mucha tristeza pero que era necesario dejar la ciudad donde a diario hacemos lo más parecido a una vida y que es el vivir. No experimentaba miedo, lo que tenía dentro de mí era una rabia insoportable y deseos de huir, no importa a donde ni como, ni cuando, ni siquiera me importaba si las cosas se pondrían peor. Sentí tristeza de enfrentarme a la realidad sí, como si la realidad fuera una gran pared y esa fuera la única opción que tú y yo tenemos. La muerte te comenzó a seguir desde el primer instante en que tuviste vida, lo va hacer todo el tiempo, nada la va a detener, no te va a dejar descansar y tú tendrás que engañarla. Sabes hace unos días fue tu primera oportunidad. En el país tenemos una bonita tradición, la gente busca a todas luces convivir con sus muertos, le hacen altares, le ofrecen bebidas y comida a sus muertos para recordarles que siempre están en sus corazones y luego al vivir a unos cuantos pasos de la frontera con los gringos, pues nos hemos adherido a sus tradiciones y la gente se disfraza para poder convivir con sus muertos, pues al ocultar sus rostros, podemos mezclarnos con esos muertos porque nadie les tiene miedo, porque todos son iguales y porque ellos andan entre nosotros, todo en realidad es bonito, aunque quizá un día escucharas que debemos recuperar nuestras tradiciones porque en ellas esta nuestra verdadera identidad y el ser mexicanos es eso, una realidad manchada o matizada en la cultura y las tradiciones. El caso es que tu hermano pinto el rostro de mamá para que la muerte no se detuviera al verla y quisiera llevarte.

Supongo que no va a dejar de seguirte y tendrás que luchar todo el tiempo para engañarla, pero no te preocupes aún por eso.

Hemos vivido unos días complicados, algunas mañanas nos levantamos con mucha tristeza, otras simplemente nos levantamos y pensamos que la vida una vez que se tiene, estamos obligados a correr riesgos. No me pregunto porque te han pasado las cosas y si es que en realidad te han pasado, no soy de los que lloran sin consuelo y hacen reclamo a todos los cielos para resolver sus problemas. Yo veo las cosas desde otro ángulo, espero tu llegada y pienso que si tenemos que hacer algunas cosas para que estés mejor, las voy a intentar todas, que no me voy, ni nos vamos a dar por vencido, porque en realidad nos importas. Pienso en lo pequeño que aún estés, en lo indefenso que te encuentras, pienso en tantas cosas y lo único que puedo hacer esperarte, porque mientras no estés con nosotros, en nuestros brazos, todo es un mundo de incertidumbre, pienso en las cosas que podemos hacer juntos y lo único que descubro de mí es a un pobre viejo tratando de seguir una pelota y de darte algún consejo que valga la pena seguir. Sabes, me alegra que la muerte aún no te alcance, que una bala no nos detenga y sobre todo que sigas vivo, con diagnostico o no de esa tetralogía que no me deja dormir.

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Siempre me dolía escuchar a Laura, no es que ella fuera una quejumbrosa, sino que me veía a los ojos y era tan intensa y profunda su mirada que terminaba por llenarme de nostalgia. Tal vez ella me recordaba algunas noches en Barcelona, cuando beber tequila estaba prohibido por lo caro y no por lo escaso y el mezcal era algo casi imposible de conseguir al menos el que a mí me gusta. Me dolió cuando ella me dijo que tenía novio. Nos conocimos cualquier mañana, no puedo precisar cuál de todas, pero seguro hacía frío, pues yo me pongo sentimental cuando hace frío y me enamoro con facilidad. Le tendí la mano y le dije que sentía algo así como un gusto, pero que me gustaría más saludarla de beso, que eso me haría muy feliz. Esa primera vez ella insistió en aferrarse a mi mano y sonreír. Yo estaba enamorado de la ausencia de Barcelona en mi vida y no es que me hubiera ido tan mal, la verdad es que no me fue nada mal, pero a veces las cosas no salen como uno quiere. La Ana que yo recuerdo la conocí en mi departamento junto a la playa, me gustaba tanto, pero ella siempre estaba drogada o eso es lo que recuerdo, también recuerdo la primera vez que la vi desnuda en la playa, al parecer en esas playas la gente se puede desnudar sin sufrir susto alguno, pero no es algo que yo me atrevería hacer con facilidad, eso es lo que ahora supongo aunque en aquella época seguro lo habría hecho.

La Ana que yo conozco, no es igual a la Ana que vi hace unos días en la pantalla del cine, la Ana de ahora está muy repuesta.

Nunca había pensado en la posibilidad de suicidarme. Había pensado que de aprender inglés, podría irme a New York y tomar clases en la escuela de creación literaria, no para aprender a escribir, sino para aprender cómo llevar a cabo ese magnífico romance que Laura ofrecía con su sonrisa a todos, menos a mí, aunque para el amor uno no va a escuelas de escritores, pero es a la única escuela que me interesaba ir. Tonterías. A veces creo que la sonrisa de Laura es porque sabe todas las pasiones que despierta en mí. Una de las cosas por las que me gusta escribir es porque en ellas puedo hacer de mi vida lo que me venga en gana y porque cuando lo hago todas son mías, no importa lo que digan mis amigos o lo que otras personas quieran, ni siquiera me importa lo que ellas piensen. Se lo dije a Laura y me dijo: que si yo estaba dispuesta a mantenerla, ella estaba dispuesta a considerarme su amigo y a mi esa idea me pareció un poco extraña, pues yo en ese instante solo pensaba en ella como una más de mis amantes, si es que alguna vez había tenido amantes o si es que existía alguna lista donde se van añadiendo a las amantes para poder decir que tenía un más.

Le pregunté a Laura que día era hoy y que iba hacer una vez que cambiara el horario, esa costumbre que tengo de preguntar por esas cosas, yo tenía ganas de confundir los domingos con los lunes, y así no trabajar por la noches, por desgracia el cambio de horario me obligaba a trabajar una hora más a la acostumbrado y cuando uno es asalariado no es nada divertido trabajar de gratis, pero las cosas así estaban y yo no podría hacer nada o casi nada, si es que el lamento cuenta cómo hacer algo. Imagino su piel suave, tibia, lisa, imagino la herida de su piel que le ha quedado después de la cirugía y las horas que tiene que pasar en terapia, la imagino fumando un cigarro y saliendo a caminar porque desea tanto esa vida que me parece tan alejada, tan mágica y distante, como suelen ser todas las vidas cuando uno cree estar enamorado. Yo sospechaba no estar enamorado pero pensaba en lo cruel que resultaba oír su nombre en la voz de otro y los gemidos de ella en el cuerpo de otro y su vida en la vida de otro, no tenía sentido el ponerse así, pero a mí gustaba hacerlo, sobre todo cuando escribía de ella, de ellas, de todas. Todas son mías, no me cansa repetirlo.

En otros tiempos me habría pegado un balazo para salvarme de mi infierno particular, pero hoy en día ni siquiera eso tiene sentido, resulta tan común.

El departamento en Barcelona era lo que yo necesitaba, no era un lugar pequeño y debo decir que constituía un lujo rentarse un espacio en un lugar así, la mayoría rentaba espacios de dos por dos metros al interior de viejas casas en el centro y en esos espacios juraban ser felices. No era mi mejor momento, yo estaba quebrado por mi mala administración y Ana estaba quebrada por su consumo de drogas, pero ella tenía dinero y podría ayudarme a solventar mis gastos, sin embargo yo no me atreví a enamorarla, pensé que para ella eso sería un suicidio y yo nunca aprendí a soportar los orgasmos fingidos. Ana se presento en la puerta de un bar, donde yo trataba de beber algo decente y que no fuera whisky. Hacía muchos días que no llovía y sin embargo Ana traía la ropa pegada a la piel, la geometría perfecta en ese punto su cuerpo dibujaba cada uno de los tres lados, todos iguales y al centro se adivinaba una tempestad. Al verla entrar me quede callado, pero un mexicano reconoce a otro mexicano entre la multitud. Así que ella fue hasta mí y me dijo que le invitara un trago, pese a no tener prácticamente dinero, se lo invite. Más tarde nos fuimos al departamento en la playa, el departamento que yo rentaba y ella aprovecho el tiempo para drogarse lo suficiente y no despertar sino un par de días después. Yo estaba espantado mientras ella dormía a gusto. Tiempo después pensé que aquella aventura fue un sueño, un buen sueño y que nada de esto había sucedido nunca. Lo que no tenía claro es si ya había despertado.

Yo tenía ganas de huir del mundo a través de la ranura de tu cuerpo meterme en ti y no salir jamás.

Laura era perfecta, no sé si era una mujer hermosa, pero si era perfecta. Ella me pregunto si yo era casado, aunque lo sabía desde el principio, yo no podía creer que ella no estuviera casada y mucho menos que aún no tuviera hijos. Ella vivía con sus papas y tenía un vecino que fumaba marihuana y tomaba un alcohol tan barato que bien podría estar ciego en este instante. Ella me dijo que no le importaba lo que hacía su vecino, que cada quien su vida y que nos tenemos que respetar, yo quería morderle sus labios o acariciarle la cicatriz de la cirugía a la que había sido sometida, pero a ella no le importaba otra cosa que recuperarse y seguir con lo que más le gustaba en esta vida y que por cierto no era yo. Quizá no podría oír su actitud flexible de gemir. A mí me llenaba de sorpresa su vida, pero así son los inicios, cualquier cosa nos llena de sorpresa y nos parece que nadie más las puede hacer, con el tiempo nos damos cuenta que no son otra cosa que algo que tiene que ver con la rutina. La ocasión era perfecta para fugarme una vez de estas cosas que hago a diario y para olvidarme de María, aunque todos sabemos que ella no se llamaba María como tampoco era una actriz o un personaje interesante en la obra de teatro, pero sobre todas las cosas aquella María ni era hermosa, ni me gustaba tanto y casi estoy seguro que era mi peor error o ese capricho que no lleva a nada. María era contabilizar el número de veces que tienes que entrar y salir para lograr sacar de ella un leve gemido, una muestra de simpatía, un orgasmo apenas impregnado en los olores que suelen recorrer su cuerpo, como si estuviera transpirando lo que yo sentía por ella. Transpiraba el dulce olor del orgasmo y el agrio sabor de sus efluvios.

Pensé en escribir acerca de Laura sin llamar la atención, pensé en refugiarme en esta necesidad de que ella me atrape entre sus piernas y que sus labios cuando sonrían sea porque yo la he hecho feliz y que no esté demasiado callada, que este divertida, pero fuera de esta realidad que me invento cada que escribo, no tenía muchas cosas para contar y tendría que construir un mundo complejo, un mundo donde estos sueños puedan domar los deseos de la realidad, donde lo crudo de la vida suele ser un golpe devastador que no nos da oportunidad de nada, mucho menos de soñar y donde escribir es un lujo cuando no se tiene claro que es lo que se desea. Me senté a esperar, el reloj parecía haberse detenido, pero esa noche el cambio de horario retrasaría el amanecer y yo no volvería a encontrarme con Laura nunca más.

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