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Posts Tagged ‘Mi pequeño Pablo (4)’

Por alguna razón empecé a contar de forma regresiva. Siempre me molestaban las personas que hacían ese tipo de conteos. Me voy a gastar la vida contigo mi querido Pablo. Hace unos días estaba pensando en las consecuencias de que llegues cuando yo tengo cuarenta y algo (casi cuarenta y dos), una de ellas es que no conoceré a mis nietos o quizá si, todo depende de lo que tú decidas. Me da un poco de risa pensar en eso. Confieso que durante muchos años no deseaba saber nada de tener hijos, no tengo la más mínima idea del porque pero eso hacía y luego vienes tú y parece que mi vida va a dar un gran giro o eso me dice todo mundo y mientras eso sucede (la verdad es que ya está sucediendo), me da por pensar muchas cosas. Existe la posibilidad desde luego que seas un tipo precoz y se te ocurra hacer todas las cosas antes de tiempo, lo que yo creo es que si llego a convertirme en abuelo ya estaré entrado en años para cuando eso suceda. Estamos un poco más tranquilos, algunas noches mamá no duerme, no sé si por la emoción o porque todo le duele o por el estrés que nos ha ocasionado tanta incertidumbre. Cada vez más cerca, cada vez tu llegada es inminente y yo supongo que no sabré que hacer en el momento que todo eso suceda. Esa es la vida pues.

Supongo que eres chiquito porque es algo genético. Mi madre también es chiquita y con el tiempo vas a comprobar que yo soy igual que ella.

Hay cosas que no se pueden escribir, hay otras que no se pueden decir y otras más que ni se dicen ni se escriben. Algunas veces me despierto y sé que ya no aguanto más. No es la espera, eso es la que menos me preocupa. Es la incertidumbre. Pienso en dotarte de elementos para tu memoria, es lo menos que puedo hacer, darte algo a lo que puedas aferrarte en los momentos críticos, regalarte lo mejor de mí, pienso que la memoria que te dé durante tu infancia será fundamental para el resto de tu vida, pero no tengo ni puta idea de cómo hacerlo.

La única bondad que he ganado en estos días, es subir de peso, dicha bondad hace que se me aprieten las nalgas cada que doy un paso. Supongo que no es lo mejor.

Lo pobreza es la que mata los sueños, pero también la alimenta. Crecí en una ciudad rara, pase toda mi infancia sin alumbrado público, sin televisión, en aquella época tener una televisión no era solo un lujo, sino un prodigio, me pasaba largas horas jugando con mis primos y cuando crecimos, nos pasamos largas horas peleando por una posible novia, fue una etapa muy feliz de mi vida, pero la mayor parte del tiempo vivía enfermo. Enfermo de lo que fuera, como si el estar enfermo fuera un pretexto para seguir con vida, quizá era un vicio. Una de tus tías tenía chivas, sus hijos cuidaban chivas que les había heredado mi abuelo. Mi abuelo era otra historia, por momentos una gran historia, por otros un hombre cruel y quizá una persona imposible de tratar, a mí me toco la parte en donde todo mundo lo quería, pero no siempre fue así. Te contaba de mi niñez, yo era un niño muy rápido se trataba de correr casi nadie me alcanzaba, pero también me gustaba hacer maldades, se las hacia a casi todos. Me gustaba contar historias y mis primos y las niñas de mi edad decían que yo era un mentiroso. Sabes nunca me aprendí nada de memoria, me gustaba improvisar, contar lo primero que se me venía a la mente. Cuando contaba algo que todo mundo se sabía terminaba por cambiar la historia y contaba cosas que no tenían nada que ver con lo contado. No sé muy bien que te voy a enseñar, desde luego quiero que te gusten las cosas que a mí, que quieras escuchar historias y que después las quieras contar, pero últimamente , no soy bueno contando de forma oral y todo lo quiero escribir (tampoco soy bueno escribiendo). Lo único que tengo claro es que no te voy a leer todo, que prefiero mil veces ser yo quien te cuente la historia como lo recuerde y que con eso logres aprender algo interesante. No pienso en fabulas, quizá sueno algo raro pero pienso en los cuentos de hadas porque siempre he creído que a los niños les enseñan mucho más acerca de la vida.

Casi siempre escribo gracias a toda esa pasión que siento por las mujeres, y tú eres una excepción, escribo para ti o eso supongo.

Al principio, pensé en algo que me resultaba irremediable, me refiero cuando empecé a escribirte, pensé en qué punto comenzaba nuestra historia y así lo hice notar, después de empezar nuestra historia, me di cuenta que todo esto no es otra cosa que un gran borrador, el preámbulo de lo que intento decirte, que ni siquiera me acerco a lo que en verdad deseo contarte y no busco una estructura para hacerlo o algo que haga ver a lo escrito de una forma maquillada o artificial. Te empecé a escribir porque necesitaba desahogarme, porque era importante sacar todo lo que me estaba ahogando, luego ya no tenía idea de que estaba haciendo, solo sentía ganas de hablar contigo, de hacerte sentir que eres importante y aunque no te cuento gran cosa, se que sientes mi presencia y que de alguna forma te alegra el oírme, tal vez sea tiempo de contarte algunas cosas, pero pienso que si lo hago ya, en algún momento empezare a repetirme y no quiero que eso suceda, aún no.

Crecí bajo circunstancias extrañas, pero a mi manera siempre fui feliz. Algunas noches despierto, quizá he tenido un sueño traumático o algo me ha sucedido mientras dormía, que me siento agitado, espantado y comienzo a buscarte con la mirada y después de un rato le toco el vientre a mamá y te siento moverte y eso me tranquiliza, algunas veces pienso que tu corazón se ha detenido y eso me vuelve loco y no quiero verle la cara a la vida o a la suerte, porque eso dicen que es la vida: una cuestión de suerte y yo desde siempre he jurado que no creo en la suerte.

Tengo tantas cosas por contarte.

Supongo que en estos días vendrá el silencio, luego las emociones propias de tu llegada y con ello los llantos, las horas de levantarse a cualquier hora, cambiarte, bañarte, quererte. Supongo que por ahora es tiempo de esperas, de suposiciones, de esta vida que no es otra que la que vamos a compartir y quizá hasta ese momento, el momento donde lloras por primera vez comienza nuestra historia, pero lo cierto es que todo historia comienza donde uno quiere y como uno quiere y eso no quiere decir que sea peor o mejor, solo es un inicio y yo ahora mismo no lo sé. Mi pequeño Pablo, este mundo te espera y yo hare todo lo que esté en mis manos por enseñarte alguna de las cosas que he aprendido y por aprender sobre la marcha alguna más para reírnos juntos.

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