Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Me dieron ganas de darle un beso’

Hoy había pensado que ya todo estaba dicho, que la posibilidad de las amantes era algo lejano, triste, vacio. Cada amante tenía sus trampas y yo había caído en todas.

Pensé en Cristo, porque ella cree en Cristo.

Salí a la calle, abandone el trabajo. Quería beberla la sangre a Cristo através del cuerpo de ella, quería beberla completa, sin dejar de visitar con mi lengua cualquier rincón de su cuerpo. Las noches estaban tranquilas, las lluvias alejaban a los gatos, lo que se traducía en alarmas no disparadas por su presencia. Nunca me importo abandonar el trabajo, podía hacerlo todas las noches y nadie se daría cuenta. Las lluvias no duran mucho, pero las alcantarillas son lentas y el agua inunda las calles y algunas veces se mete en todas las casas que encuentre a su paso, la mía corría el riesgo de quedar inundada.

Me dijeron que me cambiarían el turno. De hacerlo, yo dejaría de ser velador y me convertiría en una especie de guardia de seguridad, supongo que esas son las curiosidades de mi trabajo, pero la idea no me convencía en lo más mínimo. Odiaba mi trabajo, eso es cierto, pero al mismo tiempo amaba el turno que tenía de trabajo, pues era el momento ideal, con un ritmo pausado, lento y de acuerdo a mis necesidades.

La célula indiferente me dijo que necesitaban a alguien en verdad bueno. Yo, al igual que siempre tenía ganas de mandarlo a la chingada.

La realidad es que mi opinión no importaba en lo más mínimo, una vez que se les metía algo en la cabeza, no había vuelta tras y no es que yo quisiera seguir en este trabajo si es que me cambiaban el turno, lo que sucedía es que tenía muchas deudas y estaba obligado a saldarlas todas. Casi todo el dinero se iba en comprar libros, libros y un buen vino, desde luego, condones.

Recién había llegado al trabajo, cuando cruce miradas con Mía (no es nombre inventado, ni tiene que ver con el deseo o tal vez si), ella una falda corta y zapatos altos negros, quizá el color de los zapatos no tenga importancia, pero a lo largo de la historia veremos lo importante que son. Lo admito, me enamore de su cuerpo, pero sobre todo de sus piernas. Se lo dije. Me gustas. Ella sonrió y me dio las gracias y luego me dijo que a ella le gustaría besarme, pero pensaba que era algo complicado, estaba casada, recién había tenido un hijo (el hijo tenía tres años ya) y no quería lastimarse, la última vez le fue muy complicado y casi estropea su matrimonio. Yo, no dije nada, me salí del trabajo y le tome su mano derecha, deseaba abrazarla, olerla, sentir su cuerpo, pero me aguante. En cuanto llegamos al coche le dije: quiero ser tu amante y ella dijo, que Cristo no lo permita y me beso apasionadamente. Esa noche ella no llego a su casa, le dijo a su marido que tenía que doblar turno y como él era el perfecto marido moderno es decir un güevon que se queda todo el día en casa cuidando al hijo y viendo la televisión, no le dio importancia y solo dijo, cuídate.

No convertimos en amantes. M e di vuelta en la cama y peque mi cuerpo desnudo al cuerpo de ella, si sus piernas me habían vuelto loco, no quiero contar el efecto que me a causado su cadera y sus nalgas, que hermosas nalgas tenía Mía y ahora eran mías.

La miré.

Read Full Post »