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Posts Tagged ‘los perros y las sirenas.’

Fueron muchos días en la que los ruidos de las sirenas no me dejaban dormir, la cosa se había puesto muy complicada y me daban ganas de gritar. Lo más duro de estos días es el calor, parece insoportable, las casas se mantienen con las puertas abiertas, así es para los que no podemos pagar por el clima, que somos la mayoría. Miserables ventiladores intentan refrescarnos y mantenernos en calma, de un lado a otro de la calle, los perros ladran, mientras que la gente no deja de escuchar esa música espantosa que desespera a cualquiera, insisto, yo tenía ganas de gritar, quizá por eso es que me gusta el invierno, aunque solo se sienta un leve frío, con eso basta para que todo mundo se esconda.

El sudor lo cubre todo y es imposible no enterarse de lo que está ocurriendo fuera de casa.

Dejen les cuento de la ciudad. La ciudad es asquerosa, sus calles no pavimentadas del todo y el olor constante a carne sudada y cocida por el calor del carbón. En uno de esos días cuando la temperatura supera los 40 grados no puedes salir y hacer un recorrido porque el calor te atrapa y te pone de malas, te hace sentir enfermo y es casi seguro que todo mundo se siente así y todos somos más agresivos. Las calles de esta ciudad están todo el tiempo vigiladas, unos vigilan a otros, se observan, miden sus movimientos, miden su poder y luego se retiran hacer recorridos imposibles por brechas que parece que nadie recorre, la ciudad tiene brechas, y tiene una historia compleja, donde una noche cualquiera te pueden encontrar con los peores delincuentes del mundo que ven en el otro lado una oportunidad para empezar de cero. Imposible. Hay días que no logras escuchar nada, es tanto el ruido que todo se confunde.

Una noche que me escape del trabajo me detuvieron uno de estos vigilantes y mientras me interrogaban no me quitaban la mirada de encima, revisaron todos los rincones de mi viejo auto, uno de ellos parecía perro, husmea por todos lados, ¡snuff!, ¡snuff!, ¡snuff!, ¡snuff!, el tipo no me quitaba la mirada ni la nariz de encima era imponente, lo vi directamente a los ojos y se me acerco tanto que llegue a penar que me tragaría. Supongo que él era capaz de oler el miedo y eso lo excitaba, yo me cagaba de miedo, sentí incluso ese olor característico de la mierda. Me sacaron del auto y subieron a su camioneta, me explicaron que no había que tener miedo que solo me querían mostrar la ciudad, fue un recorrido corto, unos veinte o treinta minutos quizá que para mí fueron toda una vida, me devolvieron las llaves de mi viejo auto y me explicaron como regresar a píe desde ese punto y agregaron que debería tener cuidado porque si alguien me encontraba en medio de la noche por ese lugar, la pasaría muy mal. Decidí que aquella noche no regresaría al trabajo y que nunca más lo abandonaría.

Volví a casa, me fui muy lento que casi me sorprende el amanecer, apenes llegue me escondí entre las sabanas y no fue hasta medio día cuando el calor me obligo a levantarme que entendí que la había librado, que había estado frente a la muerte y que aquel husmeador la había olido y que eso fue lo que me salvo. Me quede en silencio y escuche a lo lejos como los perros ladraban cada vez más fuerte, quizá nunca había oído algo así y no sabía qué hacer.

Lentamente salí de casa y por primera vez escuchar tanto ruido y sentir ese despiadado calor, era motivo de alegría.

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