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Posts Tagged ‘lentitud’

Mi gato esta perdido y yo tengo que ir al doctor el próximo lunes. No hago ejercicio, aunque me recomendaron hacer abdominales, empezar en la cama con una serie de 25 flexiones, empecé hacerlas, pero el problema es la falta de disciplina, eso sí: leo y a veces escribo desde la cama. El doctor es un tipo amañado que cree que los dolores de cabeza son producto de haber vivido en una gran ciudad y yo le digo que eso es imposible, es como decirle a las hormigas que si viven en esa sociedad terminaran por volarles la cabeza, aunque las hormigas no saben de las grandes ciudades, para ellas su vida está en otra parte. Mi problema es que creo que muchas cosas no tienen sentido, es como ser alérgico a la vida o lo que es peor a la naturaleza, es como un mundo agrio, rutinario y casi podrido, aunque a veces pienso que no es así o no del todo, por eso iré al doctor, quizá me recete unas cuantas pastillas para mantener el control, para alejarme de esos sentimientos de fatiga, de no querer ver el sol por días y pensar que disfruto del frío. El doctor siempre me hace las mismas preguntas: fumas, bebes, haces ejercicio, tomaste tus pastillas, duermes bien. Yo le hago notar que hace un mes fue lo mismo y que nada  va a cambiar, ni siquiera la libreta donde hago pequeñas anotaciones, anoto esas ideas que escucho mientras voy andando por la calle. Me detengo a pensar y ahora me apura que no aparezca mi gato, pero tengo las piernas flojas y ese dolor en la espalda que no me deja, pero lo que me en verdad me preocupa es la cabeza, está llena de ideas que no lo son del todo, está llena de furia y de ganas por encontrarle el sentido a la abertura en la falda de la vecina. El doctor me preguntara si ya no tengo esos pensamientos de destruirlo todo, yo le diré que eso a él no importa, me sentiré aburrido e imaginare que estoy volando, siempre funciona.

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Un reloj indica que el mes está por terminar y me pregunto qué sentido tiene todo esto de medir el tiempo. Ya lo he dicho en otras ocasiones el sobre peso me está ganando. Hace un año fui a una reunión entre amigos y llevaba un pantalón que me quedaba muy ajustado, desde luego que yo había pensado que esa situación la podría revertir con unas cuantas horas de ejercicio. Hoy un año después he ido de nuevo a la reunión con los amigos y he llevado un pantalón que me queda un tanto ajustado, solo que ese pantalón el año pasado me habría quedado un poco grande. Quizá esas comparaciones no son las indicadas. A decir verdad es muy complicado hacer un juicio del tiempo e igual de complicado resulta intentar responder a cuestiones de orden filosófico, digamos que mi habilidad y capacidad para discernir es del orden fantasioso y poco formal.

Una de las cosas que suele jugar un papel importante en las cosas que deseo escribir suele ser la ciudad, cuando hablo de ciudad mi corazón se desboca por la ciudad de México como si solo ella fuera la gran musa y al mismo tiempo la gran ramera, la que provee todas mis historias y todos mis deseos, la gran ramera es como mi ciudad habitual, mi entorno, ese espacio donde suelo sentirme muy a gusto. Cuando hablo de poesía, pienso en cada uno de los versos y las posibilidades existentes en cada recorrido de esa gran ciudad, pero la realidad es otra, vivo en una ciudad lo más alejada de todo el país, una ciudad límite y al límite, donde la poesía tiene ese pulso propio, esa oportunidad de existir en diferentes formas y me pregunto por qué no he sido capaz de integrarme a esa forma de literatura, quizá es mi poca capacidad para relacionarme con el entorno, o es una negación a esta forma por demás rica e interesante del arte. Pienso que la poesía de la frontera no tiene límite y sobre todo, no puede dar la opción de acercarnos a la poesía que no depende de los poetas españoles y con ello se puede ganar originalidad. En el fondo yo no soy poeta y llevo una buena cantidad de años tratando de crear una novela y después de muchos años, me pregunto cuál es el argumento de esa historia y hoy supongo que ya lo he olvidado, para eso nos sirve el tiempo: para olvidar.

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La lentitud empieza acecharme. Mi cansancio entra desde el colchón, la madrugada me sorprende acostado sobre el lado derecho y con los ojos abiertos. No tengo energías, incluso voltear a ver el reloj es cansado. Pienso en los escritos que no he hecho, en los que tengo que hacer mañana, en los versos no leídos, en las aventuras lejanas y después de un rato pienso en este cuerpo adolorido, insomne, deforme. Soy silencio de letras.

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El silencio de todos estos días es por culpa de un gran y absurdo cansancio. Y por un tobillo debilitado.

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