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Posts Tagged ‘las chicas a los trece años se buscan un novio que fuera malo’

Este es un sitio deprimente para morir. Ya no había prostitutas en las calles, las chicas a los trece años se buscan un novio que fuera malo, que tuviera gusto por las armas, las drogas, la muerte. Las chicas se masturbaban incluso mucho antes de que les crecieran los senos y algunas a esa edad ya inhalaban a placer. Los chicos siguen siendo niños, no importa si tienen veinte, treinta o cuarenta años, desde luego que ya no juegan a policías y ladrones, ahora les gusta jugar a que son parte de una banda a la que suelen llamar: “aquellos hombres” y suelen matar, disparar y comprar sexo por drogas o por fabricar sueños imposibles, son especialistas. La ciudad no era deprimente por eso.

Las mujeres se quedaban viudas a los veinte, para ese tiempo ya tenían dos o tres hijos a los que les contaban las historias de sus padres y les alimentaban la idea de que no existe nada mejor en este mundo, que ser parte de la mafia era lo de ahora : “así tienes una vida con excesos”. Una vida rápida y sin esfuerzo. Ellas les juraban a sus hijos que eso era lo mejor.

Salías a la calle y no había arte, no había vida en plena libertad, no podrías soñar con tener una amante, es eso es porque acá no se sabe quién es novia de quien o si ya son viudas. Cuando ya están viudas, casi nadie se interesa por ellas, debe ser algún mal colectivo entre esos maleantes, y si digo que se conocen entre todos, la verdad es que no exagero.

Fue así como me convertí en especialista de mujeres viudas. Unos años atrás el negocio estaba en buscar madres solteras, algunas de ellas trabajan para las maquilas y otras simplemente se habían sentado en la casa de sus padres y reclamaban la manutención de los hijos, los abuelos del niño, argumentando que ellas no habían pedido venir al mundo y que gracias a eso ahora tenían que soportar el ser madres solteras. El chantaje casi siempre funciona. Pero a estas alturas y en esta ciudad las madres solteras me daban pereza. Se habían dejado crecer el culo, quizá por las horas que pasaban frente al televisor o por el exceso de comida y es que no se puede ver buena televisión sino se acompaña de algo para estar picando. El problema no es que tuvieran el culo gordo, la cosa era más grave aún, a esas mujeres les dio por dejarse crecer la panza y cada uno puede entender con eso lo que prefiera. Las viudas eran diferentes. Primero que nada les gustaba mantener la figura, suelen hacer mucho ejercicio, pues dicen ellas que nunca se sabe que se pueda presentar y suelen desde luego cuerpos elásticos y con formas muy bien delineadas. Suelen trabajar, ya sé que suena un poco extraño, pero una vez viudas suelen trabajar, como ya no tienen quien les pague una vida con lujos, suelen hacer un esfuerzo por ser mejores. Es cuando ellas deciden estudiar. Buscan algo que sea inmediato y que les deje dinero. Luego buscan hombres que le tienen miedo a la muerte o mejor dicho, hombres que son hombres y no niños que juegan a dispararse unos contra otros. Así que se encuentran con estos hombres a los cuales ellas pretenden domesticar. Esas mujeres viudas dejan en sus casas a esos hombres, les piden que mantengan la casa en completo orden y desde luego tienen que cuidar de los hijos, argumentan la necesidad de la figura materna.

Empecé este negocio hace algunos años, desde luego que tengo una serie de reglas. Por ejemplo suelo dejar las casas en perfecto orden, cuido a los niños cuando aún no asisten a la escuela, y si ya están en edad para hacerlo, procuro buscarles una escuela de turno completo, esas que dejan salir a sus estudiantes a mitad de la tarde y si se portan mal, los dejan castigados y tienen que lavar los trates. Esas escuelas están llenas de hijos de estas viudas jóvenes. Por las noches suelo estar una o dos horas con ellas, nunca me quedo a dormir y nunca estoy solo con una, por lo general me gusta estar con tres, desde luego nunca en el mismo lugar. Es un trabajo cansado. Estas viudas se niegan a su nueva forma de vida y todas las noches les recuerdan a sus hijos, su suerte, les dicen que la Santísima Muerte y Malverde, les tiene preparado sus bendiciones y que ellos, deben vivir una vida intensa, y que no vale la pena eso de pensar en llegar a viejos, que no es otra cosa que romanticismo barato y sin sentido. La vida ahora e intensa, lo demás son ilusiones que no sirven de nada. Todas las noches se los recuerdan. Están marcados. Tienen un destino invariable y solo uno que otro logra cambiar su vida.

El negocio no va mal. Solo que he ido sumando años. Cada vez resulta más complicado y sobre todo cada vez genero menos confianza. Pero ellas aún me reciben y me confían las vidas de sus hijos y la seguridad de sus casas, aunque en sus casas no tienen gran cosa y lo poco que tienen aún lo están pagando. Todo mundo tiene una tarjeta de crédito, sin importar si pueden pagar o no sus deudas, eso no importa, la idea es hacer fluir el dinero y cobrar intereses por eso. Pues bien, uno de los hijos de las primeras viudas, me reconoció esta tarde en las calles. Freno de golpe la troca, se bajo y dando gritos me dijo.

—Pinche pelón, cómo es posible que aún sigas vivo.

Yo no le dije ni madres. El muy cabrón, saco la pistola y me dijo.

—Dónde quieres caer puto.

—No me vengas a chingar a tu madre con esas pendejadas—le dije.

—El que se va a chingar eres tú pelón.

—No friegues, esta pinche ciudad es un sitio deprimente para morir—le dije.

—Pues ya mamaste—dijo—mientras levantaba la mano y me ponía la pistola en los güevos

—A mí me la soplas—le dije—y mientras lo hacía me di la vuelta y me aleje del lugar

Sonaron dos, tres, cuatro o hasta veinte disparos. Yo seguí caminando, decidí no voltear. Si ya estaba muerto no se sentía ni madres y si esa era la muerte, el polvo, el olor a mierda, el pinche sol excitado, entonces no valía la pena morir. Así que mejor ni lo intenten.

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