Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘LA VIOLENCIA DE HOY’

Hace algunos años, cuando de niño salía a caminar por la ciudad donde pase mi infancia, recuerdo que buscaba a las orillas de ese lugar un inquietante tesoro; por alguna razón extraña y que incluso hoy en día no logro entender, pero en los limites existía un cerco, una barrera alambrada y casi todo lo que no tenía peso era arrasado hasta ese lugar. La caminata por toda la orilla de tal lugar era sencilla, la idea como dije antes era la de buscar tesoros, aunque esos tesoros eran billetes perdidos, que urgidos por salir de las bolsas de sus dueños, se lanzaban en una aventura que seguramente les llevaba a cruzar toda la ciudad. En esas orillas muchas de las veces me encontré con la solución de mi vida, algo totalmente mágico sin lugar a dudas, pero pensaba que si todos los días acudía a ese sitio al paso del tiempo, yo sería un hombre rico. La realidad fue otra. Primero porque se me ocurrió abrir la boca y pronto había en esas orillas un ejercito de niños que pronto descubrirían la adolescencia,  ellos al igual que yo estaban buscando su fortuna, y la segunda situación que cambio mis sueños, fue porque no paso mucho tiempo para que alguien decidiera levantar esa cerca que dividía mi ciudad de otra, desde ese momento la suerte dejo de existir y fue para siempre.

Recuerdo esas pequeñas cosas que vistas de manera frívola no tienen ningún sentido e incluso uno piensa, al menos me pasa a mí, que esos eventos no fueron otra cosa que perder el tiempo de una niñez preciada y que seguramente la diversión estaba en otro lugar, quizá sea cierto. Lo recuerdo porque hace unos día caminaba por alguno de los limites de esta ciudad que esta a más de dos mil kilómetros de donde crecí y quede maravillado porque me encontré que en unos de esos limites no solo existe una cerca que impide el paso de un país a otro, sino que existe una cerca que divide un lugar de otro, un final a la extensión territorial, un mundo casi parecido a lo que fue mi infancia y pensé que no sería mala idea buscar un pequeño tesoro, aunque en estos tiempos donde los celulares te pueden conectar a la mayor red del mundo y te los venden con la promesa de estar conectado todo el tiempo a tu red social favorita, tenga por nombre esta red la que tú quieras y no solo eso, los tesoros, ya casi son imposibles, pues todo mundo usa tarjetas.  Sin embargo eso no me importo e hice mi recorrido, observando a detalle los límites de este espacio. Conclusión al final del recorrido: nada, ninguna sorpresa.

Mientras caminaba, pensé en los demonios de este siglo, en las tentaciones constantes, en las cosas que de niño me emocionaron, y que ya no son las mismas que emocionan a la niñez de ahora, a los adolescentes que viven en un vertiginoso sueño que los arroja a los brazos de la muerte de forma así, rapidísima. Es cierto que encontrarte un billete hoy en día es casi una hazaña, la misma que debió experimentar el Quijote cuando intentaba rescatar a su doncella y no por falta de doncellas, sino porque no había gigantes, ni dragones, ni monstruos contra quien luchar y porque los caballeros andantes ya eran historia (aunque no solo de eso trata la historia) (es decir, existe una critica al sistema o alucino que así es), los adolescentes prefieren ganarse ese billete, prestan sus servicios al mejor postor, los más nobles por llamarlos de alguna forma, cargan los diferentes pedidos en las pocas tiendas de abarrotes que sobreviven a ese fenómeno de las grandes marcas o franquicias como se les llama de manera formal, todo mundo vende servicios y los pobres pues más pobres, así que los jóvenes buscan otra forma directa y rápida de hacerse de dinero y no lo buscan tirado en las calles. Se prestan para manejar un carro de lujo, para dar informe mediante un radio de las diversas actividades de los militares mientras patrullan la ciudad, eso en el caso menos agresivo, pues en otros se encargan de vender droga al menudeo o de distribuirlas, y son también el brazo ejecutor de la muerte entre esa guerra de organizaciones criminales, o como se les llama frecuentemente, sicarios.

Lo que si es posible encontrar son los casquillos (las balas percutidas) de diferentes calibres mientras caminas por la ciudad, no necesitas irte a un sitio despoblado o un lugar fuera de los limites diarios, no se necesitan de alambradas que delimiten una ciudad, basta con caminar entre las diferentes calles y te encuentras con los testimonios de esa guerra que se libra todos los días, balas percutidas, camionetas  volteadas o baleadas, y ese olor a miedo y muerte que es el manto de una ciudad y una vez me dije que la suerte no existe, que uno decide lo que desea, los jóvenes sueñan con traer un auto caro, de preferencia nuevo, de lujo, deportivo, con mucha potencia, tener un par de novias de revista, ya saben esas chicas que antes trabajaban como edecanes y sobre todas las cosas, desean un cuerno de chivo (o algún tipo de arma moderna y sobre todo sofisticada) y no tengo claro cual sea la pistola de su preferencia, antes uno creía que lo mejor era una 9 mm pero eso quizá, es moda añeja. La suerte no existe, nada es casualidad, lo que estamos pagando con esta sociedad es que nos olvidamos de soñar, de propiciar una vida más justa, con menos pobreza.

Read Full Post »