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Posts Tagged ‘La triste historia de este país y la muerte que todos llevamos en los hombros’

No sé bien quién, pero alguien tiene que pagar las deudas de los muertos, así como sus últimos gastos y probablemente sea la misma persona la tenga que cargar con la tristeza de la perdida. Tampoco sé porque pienso esto, pero lo hago, la culpa la tiene el sueño (traducido como las ganas de dormir) o la tristeza de saber que la gente se muere y que ni siquiera la muerte perdura, me duele la muerte porque al final y solo en algunos casos solo queda el recuerdo. ¿Quién soy yo?, no tengo ni puta idea y a veces eso duele más, incluso más que la muerte, me puedo definir clamando venganza por toda la sangre regada en el país, porque eso es el país: sangre regada que reclama venganza y la nueva sangre que se riega reclama venganza y así hasta formar una mundo interminable de muertos por la misma venganza, pero como he dicho antes no sé porque pienso en la muerte y en la venganza y en las deudas de los muertos y en quien las paga, ¿acaso todo eso importa?, me duele la muerte porque cada vez que se muere alguien a quien quiero descubro que ese es el camino que tengo que seguir y así como no existe un nombre para el padre a quien se le mueren los hijos (si existe, no tengo idea de cuál sea), a mí tampoco me enseñaron a aceptar mi muerte, no me da miedo, solo es que no soporto saber que un día he de morir. El país se desangra, los amigos mueren, el mundo se llena de muertos, cada vez muere uno más de los que conozco, mientras que antes solo se morían un grupo de viejos desconocidos o niños de los que no sabía nada, no tengo el poder para parar la sangre que se riega de este país, que es mi país pero que a veces deseo negarlo, no porque sienta pena (pena de la que se asocia con la vergüenza), sino porque me duele todo lo que en el pasa y mientras sueño o creo hacer lo mejor para criar a los hijos y darle consejos que no valen nada porque al final, los hijos hacen lo que ellos quieren; yo fui hijo y siempre fue así, hice lo que me venía en gana, aunque a veces mis padres creían convencerme de hacer lo que ellos creían pertinente, lo imposible es un anhelo que no está en mis manos, yo, no quiero riquezas, ni inmortalidad, ni premios ni reconocimientos, yo quiero que la gente pueda salir a las calles sin andar cuidándose de quedar expuestos y recibir un tiro por la espalda o de frente pero al fin de cuentas un tiro. Yo lo que quiero es que nos devuelvan lo que nos pertenece, nuestros hijos, nuestras vidas, nuestra capacidad de asombro y ese complejo encuentro con la muerte, yo no quiero nada para mí y mucho menos preocuparme por quién pagara mis deudas si mañana muero, aunque si he de morir prefiero hacerlo cuando este dormido y no despertar nunca más. Tiemblo y cada que escribo, pienso que quizá sean las últimas líneas, el último aliento y sigo sin saber quién soy yo y qué demonios estoy haciendo. Cierro los ojos y escucho el grito de una ciudad incendiada donde sus habitantes ruegan para que no nos maten y algunos afortunados cierran los ojos y los gritos han cesado, no escuchan nada más, la sangre derramada no es suya, no pueden engendrar más hijos, no tienen miedo e intentan vaciar el mundo de este sufrimiento, con algo que es imposible, porque al llevarnos con ello van dejando una estela de llantos, soledad, tristeza y una deuda que aún no se quien va terminar de pagar. Yo no quiero nada para mí, si acaso olvidar que la sangre derramada en las calles de esta ciudad en la que he vivido tiene el poder para mantenerme con los ojos abiertos, en estado de alerta, asustado, condenado a una muerte imprecisa cada que salgo y camino por toda ella, yo lo que quiero es que nos dejen vivir.

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