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Posts Tagged ‘la realidad y los sueños’

Puedo recordar o no, con exactitud todas las cosas que voy soñando, puedo contarlas, aunque a la hora de hacerlo, me valga de dos o tres mentiras, lo interesante es tener la habilidad se soñar, pero sobre todo de recordar, pues muchos argumentan que su falta de memoria de lo soñado es porque no lo hacen; aunque lo mejor de todo es poder contar esos sueños. Lo que más me gusta de mis sueños es que se dejan contaminar con facilidad, es decir son manipulables, por ejemplo, los ruidos externos (esos ruidos del supuesto mundo real, si es que existe tal mundo, porque cabe la posibilidad de que todo este contenido en un gran sueño), pues bien esos ruidos de la realidad se mezclan en mis sueños y lo hacen de una manera que es imposible olvidarlos. Por ejemplo, esta mañana antes de despertar ocurre algo mágico, es como un reset. Los ruidos me hicieron abandonar mis sueños y los mezclaron a la realidad existente. No recuerdo o o quiero hacerlo, en que mundo estaba hasta antes de ese momento, hacerlo supondría muchas cosas, desde una infidelidad onirica, hasta cosas innombrables. El caso es que por alguna de las calles cercanas a donde yo estaba dormido, paso una ambulancia (quiero suponer que se trataba de una ambulancia) el ruido de la siena, ruido que no es igual al canto de esos seres hermosos y fantasticos, se mezclo en mi mundo de infidelidades y pasiones. Y estaba en otro sueño. Estaba en algún momento de mi infancia, jugando en la casa de mamá, cuando la ambulancia se detuvo frente al patio de juegos, en la casa del «mocho». Habían llegado por él, no tengo idea de que le estaba pasando, pero no tardaría mucho en saberlo. Lo subieron a la ambulancia y su silla de ruedas daba vueltas enloquecidas, en su patio. Daba esas vueltas como cuando la hierba seca se va acumulando hasta formar una delicada, hermosa y perfecta esfera y una vez junta, recorre esos pueblos deserticos.

En las proximidades de esa vida real y muy cercano a mis sueños, se oyeron varias detonaciones, quiero suponer que correspondían a cohetes lanzados para anunciar el festejo de algo, un Santo, una boda, unos quince años, lo que sea, pues nos es muy dado el festejar ante cualquier oportunidad, somos un pueblo alegre pese a las realidades diarias. Para mí toda detonación, en el registro de mi mente, corresponde a enfrentamientos armados y a la hora de estar dormido, uno se olvida que no esta en su cama, ni en su casa, ni en sus paranoias. Mi sueños no saben discriminar los ruidos entre balazos y cohetes, todo parece sonar igual aunque existan tremendas diferencias, así que no tenía porque suceder algo diferente a mis registros.

La ambulancia dejo de ser ambulancia para convertirse en las camionetas de la policía o de los militares que para el caso es lo mismo. Llegaron a la casa del «mocho», los policías fueron recibidos a balazos, como corresponde ante estos actos, sin misericordia. Imaginar al «mocho» disparando un arma no es un acto aislado o lejano de la realidad, su actividad siempre fue o es la de un delincuente, aprovechandose de los miles de inmigrantes que pasaban frente a nuestras casas; el «mocho» les robaba su dinero, les ofrecía un camino más fácil para llegar hasta el lugar donde se cumplen los sueños, también les robaba a sus mujeres y las vendía y quien las compraba las prostituía pero esa no es historia de ayer, es historia de toda una vida, de mi vida y las de muchos más y que nadie se quejara o dijera algo, porque lo mandaba a matar, sin importar si era del pueblo o extranjero de el. Le dispararon. Le dieron. Su cuerpo incompleto cayo al suelo y a partir de ese momento su silla fue feliz. Motivada por fuerzas ajenas a toda voluntad conocida, la silla del » mocho», empezo a dar vueltas en el patio donde durante muchos años estuvo condenada a la nalgas de ese ser tan despreciable.

La silla dando vueltas, como esas hierbas secas que se acumulan hasta formar una hermosa, delicada y perfecta esfera y recorren los pueblos deserticos.

El siguiente ruido ya no lo pude sportar y desperté. Más tarde llame a mi madre y me dijo, que alguien había dejado en el patio un balón verde, me lo describió y era igualito al balón con el que me lastime el tobillo, después me contó que alguien había llegado en la noche a la casa de enfrente, que nadie lo vio venir y tampoco lo vieron partir, que sonaron varios disparos, que la noticia en el pueblo es que anoche han matado al «mocho».

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