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LA NARRACIÓN Y EL SEXO (O ALGÚN OTRO TITULO QUE SE ENCUENTRA A LA DERIVA) 1

Durante un tiempo llegue a pensar que la única forma de salir de mis deudas era escribiendo una historia. No pensaba en enviar mi historia a una casa editorial y que me dieran un revés al decirme que no era publicable. La idea era simple, escribir para un premio literario y ganarlo, desde luego en aquellos tiempos yo me mantenía con la idea inocente de que en esos concursos siempre gana el que se lo merece. De que se puede escribir que logre atrapar a los jueces de un concurso. No tenía idea alguna. Lo que tenía muy claro es lo que si vende dentro de la literatura. El sexo. Pensé en escribir una historia de sexo. Mi vida sexual, fue el primer título que se me vino a la cabeza. De entrada me dije: a quién demonios le va a interesar mi vida sexual y luego casi de forma automática me dije que eso no era lo conveniente para un concurso literario, sin duda estaba haciendo todas las cosas al revés.

Mi vida sexual no era del todo un secreto, al menos no para mis amigos, mis familiares más cercanos, los que se supone que me conocían a la perfección, en realidad no sabían nada de mí. Varias veces me acusaron de ser un homosexual, como si un homosexual no tuviera vida activa en el sexo. El no tener relaciones con chicas, lo asociaban a la idea de ser homosexual, supuse que estar bajo esa condición debería traer consigo ciertas frustraciones. Yo adoraba a mi familia, pero sentía pavor de contarles acerca de mi vida sexual.

Mi madre insistía en esa idea un tanto loca de que era necesario sentar cabeza: casarme. La sola idea me aterraba, me resultaba un tormento innecesario, por otra parte si lo hacía se limitaban mis opciones de vivir la vida que yo siempre había deseado y a partir de ese momento mi estilo de vida se vería afectado. Trabas en todo lo que quisiera hacer. Trabajos absorbentes, y salarios de miedo que solo alcanzan para comprar sueños baratos y nada que en verdad valga la pena. La única garantía que se tiene en el matrimonio es la tener relaciones sexuales bajo cualquier circunstancia y hora del día, aunque eso hoy en día también es un gran sueño.
Y como la realidad solo ponía limites a toda mi libertad, nunca hice por casarme. Podía tener sexo con quien yo quisiera sino a cualquier hora casi siempre había alguien disponible para el momento adecuado. Pero esas historias no se pueden contar así de un solo suspiro, sobre todo cuando se pretende ganar un concurso literario que además te deje el suficiente dinero para liquidar todas las cuentas derivadas de las tarjetas de crédito, deudas dicho de paso que en su gran mayoría había servido para viajar alrededor del mundo. De no pagar dichas deudas se veía en chino poder seguir con mis viajes. Me tendría que acostumbrar al sexo con mis vecinas y unas cuantas amigas que rondaban por la colonia en la que vivía. Tenía suficientes historias, un sin número de experiencias, así que resultaba posible contar algo, escribir acerca de esas experiencias, pero una vez que me puse manos a la obra, todo se complico. No era tan fácil escribir una historia, aunque yo estaba confiado de lo contrario y el tiempo límite para pagar mis deudas ya me estaba llegando al cuello.

Mientras que en el país se celebraba el día de la demencia nacional. Yo había concluido que si quería ser escritor tendría que poner el mismo empeño que en el sexo, entre más me pusiera escribir, mejores resultados tendría. Escribir, como el sexo se tienen que practicar a diario.

Un país donde la dominación masculina aún no llegaba a su fin, era entre otras cosas un país con un retraso importante, pero era también el paraíso de la violencia contra las mujeres y eso me daba asco, yo prefería consentirlas y que ellas me consintieran a mí. Nos estaban despojando de todo lo que eran nuestro, algunos nos cruzamos de brazos y otros pretendimos escribir, en mi caso soñaba que se trataba de la novela del siglo, pero la vida sexual de cualquier persona tiene poca o nula importancia para el resto de las personas. Nos acostumbramos al ojalá que de alguna manera era nuestro himno, nos acostumbramos al así tiene que ser, democracia para nosotros era lo mismo que autoritarismo, era permitirnos una y otra vez que nos hicieran lo que se les viniera en gana, esos personajes que nosotros “elegimos” para que se cumpliera nuestra voluntad. Yo mientras todo eso sucedía buscaba el mejor ángulo para escribir: Mi Vida Sexual y ganar mucho dinero. Cada día era parte de una familia arruinada al que le estaban arrancando su ultima pertenecía.

La ilusión sólo se mantenía con la condición de excluir del horizonte toda posibilidad de fracaso. Yo le repetía a mis amigos que me había convertido en escritor, así de la nada, como por arte de magia.

Sin la relación escritura con mi vida sexual, no podría decir que yo era escritor, era la única posibilidad que tenía de escribir algo. Si escribir fuera una tarea autobiográfica, mi situación se tornaba delicada y hasta compleja: no me había ido mal en general, no tenía dinero ni ningún otro exceso, así que mis posibilidades se veían amenazadas, al menos hasta que descubrí que todo aquel que pretende ser escritor, está perdido si comienza a escribir acerca de su vida. Un buen escritor siempre tiene historias por contar pero para llegar a ese punto tuvieron que pasar mil cosas más: perder por ejemplo todos los créditos, limitar la vida sexual al simple acto de fornicar porque no se tenía dinero para salir y beber unos tragos o tener una larga charla antes de pasar al sexo, lo que más me gustaba del sexo era el preludio, las historias que se cuentan antes de cualquier roce de un cuerpo desnudo con otro.

He dicho que me gustaban las pláticas como preámbulo al sexo. No hacía de mis platicas un buen pretexto para tener historias que contar cuando me pusiera a escribir, mucho menos era una provocación para saber que tanto habían experimentado mis amigas, mis actos correspondían a una actitud de perversión bonachona, donde desde luego que la pareja en cuestión se dejaba fluir hasta volvernos uno mismo, era adentrarlas en mis pensamientos, en mi forma de ser y sentir, hacernos uno mucho antes de estar fundidos en nuestros cuerpos ardientes, porque no hay mejor sexo cuando tu pareja se convierte en tu cómplice, así se trate de una pareja ocasional. Yo lo disfrutaba. Me gustaba despertar la curiosidad en cualquier relación (casi todas eran nuevas). Evaluaba las reacciones.
Mientras me entregaba al acto de fornicar, es casi imposible llamarlo acto amoroso, aunque en múltiples ocasiones tendría todo el derecho del mundo de hablar de un acto amoroso, sobre todo cuando estaba con mis viejas amigas: Laura o Luisa; me la pasaba contando historias, no dejaba de hablar, mis fantasmas salían asustados porque casi siempre contaba historias verídicas, estaba comprometido con el arte de narrar y sí, mientras tenía sexo, practicaba lo que yo quería que fuera mi nuevo estilo de vida: ser escritor. Desde luego que seguía con mi gran tema: Mi Vida Sexual. Le daba forma a los lugares, nombre a cada una de las mujeres, las veces que había estado con ellas y lo bien que lo pasamos; si por alguna razón me quedaba callado, la duda asaltaba a mi amante y me preguntaba si me había acostado con alguna amistad común y la misma duda les llevaba a querer saber si ellas lo hacían mejor si tenían un sexo dotado de humedad si su clítoris era híper reactivo, no todo se centraba en lo obsceno, los aspectos banales también hacían su aparición triunfal.

Cuando te cuento estas cosas estoy contigo, pero al mismo tiempo se abre entre mis pensamientos y mis sentimientos un gran boquete que no hace otra cosa que estremecerme y llevar a un punto donde el olvido muchas veces intenta hacer de las suyas. Mi novela, no sería por mucho la gran novela de este siglo, con el tiempo descubriría que no me iba a sacar de pobre, estaba incluso seguro que nunca la publicaría, no era otra cosa que un recurso sin sentido, algo un tanto agresivo para todo escritor que se digne en llamarse como tal. Evaluaba mis actos y mis historias antes de tomar una decisión que me pusiera lejos de este estilo de vida del que ya estaba convencido que me vendría mejor, así, deseaba morir, siendo escritor. Eso es la literatura, un estilo de vida, no una forma de vida (en algunos casos es una forma de vida).

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