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LA NARRACIÓN Y EL SEXO (O ALGÚN OTRO TITULO QUE SE ENCUENTRA A LA DERIVA) 2

Entonces sucedió. Me tope con una ex actriz porno, que ahora se había convertido en escritora. Mis posibilidades eran infinitas y de alguna forma las cosas tendrían otra dirección, solo bastaba con dejar que la historia fluyera. La ex actriz porno, juraba que tenía cosas muy interesantes que contar. Yo la deseaba. Deseaba que me contara sus historias mientras ella y yo nos amábamos en términos meramente sexuales, amarnos eso sí: intensamente. No me daría por vencido, no ahora que alguien más estaba haciendo lo que yo tanto había deseado.

Tome un curso de narratología con un compa que tenía un grupo musical llamado: Los Tigres de Borges. No era la primera vez que tomaba un curso y supuse que era necesario si es que deseaba convertirme en escritor. Todas eran tonterías mías. Si quería ser escritor, tenía que vivir de eso.
Entré al curso donde me enseñaría a escribir, lo cual de entrada ya resultaba contradictorio, es decir, nadie te puede enseñar a escribir, eso es lo que yo supongo, con eso quiero decir que un escritor nace. El instructor de esa primera vez, era tan atento que parecía que una vez que terminara el curso, todos en ese lugar seríamos unos grandes escritores, estuve tentado a darle un abrazo al profesor cuando descubrí que lo único que hacía era engañarnos con esa idea un tanto loca de que todos en ese lugar ya éramos escritores. Desde luego que no lo abrace y en cuanto me di la vuelta, le mente la madre.
En el curso conocí a una chica que tenía más o menos el mismo interés que yo. Udele. Ella tenía el cabello rojo y todo lo que tenga que ver con cabellos, era rojo. Udele, llego a escribir al curso la historia de su perrito y de cómo su padre lo había enterrado en el jardín, ella había escrito dos o tres historias sin que hicieran mucho eco en mí, como en el resto de mis compañeros. Un día Udele me sorprendió con una historia que hablaba de la paranoia de su personaje y de cómo se la pasaba oliéndose las axilas, la historia no habría tenido mucho sentido de no verse claramente el reflejo de ella y de que este personaje se encontraba recluido en un manicomio. No tengo idea si la historia prometía. Mostraba eso sí, su odio por las personas. Me quede inmóvil, esperando la reacción de los demás, pero cada uno estaba metido en sus historias que no les interesaba la historia de los demás y menos la historia de una mujer que cada que hablaba de sexo se olía las axilas. Udele termino de leer y se quedo observando a sus compañeros de clase y con la sonrisa era ella ahora la que nos mentaba la madre, le devolví la sonrisa y con eso abrí las puertas a un mundo de pasiones y lujuria desmedida. Para cuando nos metimos a la cama Udele ya tenía un mundo de humedades allá abajo que bien podría ahogar aun ejercito de hormigas.
Creo que ella se enamoro de mí. Se fue a Nueva York y no quise seguirla. Se fue a seguir con sus cursos de creación literaria, se decía que todo aquel que iba a esa ciudad t6erminaba por convertirse en un escritor con mucho nombre. Ella me presumió la lista de los que serían sus maestros, el que destacaba entre ellos era, Don Delillo, desde luego que sentí una profunda depresión y una envidia como nunca antes la había sentido y no precisamente porque ella fuera a convertirse en una mejor escritora, sino porque los favores sexuales que ahora eran míos seguramente serían ahora de otro cabrón e incluso podría caer en manos de alguno de sus profesores. Ella solía correr todas las mañanas y cuando regresaba de su ruta, deseaba tener sexo, así sudada y con una respiración entre cortada me despojaba de mi ropa y me chupaba el glande hasta ponérmelo rosado, mientras yo fingía dormir.

Me he dejado llevar por el sentimentalismo. Durante toda la temporada que estuve en curso, no escribí nada y de no haber conocido a Udele, pienso que habría estado todo perdido, me la pase atrapado en un sentimentalismo extraño, juro que todas las veces anteriores de mi vida me había enamorado, pero algo esta vez hacía parecer que estaba perdidamente enamorado y eso Udele lo sabía y le divertía. La cosa quizá no habría acabado con los cursos si ella no se hubiera entregado a otros brazos y con ello estoy casi seguro que logro su primera publicación, ella se había empeñado tanto en poner su nombre en algún trabajo impreso y lo había logrado en esos términos yo era un fracaso, pero lo que a mí en realidad me interesaba era ganar algún concurso literario y pagar mis deudas. Nunca lo logre. Deje la tarea de escribir a diario a cambio de múltiples sesiones sexuales con Udele.

Esperar resulta difícil, con el tiempo me acostumbre a esperar y mientras lo hacía me puse a escribir y escribir, no había nada que valiera le pena pero no deje de escribir, lo hice todos los días durante muchos años, en ocasiones no tenía ni los ánimos ni las ganas necesarias, pero no deje de escribir, hasta que llego el punto en que me pregunte de que se trataba todo eso. Escribir era para mí, como ese movimiento ritmo del vientre mientras estas cogiendo, algo duro, intenso, pasional.
Sentía celos incluso de lo que hacían los demás y supuse que era hasta cierto punto de lo más normal.

Udele me hacía todo el tiempo, y yo le contaba todas mis historias sin miedo, no pensaba que una idea puede ser algo original y que ella podría estar escribiendo sus cuentos gracias a nuestras sesiones de sexo de todas las mañanas. Era invariable, mientras ella hacía conmigo un trabajo extraordinario, me pedía que le contara una historia y ella fue la primera que intentó escribir una aproximación de mi vida sexual, aunque su historia carecía de verosimilitud, era algo que tenía que tomar en cuenta, porque si lograba pulir esas historias yo no tendría nada más para contar. sentí miedo, por primera vez sentía miedo de mi reciente vida inventada como escritor y es que todo mundo siente miedo cuando sabe que va a perder algo, yo estaba a punto de perder mi identidad como escritor y era algo digno para ponerse a temblar. Descubrí que Udele escribía estas historias, un día que ella salió corriendo del departamento, porque le habían dicho que su padre se había puesto mal y le urgía hablar con ella. Dejo abierto un documento con el que trabajaba y me atreví a leer lo que estaba haciendo, no es que desconfiara de ella, los escritores suelen ser curiosos como los gatos y fue por eso que me entere. Me sentí traicionado y ya no quise hablar más mientras teníamos sexo y ella perdió pronto, muy pronto todo interés y fue entonces cuando tomo la decisión de irse a New York

Muchas de mis historias eran verídicas.

Me he pasado todos este tiempo buscando una palabra que sea capaz de describir todo lo que he vivido, una palabra suele ser fiel a lo que uno vive y muestra más que mil imágenes de eso estoy seguro. Escribo porque me gusta, porque mientras escribo, espero el regreso de Udele, supongo que para cuando ella lo haga será una escritora consumada, escribo porque no deseo que ella publique la historia de mi vida sexual y porque no sé hacer otra cosa, me olvide de que uno debe hacer otra cosa para sobrevivir. Trabajo como el resto del mundo pero lo que hago no tiene mayor importancia.

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