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Posts Tagged ‘la mujer más hermosa’

Había llegado a Madrid en calidad de poeta fracasado. Entré. Le dije si podría quedarme esa noche. Dijo que estaba bien, que no le molestaba. Nuria y yo vivíamos en una casa vieja y con muchos cuartos, pasillos oscuros y un escandaloso olor a hierba. La casa estaba muy cerca del centro, no estaba nada mal, sobre todo porque yo no pagaba un centavo por el alquiler y además tenía a Nuria todas las noche. Yo había decidido escribir mucho más que antes, me estaba creyendo que era un buen poeta. Nuria había leído mis poemas que se publicaban en esa revista que aparecía una vez al mes en los quioscos.  A ella le había gustado. Todas las noches escribía; nadie se enojaba porque nos emborrachamos y se podría fumar todos los porros que uno quisiera o pudiera. Trataba de cuidar el dinero de Nuria. No derrocharlo.

Era una época tranquila, pensé en quedarme a vivir en Madrid todo el resto de mi vida. Nuria trabajaba como ingeniero forestal. Nunca he entendido lo que hace un ingeniero forestal y mucho menos que hace en una ciudad como Madrid. Nunca fui capaz de estar con ella por las mañanas, ella intentaba despertarme, en ocasiones se ponía a leer mis poemas y entre sueños, escuchaba o quizá imaginaba escuchar que esos versos le parecían hermosos. Todos hablaban de ella. El dolor de cabeza no me dejaba en paz, yo siempre pensé que se trataba de la resaca. Siempre fui por ella a la parada del autobús. Teníamos un coche que ella nunca sacaba porque decía que era imposible encontrar un lugar donde aparcar. A mí no me importaba si movía o no el coche. Me despertaba casi al medio día. Tomaba un cerveza y escribía un poco, después salía al sol y me rascaba la cabeza. Me daban ganas de llamar a México, pero nadie me estaba esperando en México, era una forma cruel de engañarse. En ocasiones intercambiaba algunas palabras con las vecinas que eran las únicas que se quedaban durante el día en sus casas. Después de tomar el sol y rascarme la cabeza (algunas veces me rascaba los sobacos, sobre todo si hacía mucho calor), entraba la casa y comenzaba arreglarla. No había nada más triste y degradante que tener que hacer las tareas de la casa. Lavar los platos fue desde niño mi peor tormento. Así que ahí me tienes, teniendo una vida hipócrita. Nunca había tenido responsabilidades, nunca había estado por más de una semana con una mujer y nunca había mantenido a nadie. Confieso que era agradable que te mantuvieran, además de que era el amante de Nuria, es como un sueño que se persigue toda la vida y cuando ya está hecho no sabes qué hacer con el.

Las cosas para mí fueron mejorando, fui adquiriendo confianza y hasta se puede decir que escribía mucho mejor, mis poemas tenían sentido, lograba expresarme y Nuria siempre buscaba la ocasión para que yo pudiera expresarme en público y los lugares para leer mala poesía de los pésimos poetas abundaban. No estaba mal, aunque no era México, y de alguna forma uno empieza a extrañar. Siempre pensé que esa relación no iba durar gran cosa. Yo empezaba a sentirme completo.

Luego como todas las cosas, la costumbre se fue apoderando de nosotros. Por primera vez puse atención a la casa. No vivíamos solos. En uno de los cuartos estaba una mujer. Un día me levante más temprano, estaba en la cocina rascándome la panza, cuando apareció ella. Llevaba puesto un biquini, dos tiras diminutas de tela. Me dijo hola. Que tal estas Carlos. Nuria me ha dicho que eres un artista, que dibujas cosas hermosas y que además escribes. Soy Lola, pero me dicen Fa. Aquella mujer lo tenía, era la imagen y semejanza de Dios, con solo verla uno no puede tragarse ese cuento de que la mujer fue sacada de la costilla del hombre, ni todas esas cosas que nos hablan de su maldad, uno no puede tragarse el cuento de la serpiente (quizá era una víbora) y esas cosas que llevaron a la humanidad a cometer toda clase de pecados. Era perfecta, la podías observar a detalle y por nada del mundo sentirías una desilusión.

Su cuerpo era la cara del deseo.

Me contó que ese día no había ido a trabajar porque había terminado su relación con su novio. Que también era ingeniero de bosques, pero que trabajaba en una tienda de lencería, que modelaba toda la ropa de la tienda. Ella pensaba que los dueños de esa tienda se habían aprovechado de ella, que le habían engañado con esa idea de un futuro prometedor, que la estaban utilizando, que ella era muy joven cuando llego a trabajar a ese sitio y que algunos chicos con mucho dinero se habían aprovechado de su inocencia para hacer con ella lo que se le venía en gana. Me dijo que el dueño del negocio había intentado meterle mano y eso a ella le molestaba mucho. Yo no podía hablar, estaba aturdido, ella era esa clase de chica con la que todo hombre sueña, llegue a pensar que se había escapado de mis pensamientos, que tanta cerveza o tanta hierba me estaban haciendo daño, que mi cerebro sufría en ese momento era subnormal, enfermizo, ajeno, poco poético, escandaloso y tenía necesidad de mantenerme frío. Se me paro. Ella me dijo que si me gustaría verla modelar, hacer su trabajo. Puso una música muy movida, nos fuimos a la sala, la cual nunca antes había yo visto tan iluminada. Luego ella, Fa, iba desfilando con una lencería hermosa, y yo que me había llevado la botella de whisky, no dejaba de beber, directamente de ella. Un traje, luego otro y después ella se olvido de seguir modelando, dejo caer toda la ropa y se paseo desnuda por toda la sala. Era simplemente: de una hermosura angelical. Llegue a creer que estaba soñando. Luego ella se puso a llorar, quería meterle un fierro caliente por el culo a su ex novio, el muy cabrón la había abandonado por otra, como si abandono le permitiera romper el hechizo de la belleza y ella ahí dando vueltas por toda la sala, como si estuviera sola, se toca el sexo, parecía estar inmersa en una agonía, se tocaba el culo, y luego echaba la cabeza hacia atrás y su pelo, tan negro e intenso que superaba a la noche más oscura en lo que ya antes hubiera estado y su piel, blanca, no tan blanca como la leche, me estaba llamando. Y de pronto ella dijo algo.

—lento, lento, lentito, que tus versos lancen de mi vida a ese chupavergas—fue un susurro.

Yo en ese momento estaba a punto de correrme. Más whisky. Ella se senté frente de mí, abrió las piernas y, lo juro por todas las cosas que he vivido en esta espantosa vida. Me dejo ver el rostro de la eternidad. Lo hizo. La sala estaba en llamas. Luego ella se sonrojó.

—lento, lento, lentito ven hacia a mí, lento, lento, lentito dámela toda, empálmame—dijo ella.

Yo estaba a un paso de lanzarme sobre ella, cuando murmuro de nuevo:

—lento, lento, lentito, pinché chupavergas, hazme el favor, por favor de morirte.

Me pare de inmediato y me fui a la cocina, me puse a lavar los trastes, me bañe y salí de casa para buscar a Nuria. Después de ese día me tope muchas mañanas mas con Fa, todo era de manera intencional, pero nada fue como esa primera vez y yo estaba convencido que su belleza se habría perdido de haber tenido alguna actividad sexual, al menos se habría perdido para mí. Yo me había creído sin duda alguna todo lo que veía en ella, su naturaleza, su inocencia y el ritmo de su risa y esa cadencia al caminar.

Un día se apareció en nuestra cocina una mujer, una muñeca de grasa, bajita, hermosa como todas las muñecas. Mi relación con Nuria no se vino al traste por culpa de Fa, con ella mantuve una relación espiritual, tan sana y tan santa que incluso ambos llegamos a creer en el poder de esa relación. María. Era el nombre de la gordita. Se apareció en la cocina, me dijo que era una prima de Fa, que ella le había contado que yo era un artista.

—¿qué haces para ganarte la vida tío?—me preguntó María

—no hago nada, no por ahora.

—¿y antes de hacer nada, que hacías?—preguntó

—nada que valga la pena recordar.

—tu chica es muy guapa.

—no está nada mal—le dije.

 

Ella me dijo que antes era artista del trapecio. Que ahora bailaba en un bar. Y empezó a moverse, se fue quitando la poca ropa y en cada movimiento dejaba ver la entrada a la caja mágica, me enseño sus pechos y yo desde luego que perdí el control. Odie tanto aquel momento. Pero mientras pasaba, me sentí encerrado en una oleada de calor, nos abrazamos mientras Nuria hacía su trabajo en aquella oficina donde solo los ingenieros del bosque saben lo que hacen, mientras Fa seguía modelando en aquella tienda de lencería era mi forma de estar con Fa, era mi forma de vencer todos mis miedos, era la única manera de entender que seguía siendo mortal.

 

Unos días después, Nuria y yo estábamos bebiendo e intenté meterle mano. Ella dijo:

—me dijeron que te metiste a la cama con la prima de Fa

—no está del todo gordita—fue lo primero que se me ocurrió contestar.

—hijo de puta, ahora mismo te vas de mi casa y no vuelvas nunca más—toda enfurecida dijo ella.

Me fue difícil dejarla, sobre todo porque no tenía a dónde ir. En todo ese tiempo había ahorrado algunos euros, así que me puse a buscar alguna casa vieja por las cercanías del centro de Madrid, no tarde mucho en encontrar algo, pero me sentía solo, vacío y sin ganas de escribir nada, me fui desvaneciendo y el silencio era agotador.

 

Pase muchas veces por la tienda donde Fa modelaba, la contemple, seguía siendo una diosa, pero no me atreví a molestarla. Un día, cuando estaba a punto de regresarme a México, me encontré con Nuria, estaba paseando por el centro. Nos saludamos. Le dije que pronto regresaría a México, que tenía ganas de verla, desnuda en aquella cama pequeña, donde apenas entrabamos los dos. Ella me contesto que eso era imposible, que ella era muy feliz, que se había conseguido un novio, que no le tenía miedo a trabajar. Que se querían.

 

La vi perderse por las calles del centro. Iba moviendo el culo y con eso se alejaba de mí, de mi vida, de mi poesía y de mis historias. Me quede parado en una esquina, imaginado como serían las cosas sino lo hubiera hecho con María. Me sentí triste. Tenía que volver, para mí no había más vida en Madrid. Se puso el semáforo en rojo. Cruce esa estúpida calle. Esa calle que todo mundo fotografiaba.

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No se porque, pero siempre las mujeres más hermosas estan en los aeropuertos. Yo vi a una mujer que tenía las piernas largas, muy largas y luego vi a otra que tenía una mirada de fuego, una mirada que te hechizaba al cruzar con la tuya. Después me pregunte que hace una mujer joven y hermosa en un aeropuerto. Intente recordar las cosas más feas que había visto en mi vida, y la más fea de todas era sin duda la lengua, y entonces sucedió, la muchacha me enseño la puntita de su lengua y fue lo más hermoso que jamás había visto. Quizá porque la joven era hermosa.

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