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Posts Tagged ‘LA MUERTE’

Lloveran por siempre las balas

En esta ciudad lloveran siempre balas, al menos eso dicen. Acá la muerte es más hermosa que el poema y el sexo es un pretexto para grabar mi nombre en una lapida. Lo confieso, no conozco el cementerio de esta ciudad, siempre he dicho que deseo ser quemado.

Hoy me preguntaron que pienso hacer con mis libros cuando me muera, si mi idea es que los quemen como a mi cuerpo o si prefiero donarlos a una biblioteca, yo dije que serían su herencia y que el sabría que hacer con ellos.

Otra vez la palabra sexo y no es necesario escribirla

Llovera siempre en esta ciudad. El suelo estara mojado de sangre y luego en cualquier día repugnante, de cualquier mes, lloveran cabezas, manos, piernas, brazos y todos ellos desarticulados de sus cuerpos y mi vecino me dira: vamonos, vamonos, es necesario mezclarse en esta situación, antes de que ya nada importe, antes de que nos gane el hastío y la resignación. Ese día yo estare llorando por eso dolor regulado por su intensidad en aumento y porque estare obligado a dibujar con mis dedos ese poema que nos identifique. Otra vez la palabra muerte y mi cuerpo se pone a temblar, pensando en una posible traición.

Vivo escondido, no salgo a no ser que se trate del trabajo. Me escondo porque hay personas, sobre todo hombres a los que me niego a conocer, me preocupa verles a la cara, me podrían reconocer y me niego a que adivinen mi pasado y quieran darme malos tratos.

A veces suena el telefono y tengo necesidad de negarme. Podría haber sacado mucho dinero y perderme en el cuerpo de todas ellas.

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Este es un sitio deprimente para morir. Ya no había prostitutas en las calles, las chicas a los trece años se buscan un novio que fuera malo, que tuviera gusto por las armas, las drogas, la muerte. Las chicas se masturbaban incluso mucho antes de que les crecieran los senos y algunas a esa edad ya inhalaban a placer. Los chicos siguen siendo niños, no importa si tienen veinte, treinta o cuarenta años, desde luego que ya no juegan a policías y ladrones, ahora les gusta jugar a que son parte de una banda a la que suelen llamar: “aquellos hombres” y suelen matar, disparar y comprar sexo por drogas o por fabricar sueños imposibles, son especialistas. La ciudad no era deprimente por eso.

Las mujeres se quedaban viudas a los veinte, para ese tiempo ya tenían dos o tres hijos a los que les contaban las historias de sus padres y les alimentaban la idea de que no existe nada mejor en este mundo, que ser parte de la mafia era lo de ahora : “así tienes una vida con excesos”. Una vida rápida y sin esfuerzo. Ellas les juraban a sus hijos que eso era lo mejor.

Salías a la calle y no había arte, no había vida en plena libertad, no podrías soñar con tener una amante, es eso es porque acá no se sabe quién es novia de quien o si ya son viudas. Cuando ya están viudas, casi nadie se interesa por ellas, debe ser algún mal colectivo entre esos maleantes, y si digo que se conocen entre todos, la verdad es que no exagero.

Fue así como me convertí en especialista de mujeres viudas. Unos años atrás el negocio estaba en buscar madres solteras, algunas de ellas trabajan para las maquilas y otras simplemente se habían sentado en la casa de sus padres y reclamaban la manutención de los hijos, los abuelos del niño, argumentando que ellas no habían pedido venir al mundo y que gracias a eso ahora tenían que soportar el ser madres solteras. El chantaje casi siempre funciona. Pero a estas alturas y en esta ciudad las madres solteras me daban pereza. Se habían dejado crecer el culo, quizá por las horas que pasaban frente al televisor o por el exceso de comida y es que no se puede ver buena televisión sino se acompaña de algo para estar picando. El problema no es que tuvieran el culo gordo, la cosa era más grave aún, a esas mujeres les dio por dejarse crecer la panza y cada uno puede entender con eso lo que prefiera. Las viudas eran diferentes. Primero que nada les gustaba mantener la figura, suelen hacer mucho ejercicio, pues dicen ellas que nunca se sabe que se pueda presentar y suelen desde luego cuerpos elásticos y con formas muy bien delineadas. Suelen trabajar, ya sé que suena un poco extraño, pero una vez viudas suelen trabajar, como ya no tienen quien les pague una vida con lujos, suelen hacer un esfuerzo por ser mejores. Es cuando ellas deciden estudiar. Buscan algo que sea inmediato y que les deje dinero. Luego buscan hombres que le tienen miedo a la muerte o mejor dicho, hombres que son hombres y no niños que juegan a dispararse unos contra otros. Así que se encuentran con estos hombres a los cuales ellas pretenden domesticar. Esas mujeres viudas dejan en sus casas a esos hombres, les piden que mantengan la casa en completo orden y desde luego tienen que cuidar de los hijos, argumentan la necesidad de la figura materna.

Empecé este negocio hace algunos años, desde luego que tengo una serie de reglas. Por ejemplo suelo dejar las casas en perfecto orden, cuido a los niños cuando aún no asisten a la escuela, y si ya están en edad para hacerlo, procuro buscarles una escuela de turno completo, esas que dejan salir a sus estudiantes a mitad de la tarde y si se portan mal, los dejan castigados y tienen que lavar los trates. Esas escuelas están llenas de hijos de estas viudas jóvenes. Por las noches suelo estar una o dos horas con ellas, nunca me quedo a dormir y nunca estoy solo con una, por lo general me gusta estar con tres, desde luego nunca en el mismo lugar. Es un trabajo cansado. Estas viudas se niegan a su nueva forma de vida y todas las noches les recuerdan a sus hijos, su suerte, les dicen que la Santísima Muerte y Malverde, les tiene preparado sus bendiciones y que ellos, deben vivir una vida intensa, y que no vale la pena eso de pensar en llegar a viejos, que no es otra cosa que romanticismo barato y sin sentido. La vida ahora e intensa, lo demás son ilusiones que no sirven de nada. Todas las noches se los recuerdan. Están marcados. Tienen un destino invariable y solo uno que otro logra cambiar su vida.

El negocio no va mal. Solo que he ido sumando años. Cada vez resulta más complicado y sobre todo cada vez genero menos confianza. Pero ellas aún me reciben y me confían las vidas de sus hijos y la seguridad de sus casas, aunque en sus casas no tienen gran cosa y lo poco que tienen aún lo están pagando. Todo mundo tiene una tarjeta de crédito, sin importar si pueden pagar o no sus deudas, eso no importa, la idea es hacer fluir el dinero y cobrar intereses por eso. Pues bien, uno de los hijos de las primeras viudas, me reconoció esta tarde en las calles. Freno de golpe la troca, se bajo y dando gritos me dijo.

—Pinche pelón, cómo es posible que aún sigas vivo.

Yo no le dije ni madres. El muy cabrón, saco la pistola y me dijo.

—Dónde quieres caer puto.

—No me vengas a chingar a tu madre con esas pendejadas—le dije.

—El que se va a chingar eres tú pelón.

—No friegues, esta pinche ciudad es un sitio deprimente para morir—le dije.

—Pues ya mamaste—dijo—mientras levantaba la mano y me ponía la pistola en los güevos

—A mí me la soplas—le dije—y mientras lo hacía me di la vuelta y me aleje del lugar

Sonaron dos, tres, cuatro o hasta veinte disparos. Yo seguí caminando, decidí no voltear. Si ya estaba muerto no se sentía ni madres y si esa era la muerte, el polvo, el olor a mierda, el pinche sol excitado, entonces no valía la pena morir. Así que mejor ni lo intenten.

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La muerte, tiene la forma de una mujer exquisitamente hermosa y perfecta, la he visto últimamente, deambulando por los lugares que me gustan, es perfecta por donde se le vea y su sonrisa se topa con la mía; la muerte se ha actualizado, es una mujer moderna que debajo del brazo ya no lleva su fea guadaña, ahora, ella navega con su moderna maquina plateada y va por todos los rincones de la tierra, además atiende peticiones exprés que le llegan por correo electrónico y uno que otro post en su sitio preferido, ella, la muerte que es mi muerte, que me excita cada vez que la veo, tiene la forma de la mujer de mis sueños y tiene el útero despoblado de mi presencia.

Ella hace el silencio de mis pensamientos que buscan su cuerpo

La muerte es ese cuerpo deseado, eso sexo fresco, añejo, húmedo, extraviado; la muerte es una trampa sin falopio, que se tiende a las tres de la mañana y nos persigue a todas horas, nos acecha, nos confunde, nos sonríe y nos excita, la muerte es el cuerpo  de la mujer perfecta, que se olvido de su guadaña y usa debajo de esas telas que cubren su perfección, un aroma que te pierde, la muerte es el sexo en el baño, en esa soledad inventada y sus labios recorriendo tu cuerpo.

Ella es tragedia, es aroma que inunda, es la mano que zurce el alma.

La muerte, ella misma es capaz de congelar el arma que dispara sin sentido, es capaz de desbaratar las manos de militares, de policías, de enfermos sociales, de animales que para ella son presa fácil, la muerte en el cuerpo de ella es deseo, son ganas, son pasiones que no respetan horarios o el sueño, la muerte: es un larga columna de armas que desfilan por mis calles, es un vehículo que se estrella contra los muros, son los ojos verdes de la vecina, el ladrido de un perro, el escalofrió que circula en la piel, el recorrido de toda una vida, ella, la muerte es un orgasmo inagotable.

Ella ha hecho de mi vida una historia que no  termina jamás.

La muerte  me trae muerto de deseos, no solo por poseer ese cuerpo que ella habita, no es su sexo, ni el olor de su sexo, ni el semen depositado en su sexo, ni la forma de su ombligo o que su hermana sea casi perfecta, ¡no!, ella me trae loco en todo este alboroto de armas que se disparan sin tener un destinatario fijo, alboroto  de cuerpos sin cabeza y de la perfección de su vientre y de sus senos que no huelen a lamento y de su canto que hechiza. Ella me trae loco cada vez que se aparece y sufro al pensar que ella tiene prisa, que pronto será una historia perdida, una batalla más en este desierto y en este olvido que nos hemos inventado para sobrevivir al deseo de recorrer sus largas y bien formadas nalgas que nacen o mueren donde las piernas invitan al olvido, su cuerpo nos hace parecer, presa fácil de sus caprichos.

En donde la vida se paga caro, donde el suicidio no es mal visto.

La muerte tiene la fama y la forma de una mujer exquisitamente perfecta, ella se desvela, porque dormir es perder el tiempo, sus labios tienen aroma a canela y su sexo; de su sexo  mejor ni te cuento. Ella es dolor de vida, de mi vida y de mis anhelos, ella que me invita a dejarme doler, que me espanta con el eterno fuego, que ella que es capaz de callar mis pensamientos, ella una piedra en un camino sin pretextos, ella en la casa, de noche, desnuda, dejando caer sus labios en mi sexo, ella la muerte que me tiene inquieto, que me atrapa, que me condiciona, que en ocasiones tiene un nombre, que sonríe y que baila a una ritmo imposible, que me ignora, que es el reconocimiento tangible de haber vivido.

Ella pretexto para despertar con el sexo húmedo, ella: ese dolor llamado vida.

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De tus senos turgentes,

brotan elefantes blancos que van a parar:

a tu vientre, a tu ombligo,

a la piel que te cubre,

a tu sexo que se traga estas historias,

a la tierra que está en los alrededores de tus pies.

Tus senos hechos por manos expertas,

tus senos que escupen seres insospechados.

De tu sexo aún dormido,

salen hombres armados a manos llenas,

hombres que llevan armas que escupen muertes,

hombres que llevan manos que te regalan violencia,

hombres que llevan noticias que solo nos traen penas.

Tu sexo hecho por manos expertas. Ajeno.

De tus senos brotan elefantes blancos que he confundido

con una columna de hombres armados

que pasean por tu cuerpo,

que van contando sueños imposibles;

elefantes blancos que he confundido

con hombres armados que se pasan la vida matando,

hombres que son como hormigas que van a parar a tu sexo.

Tu sexo que escupe seres imposibles.

Sin darnos cuenta, le dimos la bienvenida a la violencia,

junto con ella a las armas que nos regalan miedo. Escucho.

Elefantes blancos que he confundido

con seres poco civilizados,

hombres armados que las mujeres desprecian,

porque ellas y su sexo están destinadas a evitar la muerte.

He visto brotar de tus senos, elefantes blancos

que forman una larga colina que termina en tu ombligo.

 

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De tus senos turgentes,

brotan elefantes blancos que van a parar:

a tu vientre, a tu ombligo,

a la piel que te cubre,

a tu sexo que se traga estas historias,

a la tierra que está en los alrededores de tus pies.

 

Tus senos hechos por manos expertas,

tus senos que escupen seres insospechados.

 

De tu sexo aún dormido,

salen hombres armados a manos llenas,

hombres que llevan armas que escupen muertes,

hombres que llevan manos que te regalan violencia,

hombres que llevan noticias que solo nos traen penas.

 

Tu sexo hecho por manos expertas. Ajeno.

 

De tus senos brotan elefantes blancos que he confundido

con una columna de hombres armados

que pasean por tu cuerpo,

que van contando sueños imposibles;

elefantes blancos que he confundido

con hombres armados que se pasan la vida matando,

hombres que son como hormigas que van a parar a tu sexo.

 

Tu sexo que escupe seres imposibles.

 

Sin darnos cuenta, le dimos la bienvenida a la violencia,

junto con ella a las armas que nos regalan miedo. Escucho.

Elefantes blancos que he confundido

con seres poco civilizados,

hombres armados que las mujeres desprecian,

porque ellas y su sexo están destinadas a evitar la muerte.

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TODOS LOS DÍAS LA MUERTE

Pensar en otro modelo de vida es imposible, se puede decir que aquí, en el Norte de todos nuestros nortes, no existe otra condición que la vida humilde y en las tienditas uno puede leer, letreros que dicen: “Hoy no se fía, porque mañana te matan”.

Las historias que la gente cuenta a diario, todas ellas están llenas de sangre, están inmersas en el dolor de una realidad que supera cualquier ficción y que provocan para cualquiera de nosotros la incapacidad de asombrarnos con ideas que no son otra cosa que un melodrama. Es por eso que todo lo que se pueda leer hoy en día, sobre todo las historias que escupe México al mundo, ya no solo las historias del Norte, dejan ver las vísceras y sin sangre, esas historias no tienen un buen argumento.

Poco a poco, la gente va cayendo en este Norte, lo mismo civiles que militares, es una guerra que parece no tener sentido y el sentimiento general es que es una batalla perdida, que no existe ganador alguno. La gente simplemente se muere, una mañana deciden que no van a despertar más y se mueren, tenemos guerra, no tenemos trabajo e incluso tenemos pueblos abandonados, pero la gente se muere porque son despertados con armas de alto poder y granadas. Todo mundo sabe hoy en día usar una granada. En este Norte los cuentos de hadas no sirven de nada, los niños no creen esas cosas, algunos piensan que no existe nada mejor que ser unos “chingones” como su papá y ya se entrenan con videos juegos, que para variar vienen del norte más inmediato, de nuestros vecinos, que poco a poco se van llevando a los inversionistas y nos van dejando con poco pan, con poco trabajo. Acá lo que nos sirve si queremos contar son los hechos reales, no importa que al resto del mundo el tema de la violencia o de los Narcos ya sea algo que cansa. Se narran hechos reales.  Todo es natural es el mundo donde nos vamos moviendo, no necesitamos imaginar el escenario de hace cien años atrás, no necesitamos en este Norte creer que algunas cosas solo pasan en lugares privilegiados, estas tierras siempre son y han sido escenario de un enorme juego que a veces nos supera.

Todo es tan natural que desde hace unos días ya tenemos un héroe. Un hombre que decide enfrentar a uno de los bandos participantes en esta guerra, y morirse defendiendo su propiedad; meterse en ese enorme juego en el que vivimos: balacera todo el día, granadas en las principales avenidas, pueblos abandonados, risa discretas, la caída de los principales lideres, para heredar su puesto a otros y que estos otros sigan con su legado, comida rápida y en todo lo que hacemos la cultura de los del otro lado, los que viven aún más al norte, la vida acá vale menos que un kilo de cocaína, esa es la realidad. El café es escupido por máquinas, que uno ya no sabe si se trata de un café real, pues tiene sabor a todo, menos a lo que supuestamente es, los muertos, los rifles de alto poder, las granadas, los hombres heridos, los policías caídos, que no se sabe bien si eran policías o eran del bando de los malos, las historias son crudas, mujeres y niños que mueren en un escenario que sirve para el enfrentamiento del día, los vecinos del lugar que salen de sus casas con celular en mano, tratando de atrapar el rostro de la violencia y ser parte de las noticias a nivel nacional, cada uno hace su trabajo, queriendo convertirse en parte de esta historia. Todos los días cerca de nuestras ventanas, pasan máquinas poderosas que rugen mientras se oyen gritos de los vecinos: “son ellos, déjenlos pasar”, la vida en esta ciudad a veces cansa y piensas en mudarte, al norte que no sea este Norte, donde las calles no estén manchadas de esa sangre derramada, donde no se escuchen todo el día las sirenas de patrullas o ambulancias, donde sea posible ver, así sea por una sola vez una lluvia de estrellas o por lo menos disfrutar de la luna… Todo.

Hace años hablar de la muerte era quizá hablar de la muerte heroica que decidió para el fin de su vida, el señor Alejo Garza Támez. Esa al parecer es una muerte verdadera…la muerte que se dibuja en el corazón de los mexicanos, la muerte que parece hacernos entender que la tierra es nuestra, que los sueños son nuestros y que no estamos dispuestos a seguir tolerando tantas injusticias, quizá mañana el país tendrá una nueva revolución social.

En plena calle te encuentras con hombres tirados, con cuerpos decapitados, no importa si en vida fueron coroneles, gobernadores, presidentes municipales, mujeres embarazadas, niños, ancianos o perros, todos caen por igual, nadie sabe quien les tiro el balazo o les corto la cabeza, en plena calle se nos va la vida y el corazón no nos deja mentir, cada día el miedo es mayor, pero esa es la realidad y no la aparente ficción. Yo nomás he visto, lo que a mi paso me ha tocado ver y en verdad es mucho.

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Para un escritor lo más preciado es el tiempo. El tiempo son libros, los libros son historias, las historias lo son todo. Lo más fácil que puede hacer un escritor cuando sus personajes se meten en problemas, es matarlo, pero matarlo es lo peor que le puede pasar, aunque no importa si lo mata o no, es decir, la vida del personaje, depende de los caprichos o las habilidades que tenga el escritor para sacarlo de todos sus problemas o para encontrar una solución que no encaje con la lógica del lector y hablar del lector es meterse en la complicación más grande, de la vida de todo escritor. Si bien es cierto que puedes matar a tus personajes, que incluso existen relatos magistrales, donde la primera línea te muestra la muerte de ese personaje principal, algunos críticos lo consideran un error. Yo no lo creo, pienso que  la libertad de todo creador consiste en poder hacer con su obra lo que considere mejor para su existencia, claro que del manejo que le de a dicha obra, depende su trascendencia o no. Pero hoy en día ya no existen reglas en el sentido por donde debe ir una historia, al menos de manera formal.

Regresando al lector, la pregunta que surge, es cómo el escritor, puede terminar con la vida del lector, en una de sus historias Milorad Pavic, logra que sus lectores mueran, se vale de pequeñas cosas, de la lentitud, de su prisa lenta por llegar al final, porque él, entiende que la muerte es el primer paso para la inmortalidad, pero que esa muerte tiene que ser lenta, llena de las pequeñas cosas, y no hablamos de la pequeña muerte que representa el orgasmo en algunas culturas. Matar al lector, se dice fácil, pero lograrlo es quizá la tarea más compleja y en algunos escritores incluso imposible. Tienes que meter al lector en tu historia, en tu ritmo, en tus creencias y en tus pensamientos, después de hacerlo, tienes que convertirlo en tu personaje, que ese personaje sienta cada una de la acciones que vas describiendo, que incluso al llegar el momento inevitable de la muerte de tu personaje, ese lector sienta ganas de morirse. Supongo que dicha tarea es interesante y admirable en todo escritor que la llega a concretar, y aún más importante es que el lector una vez que deje su lectura se enganche con su mundo real, el del día a día y pueda llevar una doble vida.

Todo lector, considera que su vida es siempre la más trágica y todo personaje solo tiene la vida narrada con todas sus tragedias que se van repitiendo conforme más lectores llegan a su mundo. Para el personaje su vida es cíclica, repetitiva e incluso un tanto aburrida, pero radica en la volatilidad emocional del lector, que esas vidas atrapadas en las historias, tengan otro matiz. Aunque la muerte, el tiempo y una brújula para saber a donde vamos dentro de una historia, siempre estén presente.

Lo cierto es, que no existe peor vida, que la no vivida.

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