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Posts Tagged ‘JOSE RAMON RUISANCHEZ’

 

Después de vivir muchos años en la misma ciudad, uno cree que esas calles estarán por siempre en cada uno de los sitios que se visitan a diario. Lo más complejo es esa sensación que seguramente sienten los amputados, es decir uno no logra sacar de su mente, la versión anterior de lo que fuimos en ese pasado y hasta creemos que nunca las cosas han cambiado, como dije antes: el amputado, pocas veces toma conciencia de que ya no tiene determinada extremidad y en su memoria sigue existiendo como un ser completo, sin amputaciones, sin importar que lo que ahora tiene sea un fantasma de toda esa historia. Yo deje la ciudad que más me gusta; a lo largo de mi vida he conocido ciudades verdaderamente hermosas, llegue a la ciudad de México, cuando apenas tenía unos 17 años y me quede un poco más de ese tiempo a vivir en ella y desde ese momento cada una de las calles que frecuentaba se volvieron inolvidables en esta memoria. Lo que más recuerdo es la calle donde pase el mayor tiempo, muchas veces cuando regreso y voy pasando por ellas, creo verme cruzando una de las avenidas y me lanzo a seguirme, es un recorrido extraordinario y vertiginoso, inmediatamente que comienza, me tengo que subir a un pesero atascado de gente y casi la mayoría de las veces hago un recorrido en el metro, muchos de los años fueron así, quizá hasta rutinarios. Lo más intenso fue quizá en los últimos años que viví en ella, y lo más extraño es que lo hacía de forma intermitente, como si el entrar y salir constantemente fuera una forma de duelo o una forma de renuncia o convencimiento de que lo que ahora estaba haciendo era lo mejor para mi vida.

En los últimos años he conocido gente importante, al menos en las cosas que a mí me gustan, gente metidas de lleno en la literatura, poder hablar con esta gente, y llevarme uno que otro consejo generaron en mí una situación mucho más complicada, porque ahora ya no se trataba de esas calles que de alguna forma recordaba todo el tiempo, ahora existía esa incapacidad de poder coincidir con los nuevos amigos, con esos seres geniales que podrían transformar cualquier historia y contarla de tal manera que uno quedaba preñado de sus ideas. Tantas emociones me habían hecho dudar acerca de las cosas que en verdad quería y así pase una larga temporada, una temporada que podría nombrarla como de apatía y tristeza.

No tenía muy claro que todos esos cambios me estaban llevando por fin, a ese mundo que me interesaba, donde lo que fui durante muchos años que habite en la ciudad de México, se convertiría en un fantasma que no me deja en paz y que todos los días me recuerda lo que en verdad me gusta y el verdadero sentido de mi vida o de esta vida si es que cabe la posibilidad de que vivimos tantas vidas (aunque yo no crea nada de eso).

La tarde anterior, antes de mi mudanza definitiva a la frontera, nos fuimos los escritores: Molina y Joserra, a un barecito céntrico, si mal no recuerdo se llama la «Mascota», iban dos o tres amigos más. Hablamos de tantas cosas, quizá la mayoría de ellas eran en su conjunto chismes, de los que uno puede nombrar como literario, desde luego que al ser literarios salieron dos o tres nombres de los elefantes de la escritura de este país, sus manías, sus malas costumbres y luego una que otra historia personal, hablamos de lo que para nosotros (yo sigo sin ser escritor), era la mejor novela de los últimos años, al menos en nuestra lengua y quizá debería acotar y decir que en nuestro país, desde luego que cada uno difiere en esos conceptos, pero al final, lo importante no fue lo que cada uno pensaba, sino la ocasión de poder convivir y mostrarnos la amistad que en ese momento sellamos y sin decir nada acordamos como eternas, así nunca más nos volviéramos a encontrar, entre escritores, he llegado a creer es algo muy normal.

El tiempo como siempre se acaba, me habría gustado coincidir mil veces más, pero creo que en los siguientes viajes que hice a la ciudad de México, termino por imponerse mi timidez, ese miedo a no importunar en el trabajo de mis amigos, pero también era ese miedo a sentirme rechazado, esas cosas suceden y uno nunca tiene claro porque, así sea con tu mejor amigo. Recuerdo exactamente todas las cosas que ocurrieron ese día, recuerdo el apretón de manos, y los abrazos al despedirnos, recuerdo la voz peculiar de Molina que decía: no hay nada mejor que sentirnos amigos

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Para José Ramón Ruisánchez

“Escribir mata, duele, agota; no es como la vida. Una vez narrada, la historia muere, y yo busco cerrarte de una vez, dejarnos descansar Tigre Blanco. Al mismo tiempo voy acabando con mi vida. Dije que siempre decía que sí y es como si ya jamás pudiera repetirlo”. José Ramón  Ruisánchez en: Nada Cruel

Hace un par de años aproximadamente, decidí después de darle mil vueltas, que era tiempo de tomar un curso de creación literaria, para todos es claro que un escritor no se hace sentado en aula, al menos no como uno pueda creer o llegue a tener cierta idea de cómo demonios se convierte uno en escritor. Al principio, la idea de tomar el diplomado en la escuela de escritores, me atraía en demasía. El caso es que me lo estuve pensando y un día, sin darle más vuelta y con el apoyo de mi chava, decidí que era el momento. Un curso de iniciación en el cuento, no era mala idea, al menos para empezar.  Fue en esa estancia en la ciudad de México y desde luego el estar pendiente de los cursos ofrecidos en el Claustro de Sor Juana, que me enteré de sus nuevas ofertas dentro de un programa llamado PEC. Lo que en realidad llamo poderosamente mi atención; fue el nombre de un curso y no tanto el nombre del escritor que lo impartía (hasta ese momento no estaba enterado de su existencia). Del Yo y otras ficciones. (Desde luego que el nombre del curso debe haber variado en mi memoria). El escritor que nos dio ese curso no solo era carismático, sino que tiene un algo, que te contagia, desde luego que hablo de: Joserra. Lo cierto es que desde ese momento mi idea y mi manera de ver y sentir el oficio de escribir cambiaron, lo cual celebro hoy, y una manera de hacerlo es releyendo a mi amigo Joserra. Debo agregar que más que un curso, fue un encuentro con lo que cada uno traía por dentro en ese camino de las letras. Debo agregar que fue en ese curso donde aprendí a leer, aunque la idea era aprender a escribir, pero es quizá el paso más importante en la tarea de un escritor. Celebrar es en realidad un reencuentro con lo que nunca dejamos de ser pero que en ocasiones parece que hemos perdido. Felicidades Joserra, por tu cumpleaños, por tus historias y por no ser de los que ciegamente le van a los Yanquees.

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Existen días para no recordar. Hoy es uno de esos días. Citando a un buen amigo diré: Reloj no marques las horas: sál-ta-te-las. DeJosé Ramón Ruisánchez.

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Lunes, 23 de agosto. 1971. Después del almuerzo, corrijo la traducción francesa del Informe de Brodie: leo el prólogo, “La intrusa” y “El indigno”. El prólogo es extraordinario; la relación con la mujer, en “La intrusa”, es espléndida y están muy bien Ferrari y el protagonista del “Indigno”. Hay como saludos, de los que no me di por aludido: uno de los Nilsen se fue para arrecifes y aparece en el mismo cuento un Pardo.

Voy a la biblioteca, donde están Hugo y Borges. En lugar de seguir mi consejo y trabajar en el resumen del film, corrigieron el final. Entre los tres —con buenas intenciones de Borges— escribimos la primera escena, que estaba sumamente deficiente: la cambiamos por una, según creo, buena. Ahora sólo falta el resumen. ¿Cuándo podremos vernos? Borges dice: “Esta semana, no. Tal vez el sábado a la tarde”. “el sábado a medio día me voy a Francia”, dice Hugo. Este nudo se desata: Borges propone mañana a la tarde y, quizá, pasado a la tarde.

Comento que hubo una época en que los autores (franceses, particularmente) se esmeraban en poner nombres ridículos a los personajes. BORGES: “Bouvard et Pécuchet”. BIOY: “Y Mallea, que es un clásico instintivo”. Íbamos en taxi, enumerando personajes: Jazmín Guerrero, serena Barcos, Gabriel Andaral… cuando una muchacha, en la calle, dijo: “Gabriel Andaral”.

Comento la traducción de Francoise Rosset, que estoy corrigiendo: “Con tu frase:”He intentado, no sé con qué fortuna, la redacción de cuentos directos” (Prólogo del informe de Brodie, 1970), se equivocó; pues puso: “Cuentos tomados de la observación directa de la vida”. BORGES: “Caramba. Qué trabajo te estás tomando. Gracias”.

Dejamos a Borges en la esquina (del buen lado) de Esmeralda y Paraguay. “Siempre me quedo aquí. Me gusta caminar.” Ve el buzón de la esquina y comenta: “Sí. Es aquí. Ahí está el buzón”.

Adolfo Bioy Casares, 1999, Borges, p.1397.

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