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Posts Tagged ‘Insomne’

Ella tenía dos tonos de piel, más clara las nalgas y los senos, era muy delgada y vestía casi siempre con colores que no podían pasar desapercibidos y siempre preguntaba si yo estaba bien y de preferencia añadía que no quería hacerme daño. Yo tenía claro que si le decía que no estaba bien, la perdería para siempre, pero ella no creía cuando le decía que no me hacía daño, y se pasaba largas temporadas sin decir nada. Su cuerpo lo deseaba más de uno, su corazón resultaba imposible, una mujer así es lo que te lleva a estar calvo y no, no es extraordinaria, es de lo más común y no me genera ningún miedo. Habría preferido que tuviera pecas en la cara, pero para eso ella tendría que ser blanca, ella es caliente y de piel blanda, no tenía un centavo de más, era linda y siendo puta amaba a los hombres y se preocupaba por no lastimarme, el dinero le servía para comprar libros y en sus ratos libres, cuando no estaba amando a un hombre, leía, porque prefería leer antes  que hablar, era bueno pensar en ella, hablar con ella y acariciarle donde su piel tenía un tono más claro, pero yo no deseaba envejecer a su lado y fue eso quizá lo que termino por alejarla de mí.

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Parece que otra noche tormentosa se avecina. Así que termino de hacer lo que estoy haciendo y me meto a la cama.

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Había olvidado por completo la ternura del sueño, ahora al borde de las lagrimas, buscaba en vano, recordar algo más de aquellos años.

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Ella, su pasión la poesía,

se alojo muy cerca del Piaeva,

me escribió un par de veces,

me provoco con su mirada,

me canto en silencio y pronunció mi nombre

más veces de las que nos vimos en realidad.

Dijo que no asistiría a clases sin sentido,

que le gustaba el baile, el vino, y la Italia

que se dibujaba en sus sueños;

las clases en Venecia, las lagrimas  a las 5 de la mañana,

los besos jamás dados,

el sexo con sus poemas y la pintura de su cuerpo,

ella me dijo que cuando sentía deseos de regresar,

se sentaba junto al río y se ponía a pensar,

a soñar, a creer que estaba  en un viaje interminable

un viaje de regreso y no se dejaba engañar

por esos cantos que brotan del mar

su canto, su poesía

esta ira, y mi caída;

la ciudad encendida

en batallas perdidas;

candidatos con políticas agrias

con promesas vacías

no supe decir nada, no le conté

de mis noches en silencio,

de las tardes en las que la pienso,

de su andar por el Claustro

de mi sonreír al ver sus dientes

de la posibilidad de una amante

no supe, no fui capaz de decir nada

y me perdí en este silencio

escribí  versos a las dos de la mañana,

después de cada tiroteo,

después de encontrarme con un muerto

en la puerta de la casa,

después de hacer el amor,

después, todo quedaba para después

incluso el silencio de ella, de los dos

me senté, le conté cualquier cosa

en medio de una guerra mal pagada, con políticos

de ocasión, con olor  a muerte en las calles

era imposible no pensar en Venecia, en ella

en su sonrisa, en la forma de su cuerpo

mientras baila, en sus grandes dientes

en su voz, su voz que de cuando en cuando

le daba calor a mis versos

aquí todo flotaba en el miedo

en el sudor, en la sangre,

allá todo flotaba, en los sueños

en las aguas de sus canales

en sus labios reservados

en los domingos que no nos vimos

me levanté, deje de pensar, me fui

a la cama, puse el ventilador y

sentí la presencia de ella

entonces, solo entonces

se podría decir que el día

estaba hecho

 

NOTA: en cuanto al río, puede ser el Bravo o cualquier otro que este cerca de su ciudad, en cuanto el sueño que tiene que ver con Italia, puede cambiarse por USA o cualquier país de su preferencia, y en lo que corresponde a los canales de Venecia, uno puede cambiarlo, por avenidas, freeway o lo que más nos guste de nuestras ciudades, lo que es imperdonable es cambiar a la sirena en esta historia y sobre todo, no cambiar por nada la presencia del ventilador; olvidaba lo más importante, ella puede ser él o lo que se prefiera y según sea el caso…

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Mi vida nocturna es una necesidad del insomnio, más no del insomne, aunque es una vida aburrida y un tanto rutinaria. Noches de lectura, de batallas tormentosas con el yo interno, debes en cuando son ideales para una o dos cervezas, por si fuera poco, casi todas las noches me ataa un consante dolor de cabeza, que nada tiene que ver con el insomnio e insisto ni con el insomne.
Alguna vez pensé en conseguir un trabajo nocturno, de preferencia de velador, pues suelo estar pensando mucho y un trabajo de obrero en una maquiladora, supondría perder los dedos o las manos, desde luego que no soy amante del trabajo, pero sino lo hago, la cosa se pone peor, pues no paran los pensamientos y encontrarles un puerto se vuelve una tortura.
Mis noches suelen ser blancas y me pregunto, si es que cabe esa posibilidad, si es qué algún día al salir a la calle me encontraré con un club de los que no duermen y organizan batallas para mantener sus mentes ocupadas y el cuerpo caliente

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