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Posts Tagged ‘Eunice Mier’

TUS PIES

El amor,

se confunde con tus pasos

y el silencio que ellos van creando.

 

Avanza, lentamente,

hasta llegar a un punto

donde ya no se sabe,

si tus pasos son rutinas,

si el amor es rutina,

si la impaciencia

es la que te obliga:

callar o seguir hablando.

 

Pasos mudos,

amores mudos

de los que nadie

quiere saber nada,

no oír,

no andar,

no amar, y

las ansías que se desbordan

por tus manos,

por tus pensamientos,

en la entrepierna y

por el lecho aún tibio

entre esa frontera

creada entre el amor,

el deseo y la necesidad.

 

Tus pies desnudos,

tu cuerpo desnudo,

ambos callan.

 

Para mí todo es un sueño,

una jornada larga,

un cuerpo que espera,

una noche más,

un grito apasionado,

una entrega,

compromisos que saldar y

de nuevo la rutina que va siendo

recreada cada mañana.

 

Yo preparo el paladar

para disfrutar

de nuestros encuentros, y

de esas ganas locas por amar,

aunque en ocasiones

pareciera que el amor no existe,

que es algo frío, turbio, complejo.

 

Me alimento de tus besos y el amor

se alimenta de los pasos

que se confunden con el silencio,

que se van creando al andar.

 

No, no  apresuremos las cosas,

evitemos llegar a ese punto

donde el amor se confunde,

donde uno cree que nada tiene sentido,

que lo mejor es vivir en soledad.

 

El amor,

se confunde con tus pasos

y el silencio que ellos van creando.

 

Ten calma.

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A Eunice   Mier

Acá, es fácil perder, se puede perder: una llave, un sueño

una historia, un perro o incluso la sensibilidad en la piel;

perder es arte, una estafa, un germen constante, una lectura

jamás iniciada, un cuerpo ausente, unas horas malgastadas.

 

Perdí: uno de mis nombres, un viaje en tren, una noche en la vida

y una vida con ella, perdí una escalera gigante que conducía

a la eternidad; perdí una casa, un par de ciudades enteras

una puerta por donde no entraba nada, perdí la primera oración

de mi historia, y perdí un viejo libro y un viaje entre sus piernas.

 

Acá, es fácil perder, todos los días pierdo algo, me perdí en su mirada

intensa, en su abrazo cálido, en su sonrisa eterna,

me perdí en las historias de un ser que no siente nada en la piel;

me perdí en los besos que a fuerza de sentirse desangran a ese ser.

 

Me perdí bebiendo sake, en los brazos de una amante prohibida,

lejana, inestable, secreta, deseada; me perdí en una noche de besos.

 

Ella sabe que perder es tragedia, ella amante del sentir,

ella que lo sabe todo de la piel que no siente nada, no en su piel,

sino en la piel de otros, ella que sabe del dolor con sabor a sangre,

y también ella que lo ha perdido todo, porque perder es fácil, ella que se perdió

en ese viaje en tren, ella en esas horas malgastadas,

ella perdida en esos pendientes, en el caos, en la culpa

en la impotencia, en el malhumor,

en la sed del mar (el mar de sus palabras)

ella.

 

Y los besos son el destino más frecuente de toda forma de perder.

 

Acá, es fácil perder, se pierde: el tacto, el escribir a diario; se pierde el miedo,

acá se huye de la realidad diaria, para reinventarnos en un mundo imposible,

acá, el tiempo es un invento gratuito, porque también se malgastan las horas

huir, salir de este acá, inventar tragedias con la pluma

y llenarnos de palabras a diario y no perderlas al amanecer,

acá, perderse, es un compromiso, un sueño, un atardecer, sucede a diario,;

acá, perder es fácil.

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A Eunice con cariño, ideas que despiertan después de leer su novela Intacto.

A él le faltaba un sentido. No sé. El tacto.
La vida no es vida sin el tacto: te quemas
te dañas, no sientes, el dolor te sabe a sangre
la gloria es inexistente. Un tacto, un sentido,
una vida, un solo instante.

¿Para qué sirve la vida sin el tacto?

No hay otra historia
otro encuentro, otro lugar
otro viaje en tren, otra instante
para ambos, ellos, para mí o para ti.

Él esta solo, ella lo busca, intenta atraparlo
ella tiene un hueco, ese lugar sin que nadie lo habite,
ella hueca toda por dentro, partida, fracturada, ella después
de ese día no es nada, no hay después y el antes es confuso;
todos pasan, nadie los ve, ella desprovista de sentimientos
alejada de poder sentir, él con la ausencia de un sentido,
no sé, quizá el tacto, ellos son deformes, pero nadie lo sabe
nadie los juzga, nadie lo nota, a nadie le importa.

Pasan junto a mí, no me ven, solo tienen ojos egoístas,
son ellos y su mundo, son ellos y nada más.

Sentir. Les cansa no sentir, morir intactos, la leo a ella,
me recuerda viejas historias y me da miedo, porque
presiento en que va concluir, me duele saber, anticipar,
son esas cosas que creo que ya vivi, y ella se va alejando
y el va muriendo sin sentir, sin verme, sin saber ellos,
ambos, que yo también existo.

No soy nada. No soy el personaje de su novela,
parece que no tengo vida y estoy seguro que los vi,
Fue aquella vez cuando abordaron el tren, cuando marchamos
con rumbo al sur, cuando la muerte no tenía idea
de que salimos a buscarla,
ella una vida ajena, un sueño
ella que no me recuerda
él que no me siente
y yo que recuerdo pocas cosas;
un sentido. El tacto. Mi demencia.

Una cosa más: una muerte que no se siente.

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