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Posts Tagged ‘esta noche nos toca o es otra historia de sexo lejos de mi cama?’

¡Inútil! Nadie es mejor que él.  Su boca hambrienta y ausente de carmín, pues él no se pinta, me está llamando, desde lejos puedo descifrar  cuando dice mi nombre, esas seis letras que podrían contener y sostener el universo. Magia.

No es un tipo que sea del todo inocente. También carga sus culpas, sobre todo con las mujeres. Últimamente se había puesto a escribir historias de mujeres infieles o de hombres infieles que para el caso es lo mismo: infidelidad:  juego de alta traición. Se había puesto a escribir sin llevar cierto orden y habían algunas cosas que llamaban mi atención, como por ejemplo: que describiera unos ojos enormes, ojos oscuros, que no me dejaban más opción que llamarlos hermosos, luego describe los cuerpos y los nombres de esas mujeres, sus camionetas, sus casas, sus amantes, el olor de sus axilas, sus senos, su cajita mágica como él lo llama y todo parece apuntar a la misma persona: a mi vecina. Tal vez estoy equivocada y nada de esto es cierto y lo que tengo es un complejo, una especie de celo ganado por lo que él escribe y describe con tanto detalle. Desde luego que yo no soy una santa, mi madre me dice que soy una vampiresa, que le puedo chupar la sangre al vivo como al muerto, aunque yo he querido entender a que se refiere con eso de los muertos, supongo que son esos seres que no tienen voluntad, seres que se dejan llevar por los caprichos de otros y si es así, yo creo que mi madre tiene razón, aunque casi todos están como muertos. Que él escriba eso de las vasijas es mi culpa, pues yo siempre le he dicho que así me siento: como una vasija vacía. Un día mi madre me dijo que yo tengo la vasija llena de tanta sangre que he chupado, que soy una asesina, que si acaso no me doy cuenta. Me dijo: Conduces toda tu malicia sobre la voluntad de los débiles, y yo entendí desde luego que lo que ella quería decir es que mi vasija de barro estaba llena, porque el mundo está lleno de seres débiles. Que importa.

Luego vienes tú y me propones que tengamos sexo, así como si nada, con tu sonrisa estúpida y tu cara de niño bonito, bonito y rebelde me dijiste y yo pensé que de rebelde no tienes nada y te dije que me tenías que demostrar que eras mejor que él y lo único que se te ocurrió, fue decirme que tú no le tienes miedo al trabajo, que todos los días trabajas y yo te dije que lo peor en la vida es estar sin trabajo, que se debe ser valiente para no trabajar, porque pierdes mucho tiempo sin hacer nada y esas horas te pueden llevar al suicidio. No hacer nada en todo el día es un problema y grave. Pero él, no es enemigo del trabajo y si esta todo el día en casa, es porque trabaja, es porque escribir para él lo es todo y para mí también lo es y si tú creías que sería fácil tener sexo conmigo, pues estabas muy equivocado, bueno no del todo. Pero tenías que tener claro que no eres mejor que él y si hacemos algo no es porque él no pueda hacerlo, sino porque yo así lo deseo o lo quiero, que para el caso es lo mismo. Me dices que nadie me va a sentir lo que tú me harás sentir. Me dices tantas cosas y ahora ya no sé si lo imagine, pero estoy segura que me dijiste que me ibas a chupar las axilas y eso te juro que me ha dado mucha risa y también curiosidad.

No tengo claro muchas cosas, no entiendo por qué él empezó a escribir acerca de las amantes, aunque no era del todo de las amantes, más bien era acerca de la infidelidad, a veces pienso que sospecha algo, que alguien le ha dicho que tú y yo, hacemos esas cosas. Lo único que puedo decir es que yo estaba borracha, que tú te aprovechaste del momento, que aprovechaste que él seguía en casa escribiendo y jamás habría notado mi ausencia, no sino le llamo a las tres de la mañana para decirle que se había presentado una emergencia y que aún no podía salir del hospital. Yo creo que fue entonces cuando él empezó a sospechar. Tú siempre hacías lo mismo, sabías que unas cuantas copas bastarían para encender mi libido, para embriagarme, para llevarme a la cama y según tú enseñarme esas artes amatorias que te hacían diferente. Confieso que todo tú: eres un fracaso.

Yo fui una tonta, tú un aprovechado.

Cuando te dejó Mónica, la cosa se puso peor. Argumentaste que ella se había enterado de lo nuestro, que ella me consideraba su mejor amiga. Que ella lamentaba estas cosas. Yo no conocía en realidad a Mónica, había estado una vez en mi casa y no hacía otra cosa que coquetearle a él. Me di cuenta de todo, la vi deslizar su mano por su entre pierna, la vi tocarse con la punta de los dedos su cajita mágica como lo describe él, la vi masturbarse en mi baño, cuando de manera intencional dejo la puerta abierta para que él la pudiera ver desde la sala y se hacían un guiño de complicidad. Ella no era mi amiga, lo que si era, al menos para mí: una cualquiera, una zorra. Me dices que te dejo por lo nuestro y con eso tú renunciaste a tu idea de tener hijos, porque tenías claro que yo no deseaba tener hijos y lo que no tenías claro es que yo no deseaba vivir contigo y sin embargo me rogaste que lo dejara, tú que sabías que eso era imposible. Entre nosotros, nos perdonamos todo, incluso un error como lo tuyo, porque eso fue, un error.

Nuestro engaño era reconfortante, pero no lo era todo. Lo que más me gustaba eran las margaritas y la cara de imbécil que ponías cuando según tú me habías dado el placer más largo e incomparable del mundo. ¡Inútil! Eso es lo que eres. Incapaz de provocar un orgasmo. Lento, mentiroso.

No veo nada, no veo a nadie.

Él insiste en escribir esas historias. Quizá sea una catarsis necesaria. Quizá sea el puente para el siguiente paso, quizá esta vez lograra terminar su novela y ambos podamos salir juntos de casa, tomados de la mano. Lo que él hace es estar encerrado todas las horas posibles del día, a veces se le olvida bañarse y le digo, que le huelen mal los sobacos: ¡apestas cabrón!, ya báñate. Creo que a él nada de eso le importa, está sumido en sus historias, está perdido en un punto en el que parece no haber retorno y yo no lo puedo dejar, pues a veces creo quererlo, y otras veces creo amarlo, aunque la mayoría de las veces supongo que él me necesita, tanto como el río necesita del agua para seguir siendo río o como el cuerpo necesita del aire para seguir viviendo. A veces supongo que tengo que dejarlo, pero me duele pensar que a él eso no le importa, quizá yo este equivocada y todo esto sea por culpa de esa novela, de esa historia que parece que nunca avanza.

A veces me pregunto: ¿Y si nunca termina de escribirla?

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