Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Entre sus labios helados’

Preparaba yo, por aquellas horas, lo que sería quizá mi último intento por seducirla a ella. Evitaba acostarme a mis horas, si es que alguna vez ha existido alguna hora fija para acostarse, eso sí, nunca me paso de las tres de la mañana, es una extraña costumbre o incluso podría ser hasta una cuestión de fetichismos, pero eso no importa. Ese día no me fui a la cama, estaba agotado y pensé que lo mejor era seguir con los planes para seducirla a ella. Escaparme a las 2 de la madrugada de casa, no era tan mala idea, pero luego tener que salir a la calle a esas horas no es nada seguro y tendríamos que buscar un motel, porque sino al salir o bien me habrían robado el auto o la policía estaría esperando afuera del hotel para extorsionarnos. Así funcionan por acá las cosas. Había intentado de todo, salir con ella por las mañanas, pero ella no quería tener sexo bajo la luz del sol, intenté incluso que fuera en su casa, pero a ella, le parecía poco original, visitar o estar en los sitios que comparte con alguien más, era como algo sagrado, solo de ella y la persona con la que ya hubiera estado en algún lugar, así que la cosa no estaba nada fácil, pero yo no quería salir de noche de casa, los putos soldados dan miedo y los malos, uno nunca sabe que onda con ellos, dicen que son buenas gentes, que están para protegernos, que lo de ellos es vender sus drogas, que no tienen interés alguno por robarse lo que tenemos y mucho menos andar matando, matándonos, eso dicen aunque luego agregan que eso solo pasa con uno de los grupos y por los otros nadie responde, no saben que traen en la cabeza.

Salí de casa, tome el carro y me fui a buscarla. Era una noche fría, lo cual no suele ser común en el verano y no solo era fría sino que la oscuridad estaba espesa, pensé que no tenía sentido lo que estaba haciendo, que debí llamarla antes y quedar en algo, y no aventurarme como un adolescente que ya no soy y creer de forma ciega que en cuanto yo llegará a su casa, ella saldría conmigo y nos iríamos a buscar un lugar seguro. En realidad no tenía porque haber ido y mucho menos portarme como lo venía haciendo, ya que ella estaba perdidamente enamorada de otro hombre, así es imposible seducir a quien sea, así que avanzar por ese terreno era cada vez una tarea complicada y los resultados ya se dejaban entrever, mis labios estaban ansiosos por hundirse en los de ella. Mi cuerpo ya presentía la humedad de ella. Estuve esperando por un par de horas, mientras tanto no dejaba de insistir, la llame un poco más de cien veces. Se podían escuchar a lo lejos los ladridos de los perros, pensé de forma automática, que estaba tentado a mi suerte, que si los guachos me encontraban correría peligro, que existía la posibilidad de que me mataran y me fueran a tirar donde nunca más, nadie me volviera a ver. Pensé que los perros estaban desorientados, para empezar ya dije que esa noche estaba fría y que el cielo no permitía la entrada de un solo rayo de luz. Su casa era humilde, me habría gustado que tuviera un tejado y ver correr a los gatos, todos detrás de ella, de la gata y luego cuando le dieran alcance, la sometieran y tuvieran sexo, aunque no estoy seguro si los gatos tienen sexo, recuerdo que cuando era niño, los adultos decían que los animales no tienen sexo, que ellos encastan, siempre me he pregunte que demonios querían decir con todo eso, quizá lo ideal era decir que se empalman, y creo que eso todo mundo lo entiende,, lo cierto es que la casa de ella no  tiene  tejado.

Cerré los ojos y soñé. Los perros no dejaban de ladrar, parecía que venían hacia mí. Luego empezó el ruido del helicóptero y las calles fueron cerradas.  Me puse a correr y los ladridos de los perros parecían estar cada vez más cerca, mi corazón ya no cabía en mi cuerpo, luego los balazos que me pasaban zumbando y las voces que se confundían entre los ladridos del perro: párate cabrón me decían, o te vamos a quebrar. De no ser por una mosca, que no sé de dónde diablos salió, pienso que habría llegado hasta la orilla del río, que habría cruzado de una cuantas brazadas hasta el otro lado y habría pedido asilo a los gringos, pero desperté antes. Antes de irme de su casa le llame de nuevo, con los mismos resultados. El silencio desapareció hasta que lo nombre.

Me dije que no tenía caso seguir afuera de la casa de ella, además ya casi amanecía y tendría que regresar a la casa, no podría explicar mi ausencia si es que mi mujer se levantaba antes de mi llegada y luego los perros cada vez se escuchaban más cerca, supuse que la ciudad ya tenía ganas de abandonar la noche y entregarse al ruido de la rutina, al ruido de la metralla y la muerte que desde hace un buen rato nos rondan. Antes de poner en marcha el auto, saque mi libreta e hice algunas anotaciones, había dejado una historia inconclusa, además de que tendría que preparar el material para el día siguiente, desde luego que si antes de moverme hacía algunas anotaciones, más tarde las cosas me serían mucho más fáciles. Fue entonces que la vi llegar a ella. Venía con alguien más. Eran tres. Mi primer impulso fue el de salir del auto y reclamarle que no me devolviera la llamada, pero me contuve, yo no tenía ningún derecho sobre ella, jamás me dijo que sería mi amante, jamás hablamos de la fidelidad entre los amantes, ni mucho menos de la necesidad de que fuera algo estable. Uno de ellos alcanzo a notar mi presencia y no quitaba su mirada de mi auto. No tarde mucho en comprender que era uno de ellos. Un guacho. El silencio se hizo entonces ensordecedor. Los perros continuaban en las calles, pero dejaron de ladrar, como que presentían a la muerte. El tipo se me acerco, toco la ventanilla del auto y me pregunto que demonios estaba haciendo en la calle a esas horas. Le dije que se trataba de un mal sueño, que estaba esperando a mi amante, pero que unos perros se pusieron a ladrar y alertaran a los soldados que estos al notar mi presencia, comenzaron a seguirme y no se detuvieron hasta que llegue al río Bravo y lo cruce nadando, le dije que del otro lado los gringos me recibieron con gusto y me invitaron a quedarme, aunque le aclare que esa parte del sueño nunca ocurrió mientras soñaba, pero que se me hizo fácil a completar algunas de las ideas, para no perderme en la historia que nadie seguramente cree. El hombre me dijo que yo estaba bien pinche despierto y que no de ser así empezarían los problemas y que él no me dejaría despertarme porque en el momento que yo lo hiciera, él dejaría de existir, aunque lo que verdaderamente le preocupaba, eran los perros.

Read Full Post »