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Posts Tagged ‘engaño’

Siempre me dolía escuchar a Laura, no es que ella fuera una quejumbrosa, sino que me veía a los ojos y era tan intensa y profunda su mirada que terminaba por llenarme de nostalgia. Tal vez ella me recordaba algunas noches en Barcelona, cuando beber tequila estaba prohibido por lo caro y no por lo escaso y el mezcal era algo casi imposible de conseguir al menos el que a mí me gusta. Me dolió cuando ella me dijo que tenía novio. Nos conocimos cualquier mañana, no puedo precisar cuál de todas, pero seguro hacía frío, pues yo me pongo sentimental cuando hace frío y me enamoro con facilidad. Le tendí la mano y le dije que sentía algo así como un gusto, pero que me gustaría más saludarla de beso, que eso me haría muy feliz. Esa primera vez ella insistió en aferrarse a mi mano y sonreír. Yo estaba enamorado de la ausencia de Barcelona en mi vida y no es que me hubiera ido tan mal, la verdad es que no me fue nada mal, pero a veces las cosas no salen como uno quiere. La Ana que yo recuerdo la conocí en mi departamento junto a la playa, me gustaba tanto, pero ella siempre estaba drogada o eso es lo que recuerdo, también recuerdo la primera vez que la vi desnuda en la playa, al parecer en esas playas la gente se puede desnudar sin sufrir susto alguno, pero no es algo que yo me atrevería hacer con facilidad, eso es lo que ahora supongo aunque en aquella época seguro lo habría hecho.

La Ana que yo conozco, no es igual a la Ana que vi hace unos días en la pantalla del cine, la Ana de ahora está muy repuesta.

Nunca había pensado en la posibilidad de suicidarme. Había pensado que de aprender inglés, podría irme a New York y tomar clases en la escuela de creación literaria, no para aprender a escribir, sino para aprender cómo llevar a cabo ese magnífico romance que Laura ofrecía con su sonrisa a todos, menos a mí, aunque para el amor uno no va a escuelas de escritores, pero es a la única escuela que me interesaba ir. Tonterías. A veces creo que la sonrisa de Laura es porque sabe todas las pasiones que despierta en mí. Una de las cosas por las que me gusta escribir es porque en ellas puedo hacer de mi vida lo que me venga en gana y porque cuando lo hago todas son mías, no importa lo que digan mis amigos o lo que otras personas quieran, ni siquiera me importa lo que ellas piensen. Se lo dije a Laura y me dijo: que si yo estaba dispuesta a mantenerla, ella estaba dispuesta a considerarme su amigo y a mi esa idea me pareció un poco extraña, pues yo en ese instante solo pensaba en ella como una más de mis amantes, si es que alguna vez había tenido amantes o si es que existía alguna lista donde se van añadiendo a las amantes para poder decir que tenía un más.

Le pregunté a Laura que día era hoy y que iba hacer una vez que cambiara el horario, esa costumbre que tengo de preguntar por esas cosas, yo tenía ganas de confundir los domingos con los lunes, y así no trabajar por la noches, por desgracia el cambio de horario me obligaba a trabajar una hora más a la acostumbrado y cuando uno es asalariado no es nada divertido trabajar de gratis, pero las cosas así estaban y yo no podría hacer nada o casi nada, si es que el lamento cuenta cómo hacer algo. Imagino su piel suave, tibia, lisa, imagino la herida de su piel que le ha quedado después de la cirugía y las horas que tiene que pasar en terapia, la imagino fumando un cigarro y saliendo a caminar porque desea tanto esa vida que me parece tan alejada, tan mágica y distante, como suelen ser todas las vidas cuando uno cree estar enamorado. Yo sospechaba no estar enamorado pero pensaba en lo cruel que resultaba oír su nombre en la voz de otro y los gemidos de ella en el cuerpo de otro y su vida en la vida de otro, no tenía sentido el ponerse así, pero a mí gustaba hacerlo, sobre todo cuando escribía de ella, de ellas, de todas. Todas son mías, no me cansa repetirlo.

En otros tiempos me habría pegado un balazo para salvarme de mi infierno particular, pero hoy en día ni siquiera eso tiene sentido, resulta tan común.

El departamento en Barcelona era lo que yo necesitaba, no era un lugar pequeño y debo decir que constituía un lujo rentarse un espacio en un lugar así, la mayoría rentaba espacios de dos por dos metros al interior de viejas casas en el centro y en esos espacios juraban ser felices. No era mi mejor momento, yo estaba quebrado por mi mala administración y Ana estaba quebrada por su consumo de drogas, pero ella tenía dinero y podría ayudarme a solventar mis gastos, sin embargo yo no me atreví a enamorarla, pensé que para ella eso sería un suicidio y yo nunca aprendí a soportar los orgasmos fingidos. Ana se presento en la puerta de un bar, donde yo trataba de beber algo decente y que no fuera whisky. Hacía muchos días que no llovía y sin embargo Ana traía la ropa pegada a la piel, la geometría perfecta en ese punto su cuerpo dibujaba cada uno de los tres lados, todos iguales y al centro se adivinaba una tempestad. Al verla entrar me quede callado, pero un mexicano reconoce a otro mexicano entre la multitud. Así que ella fue hasta mí y me dijo que le invitara un trago, pese a no tener prácticamente dinero, se lo invite. Más tarde nos fuimos al departamento en la playa, el departamento que yo rentaba y ella aprovecho el tiempo para drogarse lo suficiente y no despertar sino un par de días después. Yo estaba espantado mientras ella dormía a gusto. Tiempo después pensé que aquella aventura fue un sueño, un buen sueño y que nada de esto había sucedido nunca. Lo que no tenía claro es si ya había despertado.

Yo tenía ganas de huir del mundo a través de la ranura de tu cuerpo meterme en ti y no salir jamás.

Laura era perfecta, no sé si era una mujer hermosa, pero si era perfecta. Ella me pregunto si yo era casado, aunque lo sabía desde el principio, yo no podía creer que ella no estuviera casada y mucho menos que aún no tuviera hijos. Ella vivía con sus papas y tenía un vecino que fumaba marihuana y tomaba un alcohol tan barato que bien podría estar ciego en este instante. Ella me dijo que no le importaba lo que hacía su vecino, que cada quien su vida y que nos tenemos que respetar, yo quería morderle sus labios o acariciarle la cicatriz de la cirugía a la que había sido sometida, pero a ella no le importaba otra cosa que recuperarse y seguir con lo que más le gustaba en esta vida y que por cierto no era yo. Quizá no podría oír su actitud flexible de gemir. A mí me llenaba de sorpresa su vida, pero así son los inicios, cualquier cosa nos llena de sorpresa y nos parece que nadie más las puede hacer, con el tiempo nos damos cuenta que no son otra cosa que algo que tiene que ver con la rutina. La ocasión era perfecta para fugarme una vez de estas cosas que hago a diario y para olvidarme de María, aunque todos sabemos que ella no se llamaba María como tampoco era una actriz o un personaje interesante en la obra de teatro, pero sobre todas las cosas aquella María ni era hermosa, ni me gustaba tanto y casi estoy seguro que era mi peor error o ese capricho que no lleva a nada. María era contabilizar el número de veces que tienes que entrar y salir para lograr sacar de ella un leve gemido, una muestra de simpatía, un orgasmo apenas impregnado en los olores que suelen recorrer su cuerpo, como si estuviera transpirando lo que yo sentía por ella. Transpiraba el dulce olor del orgasmo y el agrio sabor de sus efluvios.

Pensé en escribir acerca de Laura sin llamar la atención, pensé en refugiarme en esta necesidad de que ella me atrape entre sus piernas y que sus labios cuando sonrían sea porque yo la he hecho feliz y que no esté demasiado callada, que este divertida, pero fuera de esta realidad que me invento cada que escribo, no tenía muchas cosas para contar y tendría que construir un mundo complejo, un mundo donde estos sueños puedan domar los deseos de la realidad, donde lo crudo de la vida suele ser un golpe devastador que no nos da oportunidad de nada, mucho menos de soñar y donde escribir es un lujo cuando no se tiene claro que es lo que se desea. Me senté a esperar, el reloj parecía haberse detenido, pero esa noche el cambio de horario retrasaría el amanecer y yo no volvería a encontrarme con Laura nunca más.

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Pase varias noches sin poder dormir, me quedaba pensando que quizá nos volveríamos a encontrar y no es que no pudiera vivir sin ti, la verdad es que lo que no quería era vivir en medio de esa incertidumbre que te regala un adiós mediante un mensaje de texto, como si tú y yo nos hubiéramos deshumanizados. Mientras que en todo el país se hablaba del fracaso de la selección de fútbol, yo intentaba ganarle al destino tus favores sexuales en una mano de póker. Hoy se que lo que deseaba eran tus favores sexuales, pero en su momento habría jurado que se trataba de amor y habría muerto en el intento de tenerlo siempre. Yo no sé nada de fútbol y mucho menos de jugar póker, pero cuando uno se siente perdido es capaz de hacer todo tipo de tratos, incluso llegue a pactar con Dios y debe mencionar que no creo en su existencia, y si ese Dios tuyo no quería hacer pactos, me quedaba aún el Diablo, aunque con eso me contradecía cada vez que lo pensaba. La peloncita no había dejado de esforzarse, seguramente deseaba tenerme de nuevo entre sus piernas, pero yo estaba seguro que todo aquello fue una falsa situación, pues ella en realidad no me deseaba y lo único que encontraba de placer era el hacerte daño, si es que a ti se te puede hacer daño de alguna manera, a veces pienso que eres tan mala que no hay nada que pueda lastimarte. La peloncita era blanca y lesbiana, pero gustaba de los hombres, quizá porque pensaba en hacerlos sufrir de placer mientras sus dedos se deslizaban por el único canal existente entre las piernas de ellos, los hombres. Me acordaba tanto de ti, del olor a sexo que inundaba mi memoria, del mensaje que me enviaste, alertándome que él lo sabía todo y que yo corría un peligro grave, pues estaba tan enojado que seguro esa misma noche mandaría un comando armado para sacarme de mi casa y cobrármela caro el haber dormido contigo. Pensé: una muñeca más de la mafia, pero no era así, tú solo querías salvarte, asegurarte que todo lo que él te daba no lo fueras a perder, ya sabes: el móvil, el mandado de todos los lunes y una pizca de sueño en donde tú te veías fuera de esta ciudad una vez que él tuviera que salir a estudiar, eso desde luego si él pasaba ese examen que fue a presentar hace más de un mes y que a la larga significo que tú perdieras el trabajo, pero nada de eso importaba si al final el premio sería estar con él, no importaba cuanto tiempo pudieras estar con él, sino estar con él, porque según tú, te habías enamorado aunque desde luego no creías en el amor. Al final, la misma historia de siempre y tú tendrías que tener que volver a empezar con los sueños. Tonterías.

Él se moría de celos y la sola posibilidad de que alguien más pudiera estar contigo lo volvía loco.

Todos los hombres que se te acercaban solo querían coger, nada de hacerte el amor, ellos querían sexo; nadie tiene duda de ello. Yo era el único que quería ser escuchado. Quizá por esa necesidad de coger contigo. Todos los que se te acercan son casados y nadie piensa en ir más lejos, aunque muchas veces te mientan para poder obtener lo que desean y si la mentira es recurrente es porque no te quieren perder de buenas a primeras o porque la única forma que tienen de permitirse que no estés con ellos, es cuando ellos estén lejos de ti, la distancia es lo único que los puede salvar de no sentir el calor de tu cuerpo y no perderse en ese olor a sexo que despides a cada paso. Ellos necesitan de tu cuerpo a cada noche, él más que nadie. Yo solo deseaba ser escuchado, el sexo era un pretexto y sin embargo termine atrapado en el, pero no me di cuenta como te dije antes, sino mucho tiempo después.

Cuando él esté lejos, tendrá desconfianza en todo momento, estará en el lugar que ahora estoy y pondrá la cara contra la pared una y otra vez, como suelen hacer los débiles. Solo entonces se la voy a cobrar caro. Yo no mandare un comando armado a buscarlo, tu seguirás inundando mi cuerpo con tu olor a sexo y el máximo placer vendrá de la mano de que podré hablarte todo el tiempo, aunque tú no tengas nada de qué hablar y tu inteligencia que durante mucho tiempo pensé que era de lo mejor, quede al descubierto como lo que en realidad es y eres.

Tus historias serán siempre invisibles, no importa a quien le cuentes o como lo cuentes, no importa que pongas fotos en alguna de tantas redes sociales. Los casado seguirán viniendo a ti, pero nadie se quitara el anillo para ofrecerte otra vida. No te buscan por tu sexo, en casa lo tienen, no te buscan porque seas la mejor o por la fama que te fuiste creando, te buscan porque eres la mujer que se somete a sus caprichos o deseos sexuales más perversos y porque te pueden dañar sin que reclames o digas algo, te buscan porque ofreces eso que nadie les ofrece en sus casas: la rebeldía, la pasión de seguir con sus esposas y una muestra de lo importante que suele ser la fidelidad. Contigo no tienen necesidad de no fingir un orgasmo, pues no les importa y mientras tanto tú te crees las historias que te cuentan, cuando te sería más fácil mentir que creerte todo eso que te dicen, pero tú ya no tienes salvación alguna.

Me he encerrado en las últimas semanas. Mi cuarto tiene ese olor a mí, el tuyo se ha perdido.

Últimamente la lluvia amenaza todos los días. Me gusta este clima, en donde no se siente mucho calor y el frío es una amenaza constante. No he leído mucho y extraño a unos cuantos amigos. A veces me dan ganas de caminar a altas horas de la noche, hacerlo solo, desvelarme para al otro día caer rendido en un sueño que me tenga sin el control de mi cuerpo, no intento convertirme en polvo. En la calle después de media noche te encuentras con los que no pueden dormir, pero también con los que no dejan de trabajar, porque piensan que el tiempo es dinero y que la oscuridad esconde la violencia y la impunidad a la perfección, cuando me encuentro con ellos escondo la cabeza y cambio de dirección, no les tengo miedo, lo que me preocupa es reconocerme en alguno de ellos y seguir el mismo camino.

Una vez conocí a una chica que contaba que durante muchos años había trabajado como prostituta, pero que desde que las cosas se pusieron feas, ella se convirtió en sicario. Había matado a más de cien y no siempre a balazos. Sentí miedo, pero la curiosidad fue más poderosa, le pregunte que de seguir siendo puta, cuando valdría su calor por una noche. Me dijo que si solo era sexo con mil me alcanzaba, pero como siempre sucedía que una vez que estabas con ella no la querías dejar, más valdría tener muchos miles ahorrados para unos cuantas noches y que una vez que mi dinero fuera todo de ella, necesitaría ayuda para desintoxicarme y poderla olvidar, que esa era otra forma que ella tenía para matar, sentí deseos de corromperla de su actividad de sicario, al mismo tiempo que sentí miedo. Había matado por primera vez porque habían abusado de ella. No solo lo mato sino que lo hizo desangrar por el culo, le había metido una botella rota. Sintió placer y por eso se consiguió un trabajo donde pudiera matar y que le pagaran por eso. Yo pensé que todo eso era una gran mentira. Destruir siempre es más fácil que crear pensé. Tal vez lo que ella decía era verdad pero al verla, al ver su boca, su cuerpo, sus manos tan finas, todo me parecía imposible, ella tan femenina y la violencia tan áspera, tosca, humillante.

Había decido olvidarme de todo, no de todos. Fugarme de lo que soy.

No tenía miedo, o no sé si lo que sentía era miedo, esta ciudad desde siempre me había quedado chica, sin embargo había algo en ella que me mantenía con los pies pegados y no lograba desprenderme de ese potencial embrujo, tal vez era la muerte que nos acechaba a todos sin control alguno, tal vez todo era porque este fue el único lugar que me regalo cierta tranquilidad en los tiempos en los que yo estaba huyendo, aún estoy huyendo, pero ahora me tomo la vida con más calma, quizá porque nadie o casi nadie sabe lo que escondo ni la verdadera historia de lo que he vivido. No puedo decir que me he reformado, no puedo decir que muchas cosas son parte de ese pasado, es imposible dejar de sentir placer por lo que nos gusta y yo cada día extraño más a ese demonio que me incitaba a dar malos pasos. No me arrepiento de estar aquí, lo confieso.

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