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Posts Tagged ‘El secuestro’

La noche que no fui a trabajar secuestraron a Sandino.

No era del todo un secuestro. Alguien consiguió su número de teléfono y le llamo a mitad de la noche, le dijo que tenía que ir a un hotel, rentar una habitación y encerrarse hasta que alguien pagara el rescate por su secuestro. Sandino sintió mucho miedo y lo hizo.

El miedo se apodero de todos y las siguientes noches fueron así, con una sensación extraña que nos ponía nerviosos, como si cada quien supiera que algo iba a pasar, pero no paso nada, al menos no lo que cada uno creía. Fueron tantas noches así, que no supe cuando, pero en una de ellas llegue al trabajo y apenas me senté me quede dormido y desperté cuando ya era la hora de salir. Sandino cubría vacaciones, faltas y días festivos. La célula indiferente se entero que me había quedado dormido y amenazo con cambiarme de turno; su amenaza me causaba risa. Las siguientes 5 o 7 semanas me la pase dormido en el trabajo, en cuanto llegaba me encerraba y me olvidaba de todos, muchas veces me olvide de reactivar las alarmas cuando estas sonaban por la acción de un gato que buscaba ese placer nocturno que los caracteriza o sonaban simplemente porque tenían que sonar.

Mark Eco pensaba que; La célula indiferente, era un pobre pendejo y una vez se le ocurrió mencionarlo, lo que le costó unas cuantas semanas de suspensión, desde luego que quien lo suspendió fue uno de los dueños de la empresa. Mark tenía claro que si fuera por los dueños, nos matarían de hambre a todos. A mí no me importaba mi trabajo, así que le pedí al buen de Mark que me cubriera unos cuantos días, al final del castigo, él tendría un cheque y nos habríamos burlado de los dueños, desde luego que corríamos el riesgo de que nos despidieran a ambos, pero no había reglas para los intercambios de guardia y si un día no tenías ganas de ir a trabajar, bastaba con pagarle a alguien más para que hiciera tu trabajo.

Sandino no deseaba regresar al trabajo, estaba en verdad muy asustado, sin contar que la mayoría se burlaría de él cuando se enterara de la forma en la que fue secuestrado. Yo fui a darle las gracias cuando regreso al trabajo, aunque no era de mi cuadrilla, las veces que trabajamos juntos yo me sentía a gusto y él siempre tenía algo que contar.

Después del secuestro las cosas no volvieron hacer las mismas, al salir del trabajo tomaba precauciones exageradas, daba tantas vueltas como me era posible antes de llegar a casa y si tenía un poco de tiempo, daba largos recorridos por la ciudad, me dejaba llevar por esa sensación una tanto cansada y de miedo y manejaba sin pensar en nada y apenas me detenía si un semáforo me lo exigía. Estaba agotado. Toda persona desconocida, era un potencial secuestrador. A mí me daban tantas ganas de mandarlo todo a la mierda y salir huyendo de la ciudad, pero por desgracia no tenía a donde ir y ya me había acostumbrado a este tipo de vida, la supuesta comodidad era más fuerte que todos mis miedos. Me quede y creo que con el tiempo me olvide de mis temores y comencé a ir del trabajo a la casa de forma directa, si me querían secuestrar tendrían que luchar conmigo. Seguía cansado.

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