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Posts Tagged ‘el collar del perro’

Abril me miró a los ojos y me dijo estás loco. Para algunas ya estaba viejo y ahora que me he dejado crecer la barba me lo recalcan a cada rato, otras más me han dicho que me la corte ya y lo único que puedo responder es que lo voy hacer cuando ellas se desnuden para mí. Yo había soñado que mi futuro estaba en la literatura, me había inventado una deuda imposible de pagar, había salido huyendo del país y desde luego a la primera oportunidad me regrese, también se me había ocurrido estar una temporada en la cárcel para tener alguna desgracia por contar, pero eso de la cárcel me dije: que no era confiable, así que desistí de mi idea. No había dos Abril en mis historias, aunque no me desagradaba la idea. Lo de cortarme la barba nada más porque me lo piden es imposible, no estoy cansado como para no aferrarme a lo que quiero.

Antes las noches de trabajo eran divertidas, pero desde hace un tiempo, las cosas parecen tediosas. Me aferro a darle a las historias, supongo que es lo mejor, pero no tengo ni idea de lo que estoy haciendo, he perdido un poco la esperanza de que mi vida está en la literatura, eso no quiere decir que dejare de intentar de hacer esto que me gusta, pero trabajare como todo mundo y en mis ratos libres intentaré escribir.

Una mujer se toma una foto recién empieza la noche y la publica en su muro, parece que el Facebook lo es todo hoy en día, en el fondo es un mensaje, uno que no se cansa de viajar, pero ella en realidad quiere hablar del amor y de la dicha que la envuelve entre esa tristeza que tarda en irse. Las noches, todas las noches en las que él no está y no hay silencio que logre callar su ausencia.

Madrid, cuerpos desnudos, hacer el amor sin sexo, erecciones del alma, beber las lagrimas del otro, desgarrarse y beber la sangre la de uno y la del otro. Despertar y saber que te encontraste con tu alma gemela,  la que siempre buscaste, después la realidad, las cosas de siempre y tener que seguir en la vida, estudios, imposiciones, estatus, sociedad, reclamos, muerte, etc.

Abril me miró a los ojos y antes de reír, me dijo: no tengo dudas, estas loco.

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Salí. Como casi siempre que lo hago, no tengo idea de a dónde voy a ir a parar. Mi amante tenía la fea costumbre de quedarse siempre dormida, incluso cuando hacía un viaje, no le interesaba ni el paisaje, ni la compañía, no estoy seguro si alguna vez se quedo dormida mientras teníamos sexo, eso me habría entristecido y le habría sugerido jugar a la ruleta rusa. El caso es que salimos y se la paso durante todo el trayecto dormida, incluso cuando llegamos al destino que nos habíamos inventado, ella seguía dormida y me dijo que se sentía mal y que solo deseaba dormir, yo lo que deseaba era meterle mano, pero mientras ella estuviera así, no podía hacerlo, porque no me sabía a nada. Me habría gustado que mi amante me pidiera dinero y no porque la quiera hacer mi puta, a veces pienso que tener una puta es más rentable para el sexo, que una amante, la amante demanda atención, la puta demanda tu dinero  (desde luego que las amantes también demandan tu dinero), pero ya sabes que con la puta puedes hacer todo lo que se te ocurra y no existe un límite determinado y nunca están indispuestas y sobre todo no les importa en lo absoluto si estas gordo o viejo, ni siquiera les importa que carro tienes o que haces para ganarte el dinero y nunca te andan cuestionando acerca de lo que hace tu mujer; estaba en esa disertación sin sentido cuando vi a la mujer que me interesaba, así que baje del auto y deje a mi amante dormida en el, pensé que no notaria mi ausencia y así fue. La chica caminaba de un lugar a otro y cuando me acerque me dijo que había dos formas de hacerlo, la económica incluía irse a una calle desierta y la otra la que tenía más costo, incluía el pago de una habitación de hotel y algunos pequeños favores extras. Me decidí por lo de la calle desierta.

Las luces de la calle estaban apagadas y seguro que por ese lugar no había pasado un alma en mucho tiempo. Le di a la mujer un duro golpe, tan duro como para partirla, ella cayó de rodillas y después se fue de bruces y con las piernas abiertas, era algo perfecto, termine el trabajo, a ella ya nadie más le metería mano. Cuando regrese al auto, mi amante seguía dormida, le levante la falda y le dije que ya era hora de hacerlo, ella me dijo que no tenía muchas ganas, pero que si yo quería, que me sirviera mientras ella seguía dormida, que no le molestaba en lo más mínimo. Arranque el auto y regrese a casa, durante todo el trayecto, me preguntaba en que le diría a mi mujer y sentí un fuerte dolor de cabeza, pensé que ya estaba acabado y que era tiempo de ir dejando a un lado todas mis malas costumbres.

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Nos abrazamos como dos enamorados. Abril estaba de nuevo, pero yo, no estaba enamorado más de ella, había llegado tarde, lo que aún sentía no era otra cosa que un capricho. Ahora la que me volvía loco con su mirada, con su cuerpo balanceándose de un lado a otro, era la flaca, mi flaca como había dicho en una ocasión Abril, pero en ese tiempo ni ella ni yo, sabíamos cuánta razón tenía.

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Me dijeron que escribir es tener la mitad, el final y el comienzo de la historia, durante mucho tiempo esa idea me parecía sin sentido, un poco tonta incluso, era en los tiempos que yo creía en el matrimonio y no quería nada con las putas, con el tiempo todo ha ido cambiando y sí, escribir, no es cosa de inspiración, uno no se puede sentar a escribir, diciendo: haber que sale, eso no es escribir, bueno si es escribir, pero no es hacerlo como parte de un oficio, se trata entonces de llevar un orden de las cosas, de las historias, de lo que uno quiera que suceda y no una serie de eventos afortunados. Me gustan las historias donde de entrada te dicen o que va a suceder, porque entonces el reto va de la mano de atrapar a tu lector con lo que vas a contar alrededor de tu historia. Una historia por ejemplo es aquella, donde un hombre fue encontrado muerto debajo de un puente, como tal la historia no dice nada, pero ese hombre fue castrado, no sabemos si antes o después de muerto, no tiene nada que lo identifique, podría ser cristiano, hijo de una prostituta (no es que tenga fijación con las prostitutas), apostador, jugador ocasional de fútbol, un probable amante que fue descubierto en el acto y el marido herido en sus emociones y nublado por sus celos decidió castrarlo; si le han cortado el pene antes de estar muerto, quiero pensar que él se ha suicidado, se subió al puente y se arrojo, pues un hombre no puede vivir si pene, puede vivir sin piernas, sin brazos e incluso sin ojos, pero sin pene es algo imposible. Un hombre puede vivir incluso sin tocar en toda su vida a una mujer. En la historia la policía se pone a investigar el móvil del crimen, si es que en esta historia existe un crimen y descubre que este hombre era un mesero tonto y algo feliz, soltero y que cada ocho días se iba a buscar putas, le gustaban las mujeres blancas, pero a la hora de la acción poco le importaba como eran esas putas, o si eran polacas o mexicanas o brasileñas, lo que más le gustaba era escoger; sus compañeros del trabajo dicen que a últimas fechas salía con una mujer casada, una mujer que desencajaba con el ambiente del lugar, una mujer que a leguas mostraba que era rica y desde luego que era una mujer hermosa, nadie sabe quién era y cuando la describen solo saben pensar en ella como un ángel. Tal vez la mujer estaba casada. A esas alturas ya no sé si tengo un principio y una parte central y si es hora de pensar en el final o si ya lo tengo y todo se trata de un suicidio. Entonces me pongo a pensar y llego a la conclusión de que cuando escribo sin seguir ciertas reglas, las cosas son más fáciles, pero la realidad es que nunca llego a nada. La mujer es rubia y esbelta, el tipo era alto, pero nada agraciado, el policía que investigaba el caso nunca sonríe, la muerte del tipo pudiera tratarse de un ajuste de cuentas, él en realidad era un asesino o solo un violador o peor aún era un rechazado y ella odiaba a todos los hombres y por eso lo castro o puede regresar a la idea de que el marido los descubre y no logra dominar su coraje y lo castra. Historias, de eso estamos llenos, el problema es darle la vuelta y contarlas de tal forma que nos atrape, aunque solo sea un poco.

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Era mentira. Yo detestaba tantas cosas, pero casi siempre guardaba silencio. El fútbol por ejemplo y esas raras estadísticas que los comentaristas se empeñan en repetir una y otra vez, supongo que lo hacen porque el partido es muy aburrido o lo que es lo mismo nunca pasa nada. También detestaba a las mujeres feas y quizá es donde reside la mentira, en mi casa todos eran feos, yo no me podía casar con una mujer fea y decirle a la familia, ahí tienen para que no rompa la tradición de ser feos. Detestaba también la frontera, sobre todo la del norte porque es donde viven los gringos, ahora es otra mentira, sobre todo cuando hablo de las gringas que aunque algunas están feas, hablan el inglés y eso las hace interesantes. Detestaba también a las mujeres bonitas, una vez tuve una novia que era bonita, solo bonita, me quería o eso era lo que yo deseaba, ella se fue a vivir a la frontera y entonces yo les decía a mis amigos que el asunto se nos había complicado y que por eso terminamos, luego se fue al otro lado de la frontera, con los pinches gringos y eso me jodía, pero en realidad era un pretexto todo aquello de que me jodía, el caso es que ella era mi prima y las cosas no siguieron porque ella se quería casar y cuando se casan los primos dice la gente que nacen los niños con cola de marrano o lo que es lo mismo deformes.

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Tengo que confesar que durante muchos años yo me creía poeta, escribía poesía, a escondidas, no quería que nadie las leyera porque decían cosas tan absurdas de las que ahora me río, sucedía todos los días lo de ponerme a escribir poesía, tenía las paredes tapizada de poemas. Un día me se me ocurrió leer esos poemas delante de un público y me di cuenta de que un hombre o una mujer no pueden vivir sin poesía, como tampoco pueden vivir sin un hombre o una mujer según sea el caso y fue entonces que deje de escribir poesía y de pretender leer con un público frente a mí y me dedique amar a una mujer que era toda la poesía que necesitaba, pero la cuestión amor no dura gran cosa y un día me descubrí en un cuarto a oscuras como si anduviera a hurtadillas, tratando de escribir un verso, uno solo por noche me repetía, mientras que mi mujer se lavaba las axilas y se perfumaba.

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Por la mañana, salimos del trabajo y nos fuimos a refugiar a su cama, ella insistía en preparar café. Yo me sentía triste como para de paso tomar café. Había vivido ya dieciocho  años con mi esposa y era la primera vez que me metía a otra cama sin que ella estuviera conmigo, no solo me sentía triste, debo decir que por primera vez en todos estos años me sentía vacio. Me puse la ropa lentamente, mientras que Aline (la voy a llamar Aline, porque su verdadero nombre no me gusta), bebía su café en la sala, me acerque a ella y la bese en la frente y le di las gracias. Antes de salir, ella me dijo que la había pasado muy bien y que espera volver hacerlo después de la siguiente guardia, fije los ojos en ella y comencé a caminar, no quería que me viera llorar y una vez fuera de su casa comencé a correr, necesita ver a mi esposa, necesitaba bañarme, necesitaba quitarme todas mis culpas, necesitaba no volver nunca más al trabajo.

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Podría convertirme en novelista con mis cuarenta y tantos años, dicen que es la mejor edad para empezar a escribir. Yo no lo sé (apenas soy capaz de escribir dos o tres líneas cuando me canso), en todo caso nada me gustaría más, pienso que el mejor lugar para escribir es un sitio aislado del ruido, un lugar donde nadie rompa mis silencios (supongamos un cuarto propio) y con una salida de emergencia por si se llega a ofrecer y desde luego con una buena vista del exterior, la realidad es que en una frontera tan fea como esta de nada sirven las vistas al exterior, ni la supuesta soledad de un cuarto propio para poder escribir, como casi nada de lo que está alrededor suele servir, la noche con más silencio es cuando se escucha a lo lejos diversas detonaciones y los perros callan. Ya casi nadie escucha a los perros, no porque no presientan la muerte sino porque se han acostumbrado a ella que ladrarle supone una pérdida de tiempo para ellos y para nosotros. Como novelista estoy perdido y no por la falta de historias, sino porque las historias abundan y a mí nunca me sucede nada, tampoco quiere decir que para escribir acerca de un secuestro tenga que ser secuestrado. Así que lo pienso, le doy vuelta a la idea una y otra vez y mientras eso pasa sigo tratando de escribir todos los días, unas cuantas páginas que están huérfanas de una historia general, una historia que reconozca su maternidad y la pueda parir un tiempo después. Mientras todo eso pasa: ruidos, cuartos propios inexistentes, volverme escritor o no, etc., los años no dejan de pasar y cada día me voy creyendo la idea de estar calvo y no logro evitar suspirar.

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La cambiaría por un libro si ella fuera mía. No la trato como puta. Me habría gustado ser gitano, como mi padre o mi abuelo, solo así creo que me atrevería a robármela. Estoy pensando en ella y la veo vestida dentro de un largo vestido blanco

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Desde siempre me había negado a comer chapulines, era algo típico, sin embargo alguna vez comí gusanos porque ella me lo había pedido, no me incomodaba hacer todo lo que ella me pedía, incluso me habría vuelto italiano de ser necesario. No había subido a un avión para un viaje largo en los últimos diez años y por primera vez en todo ese tiempo pensé que me había comportado como un idiota y estaba haciendo exactamente lo que me juraba que nunca habría de hacer, ahora incluso cargaba con fotos de mi pequeño, no de esas fotos que se cargaban en los bolsillos, escondidas en la cartera. Los gusanos fritos son sabrosos, supongo que los chapulines tienen ese encanto y ella, cada que la recuerdo me hace soñar  que caminamos tomados de las manos por una ciudad pequeña, cualquier ciudad de la vieja Europa y nos cruzamos con campesinos que nos saludan y nos cuentan sus historias y esas son mis fugas de las ciudades donde la gente se amontona como si fueran hormigas, ciudades sucias, contaminadas, polvorientas, llena de gente que no conozco.

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